2.a. Información sobre
el contexto histórico.
Aunque la información que a continuación se adjunta
no es imprescindible para un proyecto escenográfico, siempre
es aconsejable conocer el contexto histórico en el que
se desenvolvió el autor para comprender en mayor grado
las características de la obra.
En cuanto al marco histórico
debemos situarnos en el reinado de Isabel I, que ocupará
un relevante hueco en la historia europea del siglo XVI. Isabel
reina desde hace seis años cuando William Shakespeare nace
en 1564.
Durante este período, Inglaterra,
débil Estado con escasa población, bastante pobre,
oscurecida y mal conocida en el exterior, pasa al rango de gran
potencia y alcanza un grado sorprendente de prosperidad material.
Isabel
I, hija de Enrique VIII y Ana Bolena, desarrolló un reinado
durante el cual se producirían una buena serie de logros:
la Monarquía acrecentó su poder, consolidando
su soberanía en el interior del país y pudiendo
a la vez desarrollar una política exterior más
ambiciosa; se afianzó la reforma anglicana, triunfando
finalmente sobre católicos y puritanos; se impulsó
un crecimiento económico acelerado que trajo consigo
la prosperidad del Reino y el enriquecimiento de los sectores
emprendedores de la población. |
00 |
| Isabel
I de Inglaterra |
La prosperidad económica
del reinado de Isabel I fue general, aunque serán la nobleza
y la burguesía mercantil las más beneficiadas gracias
a los monopolios y concesiones otorgados por la Monarquía.
Junto al desarrollo económico debemos advertir la prosperidad
cultural del momento cuyo máximo representante será
William Shakespeare, recogiendo en sus escritos la sociedad de
la época.
|
Sin duda el
rasgo más dominante de la Inglaterra de la época
de Shakespeare es la coexistencia de la brutalidad de las
costumbres con el refinamiento de la cultura.
No solamente
muchos gentiles hombres saben igualmente bien componer un
soneto o una elegía que manejar la espada o la daga,
sino que además, una cantidad de comerciantes mediocres,
de artesanos y hasta de campesinos, compran libros y los estudian.
La traducción
de la Biblia al lenguaje del vulgo ha dado a las masas el
gusto por la lectura; los cantos y las baladas populares ponen
la poesía al alcance de los humildes; la instrucción
se propaga. 00
|
Burgueses
de la época |
|
En síntesis,
la etapa isabelina resultaría una de las más exitosas
de la historia moderna de Inglaterra, llegando el país
a convertirse en potencia destacada dentro del mundo europeo occidental.
La fuerte personalidad de la reina, su permanencia en el poder
casi medio siglo, su eficaz actuación como gobernante y
su pragmatismo contribuyeron en gran medida al avance espectacular
de la realeza inglesa y, con ella, del Reino en su conjunto durante
estos años.
Respecto al contexto cultural
debemos situarnos en el movimiento humanista. Los humanistas se
consagraron al cultivo de las humanidades, concebidas como disciplinas
que proporcionan un saber integral. Sus estudios se dirigieron
preferentemente hacia el conocimiento de los autores de la Antigüedad.
Dentro de este contexto cultural
debe ser comentado, aunque sea brevemente el teatro isabelino,
del que Shakespeare formaba parte. Este teatro resumía
la supervivencia de un teatro popular y una experiencia social.
La tradición popular medieval se fundió así
con la experiencia colectiva y la conciencia histórica..
El drama popular iba a ser enriquecido por el humanismo renacentista.
El humanismo añadiría temas, formas y estructuras
novedosas.
El teatro isabelino, lograba una
síntesis de valores populares y renacentistas.
 |
Imagen
de un teatro en Londres.
Eran modelados
con base en las arenas circenses de la época, de estructura
poligonal con galerías para espectadores sentados,
aunque la mayor parte del público se quedaba de pie
en el patio que rodeaba el escenario.
|
La época de Shakespeare
fue una época de marcada individualización, emanada
de las reflexiones filosóficas sobre el hombre, nacida
del estudio empírico de las pasiones y de la teoría
de los caracteres, surgida de un estilo de vida caballeresco y
cortesano. Cervantes y Shakespeare son los videntes de la individualización,
deben sus logros a esta captación de la historia que vivieron.
