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CAPÍTULO
I
Génesis
de lo escénico
1.
INTRODUCCIÓN
No nos será difícil imaginar que en un pasado ya muy
lejano de nosotros, un pasado que se pierde en la noche de los tiempos,
el hombre sintiese la necesidad de comunicarse con sus semejantes:
para pedir ayuda, para dar órdenes, para rechazar algo, para
expresar sus miedos y sus afectos... Nuestros antepasados estaban
inventando la comunicación
(1).
¿De qué medios se valieron para ello? Hoy en día,
en nuestro mundo occidental, casi todo lo resolvemos con el lenguaje
oral, articulado. Pero es fácil suponer que en aquel lejano
periodo nuestros antepasados echaran mano de todo su ser:
de los pies,
de las manos,
de la expresión
de sus rostros,
de la voz que,
antes de la lenta adquisición del lenguaje estructurado,
transmitiría sus mensajes por medio de las modulaciones
de timbre y volumen.
Evidentemente,
todo esto no era todavía teatro,
ni siquiera teatralidad.
Era simplemente «diálogo»,
comunicación elemental y primaria
(NDP. casi animal).
Sin embargo, todos estos elementos y códigos
(basados en el gesto, el movimiento, la voz...) formarán
parte del lenguaje múltiple del teatro.
Es
curioso constatar que el teatro oriental está conformado
por todos esos códigos, a los que unirá la danza,
siendo la palabra uno más de sus lenguajes, contrariamente
a lo que ocurre con el teatro occidental en el que es el principal
sistema dramático comunicativo.
(1)
(NDP. Este termino "comunicación" se entiende como
información ciéntifica o denotativa. Mientras la comunicación
estética-expresiva, más cercana a la de la escenografía,
se entiende como poética, artística, musical, espectacular)…
Volviendo
a aquellas primeras civilizaciones, nos imaginamos al hombre indefenso
ante la Naturaleza mágicamente dadivosa, pero también
furiosa y hostil. El hombre debió entonces mirar a la Naturaleza
y sentirse muy pequeño frente a ella. Así que empezó
a considerar a sus elementos principales (el
sol, la luna,
el mar, algunos animales,
(también bosques,
ríos, montañas…) como
a seres superiores.
Dicho
de otro modo, el hombre empezó a divinizar esos elementos
y a comunicarse con ellos. Pero esta
comunicación con los elementos divinizados debía diferenciarse
de la establecida con sus semejantes, ya que ante los primeros el
hombre se sentía muy inferior. De ahí que los objetivos
de esa comunicación fueran, esencialmente,
suplicarles, invocar
benevolencia, pedirles favores (que
la tierra fuera generosa en frutos), darles
gracias. Para hacer más eficaces
estas preces, los hombres debieron reunirse en clan o comunidad.
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2.
RITO Y COMUNIDAD: HACIA UN CONCEPTO
DEL TEATRO
En el paso de la comunidad recolectora o agrícola
a la cazadora, los hombres encontraron modos de ritualizar
el trabajo con sus
preparativos y celebrar los éxitos.
En el primer caso, las imágenes que nos descubren las
pinturas rupestres demuestran
una incipiente función de la ficción dramática;
disfrazarse de animal. Revestido con
una sofisticada piel y untado de oloroso sebo, el hombre engañaba
al rumiante interpretando un primer papel por el que cobraba, si
no dinero, sí cueros y carnes.
Después vendría la ceremonia del despiece, con su
correspondiente y ancestral CULTO.
Tanto la comunidad agrícola como la cazadora, que finalmente
llegan a coexistir, desarrollan un sentido de organización
colectiva de los trabajos, es decir, empiezan a codificar lenguajes
muy determinados, entre los que destacamos el de la representación
simbólica.
Las
tribus, a lo largo de siglos y siglos, van conformando ritos, ceremonias
y formas de expresión primitivas, en las que aparecen los
primeros gérmenes de teatralidad.
En
las fiestas de epifanía de aquel lejano mundo se establece
una especie de comunicación, poblada de aspectos
simbólicos y misteriosos, que inventa formas dramáticas
llenas de ideas metafísicas.
Son ellas las que asientan una mitología que, por regla general,
trata de conmemorar fechas o acontecimientos muy determinados, apoyados
en efemérides que fijan los calendarios.
Todo esto proyecta un importante carácter de acción
participativa propia de una colectividad (que
refuerza los lazos parentales y contribuye a la estabilidad de las
jerarquias tribales asentadas).
