Índice:

CAPÍTULO V
Teoría y práctica teatrales en el Renacimiento: el descubrimiento de Aristóteles y la escena moderna

20. Teoría y práctica teatrales en el Renacimiento

20.1. Los nuevos teatros
20.2. El espectáculo renacentista
20.3. Renacimiento, ¿arte minoritario o popular?

CAPÍTULO VI
Comedia renacentista y commedia dell'arte:
La variedad dialectal

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CAPÍTULO V


Teoría y práctica teatrales en el
Renacimiento
El descubrimiento de Aristóteles
y la escena moderna


20. TEORÍA Y PRÁCTICA TEATRALES EN EL RENACIMIENTO

La llegada de las teorías renacentistas al arte teatral, cabe situarla a finales del siglo XV. Los textos de Aristóteles se conocían relativamente poco, sólo a través de manuscritos, y fue en 1508 cuando aparecieron impresos por primera vez, gracias a Aldo Manuzio.

Aldo Manuzio

Los nuevos eruditos humanistas, que buscaban el ideal clásico grecolatino en esas teorizaciones, tuvieron que luchar contra la firmeza con que se mantenían las libres experiencias que había su-puesto el teatro medieval.

Gracias al espíritu investigador que caracterizó los últimos años del Medioevo, al terminar el siglo XV empezaron a desarrollarse los géneros dramáticos. De esta manera, se conoció la comedia antigua mediante manuscritos de Plauto y Terencio, e incluso la tragedia a través de Séneca. A partir de ese momento, el teatro pasó a ser no sólo materia de estudio, sino de escenificación. Volvía a cobrar el vigor y actualidad de antaño.

Los poetas, además de componer textos que seguían fielmente las unidades clásicas, como Giangiorgio Trissino (1478-1550) y su Sofonisba (1515), acometían quehaceres prácticos.

En los seis libros del Arte poética de Trissino se advierten las inquietudes de un hombre de la escena. Idéntica vocación profesional se percibe en Minturno (?-1574) y L'arte poetica, en la que aparecen no pocas consideraciones prácticas sobre la puesta en escena.

 

(Traducido por Cascales, en sus Tablas Poéticas.)

MINTURNO, L'arte Poetica

La poesía es imitación de las acciones y vida del hombre, bien sea su fin alegre, o bien sea doloroso; que, como las costumbres, se dispongan bien o mal, y por ellas nos juzgan por buenos o malos, agradables, soberbios, según es la naturaleza y manera de cada uno; y por nuestras acciones venimos a ser felices o infelices, y no nos ponemos a obrar por mostrar las costumbres; antes, mostramos las costumbres en el obrar. Infiérese de aquí que las acciones y la fábula, son el blanco de la poesía.

Y más, que se puede hallar poesía que carezca de efectos y costumbres; pero que carezca de acción, no jamás. Esto mismo acaece en la pintura. Que de Polignoto se dice que pintaba maravillosamente los afectos; y de Zeuxis, que jamás pintó cosa que en el semblante y colores significase la disposición del ánimo y las costumbres.

Y en tanto extremo la fábula y acciones son la mejor, parte de la poesía, que si alguno imitase en su obra gallardamente las costumbres y las vistiese de gravísimas sentencias y escogidísimas palabras, este tal, sin la imitación de los hechos, no haría bien el oficio de poeta como el que fingiese y constituyese bien la fábula, aunque se descuidase en la obligación de esas otras partes requeridas.

Porque las palabras y semblantes significativos de lo que el. alma siente, quiere y dispone, ¿qué otra cosa son, sino unas ropas con que se viste y compone la fábula? Sin esto, ¿qué cosa deleita, mueve y maravilla más que los reconocimientos y casos inopinados, partes de las fábula? ¿Y quién no sabe que la invención de constituir y formar la fábula es primero que el ornamento de las palabras e imitación de las costumbres?

 

Scaligero (1484-1558), Segni (1504-1588), Cinthio (1504-1573), Castelvetro (1505-1571), fueron otros humanistas que, apoyados con mayor o menor rigor en los preceptistas grecolatinos, añadieron a veces curiosas matizaciones a los incompletos tratados clásicos de los que partían.

El Concilio de Trento, con actas editadas en 1564, supuso un cierto freno a las ideas de renovación que habían alcanzado las teorías escénicas. Sus dictámenes afectaron a:

1) la libertad de la poesía dramática, sobre todo la profana;
2) los límites de la ficción, es decir, el problema de la falsedad literaria;
3) el desequilibrio entre verdad poética y verdad natural:
4) la cuestión de la verosimilitud.


Giordano Bruno

Estas limitaciones tuvieron inmediata contestación en posturas como la de Giordano Bruno (1548-1600), cuyas ideas fueron siempre contrarias a los criterios tradicionales. Además de estrenar con éxito obras como El candelabro, su teoría de la creación poética defiende la idea del genio creador.

La poesía, según él, no era mantenida por las reglas, sino que éstas se derivan de la poesía. El artista es, pues, el único autor de sus propias normas, existiendo tantas como artistas, ya que la libertad del verdadero poeta obedece a una necesidad interna.

Este tipo de hombre de teatro renacentista proponía un concepto de puesta en escena que, además de requerir gran destreza con los elementos visuales del espectáculo, exigía un dominio y conocimiento total del texto literario, pues su escenificación debía determinar los ejes de la acción principal, los movimientos y, en definitiva, el orden de la ejecución de la obra.

En este sentido es de destacar el arte del director de escena anónimo que escribiera
Il corago, pues, además de notar la excelencia y versatilidad de la moderna pintura frente a la fijeza de la escena clásica, trata de cuestiones tan técnicas como la medida del discurso desde el escenario y las propias obligaciones del corago.

Como hemos comprobado en el capítulo anterior, el teatro en la Edad Media se caracterizaba por no tener un espacio escénico., fijo. Si en su vertiente profana apenas existía el concepto de escena. en la religiosa el teatro centraba sus actividades a partir de la iglesia.

No obstante, las realizaciones populares de finales del siglo XV empezaron a tener un cierto tufillo renovador al basarse en las inquietudes de una nueva y pujante clase social, la burguesía, que iría desplazando en importancia económica a la nobleza, debilitada por fin de la estructura feudal.

