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CAPÍTULO
VI
Comedia renacentista y commedia dell'arte:
La variedad dialectal
21.
COMEDIA RENACENTISTA ITALIANA
El
desarrollo del teatro en la Italia del siglo XVI se produce
dentro de un medio político dividido, fragmentado, que,
en contra de lo que sucederá en países como Inglaterra,
España o Francia, que basan su desarrollo cultural en
un centralismo más o menos camuflado, caracteriza la
comedia renacentista desde los distintos sectores regionales
y dialectos que la constituyen.
Vimos en el capítulo anterior que más que en justificaciones
preceptistas, hay que entender el teatro del Renacimiento como
la expresión de un nuevo sistema de ideas, las cuales
buscaron su acomodo en los escenarios con las novedades de rigor.
De esta manera, sus principales autores no tuvieron especial
empeño en desdecir las teorías aristotélicas,
sino que pusieron en los escenarios un moderno sentido de la
moral de su clase social.
Ello
los condujo a la adopción del formato de la comedia,
con lo que iniciaron la transgresión genérica
clásica. Dejaron a un lado, para otro momento, la categoría
de la tragedia, con el fin de descender a la cordialidad de
la comedia, en la cual podían tratar con mayor libertad
los problemas de la clase media que representan.
La comedia italiana surge cuando dos vectores culturales se
conciben y funden: uno, la idea de restaurar las formas clásicas
escénicas, como consecuencia del humanismo imperante;
otro, el deseo de hacer evolucionar el espectáculo escénico
dentro de evidentes cánones populares, en donde se prefieren
los perfiles cómicos a los trágicos.
De ahí surge un tipo de obra cuya estructura está
relacionada con la comedia latina, más como lógica
continuación clasicista que como subordinación
a las preceptivas, pues éstas aparecen hacia la mitad
del siglo, justamente cuando la comedia renacentista alcanzaba
su máximo desarrollo.
Las
cinco características jornadas clásicas responden
con exactitud al ritmo de la acción. Desde la primera,
que explica los antecedentes de la trama, a la quinta y última,
que contiene su deselance, los actos se corresponden con los
episodios, cuyo transcurso se verifica momento a momento; es
decir, un seguimiento de la acción, al modo de Plauto,
pero más recargado de elementos novelescos, en donde
la referencia de Boccaccio aparece como gran telón de
fondo.
Los
temas y personajes del Decamerón, adaptados al siglo
XVI, son seguidos por los dramaturgos de entonces, haciendo
del escenario un reflejo de los modos de vida y un ejemplo de
las buenas costumbres.
De
las buenas y, sobre todo, de las malas. Lo cual configura un
tejido teatral satírico, moralista y a la vez espectacular,
que sólo avanzando el siglo adquirirá tonos más
melodramáticos. La comedia viene a ser, en este sentido,
un documento social de primera magnitud, hecho desde los cánones
burgueses propios del momento.
La comedia renacentista italiana sigue las unidades clásicas
de lugar y tiempo. La primera va apoyada en el espacio escénico
que para tal género propuso Vitruvio («habitaciones
privadas con balcones y vistas que representan hileras de ventanas»).
En
cambio la unidad de acción se complica con ingredientes
inesperados, tal y como ocurría en Plauto, lo que dota
al argumento de intrincados y no siempre lógicos vericuetos
por donde transcurren los acontecimientos.
Ese
aspecto fantástico se complementa con rasgos plena-mente
realistas, como es el uso de los dialectos, que abre mayores
cauces de comprensión entre escenario y público,
y, sobre todo, la utilización de la prosa, que, siguiendo
el citado modelo boccacciano, naturaliza la expresión
oral de los personajes.
Esto
no es óbice para que, a veces, se intentase el uso del
endecasílabo. También en el dramatis personae
de estas obras encontramos una galería de tipos de marcado
acento realista, algunos de los cuales pasarán a engrosar
las filas de la commedia dell'arte: criados, jóvenes
enamorados, cortesanas, padres severos, soldados, rufianes,
campesinos incultos, incluso figuras singulares, como el pedante,
afirman nuevamente el paradigma boccacciano de donde salieron.
