Antep
royecto de espacio escénico
para representación teatral

“De cómo un campesino legó pobremente a su mujer y de cómo ésta mejoró la herencia”

 

SUBTÍTULO
“El testamento del tío Nacho”

de

Francesc Eiximenis

 

GRUPO DE TRABAJO:

Tomás Sánchez Andreo
Elena Volodieva Stoilova


Asignatura: Dibujo. Espacio escénico
Profesor: Dr. Nicola Comunale Rizzo

Grupo C
Curso 2007/2008

FACULTAD DE BELLAS ARTES "ALONSO CANO"
UNIVERSIDAD DE GRANADA


 

ÍNDICE

 

PLAN METODOLÓGICO

1. INTRODUCCIÓN

2. FRANCESC EIXIMENIS, BIOGRAFIA Y CONTEXTO

3. “DE COMO UN CAMPESINO LEGÓ POBREMENTE A SU MUJER Y ESTA MEJORÓ LA HERENCIA" - El Testamento del Tio Nacho :

3.1. “El Testamento del Tio Nacho ”. Análisis de la obra

3.1.1. Argumento
3.1.2. Tabla de escenas
3.1.3. Lenguaje y estilo
3.1.4. Personajes
3.1.5. Idea de fondo

3.2. Objetivos proyectuales

3.2.1. Componentes escenográficos
3.2.2. Documentación icónica
3.2.3. Elementos visuales
3.2.4. Atmósfera expresiva

4. BOCETOS Y SIGUIENTES ACABADOS:

4.1. Escenario
4.2. Vestuario y caracterización

5. TEXTO DE LA OBRA

6. BIBLIOGRAFÍA


PLAN METODOLÓGICO

 


I. DOCUMENTACIÓN DE LA OBRA “EL TESTAMENTO DEL TIO NACHO ” DE FRANCESC EIXIMENIS.

  • Información sobre el autor: vida y obra.
  • Información de la obra:


- Sinopsis de la obra

II. OBJETIVOS.

  • Objetivos conceptuales: ideas que la obra y su autor quieren reflejar con esta representación teatral.
  • Objetivos estéticos y proyectuales: análisis del ambiente y climax que se debe transmitir durante cada momento de la representación de la obra, así como elementos como escenario y decorado.

III. DISEÑO DE ATREZZO, ESCENA Y AMBIENTACIÓN.

  • Definir el clima expresivo adecuado que ayude a definir los objetivos anteriormente citados.
  • Elaborar la lista de los elementos escenográficos que necesitaremos según el tiempo histórico y climático en el que se desarrolla la historia (vestuario, maquillaje, iluminación, atrezzo…).
  • Estudio morfológico del escenario: simetría, texturas, contrastes, proporciones y demás matices.
  • Estudio y evolución de los personajes a lo largo de la obra con la intención de adaptar su caracterización.

IV. ESCENAS

  • Redacción de las posibles escenas incluidas en la obra con la intención de adaptar la ambientación y el escenario a cada una de ellas.

V. INFORME TÉCNICO DEL ESPACIO TEATRAL.

  • Estudio de planos, medidas y espacios del teatro, acompañados de la documentación visual necesaria (fotografías, dibujos…).

VI. DOCUMENTACIÓN COMPLEMENTARIA.

  • La que nos ayude a ampliar la información relativa al proyecto.

VII. ELABORACIÓN DE BOCETOS.

a. Primeros bocetos: reflejo de las primeras ideas.Evaluación de bocetos a partir de los anteriores estudiar las posibles variantes ateniéndonos a sus elementos, tanto positivos como negativos.
b. Bocetos definitivos: maquetas, montajes…

VIII. MEMORIA TÉCNICA

  • Indicación de todos los datos técnicos necesarios para el montaje sobre el proyecto.


IX. BIBLIOGRAFÍA.

  • Relación de las fuentes consultadas para la documentación y elaboración del proyecto.

X. MONTAJE Y REDACCIÓN DEL PROYECTO.

  • Elaboración de cada una de las partes que conforman este proyecto junto la de montajes visuales que nos pueden ayudar a tener una visión próxima del mismo.


1. INTRODUCCIÓN.

 


Partimos de una idea básica – que es la puesta en escena de una obra de teatro, dirigida tal vez a un público infantil, que se desarrolla en la España del siglo XIV-; hemos de resaltar que al ser un trabajo ficticio, el planteamiento es un poco gratuito, pero ahí va:

  • Debemos elegir el equipo humano que va a participar

  • Los recursos de que contamos

  • Los recursos que vamos a necesitar

  • Los ensayos

  • Funciones de cada uno de los integrantes en el equipo

Necesitamos tres ambientes diferentes, para lo cual hemos pensado en un escenario giratorio dividido en tres partes iguales con sus diferentes decorados o bien unos decorados sencillos, pues dentro del contexto de la obra, no son necesarios con una gran descripción artística, volcándonos mas en vestuarios y en la locución de los diferentes actores que conforman la puesta en escena de dicha obra.