En este sentido, el citado Mícer Pathelin (1470) es todo un ejemplo de la presencia social de la clase media: su corta galería de personajes procede casi exclusivamente de la burguesía, ya que incluso el rústico pastor demuestra un ingenio alejado de la inocencia medieval.

En Toscana, desde el siglo XV, había fiestas religiosas en torno a cofradías y hermandades, que consistían en pequeñas escenificaciones de fragmentos de las Sagradas Escrituras, o de vidas de santos hechas por jóvenes actores que recitaban o gesticulaban tras largas prácticas.


San Francisco

Estas, llamadas Sacras Representaciones, contaban con un evidente tono popular dentro de su espíritu religioso, pues sus fuentes no son otras que las laudes o cantos religiosos, breves dramas llenos de poesía que pusieron en circulación los discípulos de San Francisco por pueblos y aldeas (v. cap. 111, I1.2).

Las Sacras Representaciones contaban con una estructura más sencilla que los misterios franceses, mitad cortejo, mitad actuación, en donde junto a canciones y bailes comenzaron a aparecer trucos escénicos al servicio de las batallas y milagros que se contaban sobre los tablados.

Esas representaciones contenían suficientes elementos de farsa para, poco a poco, concentrarse en pequeños núcleos de acción, en donde cada actor hablaría su dialecto de origen. Se trazaba así el primer esquema de lo que algún tiempo después sería la commedia dell'arte.

Mayor incidencia para el teatro tendría el establecimiento de un lugar arquitectónico determinado para su realización, como justa correspondencia entre nueva escena y nuevo público.

Este empezaba a exigir locales aptos para la contemplación escénica, al tiempo que los artistas fueron reparando en que sus obras podían exhibirse en dichos espacios, con la seguridad de interesar a esos nuevos espectadores, ansiosos de noticias y aventuras escénicas.

Los condes principescos se transformaron en una magnífica síntesis de tragedia, comedia y sátira, campo de experimentación de la perspectiva racional y de los avances de la ingeniería mecánica aplicada al hecho teatral.

La nueva escenotecnia fue capaz de reproducir fuerzas y fenómenos naturales en aquellas salas cortesanas, paso previo hacia la configuración de los locales de finales del siglo XVI, en donde el teatro terminará su configuración como espectáculo.


20.1. LOS NUEVOS TEATROS

Sabemos que Alberti hizo para Nicolás V un theatrum en una sala del Vaticano, en 1452, aunque los datos al respecto son muy escasos.

En 1486, el duque de Ferrara mandó construir un local para representaciones, tomando como base el tratado de Vitruvio.

Esté se había editado en latín en 1486, aunque se descubriera en 1414, y aportaba, además de curiosas observaciones sobre una perspectiva aún no inventada, el uso de artefactos escénicos, como los periactoi (ver cap. 11, 1V.2), y la tipologización de las tres escenas clásicas.

Ariosto, en 1532, dispuso de un teatro para sus comedias, que el fuego destruyó al año siguiente, sin dejar el menor rastro.

En general, las noticias de la época nos revelan que los nobles y prelados del siglo XV montaban teatros en sus propios palacios, y en espacios más o menos adecuados.

El cardenal Riario, en una representación al aire libre hacia 1485, dotó de cuantos elementos fueran necesarios a la escena para que estuviera convenientemente acondicionada. Se dice que fue la primera vez que hubo telones pintados al fondo.

A partir de 1580, Andrea Palladio empezó la construcción de un teatro, que seria una réplica perfecta del proyecto de Vitruvio.
Este, en su aproximación a la perspectiva, no pudo hablar de líneas de fuga, ni siquiera del "ojo del espectador," tal y como el Renacimiento haría.
Pero intuyó un «centro del círculo», al que debían obedecer todas las líneas en proyección.

Anos antes, modestos teatros de madera habían servido de banco de pruebas.

Tras cinco años de obras, en 1585 se inauguraba el Teatro Olímpico de Vicenza, con Edipo Tirano de Sófocles, con puesta en escena de Ingegneri, y ciento ocho actores en el escenario.
El proscenio era rectangular, elevado metro y medio sobre la antigua orchestra, que separaba escenario y gradas.
Tenia una decoración fija con cinco entradas, tres al fondo y dos a los lados, cada una de las cuales disponía de un forillo, auténtica vista de calle que se introducía en el interior de la escena.
Un anfiteatro semicircular con catorce escalones, y capacidad para tres mil espectadores, estaba coronado por un pórtico.
En definitiva, una especie de teatro de Pompeyo en pequeño.


Teatro Farnese

Scamozzi parece ser el inventor del escenario con única abertura llamada bocaescena, cuando, en 1580, y para el duque Vespasiano Gonzaga de Mantova, construyó un pequeño teatro en Sabbioneta.

Dado que el espacio era verdaderamente pequeño -sólo para 250 personas-, dejó a un lado las múltiples entradas y se centró en el único proscenio. El camino para la moderna escena estaba abierto, pues al poco tiempo, en 1618, el príncipe de Parma mandó a Giambattista Aleotti edificar el Teatro Farnesio, con único y atrevido proscenio, que podía ocultar telones y maquinaria en su amplísimo escenario. El público se sentaba en un amplio graderío en herradura, como los teatros actuales, dejando lo que será la antigua orquesta útil, sin otro uso que la utilización, a veces para escenas espectaculares; se cuenta que alguna vez fue cubierto de agua para determinados menesteres.

 


Teatro olímpico de Vicenza

20.2. EL ESPECTÁCULO RENACENTISTA

La aparición de la perspectiva tuvo enorme influencia en el desarrollo de la escenografía renacentista, la cual, aún siendo fija, comenzaba a buscar efectos de tridimensionalidad. Alberti, Palladio, Brunelleschi, Mantegna, Leonardo y Poliziano pintaron para los teatros, siendo este último autor de unos Respetos continuados en donde se encuentra ya el equivalente del término teatro como edificio arquitectónico que lo acoge.

Para tan prodigiosos artistas, nada más lógico que proponer una pintura perfeccionista como fondo de la acción teatral, efectos que tenderían a incitar al auditorio, que se ilusionaba con telones y otros artefactos diseñados al efecto.

Era ésta la «escena ilusionista», que estaba formada principalmente por un fondo pintado siguiendo las leyes de la perspectiva.
Frente a ella, la «escena vitruviana», constituida por edificio a la derecha, edificio a la izquierda y fondo.
La tercera línea de evolución del teatro renacentista seria la «escena circular», con sus propias leyes y disposición dramática.