Las novedades más importantes, respecto de la comedia
clásica, pueden estar en la entidad del prólogo.
Entre el modelo plautino, lleno de información, y el
terenciano, con sus notas polémicas propias de los ambientes
teatrales, los nuevos prólogos se acercan más
a la segunda modalidad, aportando a la vez el satírico
tono decameroniano y el más divertido y directo del antiguo
juglar.
21.2. PRINCIPALES OBRAS Y AUTORES
Aunque a finales del siglo XV se estrenaron bastantes comedias
enmarcadas en el moderno sentido humanístico, no pocos
historia-dores hacen coincidir la presentación de La
Corsaria de Ariosto (5 de marzo de 1508), en el Palacio Ducale
de Ferrara, con el nacimiento de dicho género.
Pero
quizá ningún espectáculo de la modernidad
y espíritu innovador de La Calandria, escrito por el
futuro cardenal toscano Bernardo Dovici de Bibbiena (1470-1520),
que tuvo lugar en Urbino (febrero de 1513).
Es
la primera vez que se conocía la escena a vista, corpórea,
y con relieves. Los Meneemos, en adaptación libre representada
en Ferrara, localiza la acción en Roma, pero alude a
los orígenes plautianos de Modena.
La
obra utiliza levemente la línea argumental de los mellizos
separados desde la infancia. Aunque carece de la línea
estructural de la comedia maquiaveliana, sí abunda en
rasgos eróticos, incluso inmorales, y sorprendentes efectos
escénicos. Fue muy representada en su momento.
Podemos hablar de una primera generación de textos de
comedias debidos a los tres grandes autores de la primera mitad
del siglo XVI, Machiavelli, Ariosto y Aretino, seguidos de una
pléyade de obras y autores que se internan en la segunda
mitad con total aceptación.
Machiavelli
(1469-1527), con La Mandragora
(1518) y Clizia
(1525), además de otras traducciones y obras quizá
perdidas, constituye un modelo de la comedia renacentista, que,
dentro de los parámetros del género en ese periodo,
plantea situaciones hasta el momento desconocidas en los escenarios.
El argumento Mandragora es el siguiente:
El
joven Calímaco está enamorado de Lucrecia, casada
con Nicias, hombre recto y juicioso, aunque un poco simple
y mucho mayor en edad que su esposa.
El
matrimonio tiene el problema de la falta de hijos, sobre lo
que el malicioso Ligurio va a aconsejar que el marido vaya
a tomar unos baños.
La
trama consiste en llevar a Calímaco hasta el lecho
de Lucrecia, aunque, eso sí, dentro de la mayor legalidad.
Para
ello idearán un oportuno engaño, en donde el
joven amante se hará pasar por médico, que precisamente
utilizará mandrágoras para sus remedios.
Además
de la treta, deberán convencer, sin demasiado esfuerzo,
a la madre de la esposa y a Fray Timoteo, que verá
con buenos ojos «la obra de caridad» a cambio
de una suculenta limosna.
En este esquema se pueden advertir, pues, temas tan renacentistas
como la libertad del amor, rompiendo barreras, moralizando
bajo una sólida y divertida norma. Si bien todo ello
refleja su procedencia clásica, remueve el sistema
dramático modernizándolo hasta extremos insospechados.
ARIOSTO (1474-1533), además de su personalidad de poeta
de gran renombre, escribió para la escena obras muy estimadas
y representadas en su momento: Arquilla, Los supuestos, El nigromante,
El lector de libros prohibidos, La alcahueta y Los estudiantes,
entre otras.
El
tercer gran dramaturgo de este periodo es ARETINO (1492-1557),
con textos como La Cortesana, Atalanta, El hipócrita
-posible precedente del Tartufo molieresco - y Marescalco.