Fueron tres las novedades que
introdujo el drama humanístico en el teatro:
- Transformó el teatro
medieval, que era esencialmente la representación y pantomima,
en obra de arte literaria.
- Aisló, para realizar
la ilusión, la escena, del público.
- Concentró la acción
tanto en el espacio como en el tiempo, sustituyendo, la desmesura
épica de la Edad Media por la concentración dramática
del Renacimiento.
2.b.
Información sobre el autor.
De igual manera que se comentaba
en el punto anterior, la recopilación de los datos biográficos
del autor no es una documentación indispensable, pero nos
puede ayudar a entender aspectos de la obra que se nos escapen
en la simple lectura de ésta. Y dado que este trabajo tiene
un carácter didáctico, no se ha dudado en adjuntar
estos datos como parte de la información útil.
| |
Resulta imposible
llevar a cabo una exposición completa y rigurosa de
la vida de este famoso autor inglés, pues son muy pocos
los datos comprobados que se tienen de él.
Se mantiene
tradicionalmente que nació el 23 de abril de 1564,
y se sabe a ciencia cierta que fue bautizado al día
siguiente, en Stratford-upon-Avon. Tercero de ocho hermanos,
fue el primer hijo varón de un próspero comerciante,
y de Mary Arden, hija a su vez de un terrateniente católico.
Probablemente,
estudió en la escuela de su localidad y, como primogénito
varón, estaba destinado a suceder a su padre al frente
de sus negocios. Sin embargo, según un testimonio de
la época, el joven Shakespeare tuvo que ponerse a trabajar
como aprendiz de carnicero, por la difícil situación
económica que atravesaba su padre.
|
| Retrato
de W. Shakespeare |
Según otro testimonio,
se convirtió en maestro de escuela. Lo que sí parece
claro es que debió disfrutar de bastante tiempo durante
su adolescencia, pues en sus obras aparecen numerosas y eruditas
referencias sobre la caza con y sin halcones, algo poco habitual
en su época y ambiente social.
En 1582 se casó con Anne
Hathaway, hija de un granjero, con la que tuvo una hija, Susanna,
en 1583, y dos mellizos —un niño, que murió
a los 11 años de edad, y una niña— en 1585.
Al parecer, hubo de abandonar Stratford ya que le sorprendieron
cazando ilegalmente en las propiedades de sir Thomas Lucy, el
juez de paz de la ciudad.
Se supone que llegó a Londres
hacia 1588 y, cuatro años más tarde, ya había
logrado un notable éxito como dramaturgo y actor teatral.
Poco después, consiguió el mecenazgo de Henry Wriothesley,
tercer conde de Southampton.
La publicación de dos poemas
eróticos según la época de la moda. Tiende
en ellos al refinamiento en el análisis de los sentimientos
de los personajes. De hecho, la reputación actual de Shakespeare
se basa, sobre todo, en las 38 obras teatrales de las que se tienen
indicios de su participación, bien porque las escribiera,
modificara o colaborara en su redacción.
Aunque hoy son muy conocidas y
apreciadas, sus contemporáneos de mayor nivel cultural
las rechazaron, por considerarlas, como al resto del teatro, tan
sólo un vulgar entretenimiento.
La vida de Shakespeare en Londres
estuvo marcada por una serie de arreglos financieros que le permitieron
compartir los beneficios de la compañía teatral
en la que actuaba, la Chamberlain’s Men, más tarde
llamada King’s Men, y de los dos teatros que ésta
poseía, The Globe y Blackfriars.
Sus obras fueron representadas
en la corte de la reina Isabel I y del rey Jacobo I con mayor
frecuencia que las de sus contemporáneos, y se tiene constancia
de que sólo en una ocasión estuvo a punto de perder
el favor real.
Fue en 1599 cuando su compañía
representó la obras de la deposición y el asesinato
del rey Ricardo II, a petición de un grupo, de cortesanos
que conspiraban contra la reina Isabel, encabezado por un ex-favorito
de la reina, Robert Devereux, y por el conde de Southampton, aunque
en la investigación que siguió al hecho, la compañía
teatral quedó absuelta de toda complicidad.