La representación de Manaechmi en 1486, en un patio del duque de Ferrara, se cita como una de las más sofisticadas puestas en escena del momento.
En la acción aparecían cinco casas almacenadas y alineadas cada una con su puerta y su ventana.
Un barco cruzaba el espacio, con diez actores que accionaban remos y vela, de manera que simularan la realidad.

Al año siguiente, con otra obra de Plauto, Anfitrión, la escena aparecía con un cielo estrellado.

Todo esto todavía era contemporáneo al redescubrimiento del tratado de Vitruvio.

Comedia

Tragedia


Escena rústica

Reconstrucción de la escena para la comedia, para la tragedia (en centro), y para escena rústica, según Sebastiano Serlio.


Sus tres características escenas clásicas tuvieron su actualización en los dibujos de Serlio (1475-1555?), arquitecto y ensayista boloñés, que concretó los espacios para la comedia, la tragedia y el drama pastoril, género muy en boga a principios del siglo XV.
Asimismo, dio todo tipo de detalle sobre la construcción y pintura de los decorados.

Fundamentalmente por las notas de Serlio sabemos que el decorado renacentista combinaba la perspectiva con detalles corpóreos, esto es, realizados en tres dimensiones.
Aunque los foros o fondos del escenario eran planos, los laterales se doblaban en ángulo para crear efecto de profundidad.
En esos laterales, el artista colocaba auténticas cornisas, líneas que acentuaban una perspectiva falsa que debía unir su punto de fuga en el centro del telón de fondo, abajo, casi al nivel del escenario.
Todo ello, junto a una ligera pendiente del suelo, ayudaba a forzar dicha perspectiva.
La pintura en esa parte central y posterior del telón reforzaría el sentido ambiental, con sombras que confundieran esa idea de profundidad.

También Serlio hace gala de conocimiento de la tramoya escénica.

Trucos escenográficos como desplazar figuras mecánicas y planetas a través de hilos invisibles, efectos de tormentas, luces de colores - como el rojo, mediante el reflejo de una antorcha ante botellas llenas de agua teñida con dicha tonalidad - y otras mil recetas diversas las reúne en sus siete libros De Architettura.

Otro gran sistematizador de la teoría práctica de la escena fue Sabattini.

periactoi

En su Practica di fabbricar scene a maccbine ne' teatri (1638), además de insistir en la utilización de la perspectiva, y en otros efectos de espectacularidad - como el del mar en movimiento -, propuso las bases para los cambios rápidos de decorado, que, en aquel momento, explica no pocas razones de la moda que en el siglo XVII dominaba la escena: la comedia de acción y evolución permanente del espacio en donde se desarrolla.
Dichos cambios se realizaban con periactoi o simples bastidores laterales que hacían combinar sus pinturas con las del telón de fondo.
Mientras que se representaba la escena correspondiente, se cambiaban las pinturas de las caras que no se veían de los prismas, las cuales, junto al nuevo foro, ofrecían panorámicas radicalmente distintas de las que el espectador estaba viendo.

Cabe comprender que en un tiempo en donde no existía el telón de boca, ni las luces podían tener el énfasis de crear el «oscuro total», todo lo descrito se realizaba a la vista del espectador, el cual, lejos de molestarse por este trucaje, estaba satisfecho de cualquier ilusión de cambio a sus ojos, que valoraba con tanto más énfasis cuanto más complicada y atrevida fuera la mutación.

La sofisticación escenográfica llegó al extremo de proponer la escena mutante o cambiante, gracias a Bastiano de Sangallo, Vasari y Buontalenti, que consiguieron representar el mundo real transformado en ilusión por puro deseo artístico.
Estamos en el campo de lo visual sensitivo.

Tampoco podemos olvidar en estos aspectos de la expresión escénica el papel determinante del actor en el Renacimiento, mucho más integrado en el carácter profesional del espectáculo.

Los intérpretes hicieron valer sus categorías sociales agrupándose en gremios, y conformando elencos cada vez más numerosos y de mayor prestigio. A partir de este momento, se empezará a hablar de actores, de cabezas de compañías (capo comico) que, partiendo de Italia, recorrerán toda Europa con su nueva carga expresiva.

Ellos sembraron la semilla de una moderna forma de vivir el teatro, aunque este modo de subsistencia no fuera siempre el ideal. A partir de este momento, los intérpretes empezaron a crear tipos en los escenarios, concretándose según sus aptitudes en papeles muy determinados.


20.3. RENACIMIENTO, ¿ARTE MINORITARIO O POPULAR?

Las especulaciones teóricas y la realidad escénica partieron de similares intenciones.

Al cabo de cierto tiempo, cuando los intereses de ambas sufrieron determinados desajustes, una y otra tomaron caminos bien diferenciados: las primeras reclamando las sempiternas normas que controlaran la producción artística; no se puede crear de cualquier forma - decían -, sino según unas reglas, y si éstas habían sido definidas por la patrística helénica, parecía obligado seguirlas.

En cambio, los hombres y mujeres que llenaron los viejos tablados, dotándolos de nuevas historias, y quienes transformaron salas de palacios en confortables teatros, hicieron aquello que el público les reclamaba.

Poco a poco, la conocida escisión entre la teoría y la práctica se transformó en un abismo: los preceptistas atacaron sistemáticamente a quienes, haciendo oídos sordos, escribieron sin sujetarse a norma alguna; los poetas, en cambio, aceptaron una y otra vez tales recriminaciones, aunque, sin apenas rebeldía, siempre volvían a las nuevas fórmulas.

La evolución y riqueza de este teatro venía dada por el carácter de hecho protegido por la nobleza. Sin lo cual, la escena hubiera quedado relegada a la simple diversión popular que fue en el Medioevo.

Aunque el Renacimiento aparente ser arte elitista, dedicado a una minoría privilegiada, próxima al poder, la realidad es que consiguió traspasar los límites del espectáculo culto, llegando en un momento dado a cualquier clase social.

De manera que lo que fue un arte aristocrático, derivó en popular, aunque con toda la riqueza expresiva que tenía en sus orígenes. Todas las innovaciones que experimentaron los improvisados teatros cortesanos de los siglos XV y XVI fueron pasando a los locales públicos que, desde mediados del citado XVI, surgieron en toda Europa.

