PROYECTO FIN DE CARRERA


CURSO 2004- 2005

 

Título de la obra: El cuento los viajes de Petrusky reducido al Teatro.

Director: Prof. Nicola Comunale Rizzo
Facultad de Bellas Artes
Universidad de Granada.


 

INDICE:

INTRODUCCIÓN

EL TEATRO:

• A.- Concepto
• B. -Origen del Teatro
• C. - El género dramático
• D. - Estructura de la obra dramática:

D.1. -Texto principal
D.2. -Texto secundario o acotaciones

• E. -Instancias características:
E.1. -Presentación del conflicto
E.2. -Desarrollo de la acción dramática
E.3. -Desenlace de la acción dramática


• F. -Subgéneros Dramáticos
F.1. -Tragedia
F.2.-Comedia
F.3.- Drama


• G.-Otras formas dramáticas:
G.1. -Farsa
G.2. -Sainete
G.3. -Grotesco


• H. -Vocabulario dramático
H.1. –Acción Dramática
H.2. -Acotación
H.3. -Antagonista
H.4. -Aparte
H.5. -Bambalinas
H.6. -Bastidores
H.7. -Candilejas
H.8. -Clímax
H.9. -Conflicto Dramático
H.10. -Desenlace
H.11. -Director
H.12. -Elenco
H.13. -Ensayo
H.14. -Escenario
H.15. -Escenografía
H.16. -Escenográfo
H.17. -Foro
H.18. -Iluminación
H.19. -Mutis
H.20. -Obra dramática
H.21. -Obra teatral
H.22. -Personajes alegóricos
H.23. -Personajes colectivos
H.24. -Personajes secundarios
H.25. -Protagonista
H.26. -Reparto
H.27. -Telón de boca
H.28. -Utilería
H.29. -Várale

 

• I. -Diferencias entre la obra dramática y la Teatral
• J. -Recursos de la obra teatral
J.1. -Director ayudante
J.2. -Productor
J.3. - Actores
J.4. -Escenógrafo
J.5. -Maquilladores
J.6. -Iluminador
J.7. -Encargado de la parte musical
J.8. -Encargado del vestuario
J.9. -Tramoyista


• K. -Macro estructura de la obra teatral
K.1. -El diálogo
K.2. -El dialogo como transmisor de hechos
K.3. -Las acotaciones
K.4. -Superestructura
K.5. -En la sala de teatro
K.6.-“Mutis por el foro”


• L. -Situación comunicativa
• M. -Las tres unidades clásicas
• N. -Las actividades parateatrales
• Ñ. -Funciones y características del teatro
Ñ. 1. -Presentación y Representación teatral
Ñ.2. -Tipos de teatro occidental
Ñ.3. -Espacio teatral
Ñ.4. -Tipos de escenario
Ñ.5. -Auditorios
Ñ.6. -Personal de teatro
Ñ. 7. -Productor
Ñ.8. -Director
Ñ.9. -Actores
Ñ.10. -Vestuario
Ñ.11. -Mascaras
Ñ.12. -Maquillaje
Ñ.13. -Producción técnica
Ñ.14. -Sonidos y Efectos del sonido
Ñ.15. -Dirección de escena
Ñ.16. -Escenografía


• O. -El espacio instrumento del escenógrafo
O.1. -Espacio y Escenografía: Parámetros
O.2. -Coordenadas del espacio
O.3. -Tipología del espacio escénico: la superación del espacio a la italiana


• P. -Modelos de espacio para la representación:
P.1. -Modelo en T P.5. -Modelo en F
P.2. -Modelo en U P.6. -Modelo en H
P.3. -Modelo en O P.7. -Modelo en X
P.4. -Modelo en L


• Q. -Zonas del escenario y su capacidad dramática
• R. -Relación del diseño escenografito con el diseño del movimiento escénico
• S. -Reseña del teatro Español


EL TEATRO INFANTÍL

• T. -¿Qué es el teatro para niños?
T.1. -Teatro infantil por interiorización
T.2. -Teatro infantil por aprobación


• U. -Justificación de la existencia de un teatro infantil
U.1. - ¿Para qué el teatro para niños?
U.2. - En cuanto al texto dramático el teatro para niños se distingue del teatro para adultos por:
U.2.1. -Concepto de sencillez
U.2.2. -La singularidad del lector infantil


BIOGRAFIA:

• V. -Biografía de la autora del cuento:
V.1. -Vida y obras

EL CUENTO:
LOS VIAJES DE PETRUSKY:

Capítulos:

1. W.1. -NEGRI (1)
1. W.2. -NEGRI (2)
1. W.3. -NEGRI (3)
1. W.4. -NEGRI (4)
2. W.5. -EL BUHO ENCANTADO (1)
2. W.6. -EL BUHO ENCANTADO (2)
2. W.7. -EL BUHO ENCANTADO (3)
3. W.8. -LAS HADAS DEL BOSQUE (1)
3. W.9. -LAS HADAS DEL BOSQUE (2)
4. W.10. -LAURISILVA (1)
4. W.11. -LAURISILVA (2)
4. W.12. -LAURISILVA (3)
5. W.13. -EL MAGO COSMOGÓNICO (1)
5. W.14. -EL MAGO COSMOGÓNICO (2)
6. W.15. -EN DONDE CONOZCO A BAM Y TAM Y AL PERRO DE LAS NIEVES (1)
6. W.16. -EN DONDE CONOZCO A BAM Y TAM Y AL PERRO DE LAS NIEVES (2)
7. W.17. -EL PIRATA TIMOTEO (1)
7. W.18. -EL PIRATA TIMOTEO (2)
8. W.19. -EL CORSARIO BLANCO (1)
8. W.20. -EL CORSARIO BLANCO (2)
9. W.21. -¿ISLA O CONTINENTE? (1)
9. W.22. -¿ISLA O CONTINENTE? (2)
10. W.23. - AMARILIS (1)
10 W.24. -AMARILIS (2)
11. W.25. -EL CABALLERO AZUL DEL AMOR (1)
11. W.26. -EL CABALLERO AZUL DEL AMOR (2)
12. W.27. -LA DONCELLA FARFOR (1)
12. W.28. -LA DONCELLA FARFOR (2)
12. W.29. -LA DONCELLA FARFOR (3)
13. W.30. -ATERRIZO EN AUSTRALIA (1)
13. W.31. -ATERRIZO EN AUSTRALIA (2)
13. W.32. -ATERRIZO EN AUSTRALIA (3)
14. W.33. -EL PRECIO DE LA FAMA (1)
14. W.34. -EL PRECIO DE LA FAMA (2)
14. W.35. -EL PRECIO DE LA FAMA (3)
15. W.36. -FALENITA


LA OBRA:

• X. -Introducción a la obra
• Y. -Personajes de la obra:
Y.1. -Protagonista
Y.2. -Personajes principales
Y.3. -Personajes secundarios
• Z. -Escenas
• A.A -Iluminación
• A.B. -LOS VIAJES DE PETRUSKY
• A.C. -Conclusión
• A.D. -Bibliografía

 


1º INTRODUCCIÓN:

 

Este proyecto se puede dividir en varias partes, las cuales son:
1º Parte: La teoría.

Para empezar se hace una biografía de la autora del cuento, en la que se cita el lugar de nacimiento, su vida y obras más características.
A continuación se hace una introducción del teatro, explicando concepto y origen, se habla de la obra dramática, de su estructura, de los subgéneros dramáticos y se explican una serie de palabras que tienen que ver con el vocabulario dramático. Se enumeran las diferencias principales que hay entre la obra dramática y la teatral. Enumerando también los recursos de la obra teatral y la macro estructura. Se explican también las tres unidades clásicas, que son la unidad de tiempo, lugar y acción. Relacionado con el teatro no faltan tampoco las funciones y características de este. Y para terminar este tema una breve reseña del teatro español.
Este primer apartado concluye con una breve introducción al teatro infantil.

2º Parte: El cuento.
Los Viajes de Petrusky.

Aquí he dejado el cuento tal cual es, es decir sin cambios. He decidido meterlo, para que se puedan observar los cambios que se ha producido al pasarlo a una obra de teatro.
Es un cuento bastante largo, así que la autora lo ha dividido en varias partes, poniéndole a cada una un subtítulo.

3º Parte: La obra.
Los Viajes de Petrusky.

Este apartado consta de varias partes, para empezar una introducción a la obra, en la que se explican los principales cambios que a sufrido el cuento para la transformación en una obra de teatro.
He citado a todos los personajes de la obra, explicando las características de los personajes principales y citando a los personajes secundarios.
Explico brevemente como debería ser la iluminación, puesto que algunas escenas necesitan de un tipo de iluminación especial para que se pueda entender la obra.
Para finalizar aparece la obra con todos sus cambios, en la cual es evidente ver la transformación que a sufrido para que se pueda representar en el teatro. En esta se observa que la separación a base de subtítulos que a hecho la autora se la he quitado dividiéndolo en actos, escenas y cuadros. He introducido en nombre del personaje que habla, y he introducido a un personaje nuevo, que es el narrador.


 


2º EL TEATRO

 

A. -CONCEPTO:

 

Teatro es una palabra polisémica, ambigua. Es decir, que tiene varios significados, que lo explican desde diversas perspectivas; no existe definición en singular.
1. Es un lugar, un espacio, un edificio, donde tienen lugar las representaciones teatrales. Puede este edificio presentar diversas formas y aspectos. Recuérdese el teatro griego, abierto y compárese con otros teatros más recientes.
2. Es un género literario poético; recordemos los géneros literarios: épica, lírica y dramática.
3. Es un espectáculo, es decir, es un arte cuyo producto es comunicado en el espacio y en el tiempo, o sea en movimiento.

Ejemplos:
• Es el lugar teatral
• Es el arte dramático
• Es la representación
El teatro se nos muestra en forma de dualidades: espectadores y actores, que tienen espacios y funciones diferentes

Personas Espacio Función
Espectadores Sala Ver
Actores Escena Mostrarse
La existencia del teatro se produce sólo cuando hay dos personas: el actor y el espectador.

 

B. -ORÍGEN DEL TEATRO:


El origen del teatro está relacionado con las prácticas religiosas, estas provocaron el surgimiento del arte del teatro y tiene un origen mágico-religioso.
Por medio de danzas y cánticos se rendía culto a los dioses. En Grecia, la festividad de Dionisio o Baco (dios del vino) se celebraba al terminar la cosecha, mediante una ceremonia que finalizaba en el sacrificio de un macho cabrío, a partir de la cual se empezó a hablar de "tragedia", término que significaba justamente festividad del macho cabrío.
Diferencia entre rito y teatro:
• Rito es comunicación no fingida
• El teatro esta fundado no en la realidad sino en la figuración de dicha realidad o de sus formas rituales.
En suma, el teatro es ceremonia y arte de la representación, ver y actuar, es la necesidad del hambre de mirarse a sí mismo representando papeles ajenos al propio.
Todos tenemos una disposición natural para la imitación y la actividad dramática que se manifiesta por vez primera en el juego espontáneo de representación de roles. Todos somos actores, en el sentido de vivir el teatro como actividad de desarrollo, equilibrio personal y placer compartido.

 

C. -EL GÉNERO DRAMÁTICO:


El término drama proviene del griego y significa representación. Por lo tanto, lo que caracteriza al género dramático es que las obras están escritas en forma de diálogo y pensadas para ser representadas en un espacio físico, es decir en un ámbito teatral y ante un público.
El género dramático es aquel que representa algún episodio o conflicto de la vida de los seres humanos por medio del diálogo de los personajes. El autor cede su voz a los personajes que exponen o desarrollan el conflicto ante los espectadores, haciendo que ejerzan de intermediarios.


D. -ESTRUCTURA DE LA OBRA DRAMÁTICA:

Una obra de teatro está formado por dos tipos de textos: texto principal o primario y texto secundario.


D.1. -EL TEXTO PRINCIPAL
• Es el contenido, propiamente, de la obra. Se divide en:
-Actos: Es una unidad temporal y narrativa, que está marcado por la subida y bajada el telón. Cada una de las divisiones de una obra teatral, se compone de varias escenas que corresponden a la acción desarrollada en un espacio de tiempo interrumpido. Entre acto y acto suele haber un intervalo, un entreacto o cierre de telón, a veces todo un acto consta de una sola escena.
-Cuadros: Dentro de cada acto pueden encontrarse distintos cuadros. El cuadro es una división que se genera cuando hay un cambio de escenografía, cuando el lugar donde se desarrolla la acción es distinto. Si la acción transcurre en el interior de una casa, y luego se muestra a los personajes en el jardín, ha comenzado un nuevo cuadro.
-Escenas: Dentro de los actos también hay otras divisiones más pequeñas, que son las escenas. Estas comienzan o terminan cuando un personaje nuevo entra o sale del escenario. Es decir, si al comienzo de la acción, escena primera, hay tres personajes, y uno de ellos se retira, comienza la segunda escena. Lo mismo ocurriría si en lugar de retirarse un personaje, entrara otro nuevo.
Es importante decir que estas divisiones no son obligatorias. Hay obras dramáticas que, por ejemplo, están escritas en un solo acto. También, algunos dramaturgos no señalan los comienzos de escenas ni de cuadros en sus obras.
De todas formas, hacer estas divisiones tiene por objeto ayudar al posible director de la obra teatral. Es a él a quien le servirán como guía para cuando realice el montaje de la obra dramática, pero no significa que siempre tengan que estar presentes.

• Usa tres formas de expresión:
-Diálogo: Es la conversación entre dos personajes.
-Monólogo: Es el modo de expresarse cuando un solo personaje está hablando. Se llama también soliloquio.
-Aparte: Es la forma de hablar de uno o varios personajes que utilizan cuando dicen algo sobre la obra, y los demás personajes fingen no enterarse.
• La acción suele tener la siguiente estructura básica:
-Exposición: Es el principio de la obra y en ella se presentan los datos más importantes de la obra.
-Nudo: Coincide con el momento de mayor tensión y donde la trama se complica.
-Desenlace: Es el momento en que se resuelve el problema planteado en el desarrollo de la obra.


D.2. -EL TEXTO SECUNDARIO O ACOTACIONES
Aporta información para la representación teatral. Ésta puede ser
• Sobre la acción
-Datos e indicaciones sobre el lugar en el que se desarrolla la acción: decorados, época, mobiliario, etc.
-Iluminación, con la que se expresan la hora del día, un espacio concreto, etc.
-Sonidos, para indicar o provocar diversos efectos.
• Sobre los personajes: vestuario, movimientos, gestos, tono de voz, intencionalidad expresiva, etc

 

E. -LA OBRA DRAMÁTICA ESTA CONSTITUIDA POR TRES INSTANCIAS CARACTERISTICAS DE ESTA, LAS CUALES SON:


E.1. -Presentación del conflicto:
El conflicto es el origen estructurante de una obra dramática ya que sin este presente no hay drama. Su proceso significa que por una parte origina la producción de una acción dramática y por otra la evolución de los caracteres. Asimismo, acción y carácter son el centro de atracción activo de la obra.
La presentación del conflicto cambia de acuerdo a la obra. Podemos diferenciar en términos generales, cuatro etapas:
A) Entrega del protagonista.
B) Propósito del protagonista.
C) Presentación del obstáculo.
D) Choque de las dos fuerzas en batalla.
E.2. -Desarrollo de la acción dramática:
La realidad del conflicto va avanzando ágilmente hasta llegar a un duelo decisivo de los personajes y sus objeciones. Esto entrega la dimensión artística a la obra de teatro. Los distintos esfuerzos por superar a la fuerza opuesta dan lugar a un pensamiento dramático.
E.3. -Desenlace de la acción dramática
Es la eliminación del obstáculo o la desaparición del protagonista. Al hablar de conflicto este puede observarse desde diversos puntos de vista; del hombre con el destino (“Edipo Rey” de Sófocles); del instinto con el ambiente (“Hamlet” de William Shakespeare); del entendimiento con el ambiente (“Madre Coraje” de Bertolt Brech); del libre albedrío con el ambiente (“Casa de Muñecas” de Enrique Ibsen).
Por eso, la fuerza opuesta puede ser un elemento externo o interno del propio personaje, fuerza que dificulta el propósito de la fuerza protagónica.

