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2.- REFLEXIONES RELATIVAS A LAS POSIBLES CONSECUENCIAS DE LA EVALUACIÓN
SOBRE LOS ALUMNOS.
Prof
Nicola Comunale Rizzo
No
me caben dudas de que la evaluación de los alumnos, es una
de las actividades más difíciles y espinosas de cuantas
incumben a los profesores.
Además, creo poder afirmar con razón que evaluar es
un acta que implica mucha responsabilidad y, por ello, no hay que
tomarlo nunca a la ligera.
Aunque creo que raramente puede haber profesores que evalúan
con frivolidad o caprichosamente, sí es posible que, en un
consistente número de ocasiones, el alumno pueda recibir
esa impresión.
Por otra parte, estoy convencido de que, como en la política,
no solo hay que ser honesto sino que hay que parecerlo; así
en la enseñanza, no solo hay que evaluar con "justicia",
sino que también hay que dar esa misma impresión.
Por último, no quisiera pasar por alto una cuestión
que, quizás, algunos docentes olvidamos: es que nuestra evaluación,
por muy meditada que sea, tiene una posibilidad de acierto no tan
alta como para podernos quedar tranquilos, pensando a lo mejor de
haber decidido con perfecta justicia.
Tal
vez no son muchos los docentes que se han enterado de unas investigaciones
llevadas a cabo, entre otras, en los Estados Unidos (Starch
y Elliot 1910-1913; E. F. Lindquist
1961), en Francia (Laugier y Weimberg
1930; F. Hotyat 1962) y en Inglaterra (A.
Moon 1957; A. Yates y D. A. Pidgeon
1957).
Estos
investigadores, concretamente, han demostrado que no solo hay diferencias
notables de evaluación entre diversas materias (eso podría
ser incluso normal), sino que también averiguaron "desacuerdos"
entre examinadores que evaluaron el mismo ejercicio.
Starch
y Elliot pidieron a 147
profesores de inglés (se recuerda que para
los americanos esa es la asignatura de "Lengua") que examinaran
dos ejercicios. Estos asignaron al primero notas que variaron entre
6,4 y 9,8 y al segundo notas que variaron de 5,0 a 9,8.
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Más aun,
los mismos investigadores demostraron que también había
desacuerdos entre profesores de asignaturas del área de
las ciencias "exactas". Starch y Elliot
pidieron de evaluar un ejercicio de geometría
a 114 profesores
de la materia, que asignaron al mismo notas variables entre 2,8
y 9,2. De manera similar, pidieron a 70
profesores de historia de evaluar un ejercicio
de la misma disciplina y estos le asignaron notas que variaron
de 4,3 a 9,0.
Por otra parte,
se demostró también que hay "desacuerdo"
con un mismo profesor.
Laugier
y Weimberg (en Francia) pidieron a un profesor
de ciencias de evaluar 37 ejercicios de esa materia
y volvieron a pedirle al mismo, después de 3 años,
de evaluarlos otra vez. Entre la primera evaluación y la
segunda se encontraron variaciones similares (r=0,58)(1)
a las averiguadas por Starch y Elliot.
Así que,
si todos nos hubiéramos enterados de estas investigaciones,
todos podríamos afirmar que: no puede haber suficiente
seguridad de que una nota sea objetiva, puesto que mucho factores
irracionales y otros imponderables condicionan la evaluación
de un profesor, cuyo juicio (es oportuno recordarlo) es siempre
bastante sujetivo.
Este último
postulado nos obligaría a mantener una actitud flexible
sobre la evaluación y en caso de dudas (debería
valer la presunción de inocencia!) deberíamos decidir
siempre a favor del alumno, nunca en contra.
Esta actitud
no solo sería correcta porque es sabia y justa, sino que
debería considerarse como debida, porque se relaciona con
un derecho que deberíamos reconocerle al alumno sin ninguna
reserva.