A partir del año 1608,
la producción dramática de Shakespeare decreció
considerablemente, pues al parecer se estableció en su
ciudad natal donde compró una casa llamada New Place. Murió
el 23 de abril de 1616 y fue enterrado en la iglesia de Stratford.
2.c.
Información sobre la obra.
En este punto se exponen datos
relacionados con el contexto histórico al que se hace referencia
en la obra, es decir, la época en la que se ambienta El
Mercader de Venecia. Datos éstos que hacen mención
a la situación política, social, cultural de dicho
período, así también como a la indumentaria
habitual por aquel entonces. Este punto es de suma relevancia
pues nos da las claves para la realización de la parte
práctica del proyecto.
William Shakespeare escribió
El Mercader de Venecia alrededor de 1597. Siendo esta la época,
la historia no podía desarrollarse entorno a otro problema
que no fuera el existente entre los judíos y los cristianos
en la Venecia del siglo XVI, que es donde queda ambientada.
En el siglo XVI se vive el final
del Renacimiento en Italia. Políticamente, el país
se organizó en torno a ciudades-estado que obtuvieron un
gran auge artístico y político encabezadas por Florencia.
En el Renacimiento la historia de Italia es la de sus cinco estados
principales: Florencia, Milán, Nápoles, Venecia
y el Papado.
Las guerras entre los estados
italianos se hacían mediante contratos, a través
de los condotieros, durante casi dos siglos. Desde finales de
l siglo XV los condotieros fueron personajes para los que la guerra
era una empresa esporádica más que una actividad
permanente; la clave de este sistema se basaba en la condotta,
contrato en el que se especificaban las condiciones de los servicios
prestados por el capitán y sus soldados y su retribución
por ellos.
Nace la clientela, debido a que
la economía se va liberando y van tomando autonomía
los pequeños comerciantes y banqueros que, con su mecenazgo,
van a impulsar relaciones comerciales a nivel nacional e internacional.
El nacimiento del mecenazgo impulsó
también planteamientos gremiales, siendo la propia ciudad
la que generosamente propició con los fondos de sus arcas
el engrandecimiento de las ciudades.
El espíritu comercial
el elemento esencial en Venecia y los mercaderes fueron la fuerza
dirigente del estado. De este modo fueron las ricas familias patricias
quienes introdujeron una forma republicana de gobierno, que no
existía en ninguna otra ciudad-estado italiana en la Edad
Media.
Estaban decididos a no ser mandados
por cualquiera, especialmente cuando no servía a sus intereses
financieros, y continuamente se alzaban en sangrientas rebeliones.
Los venecianos carecían de tierra suficiente para cultivar
intensivamente así que controlaron el comercio de especias,
proveniente de Oriente.
La Venecia renacentista es una
ciudad-estado tan antisemita como cualquier otra de Europa, aunque
respeta más las leyes, por interés comercial, lo
que sirve de parapeto a los judíos respecto a las agresiones
de los cristianos, pero no evita su odio y sus insultos.
Aún así, El mercader
de Venecia es una obra que no habla exclusivamente de los judíos
y los venecianos. Usa la época del Renacimiento para referirse
a la situación de dos culturas que no entienden sus respectivas
sabidurías y creencias.
Los judíos se hallan marginados,
aislados en el gueto y despreciados en una sociedad de mayoría
cristiana. Sin embargo, a la vez los necesitan para mantener la
economía local y, ésta, recurrirá con frecuencia
a los servicios que ofrecen para obtener préstamos caracterizados
por la usura.
El término ghetto con
que se les designaba, pudo surgir del barrio en Venecia, que estaba
cerca de una fundición (getto en italiano) y que en 1516
se transformó en residencia obligada de los judíos.
O podría derivar del arameo guet, término relativo
a separación.
Como en el caso de las otras
prácticas ya mencionadas, los guetos se difundieron más
cuando la Iglesia reaccionó contra la reforma, una reacción
que en general agravó la situación de los judíos
en las regiones que permanecieron católicas. Desde la segunda
mitad del siglo XVI los guetos fueron introducidos en Italia.