 

F. -SUBGÉNEROS DRAMÁTICOS:


Las principales formas de la dramática son: La tragedia, la comedia y el drama:
F.1. - Tragedia:
Que es una forma dramática que tuvo su origen en la antigüedad. Habitualmente el conflicto trágico es producto de la ruptura del orden del mundo, evento que enfrenta a los personajes con un destino inexorable. El gran modelo de la tragedia como forma dramática lo encontramos en las obras de los clásicos griegos
F.2. - Comedia:
Es una forma en la que la acción dramática discurre de manera opuesta a la tragedia. Su contenido suele ser amable y divertido, busca la risa en el espectador. El final es, normalmente, feliz y, los actores representan personajes corrientes.
Si en la tragedia los personajes cambian de un estado favorable a uno desfavorable, en la comedia se da un ascenso en el estado de los personajes.

F.3. - Drama:
A diferencia de las formas anteriores, mezcla situaciones cómicas con otras trágicas, el drama no tiene un carácter definido, combinando indistintamente aspectos trágicos y cómicos. Esto se debe a que el drama pretende representar la vida tal cual es, razón por la cual, tiende a tratar los asuntos de forma menos rígida que la tragedia y la comedia.
Los personajes luchan contra situaciones adversas que no aceptan, a diferencia de lo que ocurre en la tragedia, y que suelen causarles daño. El final puede ser feliz o desdichado
G. -Otras formas dramáticas son...
G.1. -Farsa: pieza cómica breve que incluye personajes caricaturescos y extravagantes.
G.2. -Sainete: obra breve que muestra las costumbres y las características del inmigrante europeo de principios de siglo. La escenografía presenta un espacio abierto, por ejemplo: un patio de conventillo.
G.3. -Grotesco: obra breve de intención critica y cuyos temas son las desdichas cotidianas presentadas a través de situaciones cómicas.

 

H. -VOCABULARIO DRAMÁTICO:

H.1. - Acción dramática: Desarrollo de la trama de una obra literaria especialmente dramática.
H.2. - Acotación: Indicaciones del autor al director, a los actores y a los técnicos. La acotación va entre paréntesis y su lenguaje nos forma parte del mundo dramático.
H.3. - Antagonista: Es también un personaje importante, y representa a la otra fuerza que lucha. Quien se opone al protagonista, está en contra de que él logre sus fines. Dicho de un modo familiar, el antagonista es como el “malo de la película”.
H.4. - Aparte: Palabras pronunciadas por un actor que convencionalmente se supone que las oyen sólo los espectadores. El actor simula dirigirse solo al público, ubicándose a un extremo del escenario o tapándose el rostro hacia el lado del resto de los actores.
H.5. - Bambalinas: Cortina corta y delgada sobre el escenario.
H.6. - Bastidores: Divisiones laterales móviles, a derecha e izquierda del escenario.
H.7. - Candilejas: Luces colocadas a nivel del suelo en el proscenio.
H.8. - Clímax: Momento de mayor tensión de la acción dramática.
H.9. - Conflicto Dramático: En el problema central de la obra; el enfrentamiento que debe resolverse a favor de una u otra parte.
H.10. - Desenlace: Final de la acción dramática; solución feliz o desgraciada del conflicto.
H.11. - Director: Persona encargada de armonizar los elementos creativos y técnicos de la obra.
H.12. - Elenco: Conjunto de los actores que interpretan a los personajes de la obra.
H.13. - Ensayo: Preparación de la obra teatral por el director y los actores.
H.14. - Escenario: Espacio destinado al montaje de la escenografía y al desplazamiento de los actores.
H.15. - Escenografía: Conjuntos de telones, muebles y objetos utilizados para ambientar el espacio donde se desarrolla la acción dramática.
H.16. - Escenográfo: Técnico Encargado del diseño de la escenografía.
H.17. - Foro: Fondo del escenario.
H.18. - Iluminación: Conjunto de luces que muestran la escenografía y a los actores en las atmósfera de la acción dramática.
H.19. - Mutis: Salida del escenario.
H.20. - Obra Dramática: Texto escrito para ser representado.
H.21. -Obra Teatral: Representación del texto escrito en un escenario con todos los elementos creativos y técnicos.
H.22. - Personajes Alegóricos: Constituyen la encarnación de aquellas cosas abstractas, que no son personas. Evidentemente, estos son personajes simbólicos, a los que se les dan las características de aquellas cosas a las que representan.
H.23. - Personajes Colectivos: Son un tipo de personaje que, a pesar de ser una sola persona, representa a muchas otras; es como si fuera la encarnación de un grupo. Puede ser, por ejemplo, un representante del pueblo, o de los súbditos de un rey.
H.24. - Personajes Secundarios: Son aquellos que no representan una de las dos fuerzas en conflicto, sino que se suman a una de las dos, dando su apoyo ya sea al protagonista o al antagonista.
H.25. - Protagonista: Es el personaje principal, el más importante. Es quien representa a una de las fuerzas que normalmente existen en la obra dramática, y que se encuentran en conflicto. Lo común es que el protagonista siempre trate de buscar la solución del conflicto de buena manera. Es un personaje con el cual el lector o el público se identifican; al leer o al presenciar la obra "solidariza" con él, se pone de su lado.
H.26. - Reparto: Conjunto de personajes de la obra dramática.
H.27. - Telón De Boca: Cortina que separa al escenario de la sala.
H.28. - Utilería: Conjunto de objetos necesarios para el desarrollo de la acción.
H.29. - Varales: Luces colocadas detrás de los bastidores.

 


I. -DIFERENCIAS ENTRE LA OBRA DRAMÁTICA Y LA TEATRAL:


Obra Dramática Obra Teatral
Tiene personajes Tiene actores
Tiene lectores Tiene espectadores
Está escrita Está representada
Es una obra literaria Es un espectáculo artístico

 

J. -RECURSOS DE LA OBRA TEATRAL:


J.1. - Director ayudante: Además del director de la obra, habrá un director ayudante quien colaborará con el director en la visualización del montaje. Es fundamental un esquema de dirección, establecer desde el inicio del montaje la ubicación de los personajes, sus entradas y salidas, las correcciones de sus movimientos, todo dentro de la mayor libertad creativa asignada a los personajes-actores.
J.2. - Productor: El productor es el responsable de toda la administración: búsqueda y distribución de fondos, contratación de personal y supervisión de todos los aspectos de la producción, entre otros.

J.3. - Actores: Son quienes finalmente tienen la responsabilidad del éxito de la obra. Por eso, la elección de los personajes debe efectuarse en la forma más inteligente posible, considerando condiciones, responsabilidad, capacidad de trabajo, etc. Repitamos que no hay papeles chicos: todos tienen igual importancia en el contexto general de la obra.

J.4. - Escenógrafo: Se preocupará de las diversas decoraciones del escenario, lo que da lugar a que lea la obra y busque todos los signos emitidos por el dramaturgo en el texto. Es preferible que se busque una escenografía simple, sin complicaciones pero que ayude a la comprensión de la obra por parte del público.

J.5. - Maquillador: Conseguirá los elementos indispensables para un mínimo de maquillaje en los actores.

J.6. - Iluminador: Fabricará reflectores o tachos simples para crear una atmósfera escénica especial. La utilización de la luz debe tener relación con el clímax creado en la obra con los momentos más significativos en su desarrollo.

J.7. -Encargado de la parte musical: Puede que la obra exija una determinada melodía o no la elija. En todo caso, la música que se utilice debe tener relación con el sentido de la obra. Se preocupará de que el sonido se proyecte en las instancias convenidas.

J.8. - Encargado del vestuario: Conseguirá el vestuario apropiado al tipo de la obra y personajes, sin caer tampoco en la exageración ni sofisticación. Un vestuario muy simple y cómodo para el actor.

J.9. -Tramoyista: Estará a cargo del trabajo técnico del manejo de la escenografía.

 


K. -MACROESTRUCTURA DE LA OBRA TEATRAL:


K.1. -El Diálogo
Las obras dramáticas pueden estar escritas en verso o en prosa. El recurso fundamental del género dramático es el diálogo que entablan los personajes en distintas circunstancias del desarrollo de la acción. El diálogo tiene dos funciones: transmitir los hechos que suceden y caracterizar a los personajes.
K.2. -El dialogo como transmisor de hechos
A diferencia de lo que ocurre en el género narrativo, en el teatro no hay un narrador. Lo que sucede se comunica al espectador por medio del diálogo y de las acciones de los personajes. A veces, la función del narrador puede ser asumida por uno o más personajes, que relatan hechos pasados.
K.3. -Las acotaciones
El autor teatral o dramaturgo realiza una serie de indicaciones escritas o acotaciones para ayudar al lector o al director de la obra a imaginar ya comprender mejor el contenido. Las acotaciones son fácilmente reconocidas en texto ya que se encuentran escritas entre paréntesis.
K.4. -Superestructura
Una obra teatral se divide en actos. Esta división no es indispensable, ya que, a veces, el teatro moderno no la emplea.
Los actos indican los momentos de la acción teatral y tradicionalmente se vinculan con el planteo, nudo, y desenlace de la obra dramática.
Los actos, a su vez, pueden subdividirse en escenas y cuadros. Las escenas se reconocen por la entrada o salida de los personajes. A su vez, cada escena esta integrada por pequeños y sucesivos pasos que la conforman: las secuencias.
• Las escenas se dividen según la entrada y salida de los personajes (mutis)
• Los cuadros se dividen según los cambios del lugar donde transcurre la acción.
K.5. -En la sala de teatro:
Al finalizar cada acto cae el telón, la sala se ilumina, el espectador retorna, por unos minutos a su realidad sin desentenderse de la otra realidad, el mundo imaginario de la escena. También cae el telón al término de cada cuadro pero, en este caso la sala permanece en penumbra. Un instante basta para un cambio de decorado o para crear una situación dramática que el público aguarda ansioso.
K.6. -“Mutis por el Foro”
Mutis: acto de retirarse de la escena
Foro: parte del escenario opuesta a la embocadura
Por lo tanto deducimos que la frase mutis por el foro representa la salida de un actor por la parte del escenario opuesta a la embocadura.

 

L. -SITUACIÓN COMUNICATIVA


El autor dramático se comunica con el público de un modo especial, porque si bien el teatro es un hecho literario, fundamentalmente es espectáculo. Esta característica determina diferencias en el hecho comunicativo.
Generalmente no hay comunicación directa entre el autor y el público. Todo llega a través de los personajes que los actores vivifican. Todo autor teatral, crea un mundo de secuencias dramáticas con un profundo sentido vital y sus criaturas de ficción, que adquieren vida en el escenario, son las que se comunican con los espectadores.
El autor permanece oculto porque cede su mundo imaginario a emisores de carne y hueso, los actores.
Los actores recrean el mensaje y lo proyectan en la escena. Se producen, entonces, dos situaciones:
• El hecho comunicativo imaginario (mundo de ficción que se desenvuelve en el escenario) evidente en el diálogo de los personajes. Comunicación recíproca y bilateral en la que el hablante imaginario desaparece. Los personajes actúan libremente sin un narrador que relate los hechos.
• La transmisión de ese mundo al público, receptor real.
La comunicación teatral no se limita a solo un código. Gestos, colores, música, iluminación, son algunos de los medios expresivos que unidos a la palabra constituyen el mensaje dramático. Aunque la fuerza de la obra, en muchos casos, recae en los juegos verbales, el mensaje dramático es una unidad en la que confluyen varios códigos: gestual, musical, lingüístico... de este modo el mensaje se ve y se oye.
El ser visible y audible distingue la realidad representada del mensaje teatral del de otros discursos literarios. Al teatro no le basta la palabra, necesita el escenario, las luces, el actor que se identifica con su personaje.

 

M. -LAS TRES UNIDADES CLÁSICAS:


En la antigüedad griega y latina el período neoclásica español (siglo XVIII), y en algunas otras épocas el teatro universal estuvieron vigentes tres exigencias para toda obra teatral, llamadas unidades:
• La unidad de tiempo
• La unidad de lugar
• La unidad de acción
Según estos requisitos, la obra debía suceder en un solo día (unidad de tiempo), en un solo lugar (unidad de lugar) y desarrollar en un solo suceso (unidad de acción).
En la actualidad han caído en suceso y están desprestigiadas, y solo se considera importante la unidad de acción. Se exige que la obra desarrolle armónicamente un solo conflicto, desde el principio hasta el fin de la pieza y no se difunda y desordene en varios.

 

N. - LAS ACTIVIDADES PARA TEATRALES:


Las actividades parateatrales son obras similares a las de teatro, pero tienen algún rasgo que las hace distintas a lo que llamamos teatro convencional, y que las caracteriza como tales. Lo son, como los ejemplos que hay a continuación, los teatros de títeres, de sombras, musicales, etc.

 

Ñ. -FUNCIONES Y CARACTERÍSTICAS DEL TEATRO:

Desde que Aristóteles estudió el origen y la función del teatro en su famosa Poética (c. 330 a.C.), el propósito y características de éste han sido
debatidos extensamente. A lo largo de los siglos, el teatro ha sido
utilizado aparte de como pura expresión artística; como
entretenimiento, ritual religioso, enseñanza moral, persuasión política y
para formar opinión. Se mueve desde la presentación realista de cuentos
hasta el movimiento y el sonido abstractos. La producción teatral implica el
uso de accesorios, decorados, iluminación, vestuario, maquillaje o máscaras,
así como un espacio para la representación (el escenario) y otro para el
público (el auditorio), aunque ambos puedan coincidir, sobre todo en las
producciones que se realizan en la actualidad. El teatro es, por tanto, una
amalgama de arte y arquitectura, literatura, música y danza, y tecnología.

Ñ. 1. -Presentación y representación teatral:
El teatro de representación se apoya, por el contrario, en la ilusión. La
mayor parte del teatro occidental desde el renacimiento ha sido
fundamentalmente representacional: las obras tienen tramas posibles, los
personajes parecen reales, el decorado tiende o, cuando menos, sugiere la
realidad.
La mayoría de las representaciones no se encuadran, desde luego, en modo rígido en uno u otro grupo, sino que contienen elementos de las dos
fórmulas.

Ñ.2. -Tipos de teatro occidental:
Aparte de la intención estética, el teatro occidental puede ser clasificado por criterios económicos y por las distintas fórmulas de producción
utilizadas. Así obtendremos categorías como teatro subvencionado, comercial,
no comercial; frecuentemente denominado experimental;
comunitario y académico.