2. FRANCESC EIXIMENIS, biografía y contexto .

 

2.1. Biografía.

Francesc Eiximenis nació probablemente en Gerona, en torno al 1330. Hijo de familia de comerciantes bien situada y relacionada con la Casa Real, entró de pequeño en la orden franciscana. Tuvo una amplia formación académica y universitaria, que culminó en el 1374 con su graduación como Maestro en Teología (la más alta en su época) en Tolosa (Francia),  con la ayuda inestimable de los monarcas y de la esposa del príncipe heredero (Futuro Juan I), Mata de Armagnac, francesa y con mucha influencia al otro lado de los Pirineos. Antes había estudiado en diferentes centros universitarios, tanto de la Corona de Aragón como del resto de Europa (París, Cambridge y Oxford). Al parecer, el que más le marcó fue el de Oxford, donde la orden franciscana tenía un brillante estudio. No exageramos si decimos que los maestros franciscanos de Oxford fueron los que más le influyeron, sobre todo las dos máximas  figuras del pensamiento franciscano en el siglo XIV: Guillermo de Ockham y el beato Juan Duns Escoto. De estos dos autores son de los que más obras poseía en el momento de su muerte, según un interesante inventario, conservado en el Archivo Vaticano y descubierto por el investigador Jacques Monfrin. Destaca en el mismo inventario un gran número de autores ingleses o que pasaron por Oxford: Adam Wodham, Adelardo de Bath, Alejandro d'Hales, Guillermo de Ockham, Hugo de Newcastle, Juan Dumbleton, Juan Duns Escoto (escocés, pero educado y profesor en Oxford), Juan de Gales (estudiante y profesor en Oxford), Osberto Ánglico, Ricardo de Kilvington, Ricardo Fitzralph (irlandés, profesor y canciller en Oxford), Ricardo de Middletown, Roberto Cowton. Roberto Halifax, Rogelio Rosetus, Esteban Langton, Roberto Holcot o Tomás de Buckingham. Hábría que añadir aquí a tres obispos ingleses que no aparecen en el inventario, pero que también influyeron en Eiximenis: el arzobispo de Canterbury Thomas Bradwardine, el obispo de Lincoln Robert Grossateste (muy citado por Eiximenis bajo el nombre de Linconiensis o Liconiensis) y el obispo de Chartres Juan de Salisbury.

No obstante los influjos mayoritariamente franciscanos y oxonianos en su pensamiento y formación, se aprecia en Eiximenis cierto autodidactismo, movido tal vez por el espíritu práctico y funcional del propio pensamiento franciscano, tal como bien señala C. Wittlin: "The Franciscan school maintained the practical philosophy of higher education for clergymen formed by its greats teachers Roger Bacon, Duns Scotus, Ockham, John of Salisbury, John of Wales, Grosseteste, which was more to the liking of our somewhat autodidact writer than the scholastic Thomism taught at other universities".

Ya de vuelta en Cataluña, tras su periplo de estudios europeos, lo encontramos en Vic, Barcelona y Tarragona, sin contar su frustrada carrera universitaria en Lérida, y alguna rápida incursión diplomática en su Gerona natal.

Parece ser que previamente, en 1365, había estado en la Corte pontificia de Aviñón, donde presenció la primera de las Revelaciones del infante Pedro de Aragón. Y a lo largo de su obra también encontramos referencias a su estancia en diversas ciudades europeas, que debió producirse en coincidencia con su periplo de estudios europeos. Se trata de Roma, Colonia y el monte Alvernia, que era un importante foco de espiritualidad franciscana de la región italiana de Toscana.

En el año 1383 se trasladó a Valencia, como árbitro de un testamento, y allí se quedó definitivamente hasta un año antes de su muerte, cuando el antipapa Benedicto  XIII lo llamó al Concilio de Perpiñán, nombrándolo poco después, quizás como recompensa por su fidelidad, obispo de Elna (Perpiñán) y Patriarca de Jerusalén. Posible motivo de su traslado a Valencia, aparte del citado asunto testamentario, debió de ser la voluntad de sus superiores. Los jurados valencianos, a los que Eiximenis dedicó su Regiment, también debieron de influir en su prolongada estancia en la ciudad del Turia. Es sabido que éstos, para darle brillantez intelectual, a finales del siglo XIV se esforzaron por atraer a Valencia los mejores maestros de las órdenes mendicantes.

El éxito de Eiximenis en Valencia fue inmediato. Su fama de erudito y estudioso y sus obras le dieron un gran prestigio, hasta el punto de que los volúmenes de Lo Crestià... estaban atados con una cadena en la Sala del Consell de Valencia, a disposición del público. El afecto debió de ser mutuo, pues, en 1384,  fray Françesc rechazó ser confesor del infante Juan (futuro Juan I), y prefirió continuar en Valencia.

Eiximenis desarrolló una importante actividad pública. Asesoraba continuamente a los jurados, y a la ciudad en general, recibiendo a cambio muchos subsidios en forma de dinero y hábitos religiosos. Aunque sólo se conserva un trocito de un sermón suyo, su actividad como predicador en Valencia fue importante. Él fue uno de los tres religiosos a quiénes los concejales de la ciudad encargaron pronunciar en 1387 el elogio fúnebre del rey Pedro el Ceremonioso. También fue el encargado de celebrar el éxito de la campaña siciliana de 1392.

Además, fray Francisco trató continuamente de apaciguar la tensión constante existente entre los poderes civil y eclesiástico valenciano. Particularmente interesantes son, en este sentido, sus Allegationes, donde, no obstante, mantiene una posición fuertemente teocrática, consciente como era de la dignidad eclesiástica y de la superioridad de lo espiritual sobre lo temporal, según su ideario.

Destaca también tu labor organizadora como Comisario Apostólico de dos cruzadas valenciano-mallorquinas contra los piratas de las costas norteafricanas (1397-1399).  En 1399 lo encontramos en otra comisión encargada por el Consejo ciudadano de redactar los estatutos de las escuelas de Valencia, con el propósito, fallido, de reunificarlas.