En Venecia se creó como
una institución estable y en Roma, los judíos fueron
obligados a trasladarse y se les amuralló. Se suponía
que la degradación y humillación del judío
llevaría ulteriormente a su cristianización.
En este período, una riqueza
fabulosa comienza a llegar a la zona con el Renacimiento. La brújula
magnética facilita enormemente la navegación. El
perfeccionamiento de la pólvora fomenta las guerras, la
imprenta, recién llegada de Alemania, hace que la difusión
de las ideas sea rápida y barata.
Además, al verse rodeados
por las glorias del mundo antiguo los señores feudales,
los oficiales electos y los mercaderes ricos de todas partes emplean
su nueva fortuna para recrear la gloria de Roma. Esta tendencia
es mucho más evidente en Florencia y Venecia.
Los príncipes-mercaderes
de la familia Médicis controlan un enorme imperio banquero
y comercial radicado en la ciudad. Lorenzo de Medici, mercader
y alquimista local, convierte sus productos en oro y emplea este
dinero para crear la Catedral de Florencia, la primera piedra
de lo que se conocerá como arquitectura Renacentista.
La inmensa cúpula, decorada
con exquisitos estucos, mármoles y piedras rojas, domina
la ciudad y puede verse desde varios kilómetros. Desde
los tiempos de la antigua Roma ningún arquitecto o ciudad
se había atrevido a construir un monumento así (al
menos en Europa).
Los trabajos ya se han prolongado
100 años, y su terminación es un importante acontecimiento,
uno que los principales constructores de Europa aseguraron que
no llegaría nunca. Sin embargo, se logra gracias al talento
de Filippo Brunelleschi. Se trata mas de un ingeniero que de un
arquitecto, y ha estudiado los edificios de los antiguos romanos,
desenterrando el secreto de su construcción.
La cultura clásica regresa
a Italia, y la Catedral de Florencia no es más que el comienzo.
La Toscana es el centro del resurgir cultural de los siguientes
cien anos. Los mercaderes, los políticos e incluso la Iglesia
pugnan por tener a los mejores y mas modernos artistas pintando
sus retratos y construyendo sus hogares.
Los personajes italianos se verán
rodeados por una economía en auge, edificios cada vez mas
magníficos, escuelas mayores, productos de todos los rincones
del globo, logros en las artes y las ciencias y una Iglesia indulgente.
Se trata de una época emocionante y turbulenta.
Los libros de Aristóteles
traen la lógica al mundo. La obra de Erasmo promueve la
filosofía “oficial” del Humanismo. Los antiguos
textos cabalísticos vuelven a fomentar el estudio de la
alquimia y la magia entre los legos. Ideas nuevas y olvidadas
surgen por todas. Despertar en este entorno es parte del espíritu
de la época.
Por su parte, la Iglesia se vuelve
autoindulgente. Nace la ética puritana del trabajo, con
raíces en valores paganos escandinavos como la austeridad,
el coraje y la resistencia. La piedad se valora por encima de
todas las cosas.
| |
Vestuario
renacentista
Por otra
parte, el vestuario. La mayoría de la moda Renacentista
tiene su origen en Italia.
Esta
nación controla por completo el comercio de la
seda, de modo que los mejores paños, terciopelos
y brocados (así como otros tejidos de calidad)
se producen allí.
|
En el siglo XV los vestidos masculinos
se acortaron y las calzas se alargaron, de seda de color brillante
sujetas a las rodillas con complicados lazos o ligas enjoyadas..
Comenzaron a llevar una toga que se modificó hasta convertirla
en una especie de corpiño abierto a los costados afirmado
a la cintura y bajo los brazos.
Más tarde, se transformó
en una casaca abierta adelante en cuyas mangas se bordaban los
escudos familiares. La ropa tenía colores muy vivos y se
empezaron a usar muchas pieles (marta, marmota, armiño)
que se incorporaron a las capas y sobretodos. Algunos hombres
se cubren los muslos con bombachos, mientras que otros llevan
una especie de calzas menos ajustadas. Esta cubrición de
los muslos suele ser de varios colores y corte complejo.
