Monólogo profesor: “Soy maestro. Hace diez años
que soy maestro de la Escuela de Primaria de Tenancingo, Zac.
Han pasado muchos niños por los pupitres de mi escuela.
Creo que soy buen maestro. Lo creía hasta que salió
Panchito Contreras. No me hacía ningún caso, ni
aprendía absolutamente nada: porque no quería. Ninguno
de los castigos surtía efecto. Ni los morales, ni los corporales.
Me miraba insolente. Lo rogué, le pegué. No hubo
modo. Los demás niños empezaron a reírse
de mí. Perdí toda autoridad, el sueño, el
apetito, hasta que un día ya no lo pude aguantar y, para
que sirviera de precedente, lo colgué del árbol
del patio.”
- Apareció el profesor delante de un fondo rojo; el personaje
fue un hombre de mediana edad, vestido de gris, con aspecto deteriorado
mentalmente, estuvo “enmarcado” en una luz lateral
dura, que fomentó más este aspecto de deterioro,
y en su mano sostuvo una tiza, que al final del relato partió,
reflejo del arrebato que sufren estas personas hasta llegar al
crimen. A su lado tuvo uno de los telares articulados de color
negro, y en el transcurso del monólogo apareció
sobre ese telar negro (a través de focos lumínicos
situados detrás de este se crearán las siluetas),
el co-protagonista, el niño de la escuela, y el árbol
con una soga sobre el cuál el profesor sentó su
precedente. Aclarar que en ningún caso apareció
la figura del niño ahorcado, para evitar herir alguna sensibilidad
y no crear conflicto.
Monólogo
mujer: “Íbamos como sardinas y aquel hombre era un
cochino. Olía mal. Todo le olía mal, pero sobre
todo los pies. Le aseguro a usted/es que no había manera
de aguantarlo. Además el cuello de la camisa, negro, y
el cogote mugriento. Y me miraba. Algo asqueroso. Me quise cambiar
de sitio. Y aunque usted no se lo crea, ¡aquel individuo
me siguió! Era un olor a demonios, me pareció ver
correr bichos por su boca. Quizá lo empuje demasiado fuerte.
Tampoco me van a echar la culpa que las ruedas del camión
pasaran por encima.”
- Siguiendo el mismo esquema del monólogo anterior. Aquí
la protagonista fue una mujer joven, con un aspecto benevolente,
que al principio estuvo iluminada por una luz difusa, a dos lados,
que cambió a una luz más dura en la evolución
de su enfado, y se marcaron los mismos rasgos comentados anteriormente
en el monólogo del profesor. Ella fue vestida de negro
y estuvo situada delante de un fondo rojo, mientras que las siluetas
aparecieron en un fondo negro nuevamente, y dichas siluetas fueron
la del personaje repugnante que la mujer cita, las de la propia
protagonista, y gran cantidad de siluetas de personas y bichos,
todo ello se acompañó de una luz focal delantera
que centró la atención en la silueta del hombre
y demás elementos que aparecieron a lo largo del monólogo,
para terminar finalmente con la silueta característica
de las obras policíacas que representaron la escena de
un crimen, y con ella las huellas de un camión.
Monólogo
café: “Empezó a darle vueltas al café
con leche con la cucharita. El líquido llegaba al borde,
llevado por la violenta acción del utensilio de aluminio.
(El vaso era ordinario, el lugar barato, la cucharilla usada,
pastosa de pasado). Se oía el ruido del mental contra el
vidrio. Ris, ris, ris, ris. Y el café con leche dando más
vueltas y más vueltas, con un hoyo en su centro. Yo estaba
sentado en frente. El café estaba lleno. El hombre seguía
moviendo y removiendo, inmóvil, sonriente, mirándome.
Algo se me levantaba de adentro. Le miré de tal manera
que se creyó en la obligación de explicarse: - Todavía
no se ha deshecho el azúcar. Para probármelo dio
unos golpecitos en el fondo del vaso. Volvió en seguida
con redoblada energía a menear metódicamente el
brebaje. Vueltas y más vueltas sin descanso, y el ruido
de la cuchara en el borde del cristal. Ras, ras, ras. Sentido,
seguido, seguido sin parar, eternamente. Vuelta y vuelta y vuelta
y vuelta. Me miraba sonriendo. Entonces saqué la pistola
y disparé.”