Hombre plenamente integrado en la problemática de su tiempo, participó además en una comisión de expertos para examinar los libros hebreos robados durante el sangriento saqueo de 1391. Y también en una comisión de teólogos encargada de aconsejar al monarca aragonés "sobre el fet de l'Esglesia", es decir, sobre el Cisma de Occidente.

En medio de una vida social tan intensa, Eiximenis no descuida su condición de hombre de Iglesia. En 1391, en un momento de guerra e inestabilidad, organizó una especie de cadena espiritual en los monasterios cercanos a Valencia, solicitando a los religiosos "sus oraciones, para implorar ayuda y remedio". Junto con su hija espiritual la reina María de Luna, esposa de Martín el Humano, fundó el convento franciscano de Santo Espíritu de Morviedro.

Sin embargo, fray Francisco Eiximenis es conocido, sobre todo, por su no menos vertiginosa producción literaria, escrita casi toda ella en lengua vernácula catalana. Obras suyas conocidas son el Tractat de Usura (Tratado sobre la usura, h. 1374), De Triplici Statu Mundi (del Triple Estado del Mundo, 1378-1379),  Lo Crestià (El Cristiano), su obra más importante y monumental (1379-1387), Lo Llibre dels Angels (El Libro de los Ángeles, 1392), Lo Llibre de les Dones (El Libro de las Mujeres, h. 1396, adaptado enseguida al castellano con el título de El Carro de las Donas), y la Vida de Jesucrist (entre 1399 y 1406).

Fray Francisco Eiximenis no pudo concluir su vida en Valencia porque el papa de Aviñón Benedicto XIII lo convocó al concilio de Perpiñán en 1408, y lo nombró primer Patriarca de Jerusalén y luego obispo de Elna o Perpiñán. Aquí murió, y sus restos fueron sepultados en la iglesia de San Francisco, hasta que, a principios del siglo XX, la mayor parte del convento franciscano fue destruido y convertido en cuartel.


3. “EL TESTAMENTO DEL TIO NACHO ”.

 


3.1. “El Testamento del Tio Nacho ”. Análisis de la obra.

 


3.1.1. Argumento.

Se ha hecho una edición moderna —a cargo de Margal Olivar— de diversos textos de Francesc Eiximenis. Este libro se titula «Contes i Fau-les» (Cuentos y Fábulas) y recoge narraciones sacadas principalmente de «Lo crestiá» y del «Llibre de les dones». El cuento que da lugar a «El testa­mento del tío Nacho» se titula en su origen «De cómo un campesino legó pobremente a su mujer y de cómo ésta mejoró la herencia», que corresponde al libro duodécimo (uno de los cuatro que se han conservado de «Lo crestiá»). Sin embargo, la adaptadora, Ángeles Garriga, lo ha enriquecido y extendido mucho, ya que el cuento de Eiximenis comprende escasamente dos páginas en las que el único personaje es la mujer descontenta de la herencia de su marido.

Esta obra tiene tres partes: el prólogo, que es una pequeña introducción o presentación de la historia que se representa más tarde y dos partes.


El prólogo lo podéis representar delante de la cortina (o telón) si lo tenéis o bien apagando la luz del escenario si no tenéis telón, situándose el actor en primer término. En cualquier caso la iluminación ha de ser muy débil. El alma en pena hablará con voz profunda y arrastrando las palabras. No es necesario que vaya disfrazado; puede vestir como Nacho, enfermo, durante la representación: con camisa blanca, larga, y el gorro de dormir. Si queréis, también puede cubrirse con una sábana. Debiera llevar la cara blanca, maquillada.

Durante la primera parte, como la acción transcurre simultáneamente en dos lugares, la habitación de Nacho y la calle, la solución más fácil es dividir el escenario en dos partes por medio de un tabique, que puede hacerse con papel de embalar o una cortina que venga desde el fondo del escenario hasta primer término, dejando un espacio estrecho que represente la puerta de la calle. No es necesario que las dos partes sean iguales: la habitación puede ser más pequeña
y estar menos iluminada. La parte que representa la calle puede tener pintadas, al fondo, las casas de los vecinos. En la habitación de Nacho se pueden pintar una ventana, cuadros, muebles, una cómoda o un armario...


El decorado de la segunda parte, donde tiene lugar la escena del mercado, puede ser el mismo que en la primera parte simulaba la calle. Pero, en este caso será necesario añadir, según vuestra imaginación, más casas y aquellos elementos que necesitéis para representar el mercado: vendedores y vendedoras, mercancías o animales en venta, etc.
Si al terminar el primer acto no podéis correr el telón o cubrir la escena debéis cejarla totalmente a oscuras, o en una penumbra que os permita moveros libremente. Pero tenéis que procurar que estos cambios se realicen   rápidamente y en silencio.

3.1.3. Lenguaje y estilo.

El lenguaje, será un lenguaje llano y sencillo, dentro de lo que cabe esperar en un entorno rural, sin utilizar en ningun momento expresiones de argot, jugando con la ironía y la picaresca.

 

3.1.4. Personajes.

Nacho — Ha de hablar siempre con un hilo de voz. Puede gesticular ampliamente al empezar la obra, pero cada vez lo hará con menos energía. Es importante destacar la ancianidad y la enfermedad de este personaje. Se le puede blanquear el cabello y maquillarle la cara, marcándole arrugas en la frente, en las mejillas y hasta en la boca. También se le puede colocar un gorro de noche, con la borla al final, como los que se usaban antiguamente. En el prólogo ya se indica cómo habla y viste Nacho, «alma en pena-.