Nunca se podrá decir que partieron de cero.


 

CAPÍTULO VI
Comedia renacentista y commedia dell'arte:
La variedad dialectal


21. COMEDIA RENACENTISTA ITALIANA

El desarrollo del teatro en la Italia del siglo XVI se produce dentro de un medio político dividido, fragmentado, que, en contra de lo que sucederá en países como Inglaterra, España o Francia, que basan su desarrollo cultural en un centralismo más o menos camuflado, caracteriza la comedia renacentista desde los distintos sectores regionales y dialectos que la constituyen.

Vimos en el capítulo anterior que más que en justificaciones preceptistas, hay que entender el teatro del Renacimiento como la expresión de un nuevo sistema de ideas, las cuales buscaron su acomodo en los escenarios con las novedades de rigor. De esta manera, sus principales autores no tuvieron especial empeño en desdecir las teorías aristotélicas, sino que pusieron en los escenarios un moderno sentido de la moral de su clase social.

Ello los condujo a la adopción del formato de la comedia, con lo que iniciaron la transgresión genérica clásica. Dejaron a un lado, para otro momento, la categoría de la tragedia, con el fin de descender a la cordialidad de la comedia, en la cual podían tratar con mayor libertad los problemas de la clase media que representan.

La comedia italiana surge cuando dos vectores culturales se conciben y funden: uno, la idea de restaurar las formas clásicas escénicas, como consecuencia del humanismo imperante; otro, el deseo de hacer evolucionar el espectáculo escénico dentro de evidentes cánones populares, en donde se prefieren los perfiles cómicos a los trágicos.

De ahí surge un tipo de obra cuya estructura está relacionada con la comedia latina, más como lógica continuación clasicista que como subordinación a las preceptivas, pues éstas aparecen hacia la mitad del siglo, justamente cuando la comedia renacentista alcanzaba su máximo desarrollo.

Las cinco características jornadas clásicas responden con exactitud al ritmo de la acción. Desde la primera, que explica los antecedentes de la trama, a la quinta y última, que contiene su deselance, los actos se corresponden con los episodios, cuyo transcurso se verifica momento a momento; es decir, un seguimiento de la acción, al modo de Plauto, pero más recargado de elementos novelescos, en donde la referencia de Boccaccio aparece como gran telón de fondo.

Los temas y personajes del Decamerón, adaptados al siglo XVI, son seguidos por los dramaturgos de entonces, haciendo del escenario un reflejo de los modos de vida y un ejemplo de las buenas costumbres.

De las buenas y, sobre todo, de las malas. Lo cual configura un tejido teatral satírico, moralista y a la vez espectacular, que sólo avanzando el siglo adquirirá tonos más melodramáticos. La comedia viene a ser, en este sentido, un documento social de primera magnitud, hecho desde los cánones burgueses propios del momento.

La comedia renacentista italiana sigue las unidades clásicas de lugar y tiempo. La primera va apoyada en el espacio escénico que para tal género propuso Vitruvio («habitaciones privadas con balcones y vistas que representan hileras de ventanas»).

En cambio la unidad de acción se complica con ingredientes inesperados, tal y como ocurría en Plauto, lo que dota al argumento de intrincados y no siempre lógicos vericuetos por donde transcurren los acontecimientos.

Ese aspecto fantástico se complementa con rasgos plena-mente realistas, como es el uso de los dialectos, que abre mayores cauces de comprensión entre escenario y público, y, sobre todo, la utilización de la prosa, que, siguiendo el citado modelo boccacciano, naturaliza la expresión oral de los personajes.

Esto no es óbice para que, a veces, se intentase el uso del endecasílabo. También en el dramatis personae de estas obras encontramos una galería de tipos de marcado acento realista, algunos de los cuales pasarán a engrosar las filas de la commedia dell'arte: criados, jóvenes enamorados, cortesanas, padres severos, soldados, rufianes, campesinos incultos, incluso figuras singulares, como el pedante, afirman nuevamente el paradigma boccacciano de donde salieron.


Las novedades más importantes, respecto de la comedia clásica, pueden estar en la entidad del prólogo. Entre el modelo plautino, lleno de información, y el terenciano, con sus notas polémicas propias de los ambientes teatrales, los nuevos prólogos se acercan más a la segunda modalidad, aportando a la vez el satírico tono decameroniano y el más divertido y directo del antiguo juglar.

21.2. PRINCIPALES OBRAS Y AUTORES

Aunque a finales del siglo XV se estrenaron bastantes comedias enmarcadas en el moderno sentido humanístico, no pocos historia-dores hacen coincidir la presentación de La Corsaria de Ariosto (5 de marzo de 1508), en el Palacio Ducale de Ferrara, con el nacimiento de dicho género.

Pero quizá ningún espectáculo de la modernidad y espíritu innovador de La Calandria, escrito por el futuro cardenal toscano Bernardo Dovici de Bibbiena (1470-1520), que tuvo lugar en Urbino (febrero de 1513).

Es la primera vez que se conocía la escena a vista, corpórea, y con relieves. Los Meneemos, en adaptación libre representada en Ferrara, localiza la acción en Roma, pero alude a los orígenes plautianos de Modena.

La obra utiliza levemente la línea argumental de los mellizos separados desde la infancia. Aunque carece de la línea estructural de la comedia maquiaveliana, sí abunda en rasgos eróticos, incluso inmorales, y sorprendentes efectos escénicos. Fue muy representada en su momento.

Podemos hablar de una primera generación de textos de comedias debidos a los tres grandes autores de la primera mitad del siglo XVI, Machiavelli, Ariosto y Aretino, seguidos de una pléyade de obras y autores que se internan en la segunda mitad con total aceptación.

Machiavelli (1469-1527), con La Mandragora (1518) y Clizia (1525), además de otras traducciones y obras quizá perdidas, constituye un modelo de la comedia renacentista, que, dentro de los parámetros del género en ese periodo, plantea situaciones hasta el momento desconocidas en los escenarios. El argumento Mandragora es el siguiente:

El joven Calímaco está enamorado de Lucrecia, casada con Nicias, hombre recto y juicioso, aunque un poco simple y mucho mayor en edad que su esposa.