Los autores y obras más representadas de la comedia italiana
siguen, por regla general, la influencia de La Mandrágora,
cuyo modelo permanece durante tiempo.
21.3.
ORÍGENES DE LA «COMMEDIA
DELL'ARTE»
Siguiendo por las tendencias populares del mimo latino y de
los jaculatori, que tuvieron cierto arraigo en las farsas de
las Sacras Representaciones, la comedia se apoyaba cada vez
más en el movimiento, la burla y la
improvisación.
De
la comedia pastoril que citábamos en el capítulo
anterior, surgieron temas campesinos en donde el actor
tenía absoluta libertad tanto para su interpretación
como para amoldar los textos de las obras a su propio lenguaje.
Estamos
en un momento en que la literatura deja paso a la improvisación
escénica, dentro de una significativa tendencia popular.
Y es entonces cuando el poder catalizador del artista creador
define unas líneas que tendrán desarrollo espectacular
en los siglos XVII y XVIII. Angelo Beolco (1502-1542), llamado
Ruzante, da sus primeras representaciones en la Venecia de 1520,
con su pequeño grupo que, procedente de Papua, se introduce
en círculos humanistas actuando en palacios de los grandes
del lugar.
En
1529 era contratado por el mismo Duque Ercole d'Este para representar
en Ferrara. Beolco es un típico representante del teatro
renacentista, con labor literaria propia de la comedia humanista,
que sigue dividiendo las obras en los tradicionales cinco actos,
y un trabajo práctico que sirve de lanzamiento de lo
que después se llamaría commedia dell'arte.
Tan
precisa denominación no se dio hasta el siglo XVIII,
justamente cuando la principal característica del género,
la improvisación, había dejado de existir.
La
creación del personaje de Ruzante por parte de Beolco,
tipo por el que se le conocería en todos los escenarios,
define a las claras sus logros artísticos: destaca el
peculiar carácter campesino, en donde junto al lirismo
de su origen se confunde el ingenio y malicia del hombre que
tiene que sobrevivir en un medio urbano hostil.
Para determinar el origen de la commedia dell'arte se ha echado
en falta una precisa documentación.
No
obstante, el descubrimiento de buena cantidad de canovacci,
guiones o esquemas de la acción sobre los que improvisaban
los actores -auténticos núcleos de las obras -,
fue facilitando la ordenación e interpretación
de los primitivos materiales sobre los que construir la génesis
de estas comedias.
Por
ejemplo, los cincuenta publicados por Flaminio Scala, en 1611,
los recopilados por Antonio Passanti en 1699, el manuscrito
de Biancolelli o el zibaldone
(un texto más abajo en verde) del padre Placido
Adriani.
Alguno
de esos canovacci aparecen repetidos o transformados en siglos
posteriores. En cualquier caso, esos materiales no indican puras
improvisaciones, sino que, a veces, están repletos de
diálogos muy precisos y acabados. Más adelante
trataremos de la naturaleza de estas obras.
[Placido
Adriani es autor del manuscrito de un zibaldone
(1734), recopilación de prólogos, intermedios,
canciones, lazzi, escenas napolitanas, sonetos, fantasías,
enigmas, recitativos, arias, saludos..., toda suerte de piezas
de muy diversos y anónimos autores, con las que se
puede formar un repertorio de commedia dell'arte: ese zibaldone,
conocido como el de Perugia, por encontrarse en su Biblioteca,
dispone de 22 scenari o argumentos para espectáculos.
Del núm. 13, titulado La piedra encantada, seleccionamos
las escenas 8 a la 15 del primer acto. Las transcribimos tal
y como aparecen en el original]:
Escena
8. Coviello, Valerio
Coviello
anuncia al llegar que ya se ha enterado dónde
está la casa de Trápola. - Valerio: así,
podrá llevarse a Checca a la fuerza. - Coviello:
en esto es más necesario ser prudente que audaz:
que le deje el encargo de este asunto. - Valerio: quiero
al menos verla. - Coviello: ahora es el momento, porque
Trápola ha salido y Coviello llama.