Quiteria — Es una mujer mayor, de mal genio, gritona. Toda la comedia que hace sobre los ahorros que sospecha tiene su marido y la herencia que éste le deja, demuestran que está convencida de la injusticia del testamento y esto la enoja. En la primera parte puede vestir como una mujer de pueblo, con cualquier indumentaria vieja. En la segunda debería vestir de negro.


Notario — Ha de vestir bien. Puede llevar camisa y corbata. Se ha de mover con gestos reposados, de hombre que no pierde nunca la serenidad. Contribuirán a esta actitud la cartera, ya indicada en la obra y el uso de gafas.


Goyo — Es un hombre burlón y desconfiado. Camina siempre con la cabeza baja mirando al suelo, como si no se atreviera a mirar a los demás a la cara. Actuará siempre como si temiera que los que tiene alrededor le pudieran robar cualquier cosa. No tolera que se le acerquen, esquiva a la gente y, cuando alguien se le acerca, retrocede.


Pestaña y Taño — Dos vecinos del pueblo, siempre dispuestos a prestar ayuda. Pestaña es más listo y nervioso. En cambio Taño es más tonto y le cuesta entender las cosas. Hablará lentamente, con voz grave.


Tina — Es también vecina del pueblo y siempre dispuesta a meter las narices en todas partes. Chismosa. Aparenta ser más joven que Quiteria.


Gente del mercado — Según los que seáis podéis improvisar un mercado más o menos movido. Puede haber vendedores de todo tipo: cacharros, fruta y verduras, mercería, en fin, todo aquello que se encuentra en la plaza del pueblo en un día de mercado. Pensad, sin embargo, que además de los vendedores y de sus puestos tiene que haber gente que compre y mire.


Compradores — Tendrán, más o menos, el mismo aspecto que Pestaña y Taño. Campesinos que van al mercado. Evidentemente el Comprador II es más listo que el Comprador I y adivina la jugada de Quiteria.

 

3.1.5. Idea de fondo.

La idea de fondo que tiene la obra o moraleja, viene a ser que cuando las situaciones que te imponen, son injustas, se agudiza el ingenio, con picaresca o sin ella, para conseguir lo que te parece que te corresponde.

 

 

3.2. Objetivos proyectuales. ???????


3.2.1. Componentes escenográficos.


Espacio:


Despues de intentar localizar un escenario adecuado para la representación, estudiando los teatros de la ciudad, los existentes en los centros educativos, etc... creemos que el espacio ideal nos lo presta una corrala que -aunque rehabilitada- existe en el centro de Granada, en la calle Lavadero de las Tablas y recrea perfectamente el ambiente de los teatros de corralas del S. XIX

 

3.2.2. Documentación icónica.

 

Corrala
Quiteria y Tina
Quiteria, Tina y Notario
Quiteria en el mercado
Quiteria cerrando el trato

3.2.3. Elementos visuales.

Cama antigua
Maletín para Notario
Mercado popular
Esquema para la realización del buey y el pollo

3.2.4. Atmósfera expresiva.

 

La documentación de la que disponemos es la propia obra adaptada y después de una búsqueda, datos del autor y de la época en la que fue escrita, aportando una descripción mas o menos pormenorizada de las actitudes y vestuarios de cada uno de los personajes. A esto, tendremos que sumarle los decorados que ambiente lo mejor posible el tipo de casa donde se desarrollan las escenas, las personas que intervienen en ellas, etc..De la música que hemos visto hasta este momento, creemos que vamos a utilizar una obra de mussorgsky, mas concretamente, un fragmento de “Una noche sobre el Monte Pelado” que sería para utilizarla antes y después de las palabras que se dicen en el prólogo por el “alma en pena” y tal vez en la escena del mercado, utilizar algún baile popular –disponemos de momento de música popular, recopilada e interpretada por Lombarda.



4. BOCETOS Y SIGUIENTES ACABADOS

 

4.1. Bocetos del escenario.

 

 

Boceto para prólogo

Visita del Notario

Goyo, Tano y Pestaña

Público en el mercado

Habitación principal sin cama

4.2. Vestuario y caracterización.

Quiteria ya viuda

 

 


Blusón payés

 

 



 

 

 

 







 


5 . TEXTO DE LA OBRA

 

 

PRÓLOGO


Nacho (alma en pena) — ¡Ay, desgraciado de mí! ¡Desgraciado de mí! Soy un alma en pena... ¡Quién sabe cuántos años tendré que estar aún en el purgatorio...! Y eso que antes de morirme tuve buen cuidado de prepararme las misas... ¡Lo dejé dicho en el testamento con toda clase de detalles...! Pero, la ladina de mi mujer, que no piensa más que en las pesetas y que en cuanto agarra una ya no la suelta, con sus trazas y mañas —que parece una bruja de tanto como cavila para hacer daño— ideó una treta que cambió de arriba abajo mi testamento y me deja en el purgatorio muchos más años de los que son de ley. (Pausa.) Y aquí estoy, ¡desgraciado de mí! como alma en pena porque cuando a la bribona le leyeron el testamento, ocurrió que... Pero, ya veréis lo que pasó... (sale).

PRIMERA PARTE


En el centro de la escena, en diagonal, una cama. Nacho, cubierto con las sábanas pero sacando los brazos fuera, se lamenta. Se enciende la luz o sube el telón, si le hay. Nacho gesticula aparatosamente. Se toca el corazón, el hígado, el estómago, la cabeza... No cesa de gemir. Entra Quiteria que trajina por la alcoba.


Nacho (siempre gimiendo con voz muy débil) — Quiteria...

Quiteria — ¿Qué quieres ahora?

Nacho — Quiero hacer testamento...

Quiteria — ¡Vaya! ¡Testamento! ¡No sé por qué...!