A) Teatro subvencionado:
El teatro subvencionado está apoyado económicamente por el gobierno o por una organización o fundación filantrópica. Dado el considerable gasto que
conlleva una producción teatral, el limitado aforo de la mayoría de los
teatros y, a menudo, lo poco atractivo de muchas obras para la población en
general, muchos teatros sólo pueden permitirse una situación financiera
solvente y unas producciones de calidad con la ayuda de subvenciones para
complementar los ingresos de taquilla.

B) Teatro comercial:

El teatro comercial atrae a un gran público y se produce con la intención de obtener ganancias. La base del teatro comercial es el entretenimiento; su
impacto social y los valores artísticos y literarios son consideraciones de
segundo orden.


C) Teatro no comercial:
Los intentos de evitar las cuestiones financieras propias del teatro
comercial desde finales del siglo XIX han dado como resultado la evolución
del teatro no comercial. Conocido como teatro de arte en Europa y América
antes de la I Guerra Mundial, y más tarde como teatro experimental, el
objetivo de este teatro es presentar obras más serias, literarias, activas
políticamente, artísticas y de vanguardia. Experimenta con nuevas formas de producción, interpretación y diseño, dando voz a nuevos dramaturgos, actores y directores.
El teatro no comercial tiende a funcionar con presupuestos limitados, a
convertir la falta de recursos en una virtud y a despreocuparse del
beneficio comercial. Aquellas compañías que pueden conseguir la ayuda
adecuada deben enfrentarse a la bancarrota tras un corto periodo o bien se
ven forzadas a renunciar a sus ideales para sobrevivir. De hecho, las que
sobreviven se vuelven casi tan comerciales como el teatro contra el que se
rebelaban en un principio. Éste ha sido un patrón repetitivo en la historia
del teatro del siglo XX.

D) Teatro comunitario y académico:
El teatro comunitario lo forman aficionados, y se trata de miembros de una determinada comunidad o grupo que practican el teatro por distracción o
pasatiempo. El teatro académico, tal y como su nombre sugiere, es el
realizado en instituciones educativas, sobre todo en universidades y
escuelas superiores. El objetivo educativo de este teatro está consolidado
en un repertorio apoyado en los clásicos y en lo experimental.


Ñ.3. -Espacio teatral:

También se puede hablar de teatro teniendo en cuenta el espacio en el que se produce. Los escenarios y auditorios han tenido distintas formas en cada
época y en cada cultura. Los teatros de hoy tienden a ser flexibles y
eclécticos en el diseño, incorporando elementos de diversos estilos; se les
conoce como salas múltiples o multiuso.
Una representación teatral, sin embargo, no tiene por qué tener lugar en una estructura diseñada a tal efecto, ni siquiera en un edificio. El director
inglés Peter Brook habla de la creación teatral en un "espacio vacío".
Muchas de las primeras fórmulas teatrales se desarrollaban en las calles, espacios abiertos, plazas de mercado, iglesias, habitaciones sin más, o
edificios no construidos para uso teatral.
A través de la historia, la mayoría de los teatros han empleado tres tipos de escenario: de proscenio, de corbata y circular o arena.

Escenario de proscenio:
Desde el renacimiento, el teatro occidental ha estado dominado por la
variante escénica llamada teatro de proscenio. El proscenio es la zona que
separa el escenario del auditorio o patio de butacas. El arco del proscenio,
que puede tener diversas formas, es la abertura del muro a través de la cual
el público ve la representación. Un telón que, o bien eleva o bien se abre
hacia los laterales, puede ocupar este espacio. El proscenio fue
desarrollado en respuesta al deseo de enmascarar el escenario, esconder la
maquinaria y crear un espacio fuera del escenario para las entradas y
salidas de los intérpretes. El resultado aumenta la ilusión de la escena al
eliminar todo aquello que recuerde la artificialidad de la representación y
también anima al público a imaginar que aquello que no ve es una
continuación de lo que ve.

Escenario de corbata:
Un escenario de corbata, conocido también como de tres cuartos, es una
plataforma rodeada de público por tres partes. Esta fórmula fue la utilizada
por el teatro griego antiguo, el teatro isabelino, el teatro clásico
español, el teatro inglés de la restauración, el teatro clásico chino y
japonés y gran parte del teatro occidental del siglo XX. La plataforma que
sobresale hacia el patio puede estar respaldada por un muro o ser
simplemente la prolongación de un escenario de proscenio de algún tipo. Dado
que no existen barreras entre los intérpretes y el público, este tipo de
escenario crea una mayor intimidad, como si la representación tuviera lugar
en medio del patio de butacas, permitiendo la creación del efecto a través
del uso del fondo escénico y de los espacios adyacentes al escenario.

Escenario circular o arena:
La arena o escenario circular es un espacio escénico totalmente rodeado por el auditorio. Esta disposición ha sido puesta en práctica en diversas
ocasiones durante el siglo XX, pero sus antecedentes históricos se
encuentran en formas no dramáticas como el circo y tiene un uso limitado. La
necesidad de proveer a todos los espectadores con igual posibilidad de
visión crea unas circunstancias especiales sobre el tipo de escenario y los
movimientos de los actores, ya que en cualquier momento una parte del
público podría estar viendo a un actor por la espalda.

Ñ.4. -Auditorios:
Los auditorios del siglo XX son en su mayoría variantes del auditorio
construido (1876) por el compositor Richard Wagner para su famoso teatro de
la ópera de Bayreuth, Alemania. Estos auditorios por lo general tienen forma
de abanico y una inclinación hacia arriba empezando desde la primera fila,
los asientos se disponen de forma alterna para no obstruir la visión.
Algunos tienen una sección superior o anfiteatro, y otros, como los de la
ópera, poseen palcos; asientos en secciones abiertas o cerradas a lo
largo de los muros del auditorio; que son una herencia de la
arquitectura teatral del barroco.

Ñ.5. -Personal del teatro:
El personal puede dividirse en administrativo, creativo (artístico) y
técnico.


Ñ.6. -Productor:
(Explicado anteriormente)

Ñ.7. -Director:
El director toma todas las decisiones creativas o artísticas y es el
responsable de la unidad armónica de una producción. En coordinación con los
diseñadores (y quizás el productor) decide sobre conceptos, motivos o
interpretación del guión o argumento; selecciona el reparto, y supervisa
audiciones y ensayos; también tiene un papel definitivo en lo referente a
decorados, vestuario, iluminación y sonido.
El concepto moderno de director se remonta al siglo XVIII con el
actor-gerente David Garrick, aunque Jorge II, duque del principado de
Saxe-Meiningen, sea citado generalmente como el primer director, en gira por
Europa con su compañía durante las décadas de 1870 y 1880.
Ñ.8. -Actores:

La interpretación implica imitación, personificación. La mayoría de las obras requieren la creación de complejos personajes con atributos físicos y
psicológicos específicos. En el sentido más estricto del término, un actor
es alguien que hace algo ante un público; por tanto, la interpretación puede
ir desde la ejecución de simples tareas hasta la exhibición de destrezas sin
personificación alguna, pasando por la recreación creíble de personajes
históricos o ficticios.

Aunque a menudo se piensa que ser actor es una profesión lucrativa, ha de decirse que esto es sólo cierto para unos pocos, las estrellas. Los salarios
mínimos para los actores y bailarines son más bajos que en otras
profesiones. Además, el teatro no proporciona empleo de modo estable.


Ñ.9. -Vestuario:

Se entiende por vestuario lo que lleva puesto el actor. Los diseñadores de vestuario se concentran principalmente en ropas y accesorios, pero también
han de encargarse de pelucas, máscaras y maquillaje. El vestuario ofrece
información sobre el personaje y ayuda a crear el ambiente adecuado para la
producción.
Como el vestuario puede indicar factores como clase social y rasgos de
personalidad, e incluso puede simular características físicas como la
obesidad o la deformidad, un actor recibe una gran ayuda en su trabajo si el
diseño es el adecuado. En gran parte del teatro oriental, como en el teatro
clásico griego, el vestuario es un elemento formal.

Ñ.10. -Máscaras:

Un elemento especial del vestuario es la máscara. Aunque pocas veces
utilizada en el teatro occidental contemporáneo, las máscaras eran
esenciales en el teatro griego y romano, y hoy día son utilizados en la
mayoría del teatro africano y oriental. Las máscaras de la tragedia y la
comedia, tal y como se usaban en el antiguo teatro griego, son de hecho
símbolos del teatro. Las máscaras obvian la expresión facial para la
comunicación y, por tanto, acercan al actor a la marioneta; la expresión
depende exclusivamente de la voz y del gesto. La máscara traslada el centro
de atención del actor al personaje y clarifica, de ese modo, distintas
partes del tema y la trama, dando al personaje una mayor universalidad.
Ñ.11. -Maquillaje:
El maquillaje también puede funcionar como máscara, especialmente en el teatro oriental, donde se pintan las caras con colores muy elaborados e
imágenes que exageran y distorsionan los rasgos faciales. En el teatro
occidental, el maquillaje es utilizado con dos propósitos: resaltar y
reforzar los rasgos faciales que podrían perderse bajo los focos o en la
distancia, y alterar la apariencia de la edad, el tono de la piel, o la
forma de la nariz.
Ñ.12. -Producción técnica:
Los aspectos técnicos de una producción pueden dividirse en preproducción y producción. El trabajo técnico de preproducción es supervisado por el director técnico en coordinación con los diseñadores. Durante esta fase se
realizan los decorados, los accesorios, el vestuario a cargo del personal
especializado en los talleres del teatro o, como es el caso de la mayor
parte del teatro comercial, se encarga el trabajo a un estudio profesional.
Ñ.13. -Sonido y efectos de sonido:
En la actualidad el sonido, si es necesario, se graba durante la fase de
preproducción. Desde los primeros tiempos, la mayoría de las
representaciones teatrales han sido acompañadas por música que, hasta hace
poco, se producía en directo. Los sonidos son utilizados en la mayoría de
los casos para dar realismo, pero también podrían servir para crear un
determinado ambiente o ritmo.
Ñ.14. -Dirección de escena:
El director de escena sirve de enlace entre el personal técnico y el
personal creativo, supervisa ensayos, coordina todos los aspectos de la
producción y controla la representación durante la función, pero sobre todo
aporta su concepción estética al montaje de la obra.
Ñ.15. -Escenografía:

El diseño de escenario es la organización del espacio teatral; el decorado, o escenario, es el entorno visual en donde se desarrolla la obra. Su
objetivo es sugerir un lugar y un momento determinados y crear el ambiente o
atmósfera adecuados. Los escenarios pueden clasificarse de modo general en:
realista, abstracto, sugerente o funcional.

A) Realista:
Un escenario realista intenta recrear un lugar específico.
B) Abstracto:
El escenario abstracto, el de más éxito en los inicios del siglo XX, recibió
la influencia del diseñador suizo Adolphe Appia y el diseñador inglés Gordon
Craig. Sus teorías han influido no sólo en el diseño de escenarios en
general sino en gran parte del teatro contemporáneo. Un escenario abstracto
no recoge un momento o lugar específicos. Con frecuencia, consta de
plataformas, escaleras, cortinas, paneles, rampas, u otros elementos sin
determinar. Muy utilizado en la danza moderna, el escenario abstracto
funciona mejor en producciones en las cuales el tiempo y el espacio donde se
desarrolla la acción es irrelevante, o bien donde se persigue, por parte del
director y el diseñador, crear una sensación de atemporalidad y
universalidad. Los escenarios abstractos ponen más énfasis en el lenguaje,
el intérprete y estimulan la imaginación del espectador. El vestuario juega
un papel significativo y la iluminación cobra una gran importancia.
C) Sugerente:
Gran cantidad de escenarios en el teatro comercial de hoy en día son
sugerentes y proceden del denominado nuevo arte escénico de la primera mitad
del siglo XX. A veces llamado realismo simplificado, su efecto escénico se
logra al eliminar elementos no esenciales o al combinar fragmentos de un
decorado realista con elementos abstractos, como una ventana suspendida
frente a unas telas negras. Se pretende universalidad e imaginación a través
de la ausencia de detalle, aunque se imbuye una cierta especificidad
temporal y espacial. Estos escenarios pueden parecer oníricos,
fragmentarios, rígidos o surrealistas.

D) Funcional:
Los escenarios funcionales derivan de las necesidades específicas de una
determinada fórmula teatral. Aunque se utilizan raramente en funciones
dramáticas, son esenciales en determinados tipos de representación. Un
ejemplo excelente es el circo, en el que los elementos escénicos básicos
quedan fijados por las necesidades de los intérpretes.

 

O. -EL ESPACIO, INSTRUMENTO DEL ESCENÓGRAFO:


Consideraciones acerca del concepto de espacio en la escena: Definiciones:
Parémonos a identificar el papel del espacio en el teatro para reconocer sus coordenadas, su clasificación, sus límites y un esquema formal básico que podemos presentar y en el que podrán adaptarse todas las formas teatrales de la historia del teatro de las diversas culturas.
Clasificaciones acerca del espacio en la escena:
Clasificación de Patrice Pavis :
La clasificación de Pavis al referirse al espacio en el teatro distingue:
- Espacio dramático: espacio abstracto al que se refiere el texto.
- Espacio escénico: espacio real del escenario o más ampliamente dicho, el espacio por donde se mueven los actores, independientemente de que salgan a la zona ocupada por el público.
- Espacio escenográfico o espacio teatral: en el que se sitúan tanto la escena como el público.
- Espacio lúdico: creado por la presencia y los desplazamientos del actor.
- Espacio textual: el espacio de la partitura donde están consignadas las réplicas y las didascalias.
- Espacio interior: es el espacio escénico en tanto que tentativa de representación de un fantasma o de un sueño, de una visión del dramaturgo o de un personaje.
Clasificación de Maria del Carmen Bobes :
Otra clasificación de los tipos de espacios escénicos la hace M. del Carmen Bobes tal que:
- Los anteriores a la obra pero no independientes de ella.
a) El edificio teatral cuya evolución formal y situacional tiene una relación inmediata con el estudio que del teatro adquiere en cada cultura, por lo que, cuando hablamos de teatro griego, isabelino, español, no sólo hablamos de estilos literarios sino que también se alude al lugar escénico donde se representan.
b) El escenario, de igual forma, evoluciona y se adapta a loo largo de la historia a los cambios que se producen en el texto teatral o la concepción dramatúrgica propia de cada momento.
- Los que crea la obra que adaptan a los anteriores llenándolos con la presencia, acciones, los gestos, las luces, formas, colores, sonidos, etc.
c) Espacio escenográfico que reproduce en relación mimética o simbólica los lugares donde transcurre la acción.
d) Espacio lúdico independiente de los objetos escenográficos reales sobre la escena, se sirve de la palabra, de los movimientos y de las posiciones y distancias relativas de los personajes, de su función, de su caracterización.
O.1. -Espacio y Escenografía: parámetros de trabajo sobre el diseño de escenografías.
Patrice Pavis en su Análisis del espectáculo incluye a la escenografía como todo “aquello que no es actor”, luego estaría dentro de la clasificación como objeto escénico. Su particular punto de vista hace que la escenografía (más los objetos y el material plástico sobre el escenario) se ciñan a un esquema de categorías clasificadas según el grado de objetividad:
- Objetos de producción natural.
- Formas no figurativas que pueden ser practicables en forma de formas geométricas abstractas.
- Materialidad legible: objetos que percibimos por el material y por la pertenencia a una categoría social.
- Objetos reciclados, de doble uso, que se toma de la realidad y se le imprime una nueva función.
- Objetos creados ex profeso para el espectáculo que se adaptan a las necesidades de este.
- Objetos no presentes físicamente en el escenario pero nombrados por el texto.