Los caballeros utilizan una coquilla
para suplir la falta de tejido en la entrepierna. Esta pieza tuvo
unos humildes orígenes como un simple trozo de tela atada
al bombacho o a las calzas con lazos, pero en tiempos de Enrique
VIII se había convertido en un símbolo de distinción.
Algunas de estas coquillas están acolchadas, o incluso
decoradas con joyería.
La camisa larga, normalmente
de seda o lino, se enlaza en el cuello y las muñecas y
se lleva sobre los leotardos. El hombre elegante también
viste un jubón, la respuesta Renacentista al justillo.
Esta prenda tiene tanto una función práctica como
estilística.
La parte superior de las calzas
se ata al jubón y los nudos se ocultan bajo el cinturón
o la faja. Pueden ser sencillos, de lana oscura, o estar hechos
de terciopelo de colores extravagantes, finos brocados e intrincados
bordados. Este atuendo se completa con una capa, zapatos o botas
y un sombrero piano o redondo con una pluma.
|
Traje
típico de los caballeros |
Los Duques de Borgoña transformaron
a Dijon en un centro de la moda, la elegancia y la suntuosidad,
siendo el reflejo estético del Renacimiento. Sin embargo,
la burguesía mercantil seguía vistiendo con sencillez.
El vestuario femenino se caracterizó
por el escote cuadrado, los bordados de oro y plata. Los hombres
abultaron sus mangas con rellenos y extendieron las colas que
llegaron a medir 5 metros. El sombrero adquirió forma de
turbante con amplias alas. El pelo de las damas coronaba la cabeza
con complicados moños de trenzas.
Estos dibujos
(c. 1540) de Hans Holbein, muestran el vestido femenino
durante la primera mitad del siglo XVI.
Llevaban
un corpiño y falda cosidos en una sola pieza debajo
de un vestido, ajustado a la cintura, que llegaba hasta
el suelo.
Las mangas
eran amplias, con puños de piel, y el escote bajo
y de corte cuadrado.
|
 |
Una dama italiana de las clases
altas nunca saldría a la calle sin un par de chopines (la
primera versión del zapato de plataforma) para mantener
su falda y sus delicados pies alejados del barro.
En los trajes predominan las cinturas
altas, la falda larga y las mangas elaboradas. La dama se enfunda
un camisón de seda o lino llamado chemise, seguido por
una camisa de color fuerte sobre el que se lleva una falda o vestido
pesado de brocado o terciopelo.
Esta pieza suele estar exquisitamente
decorada con hilo de oro o plata y con numerosas incrustaciones
de joyas y cuentas. Las mangas están simplemente sujetas
al vestido, lo que ofrece una gran versatilidad: una dama puede
cambiar de traje cambiando las mangas. Estos lujos no se emplean
a diario, salvo que se pertenezca a la nobleza. Para la ropa de
diario se suele preferir la lana.
Por supuesto, una señora
con gusto también viste ese imprescindible accesorio de
la moda, el corsé. Suele estar hecho de acero, hierro o
cuero endurecido para mantener el pecho erguido y la cintura lo
mas estrecha posible. Después de todo, como indica Caterina
de Medici, “una cintura grue¬sa es una falta de educación”.
Al final se acabaran aceptando
las cinturas normales y el corsé será mas ornamental
que práctico. La mujer también puede tener que sufrir
una falda con aros inventada por los españoles. Durante
el reinado de Isabel esta prenda dificultara a las jóvenes
mas arrojadas acercarse demasiado a sus amores... o pasar por
las puertas.
Respecto
a la cabeza de la mujer, por fortuna los pesados sombreros
medievales puntiagudos han desaparecido en favor de estilos
más favorecedores.
En los
círculos elegantes ingleses se usa el sombrero
con gablete.
Se coloca
sobre la parte trasera de la cabeza y tiene la forma de
una pequeña cubierta a dos aguas, de donde recibe
el nombre.
|
|
Tocado
de la época |
Otro cambio significativo de la
moda se produce en el siglo XV: las mujeres muestran su cabello.