Nacho  (siempre gimiendo) — Quiero hacer testamento, Quiteria...

Quiteria—¡No, hombre, no! ¿Acaso crees que lo hace gratis, el notario? ¡Vaya tipos los que arreglan los papeles! No te preocupes... Yo soy tu mujer, ¿no? Pues, si te vas al otro mundo, todo queda para mí ¡ y en paz! Al fin y al cabo solamente tenemos un buey y un pollo...

Nacho — Quiteria, yo quiero hacer testamento...

Quiteria (aparte) — Es raro que le haya dado esta manía... Y si tuviera algún dinero escondido y me lo quisiera legar... y yo, terca, le privara de decírselo al notario. ¡Eso, será eso! (A Nacho) Está bien, Nachito mío... Ya sabes que quiero darte todos los gustos (mira por la puerta). Mira, precisamente ahora pasa por la calle el señor notario. (Cruza por la parte del escenario que simula la calle, el Notario, con una cartera de documentos en la mano. Quiteria le saluda desde la puerta.) Buenos días, señor notario. ¡Viene como anillo al dedo!

Notario — ¡Buenos días! Tú dirás, Quiteria. ¿De qué se trata?

Quiteria — Nada, que Nacho, mi marido, está un poco mimoso y dice que quiere hacer testamento.

Notario — Me parece muy acertado. Es cosa que tendría que hacer todo el mundo. Se ahorrarían muchas peleas familiares y muchos pleitos.

Quiteria— ¡Ah, no! ¡Aquí pleitos no habrá ninguno! ¡Porque todo será para mí! (En voz baja al Notario.) Pero creo que debe tener algún dinerillo escondido y quiere darme una sorpresa

Notario — Quizá sí, vete a saber.

Quiteria — A ver, a ver... ¡Vaya sorpresa!

Notario — Pero tienes que traer dos testigos.

Quiteria — ¡ Dos testigos! ¡ Yo no quiero testigos! Notario — Pues, lo manda la ley.

Quiteria —¿La ley? ¡Vaya hombre! (Pausa.) Y si no hay testigos...

Notario — Si no hay testigos, no hay testamento... Quiteria — ¡ ...ni dinero! ¡Corro a buscar testigos! Notario — Sí, mientras tanto yo hablaré con el enfermo para saber qué quiere disponer.

Quiteria — ¡ Ay, pobrecito, qué quiere que disponga! Todo para mí, claro... (llorando.) ¡Ay, se me rompe el corazón! (de repente, se­rena). ¡Y pregúntele dónde tiene el «calcetín»!  ¡No se le olvide!

Notario — No sufras...

Quiteria— ¡Vamos! (Entran en la habitación y se acercan a la cama de Nacho. Mira, Nacho, aquí está el señor notario. Ya os pondréis de acuerdo. (El Notario se sienta junto a la cama, se coloca las gafas, abre la cartera y saca unos papeles, en los que escribe.) Yo voy a buscar dos testigos. (De nuevo, gimoteando.) ¡Ay, Señor...! Se me rompe el corazón, se me hace trizas, se me desmenuza, se me hace picadillo... (Lamentándose, sale a la calle y encuentra a Goyo. Goyo, amigo mío, tendrías que hacerme un favor.

Goyo — Dime de qué se trata. Si te lo puedo hacer...

Quiteria — Es que mi marido hace testamento y necesitamos dos testigos. Si quisieras ser uno de ellos...

Goyo (rascándose la cabeza) — ¿Dos testigos...? ¡Miau!

Quiteria — Sí; hombre, no cuesta nada...

Goyo — No cuesta nada, no cuesta nada... ¡En seguida lo has dicho...! No cuesta nada... Y luego, ¿quién paga las consecuencias?

Quiteria — ¡ Es que si no, no me quedará nada! ¡ Anda, ayúdame!

Goyo — ¿Y qué te tendría que quedar? ¡No es tuyo!

Quiteria — Todo es de Nacho, pero si muriera...

Goyo — Si muriera...

Quiteria — Si muriera tendría que quedar para mí. Yo también he trabajado para ganarlo...

Goyo — Pues, si es tuyo, no hace falta testamento...

Quiteria (lloriqueando) — ¡Ay, no me entiendes! (Entra Pestaña) ¡Eh, tú, Pestaña, ¿querrías ayudarme?

Pestaña — Claro que sí, Quiteria. ¿De qué se trata?

Quiteria — Ay, Nacho nos quiere dejar...

Pestaña — Pues, ¿cómo es eso?

Quiteria — No lo sé. No me lo hagas explicar. Vamos al grano.

Pestaña — A ver, ¿qué hay que hacer? Dime.

Quiteria — Poca cosa: ser testigo, porque quiere hacer testamento.

Pestaña — ¡ Eso está hecho! ¡ Claro que quiero serlo!

Quiteria — Dios te lo pague. Pestaña. (A Goyo.) ¿ . hombre, como Pestaña no se asusta?

Goyo — Oh, Pestaña, Pestaña...

Pestaña — ¿Qué quieres decir? Total se trata de poner una firma y basta.

Goyo — ¿Una firma, has dicho? Conmigo no contéis. ¡Una firma!

Pestaña—¡Claro, hombre! Al final...

Goyo — ¡ Eso sí que no!

Quiteria — ¡ Qué terco es!

Pestaña — ¡ No seas pasmado, hombre!

Goyo — ¡ A mí no me engañaréis!

Quiteria — ¡ Pero si nadie quiere engañarte!