O.2. - Coordenadas del espacio:
El escenógrafo trabaja con los parámetros que le brinda el espacio sobre el que proyectará su obra. Las coordenadas de este espacio, determinado de antemano, le abocan a una especialidad concreta sobre la que actúa para modificarla. Por ejemplo, la cantidad mayor o menor de elementos que proyecte y disponga se verá relativizada con arreglo a las dimensiones de la escena.
Por lo tanto, es posible formalizar una serie de parámetros que nos pueden ayudar a organizar el espacio. Estos parámetros están ordenados conforme a una relación de oposición y como se verá, mucos están estrechamente unidos a las leyes compositivas que rigen las artes plásticas.
De esta forma, podremos analizar el espacio escenográfico con arreglo a la manera en que se han usado estas coordenadas espaciales y de qué forma organizan el espacio. Veremos este uso por separado, dejando patente que es posible reunir en un diseño varios de estos usos.

Estas coordenadas son:
HORIZONTAL/
VERTICAL ¿Se refuerza la horizontalidad propia de la escena a la italiana en el diseño o por el contrario se hace primar la verticalidad de las líneas?
PROFUNDIDAD /
SUPERFICIALIDAD ¿Se insiste en el carácter tridimensional y por tanto en la dimensión profunda de la escena o se propicia una visión más pictórica y por tanto plana de la misma?
CLAUSURA/ APERTURA O INTERIOR/EXTERIOR ¿Se refuerza el cerramiento propio de la caja a la italiana o por el contrario hay un trabajo evocador de espacios abiertos o “extraescénicos”?
VACIO/ LLENO ¿Se puebla la escena con objetos y dispositivos escenográficos o se prefiere una solución de vacíos o de pocos elementos sobre la escena?
CIRCULAR/ CUADRANGULAR O CENTRADO/ DESCENTRADO ¿Se remarca la estructura cuadrangular del escenario a la italiana o se modifica su estructura tornando el espacio en uno con referencias al círculo?
ESCALADO/ FUERA DE ESCALA ¿Se conserva la escala humana o se modifican las escalas para aumentar o disminuir los efectos que proporcionan los dispositivos escenográficos diseñados?

O.3. - Tipología del espacio escénico: la superación del espacio a la italiana.
Un poco de historia.
El espacio a la italiana, corresponde al tipo de sociedad que existe en el momento de su construcción. La propia estructura del espacio a la italiana denota en su estructura la organización social del público que lo frecuenta.
Desde la construcción del Teatro Farnesio de Parma en el Settecento por el arquitecto Aleotti, el cubo se organiza para albergar toda la maquinaria y la tramoya escenográfica, de manera que ésta, más el espacio que la contiene, se organiza para que las jerarquías sociales queden patentes en la ley del ojo del rey, punto principal de la perspectiva alrededor del cual se organiza el diseño.
El ámbito escénico del XVII va a encargarse de señalar esta diferencia, desarrollando un espacio en herradura en el que el piso y la orquestra son ocupados por el Príncipe o el Rey con su cohorte, dejando palcos, balcones y paraíso al vulgo.
Más tarde, el Rey, el Príncipe y los personajes de alto rango social, subirán al palco, y el vulgo bajará a la sala, determinando el uso del teatro como encuentro social donde observar y ser observados.
El acto social que desarrolla la compleja escena a la italiana del siglo XIX, con su avanzada tramoya y sus estructuras de hierro, hace del teatro un espacio encerrado en sí mismo en el que ya no tendrá reflejo la sociedad de la calle.
Ya no volverá la grada clásica a verse en el teatro hasta los postulados de Richard Wagner para el Festispielhaus de Bayreuth, que intenta democratizar la recepción teatral. Pero esta democratización no esconde que son unas capas sociales altas las que van al teatro, el pueblo llano ha sido expulsado de un teatro que se ha tornado irremisiblemente una ceremonia del lujo de la clase burguesa.
Y así, hasta bien entrado el siglo XX y, aunque el hombre moderno ya no mire con el ojo renacentista, la estructura del ámbito escénico seguirá rígidamente desarrollada conforme a estos parámetros; hasta que Stanisslavsky, Meyerhold, Antonine, Copeau, Appia y Craig seguidos de Jouuvet y Rolland casi concluida la primera veintena del siglo, ponen en tela de juicio por primera vez la caja a la italiana.
Ya no basta con los telones pintados, con las perspectivas ilusionistas, con la jerarquización de una sala en la que tres cuartas partes del público no ven ni oye bien lo que ocurre en el escenario.
Desde principios del siglo XX se ensayan y retoman fórmulas espaciales que por fin, tengan al espectador como tema fundamental.
Así aparecen fórmulas espaciales en las que el espectador abraza al espectáculo, otras en las que el modelo oriental del teatro no se toma como referencia, también el teatro griego y romano acuden al auxilio del espectador, el teatro circular en donde el espectador se sitúa en el centro y la acción alrededor,.. Una gran cantidad de propuestas que, en general, no pasan del plano teórico. Veamos algunas de ellas.

 

P. -MODELOS DE ESPACIOS PARA LA REPRESENTANCIÓN:


Algunas de las propuestas que se ensayan en el siglo XX como nuevos espacios teatrales aparecen aquí esquematizadas siguiendo los esquemas de Gaston Breyer.
- P.1. -Modelo escena/sala en T
El espacio en T considera los ámbitos de la escena y la sal enfrentados. Se organizan ambos a lo largo de un eje longitudinal donde el espectáculo se muestra perpendicular a la embocadura.
Desde las posiciones principales hasta la escena se localiza un punto de fuga como eje central que estructura el espacio.
El público, paralelo a la boca escena, está absolutamente separado de la zona de actuación, separación reforzada por el arco del proscenio, el telón de boca, el foso, y el desnivel entre uno y otro espacio.
Actualmente persisten la mayoría de espacios arquitectónicos que se edificaron siguiendo este esquema a la italiana, aunque se pretende que evolucionen hacia formas más contemporáneas de este esquema.
- P.2. -Modelo escena/ sala en U
La escena en U supera la fórmula a la italiana y acerca al público a la acción, rodeándola en parte.
Se intenta homogeneizar la visión y audición desde la zona de butacas, y termina con la dictadura del eje central y del juego cara al público.
El teatro de Wagner en Bayruth de 1876. En última instancia constituye una reactualización del teatro griego pero en este caso el público tienen en frente una caja a la italiana en lugar de la skene.
El contacto del público es mucho mayor que en el espacio a la italiana.

- P.3. -Modelo escena/ sala en O
El teatro en O vuelve al círculo primitivo, retoma fórmulas pre-teatrales y formula un círculo de observadores alrededor de la acción dramática.
La relación de escena/público es de absoluta participación ya que éste queda sumergido dentro del espacio de la acción.
En Estados Unidos fue una fórmula con gran éxito dentro de las universidades ya que expresa una forma de comunicación muy acorde con los jóvenes estudiantes, ya que busca la comunicación más cercana y la autenticidad del hecho teatral.
- P.4. -Modelo escena /sala L
La escena en L es propia del teatro Nô japonés clásico. La forma del escenario tiene forma de L ya que se despliega un pasillo perpendicular a la escena que es un tablado cuadrado cubierto por un tejado y sostenido por cuatro puntales.
A la derecha del tablado hay un balcón para el coro.
En la parte posterior una retroescena con un biombo de fondo decorado con un árbol (pino) simbólico que sirve para alojar a los músicos.
La pasarela a la que nos hemos referido arranca hacia la izquierda, y conecta con la trastienda por donde entran y salen los actores.
- P.5. -Modelo escena/sala en F
La escena en F es un escenario de marcada morfología central.
Es un escenario que se extiende en sentido longitudinal y que tiene poca profundidad. La acción se produce en la línea paralela a la platea.
Tuvo mucho éxito entre los constructivitas (Meyerhold) y tiene su origen en el teatro japonés Kabuki.
- P.6. -Modelo/ escena en H
La escena en H es un ámbito poco frecuente para teatro ya que está pensada mayoritariamente para conciertos.
Dos plateas se enfrentan opuestas dejando la escena en medio.
Es la reflexión especular de la escena en T y tuvo sus seguidores en Estados Unidos y Alemania.
En Granada, el Auditorio Manuel de Falla se adapta a este esquema formal.
- P.7. -Modelo escena /sala en X
La escena en X es la oposición formal a la escena en O. Si el teatro en O es centrífugo, el teatro en X es centrípeto.
En este caso se ubica al público en el centro imbuido en el espectáculo. Este tipo de organización permite que la integración del público con la acción sea absoluta de ahí la denominación de teatro total.
Este esquema tiene algunos peligros en cuanto a la naturaleza propia de lo teatral ya que al invadir el área de la observación, puede distorsionarse la esencia de lo teatral.
El primer proyecto de teatro total fue formulado por Gropius en 1927 para Piscator. Es un inmenso anfiteatro oval en cuyo interior está la arena circular. La idea era asentar un sector del anfiteatro y la arena sobre un plato giratorio que se desplazaba y en consecuencia, también desplazaba la escena. De esta forma se tienen tres variantes: la escena italiana, la arena central y el proscenio del teatro en U.


Q. -ZONAS DEL ESCENARIO Y SU CAPACIDAD DRAMÁTICA:


El escenógrafo debe tener en cuenta la capacidad dramática de cada una de las zonas del escenario. Existe una clasificación que determina una capacidad dramática para cada zona del escenario. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta capacidad se puede ver absolutamente afectada, ya que puede modificarse por obra de la iluminación, el colorido, el diseño del movimiento de actores, etc.
La forma del teatro a la italiana, que será la que tendremos de referencia para establecer estas zonas, constituye un instrumento teatral complejo y fantástico. La escenografía determina la elección de unas áreas del espacio y de una serie de relaciones, escorzos, etc. entre los actores.

 

R. -RELACIÓN DEL DISEÑO ESCENOGRÁFICO CON EL DISEÑO DEL MOVIMIENTO ESCÉNICO:


Para determinar el movimiento escénico se han de tener en cuenta: el perímetro, los accesos y los desniveles.
- El perímetro: concepto geométrico determinado por la línea de implantación de la escenografía donde se permitan o impidan movimientos de entrada/salida, subida/bajada.
- Los accesos: elección y tipos de accesos al escenario. Entradas y salidas que se le permitirán o le serán negados a los actores (no sólo en forma de elementos como puertas sino también en el aspecto figurado: cortinas de luz, etc.)
- Los desniveles: elementos funcionales diseñados por el escenógrafo (rampas, escaleras, tarimas, etc.).

También será necesario tener en cuenta:
- El mobiliario u objetos diseñados para ocupar el perímetro de la plantación escenográfica.
- Utilería : qué elementos pueblan el espacio para determinar sub.-espacios y puntos de apoyo.
- El movimiento escénico se desarrolla partiendo de movimientos naturales para fabricar un movimiento que no es natural. Para ello, se han de elegir unas áreas del espacio y unos elementos de significación escenográfica que puedan subrayar la acción.

 

S. -RESEÑA DEL TEATRO ESPAÑOL:


El teatro español nace vinculado al culto religioso, en la época medieval. La misa, celebración litúrgica cristiana, en sí, representa un drama (muerte y resurrección de Cristo). Serán los sacerdotes quienes en su afán comprensible de explicar los misterios de la fe a los fieles mayoritariamente incultos, creen los primeros diálogos teatrales. En España se conservan muy pocos de documentos escritos y menos obras teatrales de este siglo. La única muestra es el “Auto de los Reyes Magos”, escrita en romance en XII.
En el siglo XVI se inicia un proceso de modernización del teatro, el que culmina en la creación de un nuevo género: la comedia nueva de XVII. La obra más importante de este período es “La Celestina” de Fernando de Rojas.
El siglo XVII es el “siglo de oro” del teatro de España. En esta época predomina el sentimiento de “El mundo es un gran teatro y el teatro es el arte más adecuado para representar la vida”. Se crean las primeras salas teatrales (corrales de comedias): el teatro ya deja de ser un acontecimiento restringido para convertirse un producto competitivo, sujeto a las leyes de la oferta y la demanda. Autores de esta época son: Miguel de Cervantes y Lope de Vega.
Luego el teatro fue creciendo, influenciado por corrientes tales como la ilustración y el romanticismo. Una obra de este último período es “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla.
Hoy por hoy, el énfasis de producción de textos literarios clásicos se ha asociado a una crisis de producción de textos dramáticos originales. Si embargo, los grupos vigentes van perdiendo fuerza y presencia en la escena española. Solo algunos han surgido, como lo son “Els Joglars” y “Comediants”.

 

 

3º. -EL TEATRO INFANTIL

 

“...Un país sin teatro para niños puede ser una catástrofe, pues significa la pérdida de la parte más interesante de la cultura, precisamente cuando la infancia necesita esta cultura teatral antes que cualquier otra cosa”.

 

T. -¿QUÉ ES EL TEATRO PARA NIÑOS?


¿A qué llamamos teatro para niños?
El teatro infantil no es solamente un conjunto de poéticas y de espectáculos destinados a los niños. Se trata de una disciplina artística más compleja. Es un sector de la totalidad del campo teatral que se relaciona con el resto, es decir, con el llamado teatro “para adultos”, según dos categorías fundamentales: comunidad y diferencia. Comparte con el teatro para adultos muchos elementos y, a la vez, tiene ciertas reglas de funcionamiento propias.
Si es el receptor el que, en el acto de la recepción, da su carácter de “infantil” al teatro, sostenemos que pueden distinguirse dos formas diferentes de este teatro consideradas de acuerdo a la interrelación entre los creadores y ese público o receptor específico que es el niño:
* T.1. - Teatro infantil por interiorización. Se trata de las obras en que los creadores tienen en cuenta a priori –desde el momento mismo de su concepción de los espectáculos o la dramaturgia- al niño que las recepcionará o las leerá. En este caso autores y directores trabajan a partir del conocimiento de las condiciones de la cultura infantil y de la especificidad del espectador y del lector niño. El niño opera en este caso como espectador/lector implícito.
* T.2. -Teatro infantil por apropiación. Se trata de aquellas obras en las que los creadores no tuvieron en cuenta al público o lector niño a priori y que, sin embargo, fueron “tomadas” o “apropiadas” de manera espontánea, a veces imprevisible, por los mismos niños en el acontecimiento de la recepción. Tal vez, el ejemplo más claro de esta categoría pueda provenir de la literatura. Es el caso de obras como Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift; Robinson Crusoe, de Daniel Defoe y Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, que no fueron creadas especialmente para los niños, pero de las que ellos se apropiaron a posteriori y de las que fueron apasionados lectores. Un caso paradigmático reciente en la cartelera porteña es el de Allegro ma non troppo, de la Compañía Teatral Clun, espectáculo pensado para público adulto y que, sin embargo, fue visto por mayoría de niños. No fueron sus creadores quienes determinaron que fuera teatro infantil, sino los mismos niños espectadores que acudieron al teatro. El niño opera en este caso como espectador histórico o empírico.