Durante la época medieval las nobles se cubrían
la melena (mostrarla era considerado pecaminoso) y pasaban horas
frente al espejo peinándosela hacia atrás para mostrar
la mayor entrada posible.
Por su parte, el hombre y la mujer
medios no pueden permitirse seguir las modas porque trabajan en
los campos, con un estilo totalmente medieval.
Las campesinas visten la misma
chemise que las nobles, pero de un material mucho mas barato y
con una sencilla falda de lana encima con un corpiño que
se ata al frente. Los sombreros varían dependiendo del
clima y de la profesión (y de la riqueza y la disponibilidad
de tejidos), pero la mujer media viste una variación del
griñón (un pañuelo que se pasa por el cuello
y que rodea por completo el rostro, completado a veces con un
velo) o un sombrero en forma de mono, que parece una boina acolchada
que se lleva en la parte trasera de la cabeza.
Las campesinas pueden exhibir
sin peligro las piernas por debajo de las rodillas. Cuando se
trabaja en el campo no es practico arrastrar la falda (probablemente
la única falda ).
Irónicamente, en el renacimiento
se acepta el pecho de las mujeres desnudo. Hay que amamantar a
los niños, y casi todas las damas tienen al menos uno del
que cuidar. Desnudarse cada vez que el niño quiere comer
es un gran inconveniente, de modo que el corpiño se abre
para permitir el acceso a los pechos.
Algunas mujeres, especialmente
las prostitutas y las cortesanas, muestran sus encantos en público
con otros motivos... No es que el pecho femenino no resulte atractivo
en este periodo, pero no es tabú, y por lo tanto pierde
gran parte de su atractivo.
El trabajador ordinario viste
una versión mucho mas sencilla de las ropas de los nobles:
unas calzas u otro tipo de pantalón y una camisa larga.
Una túnica reemplaza al jubón, aunque este puede
vestirse en las ocasiones especiales. La túnica suele ceñirse
con un cinturón. Aun no se ha inventado el bolsillo, así
que todo lo que un hombre lleva cuelga del cinto en bolsitas o
de cordeles.
Tenlo en cuenta al decidir que
quieres que lleve tu personaje. Si un objeto no puede llevarse
de esta manera es posible que sea demasiado engorroso para preocuparse.
Los zapatos son un accesorio
opcional en el vestido de un campesino, en parte porque a no ser
que el frío sea extremo son poco prácticos y especialmente
por su altísimo precio. Los pobres, especialmente los niños
y los campesinos, suelen ir descalzos.
Los primeros zapatos Renacentistas
están hechos de cuero envolviendo el pie y cosido en el
talón, cerrándose como una bolsa. Los ingeniosos
holandeses tallan sus zuecos en madera. La zapatería es
un oficio laborioso: no puedes ir simplemente y pedir un par de
zapatos, sino que se hacen a medida. El calzado (o la falta de
él) es una señal de posición.
2.d.
Información relacionada con representaciones previas de
la obra.
Tal y como se ha comentado en
la metodología, la información sobre otras representaciones
de la misma obra es un punto de gran importancia ya que nos permite
comparar nuestras ideas escenográficas con los trabajos
que profesionales del sector han realizado previamente. Así
mismo, estas referencias pueden sugerirnos nuevas ideas a la hora
de efectuar la parte creativa.
El Mercader de Venecia no ha sido
una de las obras más representadas de William Shakespeare,
aunque no por eso careció de importancia.
El único dato existente
para fijar la cronología de El mercader de Venecia es un
pasaje de Francisco de Meres, bachiller en Artes por Cambridge,
y más tarde eclesiástico, inserto en su libro Palladis
Tamia (Tesoro del ingenio), que se publicó en 1598.
En él, como prefacio a
una colección de máximas y apotegmas de autores
antiguos, aparece una lista de obras de Shakespeare, entre las
que figuran Los dos hidalgos de Verona, la Comedia de las equivocaciones,
Trabajos de amor perdidos, El sueño de una noche de San
Juan y El mercader de Venecia.