Goyo — Sí, sí, eso decís vosotros... ¡Sedlo vosotros! A mí, desde muy pequeño, me enseñaron que nunca había que firmar nada. Y lo he aprendido bien, ¡ os lo aseguro!

Pestaña — ¡ Pero, esta firma no puede comprometerte!

Goyo — ¡ Qué me vais a decir vosotros! Una firma siempre es una firma. ¡Y siempre compromete!

Quiteria — Pero, escucha, Goyo...

Goyo — ¡ De ninguna manera! ¡ No quiero oírlo más !

Pestaña — ¡ Qué tonto!

Quiteria—¡Ya lo puedes decir! Y ahora, ¿qué haremos?

Pestaña — Tendremos que buscar a otro.

Goyo — Eso, eso... A ver si encuentras a alguien. ¡Yo, no! (Sale de escena hablando consigo mismo.) No me casé de joven por no querer firmar ante el juez y ahora, a mis años, querríais enredarme... ¡ Que no, hombre, que no! Yo...

Quiteria — Tal vez Taño, el de la Jacinta...

Pestaña — Podríamos probar. (Se acercan a la casa. Llaman.)

Voz (desde el interior) — ¿Quién hay?

Pestaña — ¡ Taño!

Voz — ¿Qué quieres?

Pestaña — Quiero pedirte un favor. ¡Asómate, hombre!

Taño (entra en escena) — ¿Qué quieres?

Pestaña — Es Quiteria...

Quiteria — Es mi marido...

Taño — ¿En qué quedamos? ¿Quién es, Quiteria o su marido?

Pestaña — El marido de Quiteria, ¡ berzotas!

Taño — Ah, claro, ¿te casaste, no?

Quiteria (llorosa) — ¡Hace tiempo!

Taño — Ah, ya hace tiempo. (Se detiene un momento y piensa.) ¡Oh, ya lo creo que hace tiempo!

Quiteria — Y me parece que pronto podré hacerlo otra vez...   ¡Ay...!

Taño — ¡ Sopla!

Pestaña — En una palabra: que Nacho quiere hacer testamento y necesitan dos testigos. Tú puedes ser uno, si te parece bien.

Taño — ¿Testigo? ¿De qué?

Quiteria — Del testamento de Nacho, ¿sabes? Ahora lo está dictando.

Taño — Ah, sí, como quieras, Quiteria. Ahora mismo, vamos.

Quiteria — Anda, pues, vamos.

Pestaña — Vamos.

Taño — Eso es, vamos.

Pestaña — Sí, vamos.

Quiteria (llorando) — Sí... Vamos. (Se acercan a la casa.)

Taño (deteniéndose ante la puerta)—¿Y está muy acabado?

Quiteria — Mucho, pobrecito, mucho. Tendrías que haberle oído, con su vocecilla, diciendo:  «Quiteria, quiero hacer testamento...»

Taño —¿Ah, sí?

Pestaña — ¿Sí?

Quiteria (de pronto, serena y decidida) — Anda, entremos.

Pestaña — Sí, entremos.

Taño — Entremos. (Entran en la casa.)

Notario (al verles llegar.) — Me parece que, mientras firman estos hom­bres, tendrías que avisar al médico.

Quiteria—¡Otra vez! ¡Y dale! Bien, ya voy. (Inicia el gesto de salir. Vuelve, con toda calma.) Por cierto, ¿cómo está Nacho? ¿Vive aún?

Notario — Claro que sí, mujer. Por eso te digo que vayas a avisar al médico.

Quiteria — Muy bien, ya voy... (Aparte.) ¡Ay, qué pereza! Si no fuera por el que dirán, le dejaría que muriera en paz. ¡Mira tú, qué le va a hacer el médico! ¡ Cobrar la visita, nada más!(Sale a la calle y se encuentra con Tina. Mientras tanto el Notario simula leer el testamento a los dos testigos, quienes firman.)

Tina — Quiteria, ¿qué tal está, Nacho? Me han dicho...

Quiteria — Ay, mal, mal... Esto se acaba...

Tina — ¿Ya has avisado al médico?

Quiteria — De momento, al notario. Está haciendo testamento en este momento y ha sido el notario quien me ha encomendado que vaya a buscar al médico.

Tina — Ya irá mi chico, si quieres.

Quiteria — Mujer, es que os molestamos tanto...

Tina — ¡ No digas eso! ¡ No faltaría más !

Quiteria — Mira, no vale la pena... Así, de paso, aprovecharé para entrar en la carnicería, en la droguería, en casa del hojalatero, y me acercaré a la modista...

Tina — Si haces tantas cosas cuando avises al médico ya será de noche.

Quiteria — Total, qué quieres que haga ya...

Tina — Es verdad. ¡ Qué triste es!

Quiteria — ¡Desde luego! Pobre de mí. ¿Qué quieres que haga una mujer sola, sin la ayuda del marido?

Tina — Ciertamente, es bien triste... Pero, mira a la Tomasa, la Cascabelada, cuando se le murió el marido parecía que iba a perder el juicio y al poco se casó con Julio, el de los Tiestos. Y tan felices...

Quiteria — Tomasa tuvo mucha suerte. Pero a mí ¿quién me va a querer? ¡Tan vieja! Si encontrara a uno como Julio, el de los Tiestos...

Tina — Quién sabe, mujer, quién sabe... Frutas más verdes maduran... Además, no corras tanto... A lo mejor Nacho no se muere.

Quiteria—¡Qué va! No se salvará.

El Notario, Pestaña y Taño se levantan después que Nacho emite un estertor y queda yerto.

Pestaña (asomándose por la puerta y llamando) — ¡Quiteria!