Por otro lado,
una actitud sabia y justa sobre esta actividad, tiene un alto
valor educativo, en tanto en cuanto, con ella, se ofrece al alumno
un buen ejemplo para aprender a ser nobles y no malos pensadores
que se dejan condicionar por los propios prejuicios.
Un profesor que
quiere mantener alta su imagen de educador no puede enturbiar
al mismo tiempo su actividad evaluadora con una imagen de rígido
inquisidor.
Nota
(1): El grado de
acuerdo y desacuerdo se puede medir utilizando indices de asociación,
entre los cuales se encuentra el coeficiente de Pearson utilizado
en estas investigaciones. El valor de "r"
varía de +1 a -1. El valor +1 equivale a un acuerdo perfecto;
y -1 equivale a un desacuerdo radical. Los resultados positivos,
cuanto más se acercan al valor +1 indican un acuerdo cada
vez mas ajustado. Pero para que el valor "r"
se considere satisfactorio debe acercarse mucho a +0,99.
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Pienso en definitiva
que la evaluación hay que considerarla con un gran sentido
de responsabilidad, flexibilidad y con una actitud razonablemente
favorable a los intereses y expectativas de los alumnos.
Aquí
cabe señalar una consideración (traducida desde el
italiano por el autor de estas reflexiones) de Gabriella
Grandi(2):
"CONSECUENCIAS
IRREVERSIBLES DE LAS NOTAS. Un profesor no puede evitar preguntarse
qué consecuencias tendrán sus evaluaciones, sobre
el futuro de los alumnos. No puede no preguntarse el mismo, sobre
que sentido y que peso alcanzarán los resultados de los controles
del aprendizaje, una vez que quedan traducidos a notas y se vuelven
instrumentos de comunicación social: cuando adquieren, en
cierto modo, una dimensión externa a la escuela (o universidad).
Entonces un 4 (o suspenso), un 6 (o aprobado), un 8 (o notable),
con independencia de la subjetividad de la evaluación que
los han generado, adquieren un significado público inequívoco:
significan la posibilidad o no de seguir adelante y asumen un peso
determinante sobre las posibilidades de decidir el futuro formativo
y profesional".
Por
eso creo no vendría mal plantear una serie de reflexiones
sobre las consecuencias que afectan a los alumnos a causa de la
evaluación que sufren en su propia carne.
Por
otra parte, quisiera evitar manifestar simples opiniones, aunque
mi personal experiencia (dicho sea con la debida humildad) que se
inicia en el lejano 1968 y el estudio de una asignatura pedagógica
(Ciencias de la Educación) de un curso ministerial para obtener
la habilitación a la enseñanza en Italia, me dan un
poco de confianza y me hacen pensar que no me equivoco demasiado.
Así que voy a utilizar el sondeo anónimo(3)
que hemos realizado como Grupo de Trabajo al que pertenezco para
sustentar un poco más mis reflexiones.
Soy
plenamente conciente de que estas afirmaciones mías no son
verdades científicas, pero por lo menos creo que se pueden
aceptar
Nota
(2): GRANDI Gabriella:
"Misurazione e valutazione" (Trad. Medición y evaluación),
Ed. La nuova Italia, Firenze, 1977.
Nota (3):
Se ha realizado un sondeo anónimo para animar a los alumnos
a opinar libremente.
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como hipótesis
para abrir un debate general (o incluso una eventual investigación
exhaustiva) sobre un campo en que demasiado poco se investiga
y del que aun menos se habla.
Me parece sintomático
de que no hay términos que traduzcan al castellano, en
su sentido de investigación sobre la evaluación,
de las palabras italianas "docimologia",
"dossologia", y "docimastica"(4).
Parece casi como si todos los profesores supiéramos perfectamente
lo que hay que hacer y no hubiera la más menor posibilidad
de equivocarnos.
¿Entonces,
por qué se quejan muchos alumnos?
(ver la encuesta...)
Pues,
a menudo la respuesta que damos a esa pregunta, algunos profesores,
es: "La razón de sus quejas es
que no quieren estudiar, porque son un vagos ¡esa es la verdad!"