- En este monólogo apareció un señor contando
el suceso ante una pared rojo intenso. Este señor se encontraba
sentado en un sillón cómodamente y con un aspecto
muy tranquilo fumándose un cigarro. Se vistió con
un traje de chaqueta de manera que representaba cordialidad y
seriedad. Estuvo iluminado por una luz intensa que procedía
de su espalda, de forma que el rostro no quedó iluminado
sino en penumbra. A su lado apareció en la pantalla de
tela color blanco un remolino moviéndose que representaba
mediante sombras el equivalente al movimiento del café
mientras que se removía con la cucharilla. En el final
de la escena apareció en la pantalla la misma silueta del
remolino pero moviéndose mucho más rápido
y de forma inmediata aparecieron gotas como si de una explosión
se tratase, queriendo hacer una alusión a un disparo.
Monólogo mecanografía: “Era la séptima
vez que me mandaba a copiar aquella carta. Yo tengo mi diploma,
soy una mecanógrafa de primera. Y una vez por un punto
y seguido, que él dijo que era aparte, otra vez porque
cambió un << quizás>> por un <<tal
vez>>, otra porque se fue una v por una B, otra porque s
ele ocurrió añadir un párrafo, otras no sé
porque, la cosa es que la tuve que escribir siete veces. Y cuando
se la llevé, me miró con esos ojos hipócritas
de jefe de administración y empezó, otra vez: <<Mire
usted señorita…>>. No lo dejé acabar.
Hay que tener más respeto con los trabajadores.”
-En este monólogo, al igual que el anterior, apareció
un señor de aspecto formal con traje, sentado esta vez
en una silla de despacho guardando relación al contenido
del monólogo. A su lado, apareció en la pantalla
de tela, letras que fueron apareciendo una por una, sin llegar
a formar ningún tipo de texto con sentido. Conforme fue
transcurriendo el monologo iban apareciendo más letras
de forma lineal hasta que se comete el crimen, donde las letras
se cayeron de golpe formando una montaña en la parte inferior
de la pantalla. Justo encima del montón de letras, aparecieron
puntos suspensivos.
Monólogo
del cine: “A mi me gusta mucho el cine. Yo llego siempre
a la hora exacta en que empieza la función. Me siento,
me arrellano, me fijo, procuro no perder palabra, primero porque
he pagado el precio de mi entrada, segundo porque me gusta mucho
instruirme. No quiero que me molesten, por eso procuro sentarme
en el centro de la fila, para que no pasen delante de mí.
Y no resisto que hablen. ¡No lo resisto! Y aquella pareja
se pasó El noticiero Universal cuchicheando. Estuvieron
más o menos callados durante la película de dibujos,
que no era buena y que además ya había visto. (Es
una cosa a la que no hay derecho, en un cine de estreno.) Volvieron
a hablar durante el documental. Me volví airado, con lo
que se callaron durante medio minuto, pero cuando empezó
la película ya no hubo quien los aguantara. Yo estaba seguro
de contar con la simpatía de los que estaban sentados a
mi alrededor. Empecé a sisear. Entonces se volvieron todos
contra mí. Era una injusticia flagrante. Me revolví
contra los habladores y grité en voz alta:
-¡Van a callar ustedes de una vez!
Entonces aquel hombre me contestó una grosería.
¡A mí! Entonces saqué mi fierrito. A ése
y a los demás para que aprendieran a callar.”
-El protagonista de éste monólogo fue una persona
de unos 35 años, de aspecto informal, pelo con tupé,
y vestido con unos pantalones vaqueros ajustados y cazadora de
cuero. Con ojeras y mirada perdida. En una de las cortinas blancas
se reflejó la cuenta atrás del comienzo de una película
antigua, y el protagonista, sentado en una butaca de cine, comenzó
a hablar mientras que no paraba de dar caladas a un cigarrillo,
muy nervioso. En la cortina se reflejaba al mismo tiempo el parpadeo
de una película en blanco y negro, pero difusa y el sonido
de la grabación, y aparecieron palabras (bla, bla, bla)
en la parte inferior, sin orden aparente. Cuando llegó
a la parte en la que la gente no paraba de hablar, las palabras
comenzaron a ascender por la cortina. De repente la cortina blanca
se volvió roja.
Monólogo
del aburrimiento: “¿Usted no ha matado nunca a nadie
por aburrimiento, por no saber qué hacer? Es divertido.”
-Fue una escena oscura, donde únicamente hubo un foco de
luz con un ángulo contrapicado(10) por detrás del
personaje, que se encontraba atado con una camisa de fuerza, y
no paró de balancearse de atrás hacia delante. Las
cortinas eran todas negras. Se trató de una escena muy
sencilla donde los detalles sobraron.
El
elemento principal utilizados en la mayoría de los monólogos
representados es el Proyector de Recorte con gobos, que en la
actualidad tiene numerosos recursos para aplicarlos en escenografía.