Quiteria — ¡ Ay, madre mía! ¡ Ya está!

Tina — ¿Qué ocurre? (Corren hacia la casa y entran.)

Notario — Ya no hay nada que hacer.

Taño — ¡ Que Dios le haya perdonado!

Quiteria (con gran llanto) — ¡Ay, Nacho mío! ¡Qué desgraciada soy! ¡ Tan bueno como eras! Sus últimos pensamientos han sido para mí. Ha querido hacer testamento, pobrecito. ¡ Ay, desgraciada de mí! ¡ Qué haré sin ti, Nacho de mi corazón! (Los demás se acercan a ella e intentan consolarla.) ¡Dejadme morir! ¡Dejadme morir también a mí! ¡ Sin él no soy nadie! ¡ Soy solamente la dueña de un buey, un pollo y una bolsa de dinero! ¡ Ay, pobrecita de mí!

Notario — Escucha, Quiteria: eso de dueña de un buey me parece un malentendido (los testigos lo confirman con la cabeza).

Quiteria (deja de llorar y grita) — ¿Qué?

Taño — Y eso del dinero...

Pestaña — ¡... menos aún que el buey!

Tina — Pobrecita, queda más pobre que una rata.

Quiteria — ¡ Ah, no! ¡ esto no puede ser! ¡ No hay quien lo aguante! ¡ Oh!

Tina — ¡ Pobre, está deshecha!

Quiteria — ¡ El buey, el buey! ¡ Es mío! ¡ Y el dinero!

Notario — Mira, como tu marido ya ha muerto (¡ay!), lo mejor será que te lea el testamento.

Quiteria — Eso, eso, ¡ el testamento! ¡ A ver qué habéis hecho, entre todos, con mi testamento!

Tina — A mí también me gustará oírlo.

Notario — Del testamento de Nacho. (Se dispone a leer. Se sienta, se coloca las gafas y abre el documento): «En nombre de Dios, nuestro Señor Jesucristo y de la gloriosa Virgen María, Madre de Dios, amén. Siendo cosa muy cierta que ninguna persona de las que puesta en esta vida mortal pueda escapar de la muerte, siendo ésta cierta pero incierto el día y el final, y como sea doctrina de sabios preveer los acontecimientos futuros, yo, Ignacio Col y Flor, campesino del pueblo de Cienlatas, postrado por enfermedad de muerte corporal, de la cual temo morir, hago y ordeno mi último testamento en presencia del honorable notario de este término, don Baudilio Patatús y Lío, y como fieles testigos mis honrados vecinos don Macario Pestaña y Chuleta y don Cayetano Mazorca y Cascarilla. Y primeramente declaro que es mi voluntad que se invierta en misas por mi alma el dinero que se obtenga por la venta de mi buey. Y en segundo lugar lego a mi muy amada mujer, doña Quiteria Perdiz y Garza, en pago a sus bondades, el pollo que está en el corral. — El presente testamento fue hecho y ordenado en el pueblo de Cienlatas en el día de hoy». Y aquí, nuestras firmas.

Quiteria (gritando) — ¡Ay, el grandísimo pillastre! ¿Y el dinero?

Notario — No habló de dinero alguno.

Taño — Ninguno, ninguno.

Tina — ¡Ni unos tristes ahorros...!

Quiteria — ¿Y ahora resulta que solamente me deja el pollo?

Notario — Exactamente, tal como lo has oído.

Quiteria — ¿Y lo que saque del buey es para bien de su alma?

Notario — Así lo ha dispuesto.

Quiteria — ¡ El gran sinvergüenza! ¡ Lo pasaré a los tribunales!

Tina — No ganarás nada, Quiteria. Es echarlo en saco roto.

Notario — El testamento es legal.

Quiteria — ¿Qué quiere decir «legal»?

Notario — Que está hecho con todas las exigencias que dispone la ley.

Quiteria — ¡ Pues la ley es también una gran sinvergüenza!  ¡ Y todos los que os habéis metido en este testamento sois igualmente unos desvergonzados! ¡ Quién os mandaba meteros en eso, para hacer lo que habéis hecho!

Pestaña — Oye, oye, Quiteria, ¡ mide tus palabras!

Taño — Eso mismo... Ten cuidado y mide las palabras. Pestaña — Te las haremos tragar.

Tina — Quiteria tiene razón: esto es una burla.

Pestaña — Aquí el único que tiene razón es el difunto...

Quiteria — ¡ Cuentos!

Tina — En paz descanse...

Quiteria — ¡ Y que no vuelva!

Notario — ¡ Orden, señores, orden!

Quiteria — Ladrones, sinvergüenzas,  sacacuartos, falsarios...

Notario — ¡ Calla, Quiteria!

Pestaña — ¡ Ya está bien!

Taño — ¡Encima que pide un favor...!

Quiteria — Embusteros, enredamonas, bergantes, malvados...

Goyo (que aparece por la calle y al oír los gritos se detiene delante de lacasa, a escuchar. Riendo) — Seguid, seguid firmando documentos...


SEGUNDA PARTE


(En el mercado. Quiteria, con el buey y el pollo, está entre los vendedores. Gente de un lado a otro. Charloteo que cesa cuando empieza a hablar Quiteria. Entran Pestaña y Taño )

Quiteria (llamándoles) — ¡Eh! ¿Acaso no queréis hablarme?

Taño — ¿Se te ha pasado la rabieta?

Pestaña — Te pasaste de la raya, Quiteria...

Taño--Si no llega a estar el notario delante...

Pestaña — Y el difunto...

Quiteria — Fue un pronto...