Hemos hablado de teatralidad. Entendemos por tal la serie de manipulaciones
que se producen en un hecho concreto para
poner en relación un espacio ficcional
con otro real (similar
a la relación entre sueño y vigilia); el primero
debe poseer los requisitos para establecer dicha relación
de forma convencional; el segundo estará ocupado por un grupo
de receptores dispuestos a aceptar dicha relación. Entre
emisores y receptores
se establece una comunicación especial cuyo código
viene dado por las aludidas manipulaciones.
Así
pues, podemos encontrar una incipiente teatralidad, no cuajada en
toda su extensión, en las primitivas
ceremonias que los antropólogos
nos dicen que existieron desde los albores de la humanidad.
En ellas, nuestros antepasados danzaban y danzaban, cantando breves
salmodias, en torno a un objeto físico o psíquico
(idolo, tótem…). En esos
rituales, los sistemas de comunicación eran intraficcionales,
es decir, o todos bailaban, o todos se sumergían
en el mismo espíritu participativo.
Estamos usando el término teatralidad y no el de teatro.
Para que éste se produzca, aún se habrán de
delimitar las fronteras de la relación extraficcional,
y enfrentar a quienes actúan con los
que ven.
Como sabemos, el término griego theatron,
derivado del verbo theáomai
- ver, contemplar - vendrá a
significar el lugar desde donde se ve la escena.
En estos inicios, las ceremonias tribales de súplica o de
agradecimiento se expresaban por medio de signos fuertemente codificados
en los que intervenían los lenguajes a que ya hemos hecho
alusión (voz
modulada - posteriormente palabra con
significación previa -, expresión
corporal, máscaras,
música, danza...).
Como
toda la colectividad participaba, era preciso que las formas estuviesen
prefijadas de antemano. Y no sólo eso. Se trataba también
de formas
depuradas, ya que para comunicar con
los elementos divinizados, la comunidad debía dar lo mejor
de sí misma. El espacio
participaba igualmente del carácter
sagrado del rito y de su ejecución, que, por otra parte,
contribuía a confirmar la continuidad del grupo social como
tal.
(NDP.
En resumen nos quedamos con que los ingredientes para la teatralidad
fueron:
* la expresión corporal de
los pies, manos, rostros, voz, danza...;
* la comunicación ritual intraficcional;
* el fin de la comunicación
que es suplicar, invocar benevolencia, pedir favores, dar las
gracias...;
* el destinatario de la comunicación
que es un ser trascendente;
* la forma de la comunicación
que es depurada y su contenido que
es metafísico;
*
el disfraze (máscara, maquillaje,
vestuario) para dignificar los participantes;
* la comunidad emisora;
* un espacio real que transmuta (con
objetos simbólicos) en un espacio ficcional.
¿Cuántos
de estos ingredientes persisten en el teatro actual?)
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3.
EL CHAMÁN, ¿PRIMER ACTOR?
Pronto destacó una persona con cualidades especiales (brujo,
adivino, vidente), entre ellas la de curar (curandero).
El grupo interpretó que esta persona estaba próxima
a la divinidad y que sus dones le venían de nacimiento o
por influjo directo de dicha divinidad (poseso). Este individuo
será el chamán, especie de mago, sacerdote y hechicero,
cuya influencia en el grupo fue enorme. Su trabajo se inscribía
dentro de la antigua evocación de rituales
animistas de alto componente sincrético, necesario
para la consecución de un poder mágico
que le permitiera apropiarse de las almas para obtener la experiencia
o sabiduría de sus antepasados.
Aportaciones de modernos investigadores han revelado que los chamanes
contaban con un programa de preparación que recuerda al de
los actores.
Aprendían desde prestidigitación
hasta nociones de pantomima, pasando
por el arte de fingir desmayos, simular
crisis nerviosas, vómitos,
y un sinfín de trucos que daban
a su oficio cierto tono didáctico,
sólo que con una importante diferencia: esas
prácticas eran más existenciales que artísticas.
Todos
los miembros de la comunidad eran actores del mismo espectáculo,
aunque con diferente cometido; dos principales, el curador y el
por curar, y una serie de testigos, o coro mudo, cuando lo había.
La
función principal del chamán era convencer de una
realidad imposible que no imitaba a la verdadera, aunque en ella
la subconsciencia jugara un papel importante. Su intención
principal era la de curar; no la de recrear una ficción.
Estamos ante un caso muy limitado de actor, con funciones próximas
a las del intérprete moderno, pero con profundas diferencias.