El matrimonio tiene el problema de la falta de hijos, sobre lo que el malicioso Ligurio va a aconsejar que el marido vaya a tomar unos baños.

La trama consiste en llevar a Calímaco hasta el lecho de Lucrecia, aunque, eso sí, dentro de la mayor legalidad.

Para ello idearán un oportuno engaño, en donde el joven amante se hará pasar por médico, que precisamente utilizará mandrágoras para sus remedios.

Además de la treta, deberán convencer, sin demasiado esfuerzo, a la madre de la esposa y a Fray Timoteo, que verá con buenos ojos «la obra de caridad» a cambio de una suculenta limosna.

En este esquema se pueden advertir, pues, temas tan renacentistas como la libertad del amor, rompiendo barreras, moralizando bajo una sólida y divertida norma. Si bien todo ello refleja su procedencia clásica, remueve el sistema dramático modernizándolo hasta extremos insospechados.


ARIOSTO (1474-1533), además de su personalidad de poeta de gran renombre, escribió para la escena obras muy estimadas y representadas en su momento: Arquilla, Los supuestos, El nigromante, El lector de libros prohibidos, La alcahueta y Los estudiantes, entre otras.

El tercer gran dramaturgo de este periodo es ARETINO (1492-1557), con textos como La Cortesana, Atalanta, El hipócrita -posible precedente del Tartufo molieresco - y Marescalco.

Los autores y obras más representadas de la comedia italiana siguen, por regla general, la influencia de La Mandrágora, cuyo modelo permanece durante tiempo.

21.3. ORÍGENES DE LA «COMMEDIA DELL'ARTE»

Siguiendo por las tendencias populares del mimo latino y de los jaculatori, que tuvieron cierto arraigo en las farsas de las Sacras Representaciones, la comedia se apoyaba cada vez más en el movimiento, la burla y la improvisación.

De la comedia pastoril que citábamos en el capítulo anterior, surgieron temas campesinos en donde el actor tenía absoluta libertad tanto para su interpretación como para amoldar los textos de las obras a su propio lenguaje.

Estamos en un momento en que la literatura deja paso a la improvisación escénica, dentro de una significativa tendencia popular.

Y es entonces cuando el poder catalizador del artista creador define unas líneas que tendrán desarrollo espectacular en los siglos XVII y XVIII. Angelo Beolco (1502-1542), llamado Ruzante, da sus primeras representaciones en la Venecia de 1520, con su pequeño grupo que, procedente de Papua, se introduce en círculos humanistas actuando en palacios de los grandes del lugar.

En 1529 era contratado por el mismo Duque Ercole d'Este para representar en Ferrara. Beolco es un típico representante del teatro renacentista, con labor literaria propia de la comedia humanista, que sigue dividiendo las obras en los tradicionales cinco actos, y un trabajo práctico que sirve de lanzamiento de lo que después se llamaría commedia dell'arte.

Tan precisa denominación no se dio hasta el siglo XVIII, justamente cuando la principal característica del género, la improvisación, había dejado de existir.

La creación del personaje de Ruzante por parte de Beolco, tipo por el que se le conocería en todos los escenarios, define a las claras sus logros artísticos: destaca el peculiar carácter campesino, en donde junto al lirismo de su origen se confunde el ingenio y malicia del hombre que tiene que sobrevivir en un medio urbano hostil.

Para determinar el origen de la commedia dell'arte se ha echado en falta una precisa documentación.

No obstante, el descubrimiento de buena cantidad de canovacci, guiones o esquemas de la acción sobre los que improvisaban los actores -auténticos núcleos de las obras -, fue facilitando la ordenación e interpretación de los primitivos materiales sobre los que construir la génesis de estas comedias.

Por ejemplo, los cincuenta publicados por Flaminio Scala, en 1611, los recopilados por Antonio Passanti en 1699, el manuscrito de Biancolelli o el zibaldone (un texto más abajo en verde) del padre Placido Adriani.

Alguno de esos canovacci aparecen repetidos o transformados en siglos posteriores. En cualquier caso, esos materiales no indican puras improvisaciones, sino que, a veces, están repletos de diálogos muy precisos y acabados. Más adelante trataremos de la naturaleza de estas obras.

[Placido Adriani es autor del manuscrito de un zibaldone (1734), recopilación de prólogos, intermedios, canciones, lazzi, escenas napolitanas, sonetos, fantasías, enigmas, recitativos, arias, saludos..., toda suerte de piezas de muy diversos y anónimos autores, con las que se puede formar un repertorio de commedia dell'arte: ese zibaldone, conocido como el de Perugia, por encontrarse en su Biblioteca, dispone de 22 scenari o argumentos para espectáculos. Del núm. 13, titulado La piedra encantada, seleccionamos las escenas 8 a la 15 del primer acto. Las transcribimos tal y como aparecen en el original]:

 

Escena 8. Coviello, Valerio

Coviello anuncia al llegar que ya se ha enterado dónde está la casa de Trápola. - Valerio: así, podrá llevarse a Checca a la fuerza. - Coviello: en esto es más necesario ser prudente que audaz: que le deje el encargo de este asunto. - Valerio: quiero al menos verla. - Coviello: ahora es el momento, porque Trápola ha salido y Coviello llama.

Escena 9. Dichos y Checca

Checca en la ventana; su propia escena es:
El hombre. - ¡Mi bien! La mujer. - ! Mi tirano! H. - Al menos...
M. -Frena la lengua. H. - Escucha mi justificación.
M. -Tus palabras son sortilegios.
H. -¿Tan severa?

M. -Tan compasiva como él.
H. -¡Oh, abismo de miserias!
M. -¡Oh, locura de idiota!
H. -¡Oh, exceso de amor!
M. -¡Oh, aburrimiento infinito!
H. -Porque te he amado, la muerte me será querida. M. -Porque te he escuchado, la vida me es odiosa. H. -Me voy, pues, a morir.
M. -Me voy para no verte más.
A continuación, sin dejarle hablar, ella le cierra la puerta en las narices y se retira. Valerio hace su escena de bruto; por otra parte, no sabe por qué ha cambiado ella; quiere matarse. Coviello lo detiene, lo consuela; le dice que le deje hacer, que él se la conseguirá. Valerio, volviendo a tener esperanza, se va; Coviello se queda.