Escena
9. Dichos y Checca
Checca
en la ventana; su propia escena es:
El hombre. - ¡Mi bien! La mujer. - ! Mi tirano!
H. - Al menos...
M. -Frena la lengua. H. - Escucha mi justificación.
M. -Tus palabras son sortilegios.
H. -¿Tan severa?
M.
-Tan compasiva como él.
H. -¡Oh, abismo de miserias!
M. -¡Oh, locura de idiota!
H. -¡Oh, exceso de amor!
M. -¡Oh, aburrimiento infinito!
H. -Porque te he amado, la muerte me será querida.
M. -Porque te he escuchado, la vida me es odiosa. H.
-Me voy, pues, a morir.
M. -Me voy para no verte más.
A continuación, sin dejarle hablar, ella le cierra
la puerta en las narices y se retira. Valerio hace su
escena de bruto; por otra parte, no sabe por qué
ha cambiado ella; quiere matarse. Coviello lo detiene,
lo consuela; le dice que le deje hacer, que él
se la conseguirá. Valerio, volviendo a tener
esperanza, se va; Coviello se queda.
Escena
10. Dicho, Pulcinella
Pulcinella
llega diciendo que quiere saber lo que ha hecho el mago.
Ve a Coviello y le pregunta si le ha hablado ya. Este
le dice que sí, pero que hacen falta diez escudos
que servirán para manipular la piedra llamada
heliotropo, que vuelve invisible a la gente; y que así
él mismo, teniendo esa piedra, podrá,
sin ser visto, entrar en casa de Bianchetta y hacer
lo que quiera. Pulcinella, feliz, le da el dinero. Coviello
dice que llega el mago.
Escena
11. Dichos, Trápola
Trápola
en la calle. Coviello le dice: «Has llegado a
tiempo, amigo mío»; y añade que
Pulcinella es el enamorado de Bianchetta y que ha desembolsado
ya diez escudos para la manipulación de la piedra.
Trápola:
lo tiene todo listo para engañarlo; a continuación
entra en la casa. Pulcinella le pregunta a Coviello
qué ha ido a hacer el mago.
Coviello:
coge la piedra. Pulcinella hace sus 1a2 de alegría.
Trápola
vuelve con una piedra grande (como piedra, se coge una
caja grande y se pinta de color piedra).
Trápola:
en media hora, la piedra tendrá toda su virtud
de hacerlo invisible.
Pulcinella,
contento, la coge y le da las gracias, y se va satisfecho.
Coviello y Trápola se reparten el dinero; después,
Trápola va a su casa; Coviello se va a buscar
a su amo.
Escena
12. Valerio
Ansioso
por saber lo que ha hecho Coviello; mientras espera,
quiere informarse por Bianchetta sobre Checca; llama.
Escena
13. Dicho, Bianchetta
Bianchetta
en la ventana. Valerio la saluda; ella le contesta.
El pide noticias sobre la mujer llamada Checca.
Bianchetta:
al contrario que las demás mujeres, ella no se
asoma nunca a la ventana.
Escena
14. Dichos, Coviello
Coviello,
sin aliento, buscándolo. Manda a la mujer a su
casa; dice que debe comunicarle una cosa que le interesa
y que le es útil; pero, al ver venir a Pulcinella,
ruega a su amo que finja no verlo -enseguida, se lo
dirá todo - y que finjan luchar a bastonazos,
que golpeen a Pulcinella.
Escena
15. Dichos, Pulcinella
Pulcinella
con la piedra. Ellos fingen no verlo y dan una tunda
a Pulcinella; y, con la caída de Pulcinella,
fin.
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Al aceptar, en líneas generales, que las fuentes de la
commedia dell'arte están en el mismo teatro, otra serie
de elementos componen y matizan las primeras noticias que existen
sobre su carácter específico. Son éstos:
los dibujos que ilustran viejos libritos, las escenografías
y los centones hallados de ese periodo inicial.