Situación similar encontramos en los primitivos
danzantes, que no efectuaban su ritual como simple demostración
gestual de una técnica, sino, al contrario, con el explícito
deseo de comunicar con fuerzas desconocidas de la Naturaleza, y
con el fin de lograr de ellas determinados favores. Estas incipientes
manifestaciones no debemos confundirlas con las primeras formas
auténticamente teatrales que de aquéllas brotaron,
y con las que seguirán conviviendo a lo largo de los siglos.
Hemos
de distinguir entre el rito o comunicación no fingida,
en la que todos son participantes en la acción y el teatro
fundado no en la realidad o en el rito, sino en la figuración
-ficción- de dicha realidad o de sus formas rituales, estando
destinada a un público que no participa (público
pasivo) en su realización.
Dicho con Aristóteles:
la ceremonia de concesión de poderes a un jefe de tribu,
o la coronación de un rey, no es teatro; pero lo será
cuando tenga como sujetos no jefes o reyes, sino a actores que lo
finjan.
Pero veamos, antes de pasar al teatro propiamente dicho, algunos
de los mitos previos que sustentan las ceremonias preteatrales.
En el origen de todas las culturas orientales nos encontramos con
la presencia de formas que luego hará suyas el teatro.
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4.
FORMAS ESCÉNICAS EN LOS PUEBLOS ORIENTALES
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En
el antiguo Japón, Amaterasu, diosa del Sol,
molesta con su hermano Susano, decide encerrarse en una profunda
cueva. En ese preciso instante desaparece la luz
de la faz de la tierra. Los dioses han de imaginar un modo de sacar
a Amaterasu de la gruta a fin de devolver la claridad a la tierra.
Colocan entonces en un árbol, a la entrada de la cueva, todo
un emporio de atractivos adornos, joyas, espejos y banderolas de
cáñamo (escenografía),
mientras que la familia interpreta una danza
preñada de sones de pínfanos
y tambores. Ante tan espectacular montaje,
en donde intervienen una buena variedad de lenguajes propiamente
teatrales, la pobre Amaterasu se enternece y sale de la gruta, con
lo que el mundo vuelve a iluminarse (símbolo
de la noche y el día o del invierno y la primavera).
Esta
primitiva ritualización procede de mitos cuya entidad se
concreta en la cultura de este pueblo. De ahí la especificidad
de sus formas escénicas. Pero su sentido
litúrgico parte de la interpretación que los
sacerdotes, hacen de los dioses danzantes.
La
primera obra en verso de aquella dramaturgia, utai, se atribuye
al mismo dios Susano, que salvó a la princesa Inoda de una
serpiente que la amenazaba.
Los hombres tendrán la misión de perpetuar sus acciones
a través de la repetición del mito.
En Tibet, las primitivas formas religiosas budistas
tienen lugar en una serie de misterios tibetanos, doce aproximadamente,
que se representaban en, monasterios
y prados. En un escenario
entoldado y sin decorado, se
daban auténticas glosas salmodiadas, en las que no faltaban
sus notas humorísticas, a cargo de diablos o personajes de
muy baja condición social.
La
India antigua
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En
la India, Brahma añadió a sus cuatro
libros sagrados un quinto dedicado al
teatro, el Naytya-Veda.
Esta obra no fue comunicada a los hombres y sólo pudo ser
conocida, y no íntegramente, gracias al rishi Bharata que,
como buen profeta, hizo de intermediario con su Natya-Sastra cuyos
versos sí pudieron servir de modelo a los poetas humanos.
El Natya Veda trata de la danza, el
canto, la mímica
y las pasiones.
En la India se cree que el teatro es de origen
divino, como ya hemos apuntado. El hinduismo es considerado
como la forma artística más completa, ya que da cabida
a todos los géneros de poesía, épica y lírica,
a las variantes lingüísticas (sánscrito y prácrito),
a las artes del movimiento, la danza y el mimo.
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Con
el krishnaísmo comenzó
el auténtico desarrollo del arte
escénico en la India.
Había que
contar con un dios-héroe, cuyas
excelencias se pudieran narrar, y ninguno tan atractivo como Krishna,
joven audaz que lucha contra los demonios y ama a las pastoras.
El motivo de su nacimiento, con estampas que recuerdan civilizaciones
más próximas, es punto central de su conmemoración.
Alrededor de un establo, y frente al emotivo cuadro en donde se
puede ver a Krishna junto a Devaki, su madre, la danza aparece llena
de connotaciones litúrgicas.