 

U. -JUSTIFICACIÓN DE LA EXISTENCIA DE UN TEATRO INFANTIL.


U.1. -¿Para qué el teatro para niños?
A pesar de su carácter efímero, el teatro no pasa sin dejar huella. Favorece en los niños una positiva formación humanista, convirtiéndose en un poderoso instrumento de combate contra el escepticismo, la ignorancia y la mediocridad propiciados por este apabullante siglo XXI.
El teatro para niños proyecta cada vez con mayor fuerza su presencia en el mundo de la cultura infantil. Se ha convertido en una herramienta de aportes invalorables. De una forma inmediata y amena, conecta al niño con el mundo del arte y le abre las puertas de la sensibilidad estética, de la reflexión, de la capacidad de emocionarse, reírse y llorar, de comprender diferentes visiones de la vida y del mundo. A la par que los divierte, va desarrollando en los niños una formación humanista que los torna seres más nobles y sensibles. El teatro es un lenguaje que trabaja con la interrelación de las artes: en él se reúnen la literatura, la música, la pintura, la danza, el canto y el mimo.
La cultura relativa a los niños, encuentra, entonces, en el teatro un campo riquísimo de imágenes y reflexiones. En el fondo, el arte, y especialmente el de la escena, forma siempre una visión de mundo del hombre.
La lectura de obras y la asistencia a los espectáculos son las actividades a partir de las que se ejercita el amor al teatro. Y el vínculo del pequeño con este ritual sólo puede explicarse como un enigma. ¿Qué lleva a un niño a requerir ese ejercicio de espectar o leer una obra? ¿Por qué muchas veces el grupo familiar elige ir al teatro si le es más fácil acceder a la televisión y al video? ¿Se debe a los despliegues ficcionales de la imaginación, al placer de las palabras y de los movimientos, al deleite por el convivio con los actores, a una simple curiosidad? Sin duda todas estas explicaciones no alcanzan para definir esa voluntad irracional, ese deseo, ese vínculo parecido a la amistad que se genera entre el espectador y los actores o los titiriteros en escena.
Diversos son los mecanismos de la seducción del teatro: las versiones que fabrica sobre el universo, la belleza de sus argumentos y de sus imágenes, la posibilidad de testimoniar la realidad o el misterioso poder sonoro de los diálogos o la acción vertiginosa de los cuerpos de los actores en escena.
El hábito de asistir al teatro se genera porque el espectador en su devota frecuentación de las salas teatrales, va adquiriendo una competencia que sutiliza y amplía cada vez más el límite de su experiencia. La lectura de teatro genera estas mismas actitudes en el pequeño lector capaz de disfrutar y de formarse frente a la pieza dramática o el espectáculo especialmente creados para él.
U.2. -En cuanto al texto dramático, el teatro para niños se distingue del teatro para adultos por:
U.2.1. -el concepto de sencillez. Todo texto dramático para niños lleva incorporados, implícita o explícitamente, un despojamiento, una síntesis y una claridad necesarios para poder captar la atención del pequeño lector.
Esta sencillez se verifica en
a) el aspecto lingüístico, es decir, en el vocabulario y en las estructuras oracionales y discursivas utilizadas en los textos.
b) la brevedad de las piezas. La síntesis es una condición necesaria para mantener atento al niño y no desalentarlo en su actividad como lector.
c) los procedimientos estilísticos. Generalmente se recurre al planteamiento de una intriga única cuyo desarrollo es lineal y con un diseño de los personajes claro y acabado.
d) los temas tratados en las obras. Hay necesariamente un recorte de los tópicos y mundos representados. Sólo se recurre a aquellos temas y problemáticas que puedan interesar a los niños de acuerdo a su etapa en la infancia. No es lo mismo crear un mundo ficcional para un niño de 3 años, que para uno de 8. Cada edad tiene intereses específicos y una posibilidad limitada de comprensión particular.
U.2.2. -la singularidad del lector infantil. Las dificultades que implican la decodificación del lenguaje escrito y la posterior interpretación de un discurso determinan que el niño sea un lector cauto, más difícil de entusiasmar que el adulto, quien ya tiene su competencia lectora asentada por la práctica de la lectura a lo largo del tiempo. Su capacidad de atención intelectual, además, por sus características psicofísicas, es de menor duración.


 

4º BIOGRAFIA:


V. –BIOGRAFIA DE LA AUTORA DEL CUENTO:

Autora:
Cardona Gamio, Estrella


Lugar de nacimiento:
Barcelona, España

 

V.1. -VIDA Y OBRAS:


Estrella Cardona Gamio, hija de padre alicantino y de madre peruana, procede de una familia con antecedentes intelectuales y literarios, de tal suerte podríamos decir que se educó entre libros, ya que estos fueron los primeros compañeros de su infancia.
A los ocho años garabatea su primera novelita que es de aventuras en la selva africana, influencia de la serie del mismo género, que, escrita por Edgar Rice Burroughs, todos conocemos bajo el nombre de Tarzán de los monos, El hijo de Tarzán, etc. -llevada al cine siempre con desigual fortuna y total inexactitud-, y luego continúa leyendo y escribiendo hasta que, al cumplir los 15, le premian un cuento corto, de aventuras también, El rey del desierto, en la revista juvenil "El coyote", acontecimiento que le hace creer que publicar es la cosa más fácil del mundo.
A los 37 años le premian un relato policiaco, La confesión, en el concurso de un periódico ya desaparecido, "La prensa", relato que posteriormente sale en libro junto con los de los otros participantes así mismo premiados.
En el año 1978 se auto publica una novela, El otro jardín, que conoce una cierta popularidad al moverse activamente su autora, promocionándola en las emisoras de radio más importantes del país.
Estrella Cardona Gamio, como todo escritor novel en sus comienzos, ha conocido el vía crucis de enviar originales a editoriales y concursos, recibiendo la posterior devolución. El otro jardín fue uno de ellos entre otros antes y después, lo que condujo finalmente a una depresión que la mantuvo varios años sin escribir, desesperanzada de que alguna vez, alguien, leyera sus originales, ya que aparte de El rey del desierto y La confesión, sabe perfectamente que ningún otro fue leído ya que tal como fueron enviados a diferentes editoras, le fueron devueltos con la consabida nota de que "por hallarse cubierto su programa editorial, no podían aceptar el envío".
A finales de los años 80, Estrella Cardona Gamio, ingresa temporalmente, en la Asociación Española de Periodistas y Corresponsales, colaborando desinteresadamente en varias revistas y periódicos, al desarrollar artículos temáticos o de investigación especializada.
En esa época también escribe para prensa artículos temáticos y cuentos cortos de intriga y misterio.
A partir de 1990, vuelve a la novelística, empezando otra vez a escribir y concursar. Nuevamente defraudada, pero con una obra muy extensa, es su hermana María Concepción quien la apoya para que vea publicados sus escritos, a través de C. CARDONA GAMIO EDICIONES, editorial virtual on-line que monta la propia María Concepción Cardona Gamio, con ese objetivo.
Actualmente Estrella Cardona Gamio, va publicando en C. CARDONA GAMIO EDICIONES, sus novelas, la primera de ellas en salir por Internet, una perteneciente al género humorístico titulada La canción de la manzana cuya acción transcurre en el año 2005 y es una aguda sátira del mundo actual y su trastocado concepto de la escala de valores.
Luego han seguido, en la misma editorial digital, tres cuentos infantiles, un libro de relatos La paradoja de Esher y otros relatos, y varias novelas, Carta a Charo , El perro de porcelana , Adriel B., La viajera y un amplio etcétera de novela corta y cuentos infantiles que -pueden leerse también en C. Cardona Gamio Ediciones-, siendo todos muy bien acogidos por el público.
Ha participado con reportajes, entrevistas y cuentos, en El Boletín de Temáticos.com, éste amplio directorio virtual, verdaderamente interesante, y, después, desaparecido dicho Boletín, en Temáticos.com en el espacio E-Temas. Colaboraciones también con la prestigiosa revista electrónica LaRed, en calidad de articulista y con el diario electrónico, Las Noticias, cuyo nombre ha cambiado por el de DiarioRed.com, prensa libre internáutica de reconocida valía que se ha visto refrendada, por votación popular, con un premio internacional de la categoría de los ibest, otorgado en el verano del 2000.
Desde febrero del 2001, Estrella efectuó colaboraciones como articulista con la Editorial EKOTY en su apartado digital y con Emprendedoras.com de igual forma, pero alternando con un relato extraído de su propio libro La paradoja de Esher y otros relatos.
Estrella Cardona Gamio es una escritora de registro muy amplio que tanto toca lo cómico como lo dramático, lo sentimental, lo policiaco, el misterio, la intriga, lo fantástico, la ciencia ficción, o el género infantil más simple, sin perder por ello su identidad creativa.
Detesta las etiquetas y los encasillamientos así como las modas literarias.
No tiene, especialmente, un autor favorito. En palabras de ella misma: desde Miguel de Cervantes a Corín Tellado, pasando por Agatha Christie o Umberto Eco, entre muchísimos otros, todos los escritores merecen respeto y consideración simplemente por el hecho de ponerse delante de un papel en blanco y crear esos mundos que el lector recorrerá más tarde.
Ahora bien, admite que, en su adolescencia, hubo dos autores que la marcaron profundamente: Daphne du Maurier y André Maurois.
Estrella Cardona Gamio es Licenciada en Bellas Artes, pintora, -ha realizado varias exposiciones entre colectivas y personales-, dibujante, e ilustradora de sus propios cuentos infantiles o bien de los clásicos que también entran en el proyecto editorial de C. CARDONA GAMIO EDICIONES.

Debido a la buena amistad que la une con el pintor ADOLF, y para C. CARDONA GAMIO EDICIONES, ha escrito entre marzo y abril del 2000, una serie de relatos cortos inspirados en cuadros del mencionado artista, Cuadrocuentos, que componen un pequeño libro al que se une el primer relato, también basado en otro cuadro de ADOLF, y que ella escribiese con fecha 14 de noviembre de 1999, hallándose éste incluido en La paradoja de Esher y otros relatos, publicado en C. CARDONA GAMIO EDICIONES con anterioridad.
Esta experiencia, la de escribir tomando como causa de inspiración cuadros, ha sido nueva para ella, difícil, pero muy agradable y de la que se siente verdaderamente satisfecha al haber conseguido poderla llevar a término.
Sin embargo, no todo ha quedado en la citada colaboración con ADOLF, ya que desde mediados de septiembre del 2000, Estrella Cardona Gamio y ADOLF iniciaron, la idea fue de del artista, una correspondencia pública por el medio de Internet que bajo el título de Cartas e-cruzadas, puede leerse en la web del mencionado ADOLF, y también conectando, a través del link que la promociona, con C. CARDONA GAMIO EDICIONES
Dicha correspondencia no encierra pretensión alguna de trascendencia; son, simplemente, cartas que se cruzan entre dos amigos virtuales, una novelista y un pintor -que, por cierto, hasta los 21 meses de relación virtual, no han llegado a conocerse personalmente, lo que sucedió el 27 de junio del año 2001-, y en las que hablan de todo un poco, como si de una conversación distendida se tratase. Con ello lo único que se ha pretendido es volver a la vida un género, el epistolar, ya caído en desuso, nada más.

 

Obras:


• Novelas
o La canción de la manzana
o Carta a Charo
o El perro de porcelana
o Adriel B.
o La viajera
o Cuatro testimonios
• Relatos
La paradoja de Esher y otros relatos
o Cuadrocuentos
o Cuentos crueles
• Cuentos infantiles
o El delfín la princesa y el austronauta
o Puchi-Puchi detective
o El gato con gafas.
o Las nuevas aventuras del gato con gafas: Los viajes de Petrusky
o El abuelo que no sabía explicar cuentos
o ¿Qué pasó con el lobo feroz?
• Género epistolar
Cartas e-cruzadas

 

 

5º EL CUENTO:

 

LOS VIAJES DE PETRUSKY:


W.1 -1. NEGRI (1)