Taño — Pues, cuida de no tener muchos así... Un día puedes encontrarte con alguien que te parta la cabeza.

Pestaña — Hombre, tampoco debes tomártelo así...

Quiteria — Ya sé que vosotros no tuvisteis ninguna culpa. Toda la culpa fue de Nacho, que hasta la muerte quiso hacerme la pascua... (Entra Tina.)

Pestaña — Pero, según parece, ya estás un poco más calmada.

Tina (interviniendo) —¿Y qué quieres que haga, la mujer? ¿Quieres que se dé contra las paredes? Claro que yo no me resignaría. ¡Ah, no!

Pestaña—¡Pues, no sé cómo te las arreglarías...!

Tina — Yo tampoco, pero algo pensaría.

Taño — El notario lo dijo claramente: la ley es la ley.

Tina — Pues, si Quiteria quisiera hacerme caso ¡no daría para misas el importe del buey!

Quiteria — Calla, Tina, calla. Que la voluntad de los muertos es sagrada. Si no fuese así... ¡pocas misas tendría aquel bribón!

Tina — Eres demasiado buena, ¡ he aquí!

Pestaña — Quiteria hace lo que es su deber.

Taño — Y hace bien.

Tina — Será bien tonta si destina a misas el importe del buey.

Quiteria— Lo tengo todo pensado y medido. (Pausa. Con énfasis): el importe del buey será para misas y el del pollo para mí. (Con entonación normal): ¡ Ya veréis cómo respeto la voluntad de Nacho!

Taño — ¡ Eso es una mujer!

Pestaña — ¡ Claro! ¡ Para ella el pollo!

Tina — ¡ Tontaina!

(Se acerca un comprador. Todos le miran. Silencio.)

Comprador I (después de examinar el buey por los cuatro costados) — ¿Cuánto pide usted por ese buey?

Quiteria (serena) —Diez duros. (Los demás comentan: «¿Habéis oído?» «Está loca.» «Pero, ¿qué hace?» «Si lo menos vale mil duros...»).

Comprador I — Me lo quedo. (Intenta cogerlo.)

Quiteria — No vaya usted tan de prisa: el comprador del buey ha de comprar también el pollo.

Comprador I —¡Qué caso! ¿Y eso por qué?

Quiteria — Es así. ¡Si vendo el uno, vendo el otro! Termino de una vez. (Se acerca el Comprador II.)

Comprador I — ¿Y qué quiere que haga con el pollo?

Quiteria — Eso no es cosa mía. Haga usted lo que quiera con él.

Comprador I — Yo no necesito ningún pollo.

Quiteria — Pues, no se lleve el buey.

Comprador II (que se ha ido acercando, escucha la conversación y examina el buey) — Si no lo compra él, lo compro yo. ¿Cuánto vale ese buey?

Quiteria — Diez duros.

Comprador I — Oiga, aún no he dicho que no lo compro. Ya lo tengo apalabrado. Y ese buey me conviene.

Quiteria — Entonces, llévese el pollo.

Comprador I — ¡Es usted atrevida!

Quiteria — Oiga, señor, yo no le he llamado. Y le digo que quiero vender los dos animales juntos.

Comprador I — ¿Tiene usted miedo de que se echen de menos, si les separa?

Quiteria — Si no le conviene el trato, lo deja y en paz.

Comprador II — Perfectamente. Entonces compro yo.

Quiteria — Un momento, más despacio. (A Comprador I.) ¡A ver, decidase de una vez que ya está bien de mirar!

Comprador I — Madre mía, ¡qué genio!

Quiteria — Ande, ande, que me quita la vista. ¡ Decídase!

Comprador I — Venga, véndame el buey, mujer.

Quiteria — ¡ Con el pollo!

Comprador I — Está cargada de manías.

Quiteria — Ande, si no ha de comprar, despeje.

Comprador I — Bueno, vamos a ver si nos ponemos de acuerdo. ¿Cuánto quiere por el pollo? Fíjese bien que está flaco, que parece un arenque.

Quiteria — El pollo vale mil duros.  (Comentarios de sorpresa, como antes.)

Comprador I — ¿Qué? ¿Os habéis vuelto loca?

Quiteria — Como queráis.

Comprador I — ¡Un pollo por mil duros!

Quiteria — Y un buey por diez. Éste es el trato.

Comprador I — ¡Pero si es un pollo desmirriado!

Quiteria — Y un buey espléndido.

Comprador I — No me convence.

Comprador II — Pues si no le conviene, me interesa a mí.

Comprador I — ¡Debe estar usted loco!

Comprador II — ¡Y usted debe ser un tonto!

Comprador I — No lo entiendo.

Comprador II — Pues yo sí. Ande, déjenos hacer tratos.

Pestaña — Claro, hombre. Si no le gusta pagar mil duros por el pollo, hágase cuenta que los paga por el buey.

Comprador I — ¡Pero, si dice que el buey solamente vale diez!

Quiteria — Y es así.

Pestaña — Es como si los pagara por el pollo.

Comprador I — No lo entiendo.

Quiteria — Pues, vaya a paseo.

(El Comprador I queda sorprendido, contando con los dedos.)

Comprador II — Oiga, yo me quedo con los dos animales.

Quiteria — Hecho. Ya sabe cuál es el trato, ¿no?

Comprador II — Claro que lo sé. Tome: mil duros por el pollo.

Quiteria (se los guarda y dice claramente) — Que es lo que mi marido me dejó en testamento.

Comprador II — Y diez duros por el buey.

Quiteria (los coge y dice) — ¡Y esto para misas! ¡Pobrecito!



6. BIBLIOGRAFÍA