Escena 10. Dicho, Pulcinella

Pulcinella llega diciendo que quiere saber lo que ha hecho el mago. Ve a Coviello y le pregunta si le ha hablado ya. Este le dice que sí, pero que hacen falta diez escudos que servirán para manipular la piedra llamada heliotropo, que vuelve invisible a la gente; y que así él mismo, teniendo esa piedra, podrá, sin ser visto, entrar en casa de Bianchetta y hacer lo que quiera. Pulcinella, feliz, le da el dinero. Coviello dice que llega el mago.

Escena 11. Dichos, Trápola

Trápola en la calle. Coviello le dice: «Has llegado a tiempo, amigo mío»; y añade que Pulcinella es el enamorado de Bianchetta y que ha desembolsado ya diez escudos para la manipulación de la piedra.

Trápola: lo tiene todo listo para engañarlo; a continuación entra en la casa. Pulcinella le pregunta a Coviello qué ha ido a hacer el mago.

Coviello: coge la piedra. Pulcinella hace sus 1a2 de alegría.

Trápola vuelve con una piedra grande (como piedra, se coge una caja grande y se pinta de color piedra).

Trápola: en media hora, la piedra tendrá toda su virtud de hacerlo invisible.

Pulcinella, contento, la coge y le da las gracias, y se va satisfecho. Coviello y Trápola se reparten el dinero; después, Trápola va a su casa; Coviello se va a buscar a su amo.

Escena 12. Valerio

Ansioso por saber lo que ha hecho Coviello; mientras espera, quiere informarse por Bianchetta sobre Checca; llama.

Escena 13. Dicho, Bianchetta

Bianchetta en la ventana. Valerio la saluda; ella le contesta. El pide noticias sobre la mujer llamada Checca.

Bianchetta: al contrario que las demás mujeres, ella no se asoma nunca a la ventana.

Escena 14. Dichos, Coviello

Coviello, sin aliento, buscándolo. Manda a la mujer a su casa; dice que debe comunicarle una cosa que le interesa y que le es útil; pero, al ver venir a Pulcinella, ruega a su amo que finja no verlo -enseguida, se lo dirá todo - y que finjan luchar a bastonazos, que golpeen a Pulcinella.

Escena 15. Dichos, Pulcinella

Pulcinella con la piedra. Ellos fingen no verlo y dan una tunda a Pulcinella; y, con la caída de Pulcinella, fin.

 

 


Al aceptar, en líneas generales, que las fuentes de la commedia dell'arte están en el mismo teatro, otra serie de elementos componen y matizan las primeras noticias que existen sobre su carácter específico. Son éstos: los dibujos que ilustran viejos libritos, las escenografías y los centones hallados de ese periodo inicial.

Centón es una especie de breve texto redactado por un actor, que contiene todo un repertorio de pequeños diálogos, monólogos, acciones de humor prefijadas (lazzi), a la vez que ciertas notas documentales y legales. El propio Goldoni hablará de ellos dos siglos después, y del interés de los que pudo cotejar en su juventud, merced a viejos comediantes.

Tres son las principales hipótesis sobre la presencia de tan singular género. La primera es la basada en el elemento regional. Trataríase de una evolución de las formas populares del teatro latino, como el mimo y los jaculatori. La segunda se apoya en el elemento carnavalesco; en este sentido, las máscaras sugerirían la procedencia de la fiesta de Carnaval, junto a las celebraciones rituales que en ella concurren. La tercera vendría como simple transformación de la comedia latina; lo que Sanesi llamó la vulgarización de la comedia de Plauto y Terencio, teoría poco aceptada en la actualidad.

21.4. CARACTERÍSTICAS DE LA «COMMEDIA DELL'ARTE»

De cada una de las anteriores hipótesis, sean o no ciertas en toda su extensión, surgen otras tantas características fundamentales de la commedia dell'arte:

1. Tipificación dialectal. Los actores interpretaban aportando todo un bagaje de conocimientos y saber popular, en donde el idioma jugaba principal papel. La vieja división regional italiana, que origina toda una rica variedad dialectal, es, así, aportada a este tipo de comedia popular. La tradición, y la lengua, marcan la procedencia bergamasca de Arlequín y Brighella, el origen napolitano de Pulcinella, la ascendencia veneciana de Pantalón o la boloñesa del Doctor. De esta manera, los actores fueron especializándose en cada uno de estos tipos, funcionando sus rasgos localistas como inspiradas notas de humor.

2. Caracterización del personaje. Cada uno de los más importantes tipos de la commedia dell'arte tiene su máscara, que ha ido conformándose a lo largo del tiempo. Tales máscaras, cuyos orígenes pueden remontarse a las del más primitivo teatro latino, definen nítidamente en su elemento carnavalesco la entidad de cada personaje. Habría que añadir en este punto la propia personalidad del vestuario, los anteriores rasgos dialectales y la entidad definidora de cada uno: glotonería, desconfianza, pusilanimidad, concupiscencia, etc.

3. Improvisación. Aunque ya existían improvisaciones en las atelanas y mimos, los actores de la commedia dell'arte lo hacían sobre esquemas o argumentos predeterminados en los canovacci. Muchos de ellos procedían de textos antiguos, adoptando sus tramas en beneficio de las nuevas formas imperantes en la escena renacentista. Al fondo del tablado, tras el foro, se colocaba un libreto en donde los actores cotejaban las entradas y salidas que debían efectuar, aunque los diálogos podrían variar o evolucionar según la habilidad o inspiración de los cómicos.

Junto a estas características, se han señalado otros elementos que definen, asimismo, el género.

Tales elementos surgen de la propia vitalidad del teatro de la época y de su esplendor. Entonces, el arte dramático estaba necesitado de una dedicación total por parte de sus integrantes.

Estos empezaron a agruparse en torno a compañías («Los fieles», «Los confidentes», «Los celosos», «Los deseosos», etc.), haciendo de su trabajo una profesión estable.

Ello facilitó el conocimiento y fama de los principales intérpretes, cuya presencia en los escenarios era celebrada por el público.

Los espectadores llegaron a identificar al actor con su máscara, y se regocijaban con las típicas ocurrencias de tan experimentados comediantes.

En situaciones de plena lucidez, un intérprete inspirado modificaba su actuación, añadiendo recursos propios e inconfundibles. Eran los lazzi: unas escenas más o menos breves, siempre de tono humorístico y jocosos, que con o sin palabras se improvisaban en momentos determinados.