¿A qué no me habéis olvidado?... ¡Claro que no!... (Bueno, al menos eso espero)...
Ejém, soy yo otra vez, Petrusky, y parece que fue ayer, ¿verdad?, cuando os relataba mis aventuras en el País del Cuadro Encantado, pero volví, como ya sabéis muy bien, y aquí estoy de nuevo y no con ganas de mantener el pico cerrado, porque me digo ahora mismo que todos vosotros estaréis preguntándoos que qué ha sido del bueno de Petrusky, qué cómo le va la vida, ¿se hizo al final amiguito de Lilí? En fin, cosas que son de vuestro interés dado que seguisteis con mucha atención mis primeras aventuras.
Pues sí, claro, faltaría más, hay noticias que daros y otra historia maravillosa que relatar al personal. ¿Iba yo a estar dispuesto a enrollarme en plan paliza sino?... Conque, ¡venga!, tomad asiento en la más cómoda butaca que tengáis, mejor todavía, con una bolsa de palomitas entre las manos y escuchad, queridos amiguitos, ya que como os prometí al final de EL GATO CON GAFAS, este cuento NO se ha acabado... por ahora, y, poniéndome al día, tal cual aseguran en los telefilms norteamericanos: To be continued...
¿Qué sucedió después de mi vuelta a casa?
Que todo fue como mamá había dicho o imaginado, o como Lilí, con sus innegables poderes mágicos, le había sugerido telepáticamente en la escena final del cuento -y le llamo cuento porque somos animalitos que hablan y eso sólo pasa en los cuentos, dicen-, sí, nos hicimos amigos, claro que, por mi parte al menos, con cierta prevención; eso de que un periquito y un gato se hagan íntimos, la verdad... Pero debo reconocer que Lilí lo intentó con muy buena voluntad, luego de demostrarme ampliamente lo efectivo de sus poderes, y en esto no hay discusión ya que me había convencido, no me humilló con su manifiesta superioridad, lo cual es muy digno de agradecer, sino que empezó a portarse conmigo como una hermana mayor bien que un poquito empalagosa y en ocasiones hasta súper protectora, conducta que no dejaba, a veces, de fastidiarme, pero, ¡qué se le va a hacer, no todo es perfecto, aunque debiera!
Papá me compró la pajarera prometida, dentro de la que yo podía hasta volar, no mucho, pero sí más que en mi anterior residencia, circunstancia que resultaba mogollón divertida. Mamá escribió ese cuento que vosotros, si sois amigos míos, tenéis que haber leído ya –por supuesto EL GATO CON GAFAS, chapeau a Lilí, y que además, Mamá pensaba enviar a la convocatoria del Premio Internacional de Literatura Infantil Pulgarcito en el Bosque-, la Niña me dedicó una composición titulada A TRAVÉS DEL CUADRO, y yo era muy feliz, ¿podía ser de otra forma?, al comprobar como todos me querían y agasajaban.
En medio de tanta dicha creía, inocente de mí, que la vida aventurera ya había tocado a su fin y que sólo me restaba envejecer con alegría y dignidad mientras recordaba satisfecho y un pelín nostálgico, a mis queridos amigos del País, o Mundo, como prefiráis llamarlo, del cuadro, mas, ¡craso error!, se ve que todavía era demasiado joven como para oxidarme en mi preciosa pajarera.
Dejadme que os explique.
Luego de mi vuelta transcurrieron algunos meses, engordé un poco y Lilí se hizo más mayor, cosas, por otro lado, que no son para sorprenderse; yo me pasaba comiendo, la Niña me atiborraba de golosinas, y Lilí, por ley de vida, estaba convirtiéndose en lo que en términos humanos denominaríamos “una linda jovencita” o “está pasando la edad del pavo”, lo cual significa que Lilí cada día se ponía más guapa -¿no resulta extraño oírme hablar a mi en éstos términos?-, y también estaba un poco, ligeramente, tontita, no conmigo, debo admitirlo, sino con ella misma. Era como si en ocasiones estuviera en la higuera y no se diese cuenta de nada, distraída, comentaba Mamá y desde luego que esa impresión transmitía, lo que no dejaba de ser raro en una gatita tan avispada como ella.
Lilí había cogido la costumbre de venir cada tarde a primera hora, sentándose sobre un cojín que previamente tiraba al suelo desde el sofá, para contarme sus andanzas mañaneras y como tenía ingenio y era socarrona, sus historias resultaban de lo más entretenido por más que yo la fuese pinchando de vez en cuando o me metiera con ella polémico, en recuerdo de los viejos tiempos, claro que en ocasiones, de broma en broma, concluía enfadándome para gran regocijo de Lilí, que entonces me llamaba “el cascarrabias de Petrusky”, levantaba su rabito haciéndole adoptar la forma de un signo de interrogación y se alejaba tan pancha dejándome con mi rabieta hasta que se me pasara.
Una tarde, Lilí me dijo algo que no me gustó nada, nada, nada.
-¿Sabes?, tengo un amiguito nuevo –informó dándose importancia.
-¿Otro erizo? –respondí malicioso ya que existía una anécdota que se remontaba a sus tiempos infantiles, cuando Lilí quiso jugar con un erizo que encontró en el jardín y éste se hizo una bola da púas saliendo ella bastante mal parada del lance.
Lilí torció el morrito, solía ser muy susceptible a esa evocación.
-Nada de erizos, se trata de uno de mi misma especie.
A mí se me pusieron las plumas de punta.
-¡Otro gato!
-No berrees Petrusky, ¡ni que fuera la peste bubónica!... Sí, es otro gato... No hay para ponerse así, me parece.
-¿Y dónde demonios lo has encontrado?
-En ningún demonio –protestó Lilí con fastidio-, es un gato vecino... Bueno, vive un poco lejos de aquí, es verdad, en una granja, al otro lado del pueblo, en pleno campo, más o menos como nosotros.
-¿Tan lejos te has ido?, anda que si se entera Mamá...
-No me he ido lejos, tonto, él pasaba por aquí y nos hemos encontrado.
Yo empezaba a mosquearme.
-¿Y a qué pasaba?
-¿Cómo quieres que lo sepa?... Pasaba, eso es todo, a ver si te crees que se va por ahí preguntando a la gente por qué hace las cosas, eso sería de mala educación, y yo no soy una fisgona y sí...
-... una gatita muy bien educada.
-Eso mismo, Periquito azul australiano.
-Vale, continúa y ves al grano que siempre te pierdes en los adornos.
-Impaciente... Bueno, mira, Negri, se llama Negri...
-¡Apuesto a que es negro! –exclamé triunfalmente.
-¡Qué listo!, claro que es negro, llamándose así tenía que serlo, ¿no? Pues Negri es algo más mayor que yo y tiene un cargo muy importante en la casa donde vive...
-¿Qué hace, trabaja con ordenadores? –interrumpí socarrón.
-¡Ay, Petrusky, deja de interrumpir! –y Lilí se puso a enumerar las virtudes de Negri con manifiesta admiración- Negri se encarga de espantar a las ratas de la granja para que no se beban la leche de las vacas, ni el queso, ni se coman a los pollitos, ni roben los huevos, ni muerdan a los niños mientras éstos duermen, ni...
Muy amostazado farfullé:
-¡Vaya, algo así como un Robocop en versión gatuna!
-¡Huy, ves demasiada televisión tú!
-Y usted lee demasiados cuentos de hadas.
-¿Qué quieres decir con eso?... Está bien, prosigo, Negri...
-Le vas a gastar el nombre.
Picándose como una mona, Lilí chilló:
-¿Se puede saber de qué otra forma le he de llamar?
-El gato vagabundo ese.
Ella explotó.
-¡Negri no es un gato vagabundo, trabaja en una granja y le tienen en muy alta consideración!
-Sí, le van a nombrar gato del año, o, mejor, le darán el premio Flautista de Hammelin.
-¡Oh, cállate, eres insoportable!
-De acuerdo, me callaré. Va, cuenta.
Lilí se calmó un poco, nunca la había visto tan molesta por mis bromas, porque que quede claro que yo estaba bromeando, ¿eh?
-Te advierto que si vuelves a soltar otra inconveniencia no vendré a verte en una semana... Bueno, pues Negri... ¡Negri, Negri, Negri, ¿te enteras?!... Negri andaba paseando por el bosque, es un gran amante de la naturaleza...
-¡No me digas!
-¡Petrusky!
-Cierro el pico.
-Más te vale... Bueno, pues nos hemos encontrado. Realmente es el primer gato que conozco en carne y hueso, antes sólo los había visto en los libros y en la tele... –a Lilí el veterinario la venía a visitar ahora a domicilio- Negri es sensacional, ya verás, te gustará cuando lo conozcas...
-¡Ah, pero, ¿es que voy a conocerle?! –exclamé sobresaltado.
-Por supuesto, a mí me agrada que mis amigos sean amigos entre sí.
¡Tierra, trágame!
-Oye, Lilí, bromas aparte, si ese Negri viene aquí lo más seguro es que practique sus artes cinegéticas conmigo... Tú sabes que los gatos...
Lilí me miró de través.
-¿Qué pasa con los gatos?
-No te ofendas, tú eres otra cosa –exclamé apaciguador-, ya me lo has demostrado “con harta largueza” ¡caray!, pero Negri no tiene porque poseer tus cualidades.
-¿Tú que sabes?
-Anda, no me querrás decir ahora que el dichoso Negri es un mago encantador... ¡Pues vaya con esta generación de gatos!
Los ojazos de Lilí se convirtieron en dos aviesas líneas oblicuas.
-Si yo fuera una mentirosa te diría que sí para cerrarte el pico, pero, como no lo soy, no te lo diré... Negri es normal, es un gato sin poderes y muy simpático, para que te enteres, y muy valiente porque espanta ratas y muy listo porque es un experto en supervivencia. Tienes que saber que antes de vivir en la granja llevó una existencia de lo más azarosa... Una vez se enfrentó a un lince y en otra a un hurón, y...
Lilí hablaba con verdadero entusiasmo de su nuevo amigo y yo empecé a considerar las cosas desde otro punto de vista y debo reconocer que me sentí un poquito celoso de aquella especie de Rambo felino, y no precisamente por sus heroicidades.
Paternalmente, nadie me había pedido que adoptase ese papel, le largué un sermón a mi traviesa compañera.
-Mira Lilí, todo eso me parece muy bien, pero ve con cuidado. Quizás el tal Negri no es más que un bocazas sinvergüenza y buscavidas que se ha quedado sin casa y busca un nuevo hogar. Tú eres una ingenua gatita, por muy brujilla que seas y ese fanfarrón matasiete espanta ocho, tal vez no sea más que eso... Te lo digo por tu bien, créeme, ahora no estoy bromeando, ni mucho menos.
Lilí me miró enfurruñada.
-Sé perfectamente lo que me hago, y sí, como afirmas, soy brujilla, comprenderás que no soy tan tonta como para dejarme engatusar.
Suspiré con infinita paciencia, mi amplia cultura televisiva me traía a la memoria cierta película protagonizada por Kim Novak y James Steward, en la que también salía un gato, siamés por añadidura y mágico.
-Lilí, Lilí, ¿es qué no sabes lo que les pasa a las brujas cuando se enamoran?
Lilí soltó un bufido, brincó, arqueando el lomo, mientras los pelos del rabo se le erizaban.
-Eso no es cierto, yo no estoy enamorada de nadie, eres un bicho sin sentido común, un cascarrabias y tienes envidia de que me haya hecho amiga de Negri, eso es... Para que te empapes, Negri y yo sólo somos buenos amigos
Aunque en el fondo había algo de verdad en sus palabras, insistí llevado de los más loables propósitos, y terco como una mula.
-Es por tu bien, Lilí, yo solamente lo advierto, puedes perder tus poderes si te enamoras.
Creí que a Lilí le iba a dar un ataque; los ojos le echaron chispas –gato tenía que ser-, y con un ágil movimiento, saltó al alfeizar de la ventana del mirador y luego al jardín, la escuché maullar a lo lejos y pude sentir como Mamá le decía a Papá en el interior de la casa:
-Desde hace unos días, Lilí está muy nerviosa... No sé lo que le sucede.
Y Papá:
-No te preocupes, será la influencia de la primavera.
Yo no sé si era la influencia de la primavera, que, por otra parte, ya tocaba a su fin, o qué, pero el caso es que Lilí no era la misma de siempre.
Como suelen hacer los humanos, yo también tendía a echarle las culpas de su conducta a ese Negri que en mala hora topó por el bosque, y entonces, queriendo ayudar, hice algo que consideré muy inteligente: debía conocer a Negri –por mucho que me repatease-, debía hacer que Lilí le trajese a casa, debía conseguir que Mamá le viera, pues si la estratagema daba resultado, Mamá ahuyentaría a Negri, impidiendo que Lilí se volviese a relacionar con él, y de nuevo las cosas estarían igual que antes, o sea, en orden.
Muy satisfecho con mi maquiavélico plan, me apresuré cuanto antes a ponerlo en práctica y así se lo dije a Lilí apenas la volví a ver por el mirador, que fue muy pronto.
-Oye, creo que me porté mal contigo respecto a ese... A Negri, quiero decir, porque si no le conozco no sé por qué tengo que preocuparme tanto y encima criticarle.
Una radiante Lilí me interrumpió más contenta que unas pascuas:
-Eso se arregla enseguida, mañana le traigo y así le conocerás, seguro que os hacéis de lo más amigos.
(¡Qué te crees tú eso!... Pensé yo mientras adoptaba un aire de seráfica inocencia).


W.2 - 1. NEGRI (2)