Sigue luego una enumeración
de tragedias; y del perfecto orden que se observa en la cita de
todas las producciones shakespearianas que a la sazón conocía
el referido literato se ha deducido que El mercader de Venecia
es, en efecto, la última de las comedias hasta entonces
representadas.
Puede, por tanto, asegurarse
que debió de ser escrita en 1595 ó 1596, a raíz,
o poco tiempo después, de inaugurarse El Globo, principal
escenario de las piezas del célebre dramaturgo, teatro
que, si no se abrió a fines de 1594, es seguro que funcionaba
a principios de 1595.
La apertura había de verificarse
con un estreno, o de comedia o de tragedia. Siendo, pues, el único
autor de los coliseos The Globe y Black-Friars nuestro poeta,
y Romeo y Julieta y El mercader de Venecia las novedades de los
años aludidos, no es aventurado suponer que fuera una de
las dos la elegida.
La famosa comedia de que nos
ocupamos fue uno de los más resonantes éxitos de
Shakespeare. El doctor Symon Forman, amigo y contertulio suyo,
cuenta en sus Memorias la noche agradable transcurrida en una
de sus primeras representaciones.
A partir de ese momento, hasta
nuestros días, muchas serán las representaciones
teatrales que se harán de esta obra. Documentación
esta demasiado amplia para recopilarla y exponerla en este proyecto.
Por ello nos limitamos a hacer a algunas referencias, como la
que a continuación citamos relativa a un montaje presentado
por el Aula de Teatro de la Universidad de Alicante en 1998.
Según palabras del director:
“La
acertada lectura que hizo Shakespeare del carácter latino
facilita la descodificación por parte del receptor mediterráneo
actual. El desparpajo y la desinhibición expresados en
dichas obras por el hecho de estar localizadas ambas en Italia,
y no en Inglaterra, permite a su vez un mayor atrevimiento escénico
que siempre agradece un público juvenil.
La puesta en escena
de la primera obra, El mercader de Venecia, fue una propuesta
inicial de Juan Luis Mira a principios de 1997 que tuvo su continuación
con mi traducción del texto con vistas a este objetivo
común.
Es indudable que
el hecho de conocer por adelantado el proyecto constituye un acicate
a la hora de acometer la traducción. Pese a ser el primer
Shakespeare que Juanluis acometía en su amplia trayectoria
teatral (cumple ahora veinte años al frente de su compañía
profesional Jácara), la línea seguida en otros montajes
suyos permitía anticipar una propuesta fresca, contemporánea
y, a su vez, no estrictamente académica en el sentido más
purista del término.
Hice acopio de
múltiple material bibliográfico tanto desde una
perspectiva lingüística como desde el prisma de la
crítica literaria y, aunque toda traducción implique
necesariamente una interpretación, intenté respetar
la multiplicidad de lecturas adscritas a los distintos personajes
y a la obra.
Por poner dos
ejemplos significativos de la diversidad de interpretaciones que
surgen a partir de este texto, podemos considerar que la posible
atracción homosexual de Antonio por Bassanio como respuesta
a la pesadumbre que le embarga, o el presunto posicionamiento
reivindicativo femenino de Porcia, la única capaz de vencer
a Shylock aún a fuerza de vestirse de hombre, están
potencialmente presentes para quien quiera leerlo así en
la traducción.
Más tarde
serán la puesta en escena, la disposición de los
actores y el propio bagaje receptor del público los que
contribuyan a determinar la descodificación del texto.
El tratamiento del personaje de Shylock es, indiscutiblemente,
el aspecto conceptual más llamativo desde una perspectiva
contemporánea.
La polémica
sobre el carácter antisemita de la obra y la intencionalidad
de Shakespeare al respecto han sido caldo de cultivo para infinidad
de artículos y libros sobre el tema. La propuesta de Juanluis
busca que el espectador se sienta copartícipe en el trato
degradante hacia Shylock y, por tanto, incómodo sobre su
postura hacia “el otro”, si utilizamos la terminología
postmodernista.