Centón
es una especie de breve texto redactado por un actor, que contiene
todo un repertorio de pequeños diálogos, monólogos,
acciones de humor prefijadas (lazzi), a la vez que ciertas notas
documentales y legales. El propio Goldoni hablará de
ellos dos siglos después, y del interés de los
que pudo cotejar en su juventud, merced a viejos comediantes.
Tres son las principales hipótesis sobre la presencia
de tan singular género. La primera es la basada en el
elemento regional. Trataríase de una evolución
de las formas populares del teatro latino, como el mimo y los
jaculatori. La segunda se apoya en el elemento carnavalesco;
en este sentido, las máscaras sugerirían la procedencia
de la fiesta de Carnaval, junto a las celebraciones rituales
que en ella concurren. La tercera vendría como simple
transformación de la comedia latina; lo que Sanesi llamó
la vulgarización de la comedia de Plauto y Terencio,
teoría poco aceptada en la actualidad.
21.4.
CARACTERÍSTICAS DE LA «COMMEDIA DELL'ARTE»
De cada una de las anteriores hipótesis, sean o no ciertas
en toda su extensión, surgen otras tantas características
fundamentales de la commedia dell'arte:
1. Tipificación dialectal.
Los actores interpretaban aportando todo un bagaje de conocimientos
y saber popular, en donde el idioma jugaba principal papel.
La vieja división regional italiana, que origina toda
una rica variedad dialectal, es, así, aportada a este
tipo de comedia popular. La tradición, y la lengua,
marcan la procedencia bergamasca de Arlequín y Brighella,
el origen napolitano de Pulcinella, la ascendencia veneciana
de Pantalón o la boloñesa del Doctor. De esta
manera, los actores fueron especializándose en cada
uno de estos tipos, funcionando sus rasgos localistas como
inspiradas notas de humor.
2.
Caracterización del
personaje. Cada uno de los más importantes
tipos de la commedia dell'arte tiene su máscara, que
ha ido conformándose a lo largo del tiempo. Tales máscaras,
cuyos orígenes pueden remontarse a las del más
primitivo teatro latino, definen nítidamente en su
elemento carnavalesco la entidad de cada personaje. Habría
que añadir en este punto la propia personalidad del
vestuario, los anteriores rasgos dialectales y la entidad
definidora de cada uno: glotonería, desconfianza, pusilanimidad,
concupiscencia, etc.
3.
Improvisación.
Aunque ya existían improvisaciones en las atelanas
y mimos, los actores de la commedia dell'arte lo hacían
sobre esquemas o argumentos predeterminados en los canovacci.
Muchos de ellos procedían de textos antiguos, adoptando
sus tramas en beneficio de las nuevas formas imperantes en
la escena renacentista. Al fondo del tablado, tras el foro,
se colocaba un libreto en donde los actores cotejaban las
entradas y salidas que debían efectuar, aunque los
diálogos podrían variar o evolucionar según
la habilidad o inspiración de los cómicos.
Junto a estas características, se han señalado
otros elementos que definen, asimismo, el género.
Tales
elementos surgen de la propia vitalidad del teatro de la época
y de su esplendor. Entonces, el arte dramático estaba
necesitado de una dedicación total por parte de sus integrantes.
Estos
empezaron a agruparse en torno a compañías («Los
fieles», «Los confidentes»,
«Los celosos», «Los
deseosos», etc.), haciendo de su trabajo una profesión
estable.
Ello facilitó el conocimiento y fama de los principales
intérpretes, cuya presencia en los escenarios era celebrada
por el público.
Los espectadores llegaron a identificar al actor con su máscara,
y se regocijaban con las típicas ocurrencias de tan experimentados
comediantes.
En situaciones de plena lucidez, un intérprete inspirado
modificaba su actuación, añadiendo recursos propios
e inconfundibles. Eran los lazzi:
unas escenas más o menos breves, siempre de tono humorístico
y jocosos, que con o sin palabras se improvisaban en momentos
determinados.