Aparte de algunos sabios profesores, los demás no pensamos
casi nunca en poner en entredicho nuestra capacidad para evaluar
"correctamente". Ni siquiera estamos tan seguros de lo
que sería "correcto" y posiblemente, nunca, o casi
nunca, hemos meditado lo suficiente en las consecuencias de nuestras
notas sobre los alumnos.
Por
ello creo que estas reflexiones mías podrían ser útiles
para muchos compañeros, si ellas fueran capaces de estimular
un serio debate sobre este argumento.
Tengo
la esperanza que dialogar, con humildad científica y honestidad
intelectual, sobre la evaluación, podría llevarnos
a lograr algunas conclusiones, que nos hicieran más concientes
de lo que vamos haciendo en esta delicada tarea docente, y se podrían
beneficiar un poco más los alumnos y, en última instancia,
el conjunto de la sociedad.
¿Qué
clases de consecuencias determina la evaluación sobre los
alumnos?
La evaluación - podemos suponer - influye sobre los alumnos
en cinco ámbitos: en el psicológico, didáctico,
administrativo, social y económico; aunque las sensaciones
que percibe el alumno de esas con-secuencias pueden ser globalizantes.
Nota (4):
La palabra "docimologia" no se encuentra traducida al
castellano. Las palabras "dossologia" (que en italiano
quiere decir: "Estudio sistemático de las funciones
de la evaluación") y "docimastica" (que en
italiano quiere decir. "Técnica de los exámenes")
si tienen traducción en castellano, con doxología
y docimástica (o docimasia) que, pero, significan, respectivamente,
"Arte de ensayar los minerales para determinar los metales
que contienen y en qué proporción" y "Fórmula
de alabanza a la Divinidad, especialmente a la Trinidad en la liturgia
católica"
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Naturalmente,
hay que considerar las diferentes evaluaciones, las insuficientes,
medianas y altas de manera diversa, en tanto que no tienen, obviamente,
las mismas repercusiones. Así que reflexionaremos teniendo
en cuenta también ese aspecto.
En
el AMBITO PSICOLÓGICO una nota insuficiente (dependiendo
del carácter del alumno), puede dar lugar a que:
1)
Uno pierda autoconfianza y se convenza que es un incapaz y que en
el fondo se la merece (hay pérdida progresiva de la autoestima
y aumento del sentido de culpabilidad);
2)
Alguno se crea evaluado de manera injusta y reacciona con la insurgencia
de una actitud rencorosa hacia el profesor, además puede
empezar a tener antipatía para la asignatura que ha motivado
su nota baja;
3)
Otro (él que tiene un carácter fuerte) reacciona poniéndose
a estudiar con más ahínco, para demostrar "a
todo el mundo" que no es un incapaz; que cuando quiere, ¡puede!...
Vamos
a ver que han expresado concretamente los 363 alumnos, de los primeros
tres cursos de la Facultad de Bellas Artes de Granada, que han respondido
al cuestionario del sondeo:
¿Qué
han opinado los alumnos a la pregunta 12, sobre si es justo asignar
una nota baja a aquellos que, a pesar de sus esfuerzos, no consiguen
(según el profesor) alcanzar el nivel mínimo de la
asignatura?
Respuestas: en primer curso, 58 no es justo contra 25 sí;
en segun-do, 70 no es justo contra 24 sí; y en tercero, 61
no es justo contra 40 sí.
Comentario que considero oportuno expresar es que resulta evi-dente
de que los alumnos en mayoría sufren como una injusticia
suspender el alumno que da el máximo para aprender, aunque
al profesor no le parezca que haya alcanzado lo mínimo para
aprobar.
¿Qué
han opinado los alumnos a la pregunta 13, sobre si los profesores
le han evaluado menos de lo que se merecían?
En primer curso, 26 sí contra 33 no; en segundo, 34 sí
contra 50 no; y en tercero, 47 sí contra 32 no.