Para conseguir
este efecto, y siempre que el escenario lo permitiera, se situaban
unas gradas encima del mismo con cabida para unas cincuenta personas
y se invitaba a los espectadores que quisieran a que las ocuparan
para ver la función, pasando a constituirse ellos mismos
en elementos escenográficos con los que se identificaba
el resto del público de ese patio de butacas.
En momentos puntuales
de comportamiento agresivo hacia Shylock (I.iii y III.i), Bassanio
y Salerio se dirigen a las gradas para establecer complicidad,
pero es en la escena del juicio (IV.i) donde, al sentarse los
personajes entre el público (algunos incluso en el patio
de butacas) se fuerza una comunión de masas, generalizándose
las burlas de Graciano como si todos los presentes las gritaran.
Se extiende una
incomodidad general ante la crueldad con que se trata a Shylock,
en algunos casos tan insoportable para los espectadores que las
palabras de Graciano llegaron incluso a producir una risa balsámica
para atenuar la tensión. Otro recurso escenográfico
muy efectivo fue la utilización de tres escaleras de mano
que atravesaban el escenario de lado a lado como único
elemento permanente que permitiera transformar los espacios.
Así, las
dos escaleras de los extremos representaban a Venecia y Belmont,
mientras que la que estaba en el centro era un punto intermedio
en el que confluían los dos mundos. A su vez, fueron los
tres espacios donde se colocaron los cofres, y también
sirvieron como balcón desde el que se asomaba Jessica antes
de escapar con Lorenzo. Pero al tumbar las escaleras sobre el
suelo se transformaban en localizaciones más concretas
de ambos mundos.
Una escalera actuaba
como reclinatorio de una iglesia ante el que están arrodilladas
Porcia y Nerissa en I.ii y, como ejemplo más significativo,
en la escena del juicio, las dos escaleras tumbadas a los extremos
correspondían a los dos banquillos en los que se sitúan
Shylock y sus contrincantes, Antonio y Bassanio, mientras que
en la escalera puesta en pie en el centro se halla subida la Duquesa
que preside el juicio.
En suma, una prueba
de que con pocos medios y mucha imaginación se pueden obtener
resultados incluso más acordes con este tipo de propuestas
universitarias que cuando se dispone de mayores presupuestos”.
En cuanto a las representaciones
cinematográficas, ya en la era del cine mudo se realizaron
alrededor de cuatrocientas adaptaciones de obras de Shakespeare.
Algunas de ellas, han pasado a la historia como documento valioso
al reproducir los estilos de interpretación, los escenarios,
iluminación, gestos, vestuario y atrezzo que se utilizaba
a finales del siglo XIX.
Esto, para un historiador no tiene
precio. Sin embargo, al no poder oírse ni una sola palabra
la mayor parte de esas adaptaciones eran de diez minutos de duración,
a los que había que incluir los rótulos con los
textos para que los espectadores siguieran la representación.
Entre las películas realizadas
sobre esta obra se puede citar la protagonizada en 1973 por Laurence
Olivier y su esposa, Joan Plowright y en la que se le otorga un
rotundo ambiente victoriano a la pieza.
Así también
la reciente adaptación de Michel Radfor, protagonizada
por Al Pacino y Jeremy Irons.
Según la crítica,
esta nueva adaptación: “resulta correcta, lineal,
literal y literaria, un recital que ha seleccionado con mimo y
entre algodones los diálogos del papel sin añadir
muchos intrusos.
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A
Michel Radfor se le nota tan entusiasmado por el calibre
del encargo que firma guión y dirección
en tinta de oro elegante y vistosa, pero un poco recargada
y, al mismo tiempo, vacilante por el miedo a mirar por
encima de la cabeza del genio inglés.
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| Cartel
de la película |
Esto se traduce en una cuidada
ambientación que cumple con los cánones del estilo
lujoso, demasiado limpio, demasiado llamativo, pero pasable dada
la tendencia a engrandecer lo que se describía como majestuoso.
La severidad con que trata Radford
el desarrollo del argumento y la colocación de la pompa
y la circunstancia es tan estricta que hasta se ve obligado a
buscar excusas para cualquier elemento extraño, como la
inocente música, como si todo tuviese que emanar de la
propia obra y no de quien la mira y la hace nueva”.
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