Dichos lazzi, definidos a veces como «pasajes
de bravura», contenían todo tipo de recursos
propios del actor: el canto,
la acrobacia o
la expresión corporal.
Se
han llegado a delimitar algunos de tales lazzi, se han estudiado
los más celebrados por el público, como el de
la pulga o la mosca
cazada, la merienda de cerezas
cuyos huesos se tiran hacia otro personaje, el atranque
repetido de un personaje en determinada palabra, los
criados atados por la espalda que
comen del mismo plato, etc.
Estos elementos proporcionan un gran dinamismo a las representaciones,
lo que configura un espectacular movimiento general en dichas
comedias, con abundantes entradas
y salidas, caídas,
golpes, equívocos
y engaños.
Por otra parte, el éxito de estas obras hacía
que el público de una misma ciudad quisiera ver un amplio
repertorio, trabajo hasta cierto punto imposible, a no ser que
se utilizaran variaciones sobre el mismo tema, cosa habitual
en la commedia dell'arte.
La
necesidad de efectuar giras, llevando modestos decorados, y
la obligación de sostener repertorios, obligaba a memorizar
más argumentos que diálogos, los cuales irían
surgiendo del ingenio del actor.
21.5. TÉCNICA
Y ESTRUCTURA
Este
entramado de elementos se conjugaba en la representación,
para la que existía un orden determinado, pese al carácter
improvisador del género. Las compañías
tenían una especie de director
de escena que, pese a dejar cierta libertad de movimientos,
creaba un sistema de ejecución que venía fielmente
reflejado en un libreto que estaba situado al fondo del escenario.
Ese director, denominado concertadore,
o corago, o capocomico,
era también uno de los intérpretes, generalmente
el principal.
Al comienzo de la representación solía salir al
extremo del tablado, junto con su elenco, y explicaba
el argumento de la representación, con indicación
de alguna novedad escenotécnica o de simple atrezzo,
pasando inmediatamente a la actuación.
Tras ese prólogo, se desarrollaba la trama, generalmente
en tres actos, con sus
intermedios, llenos de música,
danza, acrobacias,
canciones, mimo
y todos los recursos imaginables en actores
de tanta pericia.
A
grandes rasgos, toda comedia dell'arte está compuesta
por una intriga que se enreda y desenreda
sucesivamente, gracias a raptos,
engaños, peleas,
brotes de locura, palizas,
duelos y todo aquello que más
pudiera deleitar al público.
Las
obras se basaban en un canovaccio,
que da origen a espectáculos sumamente irregulares, con
momentos en donde prima la palabra junto a otros de música,
canciones y bailes. Todo unificado gracias al arte del actor,
que puede romper el propio discurso textual con los citados
lazzi. Uno de esos canovacci podría ser así de
sencillo:
Sale
a escena un rico veneciano y alaba las alegrías del
amor.
Recibe una carta que le arranca momentáneamente del
lado de la hermosa cortesana.
Pantalón y su criado Zanni
cortejan a la abandonada.
Un noble español aparece como el rival más
privilegiado.
Escenas de confusiones y palizas, serenatas mal dirigidas,
batallas quijotescas se atropellan entre sí.
Al final hay una pacífica reconciliación,
y actores y espectadores se unen en un baile italiano.
Los
temas de las comedias tenían evidentes identidades. Aunque
toman del clasicismo el eje amoroso que sirve para engarzar
cualquier historia, participan también de casi todos
los géneros dramáticos utilizados hasta la fecha:
desde la tragedia a la simple comedia,
pasando por la tragicomedia y la
comedia pastoril.
Todos con una clara desconexión con el realismo, al que
se acude tan sólo para connotar circunstancias de actualidad.
Las compañías estaban formadas por unos diez
o doce actores, a los que podían
unirse comparsas del mismo pueblo o ciudad en donde representaban.