Dichos lazzi, definidos a veces como «pasajes de bravura», contenían todo tipo de recursos propios del actor: el canto, la acrobacia o la expresión corporal.

Se han llegado a delimitar algunos de tales lazzi, se han estudiado los más celebrados por el público, como el de la pulga o la mosca cazada, la merienda de cerezas cuyos huesos se tiran hacia otro personaje, el atranque repetido de un personaje en determinada palabra, los criados atados por la espalda que comen del mismo plato, etc.
Estos elementos proporcionan un gran dinamismo a las representaciones, lo que configura un espectacular movimiento general en dichas comedias, con abundantes entradas y salidas, caídas, golpes, equívocos y engaños.

Por otra parte, el éxito de estas obras hacía que el público de una misma ciudad quisiera ver un amplio repertorio, trabajo hasta cierto punto imposible, a no ser que se utilizaran variaciones sobre el mismo tema, cosa habitual en la commedia dell'arte.

La necesidad de efectuar giras, llevando modestos decorados, y la obligación de sostener repertorios, obligaba a memorizar más argumentos que diálogos, los cuales irían surgiendo del ingenio del actor.


21.5. TÉCNICA Y ESTRUCTURA

Este entramado de elementos se conjugaba en la representación, para la que existía un orden determinado, pese al carácter improvisador del género. Las compañías tenían una especie de director de escena que, pese a dejar cierta libertad de movimientos, creaba un sistema de ejecución que venía fielmente reflejado en un libreto que estaba situado al fondo del escenario.

Ese director, denominado concertadore, o corago, o capocomico, era también uno de los intérpretes, generalmente el principal.

Al comienzo de la representación solía salir al extremo del tablado, junto con su elenco, y explicaba el argumento de la representación, con indicación de alguna novedad escenotécnica o de simple atrezzo, pasando inmediatamente a la actuación.

Tras ese prólogo, se desarrollaba la trama, generalmente en tres actos, con sus intermedios, llenos de música, danza, acrobacias, canciones, mimo y todos los recursos imaginables en actores de tanta pericia.

A grandes rasgos, toda comedia dell'arte está compuesta por una intriga que se enreda y desenreda sucesivamente, gracias a raptos, engaños, peleas, brotes de locura, palizas, duelos y todo aquello que más pudiera deleitar al público.

Las obras se basaban en un canovaccio, que da origen a espectáculos sumamente irregulares, con momentos en donde prima la palabra junto a otros de música, canciones y bailes. Todo unificado gracias al arte del actor, que puede romper el propio discurso textual con los citados lazzi. Uno de esos canovacci podría ser así de sencillo:

Sale a escena un rico veneciano y alaba las alegrías del amor.
Recibe una carta que le arranca momentáneamente del lado de la hermosa cortesana.

Pantalón y su criado Zanni cortejan a la abandonada.
Un noble español aparece como el rival más privilegiado.
Escenas de confusiones y palizas, serenatas mal dirigidas, batallas quijotescas se atropellan entre sí.

Al final hay una pacífica reconciliación, y actores y espectadores se unen en un baile italiano.

Los temas de las comedias tenían evidentes identidades. Aunque toman del clasicismo el eje amoroso que sirve para engarzar cualquier historia, participan también de casi todos los géneros dramáticos utilizados hasta la fecha: desde la tragedia a la simple comedia, pasando por la tragicomedia y la comedia pastoril.

Todos con una clara desconexión con el realismo, al que se acude tan sólo para connotar circunstancias de actualidad.

Las compañías estaban formadas por unos diez o doce actores, a los que podían unirse comparsas del mismo pueblo o ciudad en donde representaban.

Dichos actores, como hemos indicado, disponían de un amplio margen para la improvisación, pero también estudiaban sus trabajos con todo rigor, ejercitándose en todas y cada una de las artes que debían manejar.

Existía la tradición del paso de papeles de padres a hijos, o de maestro a discípulo; quienes representaban a Arlequín, Brighella o Pantalón lo hacían de por vida, en una continua experimentación del mismo personaje. De ahí que tales tipos no tengan edad o, mejor dicho, tengan la del actor que los acoge. En este sentido, la máscara no sólo no es condicionante, por cuanto apenas deja ver más que una porción del rostro, sino que forma parte del actor y del personaje.

Empieza donde empieza el personaje y acaba donde lo hace el actor. Es un material integrador de dos entes distintos que se unen en uno solo cuando se instala en un único rostro.


21.6. PERSONAJES Y MÁSCARAS

Como se puede deducir, cada actor de la commedia dell'arte constituía un personaje; y cada uno de ellos estaba caracterizado por una máscara.

El estudio de éstas nos transporta necesariamente al de los mismos personajes, y éstos a aquéllas. El conjunto forma una galería de arquetipos, enormemente codificados, con unas características propias e intransferibles que constituyen el conocido elenco de la commedia dell'arte.

Tres categorías se pueden clasificar en primera instancia: los criados, los amos y los amantes.

Los criados
El origen del criado es común en todos sus tipos: un campesino pobre que llega a la ciudad y desarrolla su ingenio para remediar el hambre, al tiempo que vive determinadas aventuras, generalmente con un amo ocasional. Es el perfil de los zanni (criados), cuya procedencia rural puede justificar su etimología: zan, sanni, quizá diminutivo o despectivo de Giovanni.

El más famoso de los zanni es Arlequín, astuto y necio criado originario de Bergamo, al tiempo que ingenuo e intrigante, más indolente que trabajador. Su pobre aspecto caracteriza el vestuario, lleno de parches y remiendos, que sólo tardíamente se sofistican en el conocido e impropio traje de rombos. Su astucia se plasma en el trabajo de servir a más de un amo a la vez, y cobrar, pues, más de un salario; y su necedad, en el aceptar recibir sin rechistar algo más que dinero: golpes. La máscara de Arlequín está caracterizada por ser de cuero negro y llevar unos grandes bigotes. La evolución del personaje en la escena francesa hizo que desaparecieran dichos bigotes.

El más popular compañero de Arlequín es Brighella, otro zanno bergamasco, con nombre que puede proceder de briga, del italiano brigare, engañar. Bastante similar en todo a su compañero, es mejor consejero que aquél, aunque más tentado por el vicio. Es capaz de ofrecer a su hermana al mejor postor, burlándose al mismo tiempo sin piedad de los viejos, para lo que enfatiza su ronca voz. Va vestido de blanco, con adornos verdes. Su máscara, llena de ironía, está rematada por una especie de boina.