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Comentario que
me parece oportuno manifestar es que a pesar de que se puede considerar
que ésta es una respuesta bastante positiva en los alumnos
de primero y segundo, el hecho de que hay un porcentaje tan alto
(casi un 30 % en total) de alumnos que consideran que han sido
evaluado injustamente, menos de lo que se merecían es bastante
alarmante, sobre todo en una facultad (BBAA) donde hay un promedio
de evaluación muy alto.
¿Qué
han opinado los alumnos a la pregunta 17, sobre si una nota baja
les provoca un rechazo hacia la asignatura?
En primer curso,
27 si contra 42 no; en segundo 46 si contra 46 no; y en tercero,
32 sí contra 57 no.
Comentario que
me parece interesante señalar es que hay un porcentaje
notable (casi un 30 %) de alumnos que frente a una nota baja reaccionan
negativamente en contra de la asignatura; y es lo peor que le
puede pasar a un profesor que considera el aprendizaje de sus
alumnos como el objetivo principal de su actividad didáctica,
porque muy difícil lo tendrá con esos alumnos.
¿Pero,
qué han opinado los alumnos a la pregunta 18, sobre si
una nota baja les impulsa a estudiar la asignatura con más
ahínco?
En primer curso,
49 sí contra de 27 no; en segundo, 43 sí contra
de 48 no; y en tercero, 31 sí contra de 49 no.
Comentario que
me parece oportuno subrayar es que a pesar de que se puede pensar
que puede ser bueno poner notas bajas mirando las respuestas de
los alumnos de primero, pasando en segundo y ter-cero estos se
vuelven progresivamente menos animados psicológicamente
y posiblemente muchos de ellos irán a engordar el número
de fracasos en la carrera universitaria.
En el mismo ámbito
psicológico una nota media se supone que no debería
causar algún daño salvo las notas que se acercan
peligrosa-mente al suspenso - que podemos deducir - que pueden
derivar un poco de estrés en el ánimo de los alumnos.
Pero las notas
altas, pienso que estas crean un estado de euforia en los alumnos
y les fortifica la autoconfianza. Todo ello les anima a estudiar
con mayor satisfacción y suelen rendir al máximo
de sus capacidades.
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Pero, seguimos
interpretando lo que han contestado los mismos 363 alumnos del
sondeo:
¿Qué
han opinado los alumnos a la pregunta 16, sobre si una nota alta
les hace la asignatura más atractiva?
En primer curso: 57 si contra 23 no; en segundo 85 sí contra
23 no; y en tercero 47 sí contra 39 no.
Comentario que me parece útil precisar es que hay un porcentaje
importante (más del 50 %) de alumnos que frente a una nota
alta reaccionan muy positivamente en favor de la asignatura; y eso
supongo le interese a un número considerable de profesores
por favorecer la eficacia didáctica.
Aqui surge una pregunta: ¿es beneficioso para el aprendizaje
ani-mar psicológicamente el alumno asignándole una
nota lo más alta posible dentro de sus méritos?
En
el ÁMBITO DIDÁCTICO una nota insuficiente, como hemos
visto en el psicológico, predispone el alumno a tomar una
actitud rencorosa con el profesor y de rechazo hacia la asignatura.
Por lo tanto podemos deducir que se han comprometido totalmente
dos de los pilares didácticos fundamentales de la enseñanza:
la confianza en el docente y el gusto de aprender la asignatura.
Eso, sin contar con la actitud que habrá asumido el profesor
con respecto al alumno implicado.
La
nota media, normalmente, no crea demasiados problemas. Si puede
alentar cierto "pasotismo": el alumno casi siempre asume
que no puede dar más de si y opta por trabajar sin demasiado
esfuerzo y sin ninguna inquietud. En esta faja se acepta con resignación
la perte¬nencia a la categoría de la mediocridad.
Por
el contrario, en muy escasa ocasiones he podido constatar en mi
carrera docente una reacción negativa a una nota alta por
haber asumido el alumno que ya no necesitaba aprender más.