Dichos actores, como hemos indicado, disponían de un
amplio margen para la improvisación, pero también
estudiaban sus trabajos con todo rigor, ejercitándose
en todas y cada una de las artes que debían manejar.
Existía la tradición del paso de papeles de padres
a hijos, o de maestro a discípulo; quienes representaban
a Arlequín, Brighella
o Pantalón lo hacían
de por vida, en una continua experimentación del mismo
personaje. De ahí que tales tipos no tengan edad o, mejor
dicho, tengan la del actor que los acoge. En este sentido, la
máscara no sólo no es condicionante, por cuanto
apenas deja ver más que una porción del rostro,
sino que forma parte del actor y del personaje.
Empieza
donde empieza el personaje y acaba donde lo hace el actor. Es
un material integrador de dos entes distintos que se unen en
uno solo cuando se instala en un único rostro.
21.6. PERSONAJES
Y MÁSCARAS
Como
se puede deducir, cada actor de la commedia dell'arte constituía
un personaje; y cada uno de ellos estaba caracterizado por una
máscara.
El
estudio de éstas nos transporta necesariamente al de
los mismos personajes, y éstos a aquéllas. El
conjunto forma una galería de arquetipos,
enormemente codificados, con unas características propias
e intransferibles que constituyen el conocido elenco de la commedia
dell'arte.
Tres
categorías se pueden clasificar en primera instancia:
los criados, los amos
y los amantes.
Los
criados
El origen del criado es común en todos sus tipos: un
campesino pobre que llega a la ciudad y desarrolla su ingenio
para remediar el hambre, al tiempo que vive determinadas aventuras,
generalmente con un amo ocasional. Es el perfil de los zanni
(criados), cuya procedencia rural puede justificar su etimología:
zan, sanni, quizá diminutivo o despectivo de Giovanni.
El más famoso de los zanni es Arlequín,
astuto y necio criado originario de Bergamo, al tiempo que
ingenuo e intrigante, más indolente que trabajador.
Su pobre aspecto caracteriza el vestuario, lleno de parches
y remiendos, que sólo tardíamente se sofistican
en el conocido e impropio traje de rombos. Su astucia se plasma
en el trabajo de servir a más de un amo a la vez, y
cobrar, pues, más de un salario; y su necedad, en el
aceptar recibir sin rechistar algo más que dinero:
golpes. La máscara de Arlequín está caracterizada
por ser de cuero negro y llevar unos grandes bigotes. La evolución
del personaje en la escena francesa hizo que desaparecieran
dichos bigotes.
El más popular compañero de Arlequín
es Brighella,
otro zanno bergamasco, con nombre que puede proceder de briga,
del italiano brigare, engañar. Bastante similar en
todo a su compañero, es mejor consejero que aquél,
aunque más tentado por el vicio. Es capaz de ofrecer
a su hermana al mejor postor, burlándose al mismo tiempo
sin piedad de los viejos, para lo que enfatiza su ronca voz.
Va vestido de blanco, con adornos verdes. Su máscara,
llena de ironía, está rematada por una especie
de boina.
Polichinela
(Pulcinella), de origen napolitano, define su fisonomía
por su estupenda joroba y traje blanco. Es un criado filósofo,
resignado a su suerte, que no es otra que pasar hambre y sufrir
burlas. Tales desgracias las vence cantando. Su máscara
es negra, y en ella sobresale una importante nariz de gancho.
El aspecto y movimiento hicieron fácilmente mudable
su persona en marioneta, modalidad que se presenta con harta
frecuencia. Su gramática parda lo hace idóneo
para animar fiestas locales, haciendo gala de un notable sentido
crítico para la política. Su evolución
más notoria ocurre en Lyon, en donde se bautiza con
el conocido nombre de Monsieur Guignol.
Otros criados que tienen presencia continua en la commedia
dell'arte, a veces con espectaculares papeles y máscaras,
son Pedrolino, Truffaldino,
Scapino, Sganarello,
Ganassa, Tartaglia,
etc.