Polichinela (Pulcinella), de origen napolitano, define su fisonomía por su estupenda joroba y traje blanco. Es un criado filósofo, resignado a su suerte, que no es otra que pasar hambre y sufrir burlas. Tales desgracias las vence cantando. Su máscara es negra, y en ella sobresale una importante nariz de gancho. El aspecto y movimiento hicieron fácilmente mudable su persona en marioneta, modalidad que se presenta con harta frecuencia. Su gramática parda lo hace idóneo para animar fiestas locales, haciendo gala de un notable sentido crítico para la política. Su evolución más notoria ocurre en Lyon, en donde se bautiza con el conocido nombre de Monsieur Guignol.

Otros criados que tienen presencia continua en la commedia dell'arte, a veces con espectaculares papeles y máscaras, son Pedrolino, Truffaldino, Scapino, Sganarello, Ganassa, Tartaglia, etc.

En mujer, el tipo de criada de Colombina ha sido, a la vez que compañera de Arlequín, la chica pretendida por el amo, viejo que cree ver en su coquetería una esperanza a sus devaneos. Otras criadas significativas en el género son Coralina, Esmeraldina y Pasquetta. En definitiva, contraposiciones femeninas del zanno, la zagna, cuya representante por antonomasia sería Francisquita.

Los amos
En este campo situamos en primer lugar a Pantalón, rico y viejo comerciante veneciano, que en su origen era llamado Magnífico. Algo tacaño, desconfiado y libidinoso, tiene hija casadera, que representará a uno de los enamorados. En cualquier aventura que acometa irá siempre acompañado por un zanno, que lo introduce en peligros para él insospechados. Lleva una gran capa negra que cubre un largo jubón encarnado. En su máscara, también negra, destaca una perilla de chivo blanca, junto a una enorme nariz ganchuda.


El Doctor es de Bolonia, de cuya universidad dice proceder, aunque su supina ignorancia caracterice otra cosa. Tal ignorancia la denota a cada instante, con una peculiar habla, en donde mezcla su origen boloñés con un divertido latín macarrónico. Lo confunde todo a cada instante, siendo su lógica tan aplastante que es capaz de decir: «Lo que no es verdad es simplemente mentira.» Viene a ser, por consiguiente, el rasgo crítico al humanismo, del que se despegan estas comedias. Viste de negro, con un amplio lechuguino blanco que circunda su cuello, casquete también negro, y, sobre él, un enorme sombrero de alas anchísimas. Su máscara es una prolongación de la de Pantalón, su verdadero complemento.

En el Doctor, mayor importancia tiene la significación de sus textos que la de sus gestos.

El Capitán no es exactamente amo, pero tampoco criado, y de enamorado sólo tiene la pretensión. Sin embargo, ocupa el tercer vértice del triángulo satírico del poder que establece la commedia dell'arte.
Si Pantalón representaba el económico, y el Doctor el intelectual, el Capitán personifica el poder militar.

De ahí que esté mejor relacionarlo con los amos o poderosos que con los criados, a los que achanta y humilla como campesinos que son.
El Capitán puede apellidarse Spavento, Scaramuccia, Matamoros, Brandimarte, Basilisco, Martebellonio, Spaccamonti o Fracassa.

Es un tipo muy característico, procedente del sentir crítico italiano sobre la presencia militar española en sus tierras. En efecto, el Capitán es español, a la vez que fanfarrón, pusilánime y cobarde: el tradicional Miles gloriosus.

Habla por los codos, y sus continuas bravatas, que lo caracterizan como el terror de los lugareños, se convierten en duelos imposibles. Su vestuario es el característico del oficial español del siglo XVI, con sombrero de plumas, exagerado espadón y voz profunda y sobrecogedora.

Callot lo describe con pintorescas máscaras, pero Bellemore lo interpreta sin ellas en el Hôtel de Bourgogne, hacia 1672, según litografía de Lauglumé.

Los enamorados

El grupo de los enamorados (innamorati) está formado por una pareja de jóvenes, que suelen ser hijo o hija de Pantalón y del Doctor o viceversa. Llevan nombres tan bucólicos como Rosana y Florindo, Isabel y Octavio, Angélica y Fabricio, etc.

Su principal y casi exclusivo cometido en la comedia es amar y ser amados.
También las cortesanas aparecen cuando la acción lo precisa, jugando su tradicional papel.

Estos personajes suelen ir sin máscara, al igual que sucediera con Colombina, como si la procedencia petrarquista de los enamorados los dignificara frente a los fantoches con los que conviven en los escenarios. El elemento crítico, por consiguiente, está mucho más atenuado.


 

Índice de todos los capítulos:

CAPÍTULO I   Génesis de lo escénico
CAPÍTULO II - El teatro en Grecia
CAPÍTULO III   El teatro en Roma
CAPÍTULO IV   El teatro en la Edad Media
CAPÍTULO V   Teoría y práctica teatrales en el Renacimiento: el descubrimiento de Aristóteles y la escena moderna
CAPÍTULO VI
  Comedia renacentista y commedia dell'arte: La variedad dialectal
CAPÍTULO VII
  El teatro isabelino
CAPÍTULO VIII
  El teatro español del Siglo de Oro
CAPÍTULO IX
  El teatro clásico francés
CAPÍTULO X
  El teatro en el siglo XVIII
CAPÍTULO XI
  Prerrománticos y románticos
CAPÍTULO XII
  De la ópera al teatro simbolista
CAPÍTULO XIII
  Naturalismo frente a realismo
CAPÍTULO XIV
  Del realismo a la primera vanguardia escénica en España
CAPÍTULO XV
  Los grandes innovadores
CAPÍTULO XVI
  Nuevos caminos de la escena
BIBLIOGRAFÍA   GLOSARIO
 

Enlaces a páginas de la asignatura:


Programa de "Dibujo: Espacio Escénico"
Resumen de Escenografía Básica

Nuevos Avisos de la asignatura
Metodología Proyectual de la escenografía
Proyectos de los alumnos de la asignatura
Notas de la asignatura
Examen de la asignatura
La piazza, la strada, le quinte de Francesca Fatta