La celebración de tan atractivo dios está rodeada
de una ceremonia con cierto comportamiento escénico.
El teatro indio en sus orígenes era religioso, más
tarde dará cabida a lo profano. Entre uno y otro, aparece
una forma auxiliada por la danza y la música: el mimo. En
realidad, el teatro indio mostrará situaciones y acciones
para crear determinados estados anímicos en el espectador.
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Cuando
la acción (movimiento, danza, mimo) basta para exponer la
trama de la obra, se podrá llegar incluso a prescindir de
la palabra. No obstante, se dan actos que la convención escénica
(también ética y poética)
aconseja no mostrar para no herir la sensibilidad del espectador
(la muerte, un combate,
un acto amoroso). Estos acontecimientos
serán transmitidos sólo por
la palabra.
«La antigua escena en la India era muy primitiva.
Una
cortina constituía el fondo
del escenario durante toda una representación; tras ella
se colocaban los actores mientras no representaban, se cambiaban
de vestuario, se producían ruidos,
murmullos de la multitud, voces,
etc.
Este
teatro no tenía ni decorados ni bastidores. Pero prescribía
con detalle el vestuario de los actores
de acuerdo con los personajes que representaban.
Por
lo demás, los gestos, la mayoría
de las veces, se limitaban a insinuar
lo que querían mostrar, dejando que el espectador completase
con su imaginación lo que en el escenario se sugería.
Siguiendo
a los personajes, el espectador debía trasladarse por los
más apartados lugares a los que la acción le transportaba.»
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Una
representación típica comenzaba por la bendición
y elogio de un dios, por lo general el dios Shiva,
el mayor danzante. Según las prescripciones del rishi Bharata,
convenía tener contentos a los dioses. Para ello, antes de
la representación, se ejecutarán diferentes - tipos
de cantos y danzas, se erigirá el estandarte
del dios Indra, junto u a otras ceremonias.
Le seguía un prólogo,
en el que el actor principal habla con su mujer o con sus colaboradores
sobre el tema de la obra que van a representar, con vistas a situar
al público en su historia.
Sin transición se pasaba a la representación
propiamente dicha. Al final, la representación terminaba
con una nueva fórmula de invocación religiosa,
en la que se pide el bien del soberano y su pueblo, que la tierra
fuera generosa y prosperasen las ciencias y las artes. |
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La
duración de un espectáculo teatral en la India antigua
podía ser considerable (hasta más de 8 horas).
Los Shakuntala tenían siete actos; los Mricchakatika, diez.
Un ejemplo de los primeros en la literatura oriental sería
Shakuntala o Anillo del destino, de Urvazi. A veces, un espectáculo
iniciado a la caída de la tarde podía durar hasta
las cuatro de la madrugada.
Por último, hemos de indicar que, en la India, contrariamente
a lo que ocurre con la tragedia griega, todos los espectáculos
deben tener un final feliz para el
héroe, como en los cuentos. Si, en alguna obra, el héroe
muere, será para resucitar pronto a la vida.
Lo
religioso da plena cabida a lo maravilloso
y fantástico, pudiendo hacer
figurar conjuntamente a dioses, héroes, hombres mortales
y animales (la vaca, el elefante, el león). |
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Selección de Máximas del Natya-Castra.
Terminamos
esta breve excursión sobre los orígenes teatrales
de la antica India, con algunas máximas muy significativas
del libro de Brahma.
| (Texto
de Brahma) El
teatro, don del cielo para guía del hombre
Y dijo Brahma:
- El Teatro describe las manifestaciones de este
Triple mundo en su totalidad.
- La ley tanto como el juego, y la riqueza, y la
quietud, y la risa, y la guerra, y la pasión,
y la muerte violenta.
- Ley para quienes la ley siguen, pasión
para quienes a la pasión se entregan, disciplina
para quienes al mal se encaminan, autodominio para
quienes a sí mismos saben conducirse.
- A los eunucos da valor, a los bravos energía;
aviso a los inconscientes, a los sabios perspicacia.
- Y pues se reviste de las manifestaciones varias
de la vida, encarnando las diversas fases de la
acción, yo, Brahma, he construido este Teatro
en conformidad con el movimiento del mundo.
- De este modo, por medio de los sabores, los sentimientos
y sus modos todos de movimiento, este Teatro será
para todos fuente de enseñanzas.
- A los acosados por desdichas, penas y trabajos;
a los abrasados por un fuego interior: a todos ofrecerá
el Teatro un refugio en esta vida.