En mujer, el tipo de criada de Colombina
ha sido, a la vez que compañera de Arlequín,
la chica pretendida por el amo, viejo que cree ver en su coquetería
una esperanza a sus devaneos. Otras criadas significativas
en el género son Coralina,
Esmeraldina y Pasquetta.
En definitiva, contraposiciones femeninas del zanno, la zagna,
cuya representante por antonomasia sería Francisquita.
Los amos
En este campo situamos
en primer lugar a Pantalón,
rico y viejo comerciante veneciano, que en su origen era llamado
Magnífico. Algo tacaño, desconfiado y libidinoso,
tiene hija casadera, que representará a uno de los
enamorados. En cualquier aventura que acometa irá siempre
acompañado por un zanno, que lo introduce en peligros
para él insospechados. Lleva una gran capa
negra que cubre un largo jubón
encarnado. En su máscara,
también negra, destaca una perilla de chivo blanca,
junto a una enorme nariz ganchuda.
El Doctor es
de Bolonia, de cuya universidad
dice proceder, aunque su supina ignorancia
caracterice otra cosa. Tal ignorancia la denota a cada instante,
con una peculiar habla, en donde mezcla su origen boloñés
con un divertido latín macarrónico. Lo confunde
todo a cada instante, siendo su lógica tan aplastante
que es capaz de decir: «Lo que no es verdad es simplemente
mentira.» Viene a ser, por consiguiente, el rasgo crítico
al humanismo, del que se despegan estas comedias. Viste
de negro, con un amplio lechuguino
blanco que circunda su cuello, casquete
también negro, y, sobre él, un enorme
sombrero de alas anchísimas. Su máscara
es una prolongación de la de Pantalón, su verdadero
complemento.
En el Doctor, mayor importancia tiene la significación
de sus textos que la de sus gestos.
El
Capitán
no es exactamente amo, pero tampoco criado, y de enamorado
sólo tiene la pretensión. Sin embargo, ocupa
el tercer vértice del triángulo satírico
del poder que establece la commedia dell'arte.
Si Pantalón representaba el económico,
y el Doctor el intelectual, el
Capitán personifica el poder militar.
De ahí que esté mejor relacionarlo con los amos
o poderosos que con los criados, a los que achanta y humilla
como campesinos que son.
El Capitán puede apellidarse Spavento,
Scaramuccia, Matamoros,
Brandimarte, Basilisco,
Martebellonio, Spaccamonti
o Fracassa.
Es un tipo muy característico, procedente del sentir
crítico italiano sobre la presencia militar española
en sus tierras. En efecto, el Capitán es español,
a la vez que fanfarrón,
pusilánime y cobarde:
el tradicional Miles gloriosus.
Habla por los codos, y sus continuas bravatas, que lo caracterizan
como el terror de los lugareños, se convierten en duelos
imposibles. Su vestuario es el característico del oficial
español del siglo XVI, con sombrero
de plumas, exagerado espadón
y voz profunda y sobrecogedora.
Callot lo describe con pintorescas máscaras, pero Bellemore
lo interpreta sin ellas en el Hôtel de Bourgogne, hacia
1672, según litografía de Lauglumé.
Los enamorados
El
grupo de los enamorados (innamorati) está formado por
una pareja de jóvenes, que suelen ser hijo o hija de
Pantalón y del Doctor o viceversa. Llevan nombres tan
bucólicos como Rosana
y Florindo, Isabel
y Octavio, Angélica
y Fabricio, etc.
Su principal y casi exclusivo cometido en la comedia es amar
y ser amados.
También las cortesanas aparecen cuando la acción
lo precisa, jugando su tradicional papel.
Estos
personajes suelen ir sin máscara,
al igual que sucediera con Colombina, como si la procedencia
petrarquista de los enamorados los dignificara frente a los
fantoches con los que conviven en los escenarios. El elemento
crítico, por consiguiente, está mucho más
atenuado.
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