Casi siempre he tenido una respuesta positiva: los alumnos evaluados
con notas altas han seguido dando el måximo de si mismos.
En
cuanto al sondeo me parecen interesantes las respuestas a la pregunta
16, ya comentada en el ámbito anterior.
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En el ÁMBITO
ADMINISTRATIVO una nota insuficiente bloquea radicalmente el alumno:
primero no promociona y debe repetir la asignatura que no ha aprobado,
debiendo volver a estudiar todo el temario otra vez y además
muy contrariado. Segundo, le queda el suspenso en la certificación
académica. Tercero le puede impedir de acceder a cualquier
beca. Y por último le perjudica a la hora de buscar una
promoción profesional.
La
nota media, perjudica también (aunque bastante menos) en
el administrativo. En las becas solo se le permite el acceso (salvo
alguna excepción) al alumno con un promedio académico
muy alto
En
cuanto a la nota alta, más de lo mismo, esta abre todas las
puertas de las carreras públicas y, por supuesto, del acceso
a las becas que incluso favorece el acceso a la carrera docente
e investigadora, además de la profesional.
En
el ÁMBITO SOCIAL una nota insuficiente se configura como
una mancha en la personalidad del alumno. La nota baja rebaja drásticamente
la imagen y el prestigio del alumno y puede condicionar sus relaciones
interpersonales.
Su
propia familia, los amigos y su micromundo existencial asumen la
nota baja como una baja calidad de la personalidad del alumno que
la ha recibido. A menudo, el alumno, si suma bastantes notas bajas,
viene considerado un inútil o un incapaz. Sus perspectivas
sociales se quedan muy mermadas.
La
nota media, tampoco en el social crea demasiados problemas. También
puede alentar cierto "pasotismo": el alumno casi siempre
asume que no puede aspirar a llegar a un estatus social muy alto.
Salvo si no puede poner en marcha alguna picardía (como conseguir
algún pequeño cargo político) para intentar
engañar a la gente con que se relaciona.
En
cuanto a la nota alta, como es natural, esta hace crecer el prestigio
del alumno en su entorno familiar y en la comunidad en que vive.
Finalmente,
en el ÁMBITO ECONÓMICO es fácil deducir como
una nota insuficiente obliga a dedicar tiempo añadido para
aprobar en una segunda ronda, con todos los gastos que ello supone,
de matrícula, de estancia, de libros, de medios de trasporte,
de ropa, de comida, etc...
La
nota media, en principio no crea problemas. Pero perjudicando el
acceso a las becas y dificultando la entrada en el mundo del trabajo
(pudiendo retrasar su conseguimiento), sí puede acarrear
problemas económicos de forma indirecta.
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En cuanto a la
nota alta, obviamente, no solo no provoca gastos añadidos
sino que permite ahorrar si se consigue obtener algunas becas
a las que se tiene un fácil acceso.
CONCLUSIÓN.
Por
supuesto, todos los profesores sabemos de estas consecuencias que
repercuten sobre los alumnos, y a veces pueden dar lugar hasta a
tragedias: no es la primera vez que un alumno se suicida por haber
sufrido una pésima evaluación.
Pero
el problema es: ¿Cuántas veces nos paramos a pensar
en ellas, cuando estamos asignando una nota a un alumno, sobre todo
si es insuficiente?
¿Es
justo asumir una actitud flexible y razonablemente bondadosa?
Algunos dicen que la vida (o el tiempo) se encargará de poner
todos en su sitio. Entonces ¿por qué debemos tener
esa ansia de ser jueces inflexibles y no dejar que algunos alumnos
tengan su oportunidad? Tenida cuenta que bastante nos equivocamos
los profesores cuando evaluamos.
Una última pregunta: ¿por qué no dedicamos
un poco más de investigación a esta tarea docente
tan difícil y tan tremendamente influyente en la vida de
tantos jóvenes?
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