- Porque al mostrar los senderos de la ley, de la
gloria, de la longevidad y de la gracia, y al fortalecer
la inteligencia, este Teatro será para todos
fuente de enseñanzas.
- Que no hay conocimiento, ni oficio, ni ciencia,
ni arte, ni forma de actividad, ni método
que no deje visibles este teatro.
- No debemos ignorar que el Teatro representa las
acciones completas de los dioses y los titanes,
de los reyes y del pueblo, así como de los
Profetas de la palabra sagrada.
- Todas las naturalezas individuales del mundo,
con sus mezclas de dicha y de desdicha, representadas
por la mímica corporal y los demás
medios de expresión: esto es lo que se entiende
por Teatro.
- Al Saber sagrado, a la ciencia y a los mitos,
proporcionará un lugar de audiencia, y a
la muchedumbre un divertimento: tal ha de ser el
Teatro.
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El dramatismo de los textos
bíblicos. Israel
Las más conocidas referencias espectaculares están
en los libros del Antiguo Testamento.
Recordemos
las danzas de los levitas; o
ese sugestivo libro, modelo de drama
erótico-místico que es El Cantar
de los Cantares, cuyo reparto está
configurado por dos personajes principales, el Esposo y la
Esposa, así como por un magnífico Coro que les
da respuesta; o el drama de Job...
El
teatro occidental, desde la Edad Media, acudirá a la
Biblia con frecuencia, no sólo en busca de temas y
de historias, sino también en busca de lenguajes y
formas teatrales.
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El
antiguo Egipto
Aunque los secretos del viejo teatro egipcio no se conocen con precisión
sí se sabe que en el año 2000
a. de C. ya había manifestaciones dramáticas
en las tierras del Nilo, en la mayoría de los casos
presididas por el conocido culto a la muerte
que esa civilización profesaba.
Los
egipcios representaban a los vientos, la vida diaria y sus costumbres,
y los hechos sagrados procedentes del culto a los dioses, siempre
a través de danzas y canciones.
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La
más famosa de estas celebraciones tenía lugar en torno
a Osiris, y se desarrollaba
en el desierto, delante o en el interior del templo. La duración
era de ocho días, que corresponden a cada uno de los actos
de la obra. Los intérpretes -sacerdotes y pueblo-, usaban
un vestuario en el que dominaban las
telas blancas, transparentes para las muchachas. Los actores llevaban
gran cantidad de adornos corporales,
como pelucas y trenzas,
y fuertes colores para el rostro, empleando
la anilina para azular los ojos.
La
obra narra los hechos de la diosa Osiris, al principio defendida
de sus enemigos por Boboo, y luego transportada en una barca, junto
a sus cortesanos, por las aguas del Nilo. El centro del espectáculo
lo constituyen los rituales por la muerte
de Osiris y, sobre todo, por su resurrección
y entrada en el templo. La obra contiene una parte que se oculta
al pueblo: la entrada del faraón y del sacerdote al cuarto
de los secretos.
Resumiendo:
Todas
las celebraciones tienen un origen
similar: el culto a divinidades, con
formas de representación imaginativa
(que inducía cierta hipnosis colectiva) caracterizadas con
distintas fisonomías según la particular
idiosincrasia de cada pueblo y condicionadas por las peculiares
situaciones geofísicas, climáticas y recursos ambientales...
Todas
surgen de un esquema
parecido:
*
espacio sagrado,
templo o altar;
* primitivos actores-danzantes
que giran a su alrededor;
* disfraces (máscaras,
maquillaje, vestuario...);
* comunicación (escénica)
ritual, con danza, música, gestos...;
* comunidad participante.
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Grecia
se beneficiará de las aportaciones de los egipcios. El culto
a Dionisos, origen del teatro griego,
como veremos en el próximo capítulo, se fijó
en Atenas siguiendo conocidos rituales venidos
de las proximidades del Nilo, mientras que el de Zagreo (Dionisos
niño) entró por la meseta de Anatolia. Dice Luciano
que «Orfeo y Museo, al instituir los misterios, ordenaron
que se pudieran explicar las cosas santas sin la danza y el ritmo».
La
diferencia principal entre los cultos de civilizaciones señaladas
anteriormente y la civilización helénica, de donde
surgirá el teatro occidental, es que aquéllas tardaron
en independizarse del culto a los dioses, mientras que Grecia, sin
olvidar tales orígenes, supo pasar también a imitar
e implorar a los héroes de la mitología y de la historia,
al hombre, «medida de todas las cosas»,
que diría Protágoras.
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