Alrededor de las once del día siguiente, Lilí compareció llevando a Negri. Yo me había alisado cuidadosamente las plumas con fin y objeto de estar de lo más presentable y acicalado posible –recordad que los animalitos no nos cambiamos de traje-, y fingía estar distraído contemplándole paisaje desde el palito más alto de la pajarera, cuadrangular y vertical. Los vi llegar, claro, porque iban hablando entre sí por medio de suaves maullidos. Mamá estaba escribiendo a máquina en el piso superior, la Niña en el colegio y Papá en la ciudad preparando los últimos detalles de una exposición –recordaréis que papá es un famoso pintor-, por tanto, el escenario se hallaba dispuesto ya para la representación.
Primero entró Lilí en el mirador, y he de reconocer que aquella no era mi Lilí sino otra muy diferente, nerviosa, tímida, balbuceante... ¡Vaya, que hasta me hubiesen dado ganas de reírme si el asunto no fuera tan serio!
-Petrusky...
Me volví con afectada indiferencia.
-¿Decías?
Entonces vi a Negri de cerca... Venía detrás de ella y, la verdad, no era el matón ni el gato cachas que yo me temía. Un poquito más grande de tamaño que Lilí eso sí, y rechonchito, lo que indicaba que se alimentaba bien; de orejas a rabo tan negro como la noche, pasando por patas, lomo y barriguita, y dueño de unos increíbles ojos azul porcelana que parecían dos farolitos en medio de tanta oscuridad. No demostraba recelo alguno ni desconfianza, caminaba con la suavidad típica de los gatos y su aspecto no era barriobajero sino reservado y seguro de si mismo, también se le advertía satisfecho de la vida lo mismo que un pequeño burgués en bata casera y zapatillas de felpa.
Tuve que reconocer que no estaba mal como gato foráneo, pero otro cantar era que resultase la adecuada compañía de Lilí, y yo, usurpando las funciones de un padre o tutor, tenía que arreglar aquello.
-Pe... Petrusky, te presento a Negri, Negri, éste es Petrusky de quién tanto te he hablado.
(¡Caramba, caramba, así que yo era tema de sus charlas!)
Negri avanzó calmosamente hasta colocarse delante de mí, muy educado. Mal que me pese no se trataba de un patán; hizo una inclinación de cabeza y maulló con voz suave y profunda, ronroneante:
-Encantado de conocerle, señor Petrusky, la señorita Lilí me ha dicho que es usted el miembro no humano, más importante en este hogar feliz, una verdadera institución en lo que respecta al clan familiar.
Bueno, debo reconocer que me sentí muy halagado; ¿a quién no le gusta que lo cepillen?
Carraspee dándome importancia –convenía impresionarle.
-Sí, ejém, ciertamente... ¿De modo que tú eres el famoso Negri?
-No creo ser muy famoso –afirmó él con modestia-, lo que si puedo decirle es que allí en donde he estado, he dejado un grato recuerdo... Lo cual no deja de tener su importancia... –y al afirmar esto último, obsequió a Lilí con una mirada de borrego que tuvo la virtud de alertarme.
-Lilí me ha dicho que vives en una granja ahora –dije con severidad, porque me había propuesto mostrarme intransigente en ese sentido. Lo siento, pero alguien había de mostrarse severo.
-¿Me permite usted que tome asiento?, muchas gracias... Sí, en efecto, presto ahí mis servicios, claro que eso no significa que piense que mi futuro es el de ser granjero, yo tengo aspiraciones.
¡Sorprendente el gatito!
-¿Cuáles son tus proyectos?
-Establecerme y formar una familia, procedo de una muy numerosa y bien avenida...
-De la cual te alejaste –interrumpí yo deseoso de encontrar alguna mancha en aquel currículum.
-Verá usted, no fue exactamente así; al tratarse de familia numerosa, por ley de vida, todos los hermanos marchamos e casa a hacer fortuna, iniciativa nada vituperable puesto que ello siempre ha engrandecido los linajes gatunos, pero no he olvidado a los míos y de vez en cuando hago una visita a mi madre. Mamá es siamesa y papá igual que yo, según ella me dijera en su momento.
A Lilí se le llenó la boca metiendo baza al explicarme:
-Su madre reside en la mansión de unos fabricantes de alimentos para felinos y ella es la que sale fotografiada en los envases, bueno, cuando era joven, ¿sabes?
Negri miró hacia otro lado con humildad.
-No me gusta alardear de mis orígenes, pero, en esta ocasión he supuesto que era importante revelárselos a la señorita Lilí con fin y objeto de evitar malos entendidos. Yo poseo casta y linaje; no soy un gato vagabundo.
(¡Ay Lilí, Lilí!)
-Vale, está bien, ahora ya sabemos que eres un chico con credenciales.
De pronto me quedé mudo. Había estado a punto de cometer el error más grande de mi vida, pues, ¿no iba a preguntarle a Negri cuáles eran sus intenciones respecto a Lilí? ¿Pero, cómo podía yo ser tan memo? Sin darme cuenta, Negri me estaba dando la vuelta y si yo no reaccionaba era muy capaz de acabar logrando mi bendición para sus relaciones amistosas con Lilí, y eso no podía ser, no podía ser.
-Lilí me contó que te enfrentaste a un lince y a un hurón.
Negri restó trascendencia al hecho.
-¡Oh, eso!... Con el hurón estuve a punto de dejar la piel, con el lince fue otra cosa... Primero nos enseñamos los dientes y después nos hicimos amigos. El pobre estaba solo, es una especie en vías de extinción, y me explicó como resulta muy triste el ver que cada día son menos los de su raza porque el hombre les somete a una caza despiadada ya que su piel es preciosa. Me confió que pensaba emigrar a una zona protegida ya que allí se les deja vivir en paz, lo difícil es llegar hasta la reserva, ya que por el camino existen muchos peligros, trampas, cazadores... Todos los animales del mundo tenemos nuestros derechos inalienables, establecidos por la propia naturaleza y deberíamos constituirnos en magna asamblea hasta hacer comprender al ser humano que debe aprender a respetarnos que no somos ni sus juguetes ni sus víctimas y que poseemos una dignidad que debe ser tan tenida en cuenta como la suya.
(¡Aquel michino era una caja de sorpresas!; ¿quién iba a imaginarse que se erigiera en portavoz de la sociedad protectora de animales?)
Lilí le escuchaba hablar con mal disimulada admiración, y yo empecé a inquietarme, porque si Negri no me parecía a mí un mal tipo, con Lilí tenía ganados todos los puntos.
-¿Qué opinas de los pájaros en general y de los periquitos en particular?
Negri respondió con la mayor inocencia:
-Son hermosos todos, y en cuanto a los periquitos, les admiro por sus exóticos orígenes. Según tengo entendido usted procede de un inmenso continente poblado de bosques de eucaliptos, ¿no le gustaría volver algún día a la patria?
Negri era muy hábil y yo empecé a sentirme acorralado.
-Sí, claro, algún día, pero no deja de ser un sueño imposible, además, mi procedencia australiana es remota, hace muchas generaciones que mi familia ha criado aquí.
Lilí volvió a intervenir.
-La madre de Negri no, a su madre fueron a buscarla a Siám.
Comencé a experimentar una sensación de acoso.
-¡Vaya, pues que lujo!
Negri se apresuró a desmitificar la situación.
-Una casualidad, la familia con la que vive mi madre fue allí en viaje turístico.
-Su madre es muy guapa, espera un momento, Petrusky, y te traeré un envase para que le veas fotografiada.
Y sin esperar respuesta, Lilí salió zumbando para traerse el dichoso envase que a mí me importaba un bledo contemplar.
Quedamos solos Negri y yo, y entonces, desesperado, decidí lanzarme de cabeza al abismo. (¿Qué hacía Mamá que tardaba tanto en bajar?)
-Negri, compruebo que eres un gato que ha vivido y tienes experiencia. Lilí es muy jovencita y con la cabeza llena de fantasías propias de la edad, no afirmo con eso que sea tonta, que no lo es y sí muy lista y... Vaya, que no me gustaría nada que sufriera alguna decepción o disgusto... Yo... –me eché un farol- Yo, aparentemente no soy más que un periquito igual que muchos, pero las cosas no son lo que parecen ser... Aquí donde me ves he vivido aventuras inimaginables y tengo amigos, amigos importantes y muy poderosos... Con todo esto quiero decirte que si a Lilí le sucediese algo poco agradable, pues... el que lo hiciera se iba a arrepentir –concluí de forma truculenta a lo “padrino” mafioso.
Negri me miró con sus límpidos ojitos azules y dijo muy solemne:
-Le comprendo, señor Petrusky, y entre animales de honor sobran las palabras. A usted y a mí nos anima el mismo pensamiento respecto a la señorita Lilí, los dos somos sus acérrimos paladines.
Lilí irrumpió en aquel momento.
-¡Mira Petrusky –maulló triunfalmente-, mira a la madre de Negri!
Entraba haciendo rodar el envase que dejó plano para que yo pudiera verlo cómodamente. Enmarcado en un círculo del cartón metalizado, se veía la redonda carita de un gato siamés, orejitas y morrito negro, ojazos de aguamarina e inconfundible pelaje lustroso... Debo reconocer que era un hermoso ejemplar de felino.
-¿Ves?, Negri ha heredado sus ojos.
-Sí, ya lo veo.
Negri intervino zalamero:
-La señorita Lilí podría ser una digna sucesora de mamá en esa foto.
Lilí le contempló arrobada.
-¿Tú crees?
-Todo es proponérselo.Fruncí el ceño, ahora vendría aquello de “ven a casa de mamá y cuando todos te vean tan bonita seguro que...”
-¡El mundillo de las modelos es muy fatigoso! –salté alarmadísimo.
-¡Oh, Petrusky, calla, no seas aguafiestas! –a Negri-¿Te imaginas que me contratasen para hacer spot publicitarios? De los tiempos de tu madre a hoy en día todo ha cambiado mucho, podría convertirme en una top model famosa.
-¡Lilí! –chillé yo muy asustado; la situación se me estaba descontrolando.
-¿Qué pasa ahí abajo?
¡Bendito sea el Cielo, era la voz de mamá!
Escuchamos sus pasos descender por la escalera, y yo, en un instante de loca alegría, pensé que Negri iba a saltar por la ventana ante la proximidad de la dueña de la casa, mas para mi gran chasco no fue así; Negri siguió sentado tan tranquilo e imperturbable.
-¿Qué sucede, por qué alborotáis de esa forma?
Lilí se puso a hacerle la rosca a mamá restregándose contra sus tobillos mientras ronroneaba, en tanto Negri la miraba sin pestañear.
-Hola, hola, la gatita mimosa... ¿Qué es esto? –Acababa de descubrir a Negri- ¿Qué hace este gato aquí?
Yo les di la espalda en un arrebato de dicha histérica, pero queriendo evitar ser testigo de lo que se avecinaba, sin embargo la contraventana abierta me hizo de espejo y no me perdí detalle, claro que podía haber cerrado los ojos, pero no lo hice.
Negri se levantó sin prisas y ondulante acercóse a Mamá sin demostrar miedo alguno... ¡Había llegado el momento!
-¿Es un amiguito tuyo, Lilí?
-¡Meu, meu!
-¡Miau, miau, miau! –maulló Negri cortésmente.
-¡Qué gatito tan precioso, todo negrito, y que ojos tan lindos!
Mamá se acuclilló para acariciar a Negri, ¡ACARICIAR A NEGRI!
Negri se tiró de espaldas enseñando la pancita.
-¡Que monada de gato, que cariñoso, que simpático! –Mamá le rascó la barriguita entre un dúo de satisfechos ronroneos- ¡Ah, pero tienes dueño, llevas un collar antiparasitario!
Mamá se incorporó.
-Lo siento, Lilí, no nos podemos quedar con él porque tiene dueños y sufrirían mucho si no volviera.
(¡Ay, gracias, gracias, gracias, de qué poco no me da una parada cardiaca!)
-¿Meu, meu, meu?
-Pero, cariñito, tu amigo puede venir a visitarte siempre que lo desee.
(¡OH, NO, ESO NO!)
-¡Miau, miau!
-¡Meu, meu, meu!
¡Narices, buena la había hecho yo! Desde luego, el que no ha nacido para intrigante...
-¿Verdad que vendrás a visitar a nuestra Lilí?, ella estará muy contenta y como se ve que eres un gatito bueno te voy a traer un platito de leche para que desayunes si no lo has hecho todavía. Claro que mejor será que te lo tomes en la cocina, ¿no te parece Negrito?... ¿Vamos, bonitos?
Mamá dio la impresión de acordarse de mí entonces.
-No tengas miedo, Petrusky, el amiguito de Lilí tiene aspecto de ser un gatito muy dulce y estoy segura de que no te hará ningún daño, así que tranquilo, luego te traeré una barrita de miel.
Y se fueron, se fueron los tres tan campantes y felices y yo me quedé en lo más alto de la pajarera renegando de la maldita ocurrencia que había tenido.


W.3. - 1. NEGRI (3)


No duró mucho tiempo mi soledad, ya que aún no me había recobrado de la humillación de mi fracaso, cuando Lilí regresó dando botes como una cabra loca.
-Negri se ha tenido que ir a la granja porque se le hacía tarde para su trabajo; me ha rogado que le despidiera de ti y que te dijese que ha sido un placer conocerte y que en una próxima visita te dedicará más tiempo, que se ha dado cuenta de que eres un periquito muy inteligente y de mundo y que espera que en breve pueda tener el honor de llamarse tu amigo... ¿No te parece que Negri es un primor?
Yo estallé; con alguien tenía que sacar la rabieta que llevaba dentro.
-Lo que me parece el tal Negri no te lo puedo decir porque soy demasiado educado.
-¡Bah!, otra vez con tus tonterías y celos absurdos... Lo tuyo es de psicoanalista, querido Petrusky. Mira, hoy estoy tan contenta que no me voy a enfadar contigo –y agregó maliciosa-. Después de todo, gracias a ti, Mamá ha conocido a Negri y le ha caído de perlas y lo mismo es pasará a papá y a la Niña. Ya verás, como Negri tiene ese don de gentes tan grande sabe meterse a todos en el bolsillo. Hasta luego, Petrusky.
Lleno de amargura por mi derrota, no se me ocurrió otra cosa mejor que gritarle, cuando ella salía del mirador:
-¡Lilí tiene novio, Lilí tiene novio!
(Reconozco que fue una venganza infantil e idiota).
Lilí se revolvió como si le hubiera picado un escorpión.
-¡Cállate! ¡Eso es mentira, Negri y yo sólo somos buenos amigos!
-... y residentes en el bosque... ¡Lilí tiene novio, Lilí tiene novio!
Yo debía armar un jaleo terrible, porque la voz de mamá sonó desde la cocina:
-¡Calla Petrusky, no alborotes que ahora te llevo tu barrita de miel!
¡Para barritas de miel estaba un servidor!
Lilí me sacó la lengua.
-Eres el más burro de todos los periquitos... Eres... Eres... Eres un periburro... ¡Ojalá te fueses a Australia!
Yo chillé retador:
-¡¡Pero no me puedo ir, elius, elius!!
Lilí, que ya se alejaba, giró la cabecita para mirarme de reojo y anunció sibilinamente:
-Eso nunca se sabe...
Y fue su tono de voz, un tono que yo bien conocía, el que hizo que me estremeciera de pies a cabeza.

Negri volvió, una y mil veces volvió, como vuelven las termitas para socavar los cimientos de las casas más sólidas.
Negri era muy educado conmigo y muy amable, debo admitirlo mal que me pese, pero a mi se me había atravesado y por más monerías que me hiciera, lo contemplaba torvamente y sin ganas de contemporizar. Sin embargo, hablaba con él, ¿qué otra alternativa tenía?, y hasta le llegué a contar, a instancias de Lilí, algunas de las aventuras que me había tocado vivir en el Mundo del Cuadro. Negri me escuchaba con mucha atención, que no dejaba, por otra parte, de resultar gratificante, y un día me llegó a preguntar con solicito interés, si no me gustaría vivir de nuevo aventuras tan fascinadoras, no las mismas, claro, sino otras.
-Poder volar visitando países remotos, mundos de fábula –sugirió Negri con aspecto soñador.
-¿No te chiflaría, Petrusky?
¡Qué manía, se ve que aquel par sólo deseaba que me largase para dejarles el campo libre!
-¡Nooo, no quiero volverme a ir a ningún sitios!... Si se tratase de una película, vale, porque interpretaría una historia y no sentiría ningún tipo de incertidumbre respecto a mi futuro, pero como no se trata de eso sino de apechugar en primera persona, pues, la verdad, no me apetece nada de nada.
-¡Eres un cobardica!
-¡Lilí!
Negri intervino conciliador.
-La señorita Lilí no ha querido ofenderle, señor Petrusky.
Yo salté enfurruñado:
-Sé muy bien lo que tu “señorita Lilí” quería decirme, hace mucho tiempo que la conozco y te advierto que no es tan angelito como representa.
Lilí se echó a reír.
-Mala prensa, no hagas caso, Negri, Petrusky tiene un singular sentido del humor.
-Naturalmente, naturalmente, ya se ve que es muy bromista.
¡Condenado gato de granja!

Llegó el verano y con él esas brusca tormentas del mes de junio sacudidas por los truenos e iluminadas por los relámpagos, y no sé si por eso, o bien por cualquier otra causa, Negri no vino durante unos cuantos días. Lilí estuvo muy nerviosa por tal motivo, pero no se atrevió a irle a buscar porque los truenos le daban mucho miedo. A la postre reapareció Negri muy ufano y con aires de conspirador de baratillo, que yo no soy tonto y me fijo en los detalles, por más que de detalles pocos ya que todo eran ampliaciones.
Negri vino contento y excitado y Lilí le recibió con una gran algarada de saltos y arrumacos gozosos, demostraciones que pude atisbar desde mi atalaya en el mirador, viéndoles jugar alegres sobre el césped del jardín, luego los dos llegaron corriendo entre brincos y cabriolas, ya que Negri era muy cumplido y siempre que hacía acto de presencia por casa, su principal ocupación, luego de frotarse contra los tobillos, calcetines o pantalones del primer miembro de la familia que se le pusiese a tiro –en donde, ¡faltaría más!, había caído la mar de bien-, era la de acercarse a presentarme sus respetos. Entraron por la gaterita de la cocina, le hicieron la pelota a Papá que estaba en su estudio pintando -único representante de la familia en aquellos momentos ya que la Niña tenía exámenes y Mamá había salido-, para después irrumpir en plan tromba en mis dominios.
-Hola, señor Petrusky, ¿cómo está usted?
Lilí exclamó atropelladamente, sin darme tiempo a responder:
-¡Petrusky, Petrusky, Negri y yo salimos un momento! -la costumbre era estar de tertulia conmigo una media hora, siempre que Negri venía. A mí se me debió avinagrar el gesto, porque Negri se apresuró a decir.
-No pase pena, señor Petrusky, que volveremos antes de que se haga de noche, bueno, quiero decir que traeré a la señorita Lilí de regreso antes de que oscurezca, pero la dejaré en la puerta puesto que en casa me espera mi habitual trabajo de ronda nocturna, o sea, que me despido de usted ahora, hasta la próxima vez.
Mi mosqueo creció ante tantas prisas y tantos misterios.
-Supongo -amonesté severo-, supongo que no la llevarás a una cacería de ratas.
Negri se escandalizó ostensiblemente.
-¡Por favor!, ¿por quién me toma, señor Petrusky?... Jamás expondría a ningún riesgo a la señorita Lilí... Quede tranquilo, conmigo está a salvo. ¿Vamos?
-¡Yo prime, yo prime! –chilló Lilí, enloquecida de alegría.
Quien no lo veía nada claro es el que suscribe, pero ya ellos saltaban por la ventana entre alborotados “miaus”, igual que dos niños pequeños y muy traviesos.
No me gustaba aquello, no me gustaba nada y sinceramente lamenté el no pode echar a volar detrás de la parejita para controlar la situación.
Mi inquietud por las andanzas de Lilí en pos de Negri, no dejaban de tener una base lógica porque desde la entrada de Negri en nuestras vidas, todo iba un poco patas arriba. Lilí ya no era la misma y para postre, en los últimos tempos, tenía la cabeza más llena de pájaros que nunca puesto que Negri se dedicaba a contarle el cuento de la lechera cada dos por tres y así la cantinela de Lilí top model internacional, había dejado de ser amable fantasía de desocupados, para convertirse en una especie de solapada amenaza envuelta en los oropeles más seductores que Lilí aceptaba sin la menor humildad. Según Negri, Lilí era preciosa –no afirmo yo que no lo fuese-, y debía suceder a su madre, la de Negri se sobreentiende, en la imagen publicitaria de los envases de alimentos para felinos, porque, siempre en opinión del taimado morrongo granjero, Lilí enamoraría a las multitudes desde la tapa metalizada de las “delicattessen” gatunas.
Y una extasiada Lilí había comentado lo que parecía ser el comienzo de un delirio sin fin de despropósitos:
-Ahora todo es muy diferente y en los tiempos modernos no es precisamente el Gato Félix el más famoso... Un ejemplo viviente lo tienes en el gato Calcetines, el primer gato de Estados Unidos, y, dicen –añadió no sin algo parecido a la envidia-, el gato más fotografiado del mundo, ¿sabes?
A lo que Negri terció en aquella ocasión:
-Aquí de lo que se trata es de que a la señorita Lilí la descubra un cazatalentos que la sitúe en el estrellato que tanto su belleza como su distinción merecen. Sigo pensando que si aceptaras venir a casa de mi madre, sólo viéndote, la familia con la que ella vive se prendaría e ti y te ficharían para sus productos. Ese podría ser el trampolín hacia la fama internacional.
Lilí respondió mimosamente:
-¿Y tu mamá no se enfadaría?
Negri protestó con calor:
-¿Qué dices, criatura? Mi madre no podría sentirse más que orgullosa de que la sucediera alguien tan cualificado como tú.
(¡Ah, cuán grande fue mi intuición, que me llevó a desconfiar de Negri apenas supe de su existencia!... ¿Por qué uno tendrá tanta experiencia de la vida?)

El Sol comenzó a descender la escalera que le llevaba al crepúsculo y yo a inquietarme por la tardanza de Lilí. Mis amos, distraídos con sus quehaceres respectivos, no se habían percatado de nada, en aquella ocasión, era yo el único que sufría en silencio la salida de Lilí en tan poco acertada compañía, mas al final respiré aliviado, como tengo muy buena vista, pude descubrirles a lo lejos antes de que el Sol se ocultara, lo que me sorprendió es que los dos correteaban como si entre ambos empujasen algo delante de ellos, algo que semejaba brillar a intervalos, o tal parecía. ¿Qué es lo que habían encontrado, un trozo de vidrio, un espejito, una linterna encendida? Luego desaparecieron detrás de un matorral y enseguida brotaron pero ya caminando normalmente y sin empujar nada. Vi como Negri se despedía de Lilí y mirando en dirección mía, agitaba amistosamente su rabito diciéndome así también adiós.
Lilí se reunió conmigo después de haber cenado y fue por puro cumplido ya que se la veía muy somnolienta y cansada.
-¿Dónde habéis estado metidos? ¡Toda la tarde sufriendo por si se te comía una rata!
Lilí bostezó.
-¡Ay, Petrusky, hijo, que ocurrencias tienes! Negri nunca me llevaría a que se me comieran las ratas. Hemos dado un largo paseo y... y hemos visto cosas.
-¡Qué cosas!
-Cosas...
Yo grité, exasperado por su cachaza:
-¡Sí, sí, sí, pero, ¿qué cosas, qué clase de cosas?!
-¡Ya empezamos con las neuras!... Pues cosas.
Intenté ser paciente.
-Pero, ¿qué cosas?
Lilí frunció el morrito.
-Pues, pues... Hemos visto estrellas, por ejemplo.
-¿Estrellas? –repetí incrédulo.
-Sííííí...
-¿Y a qué hora, si es que se puede saber?; las estrellas salen de noche.
Lilí adoptó su aire más impertinente.
-Hay estrellas que salen de día, estrellas relucientes lavadas por la lluvia, estrellas que parecen diamantes.
-Sí, y estrellas de coscorrón, que son las que se ven cuando te atizan un trancazo en la cabeza.
Lilí hizo un mohín desdeñoso.
-No me creas, ese será tu problema... Y buenas noches, señor Petrusky, tengo mucho sueño, mañana hablaremos.
-Pero...
Me dejó con la palabra en la boca, perdón, quise decir en el pico, y se retiró a su cestito rosa a dormir.

En los días siguientes la situación no mejoró. Lilí me esquivaba y lo desconcertante es que Negri hacía lo mismo aunque de otra forma; entraba en el mirador, me saludaba muy educado y luego se esfumaba dando excusas verdaderamente tontas para ir corriendo junto con Lilí, a hurgar en el matojo adonde les viera esconder algo. Como es de suponer, aquel estado de cosas me estaba poniendo enfermo de recelo e inquietud.
¿Qué es lo que tramaban esos dos?
Sin embargo, todas las esperas tienen un final y un buen día el secreto tan celosamente guardado, se descubrió casualmente y el motivo fue una oportuna y espectacular tormenta. Me pregunto ahora que si no hubiera sido por este hecho, es muy posible que cuanto vino a suceder más tarde, no hubiese tenido lugar.
El horizonte se puso gris plomo y empezaron a cabrillear los relámpagos y a retumbar los truenos. Sopló el Gran Viento, mi viejo amigo, trayendo en sus alas el olor de la lluvia ya que a poco empezaba a diluviar. Bueno, hasta ahí las cosas no dejaban de ser normales, lo sorprendente fue comprobar como Lilí, arrostrando el miedo que le daban as tormentas, salió disparada por la puerta internándose en el jardín. Yo alargué el pescuezo lleno de curiosidad y la vi hundirse como una tromba en el famoso matorral que tan mosqueado me tenía. Cayeron varios truenos y arreció la lluvia, yo miraba sin comprender el por qué Lilí se mojaba sin rechistar mientras buscaba algo rascando frenéticamente en la tierra. Más tarde la vi salir del escondrijo y volver a casa dando grandes saltos estilo canguro. Observé que sujetaba un objeto entre los dientes, ¡era el dichoso cristal brillante! ¿En tan alta estima lo tenía como para arriesgarse a coger un resfriado?
Lilí estaba muy alterada, hasta el punto de que no hizo ningún regatee para entrar en la casa, sino que directamente se metió por la puerta principal, que era la del mirador, y plantándose delante de mi pajarera, depositó en el suelo lo que llevaba entre los dientes y yo entonces me quedé mudo de asombro y admiración.
Sobre las baldosas, el objeto aquel goteaba lentamente una especie de barro líquido que se escurría igual que el aceite, suave, con tacto de seda, igual que la nieve del deshielo sobre un parterre de césped... No se trataba de un trozo de cristal, ni de un espejito, ni siquiera de una linterna, era, parecía...


W.4. -1. NEGRI (4)


-Una estrella... ¿Lo ves, desconfiado?
Brillaba de una forma maravillosa, tenía cinco puntas.
Pasmadísimo no atiné a decir nada. Nunca había visto una cosa tan bonita.
Lilí maulló triunfal:
-¡Vaya, por una vez en tu vida no sabes que contestar!... Creías que te engañaba y ya puedes verla con tus propios ojos.
-¿De dónde has sacado eso?
Ella empezó a secarse el pelaje a lametones.
-Yo no he sacado nada, ni siquiera la encontré, fue Negri, y después de una de las primeras tormentas, la descubrió metida en el nido de una urraca. Ya sabes que a las urracas les gusta robar las cosas que brillan.
-¿Me quieres decir que la urraca subió al cielo y ha robado una estrella? –pregunté sin atreverme a creerlo.
-Puede ser, yo no estaba allí para verlo, el caso es que Negri dio con la estrella en su nido y se la llevó, ya sabes, quien roba a un ladrón...
¿Recuerdas aquel día en que vino a buscarme? Bueno, pues fuimos a su granja, estaba que rabiaba de ganas de enseñarme su hallazgo. La tenía escondida dentro de una lata vacía de refresco que ocultaba en el hueco de un árbol y como a mí me gustó mucho, me la regaló, por eso la trajimos aquí y la sepultamos bajo tierra en el túnel vacío de un topillo.
-Sí, yo vi que empujabais algo brillante.
-Era muy divertido, la empujas y flota, como todas las estrellas, pero ahora no podía permitir que se mojara, igual se apaga, no sé, no tengo la menor idea de que clase de cuidados requiere una estrella.
Yo contemplaba hipnotizado aquella aparente estrella.
-Debe de ser la contaminación –farfullé-. Seguro que es eso lo que las desprende del cielo.
Lilí estaba retorcida lamiéndose la base del lomo.
-Tal vez-dijo distraída-, tal vez sea la contaminación, como tú apuntas.
-¿Qué opina Negri? –me costó decirlo, pero soy demasiado curioso.
Lilí abandonó su toillette.
-Él cree que la urraca la robó, pero también puede ser como tú dices.
No quise herir susceptibilidades.
-Sí, claro, aunque lo mismo podría ser, por ejemplo, que esos cohetes que mandan al espacio haya tropezado con alguna y la haya desprendido.
-No sé. El caso es que aquí está y es mía.
Yo me sentí moralista.
-Lilí, eso no es lo correcto. La estrella no es tuya, si se ha caído del cielo hay que devolvérsela. Las estrellas son patrimonio de la Humanidad y nadie debe querer apropiárselas, no es honesto.
-¡Pero, es mi estrella –maulló Lilí enfurruñándose-, es mi estrella y Negri me la ha regalado!
-No, no es “tu” estrella. Las estrellas nos pertenecen a todos por igual. Tienes que devolverla, es tu obligación.
-Si la devuelvo, Negri se enfadará. Sería despreciarle el regalo –expuso ella con carita de inocencia ultrajada.
-No, si se lo haces comprender. La gente no pede ir por la vida apropiándose indebidamente de lo que no le pertenece.
Lilí repuso combativa:
-¡Estaba en el nido de la urraca!
-Eso no es excusa. Tampoco le pertenecía a ella. No es que censure a Negri por quitársela, pero debe rematar la buena obra entregándosela al Viento para que la coloque sobre nuestras cabezas.
-¡No quiero, no me da la gana!... Es mía, me gusta, es muy linda, es la cosa más linda que he tenido en mi vida, y... y es una prenda de amistad. Negri no pensaba regalársela a nadie, pero tuvo se detalle conmigo
-Ya la sabe larga Negri.
-¿Qué quieres decir? –preguntó Lilí ingenuamente.
-Yo me entiendo.
-Sí, serás tú solo. A veces me parece que hablas en chino.
-Eso tu Negri.
Lilí se enfadó.
-¡No es “mi” Negri!... Y, y tampoco habla en chino.
-Bueno, no nos desviemos del tema... Esa estrella tiene que volver al cielo, que es su lugar, no es un cebollino para que lo trasplanten.
A Lilí le dio una pataleta y se puso a arañar furiosamente una alfombrilla de esparto que permanecía colocada frente a mi pajarera.
-¡Vaya, como en los viejos tiempos! La “señorita Lilí” –dije remedando a Negri-, cabalga de nuevo. ¿Qué piensa destrozar después?
Lilí soltó un bufido y dando un brinco acrobático hundióse en las profundidades de la casa, para regresar al instante con aire de desafío y recoger del suelo la rutilante estrella que se llevó a empujones de nariz como si hiciera equilibrios con un globito.
(Mucho más tarde me enteraría de que lo había ocultado debajo de la colchoneta de su cestita).

En cuanto Negri vino a hacernos la visita de rigor, que fue al día siguiente, Lilí se lo llevó aparte, detrás de un arríate de flores del jardín y les oí primero hablar y más tarde discutir acaloradamente, luego silencio y acto seguido, los dos entraron en el mirador.
Lilí iba echando chispas.
-¡Me acabo de enfadar con Negri por tu culpa –me chilló-, a ver como lo arreglas ahora!
Negri, muy calmoso él, intervino:
-He sido informado, señor Petrusky, de que usted no está de acuerdo con que Lilí --¡vaya, por primera vez no se dirigía a ella en tercera persona!-, se quede con mi obsequio.
Intenté armarme de paciencia, lo cual, con aquel par, era ejercicio repetido.
-No se trata de tu regalo, se trata de una estrella y las estrellas deben estar en el cielo y no en la Tierra. Vais a provocar un caos universal con este caprichito que os ha entrado... Esto me recuerda aquella aventura que viví en Torreón y lo que al respecto me explicó el señor Cigüeña...
Lilí interrumpió desdeñosa:
-Ya está el abuelo contando sus batallitas.
En tono mesurado la amonestó Negri:
-Por favor, el señor Petrusky es un gran viajero y sus experiencias son dignas de ser tomadas en cuenta.
Yo empezaba a enfurecerme, no olvidemos que los periquitos somos muy irritables.
-¡Pues si mis experiencias son dignas de ser tenidas en cuenta, hacedme caso y devolved la estrella, pareja de cabezotas!
Lilí no paraba quieta dando vueltas por el mirador, en tanto Negri, continuaba sentadito, muy tranquilo y al parecer pensativo. Así estuvimos por espacio de unos instantes.
-Señor Petrusky –dijo Negri tras meditarlo-, ¿y si nos equivocamos con lo de la devolución?... Si la estrella se ha caído es porque estaba madura, como las frutas, entonces...
-... entonces no es de nadie ¿No es ahí donde quieres ir a parar?... Pues te equivocas, las estrellas no son manzanas ni peras, ni nada parecido, ¡conque menos cuento ni tonterías y a devolverla!... El por qué se haya caído no nos ha de quitar el sueño, pero nuestro deber es colocarla en su lugar.
Sorprendentemente desde que nos tratábamos, Negri insinuó cierta leve ironía en sus palabras.
-Señor Petrusky, ¿por qué no se va usted volando al firmamento y la coloca en el sitio que supone le pertenece?
Le contesté con retintín:
-Primera, porque no vuelo tan alto y segunda, que ya no estoy para estos trotes.
Negri adoptó un tono melifluo.
-Usted no es viejo, señor Petrusky, está en la flor de la vida.
-No, ciertamente, pero tampoco soy tonto.
Negri miró abstraído las baldosas. Se levantó arqueando el lomo y estirando las patitas delanteras con mucha elegancia.
-¿Me permite que reflexione detenidamente acerca de todo esto?
Respiré hondo, ¡qué remedio!
-Haz lo que se te antoje, pero devolved esa estrella.
-Usted lo pase bien, señor Petrusky, buenos días.
-Buenos, buenos –rezongué.
Negri abandono el mirador escoltado por una contrariada Lili.


W.5. -2. EL BUHO ENCANTADO (1)


Aquella noche hubo luna llena, pero me era imposible conciliar el sueño ya que me hallaba muy nervioso. Desde los acontecimientos de la mañana, Lilí no había vuelto a comparecer en el mirador aunque la oyera zascandilear por el resto de la casa haciendo de las suyas. Y yo, para sosegar mis inquietudes, me pasé la tarde gorjeando bajito, costumbre que no hacía mucho adoptase estimulado por una colección de discos de música clásica que la Niña compraba semanalmente y cuya audición resultaba una delicia sobre todo para un ave como yo. ¿Nunca os he hablado de mis gustos en esta materia?, pues sí, soy lo que se dice todo un melómano, claro que me viene de casta y también por las influencias del entorno –la Niña y sus estudios musicales-, además, quien canta su mal espanta, aunque hay que reconocer que poco espanté yo mis males o preocupaciones. Papá, Mamá y la Niña, al oírme, se creyeron que me sentía muy feliz y tan contentos los tres, ¡mira que son inocentes los seres humanos en ocasiones!
Como iba diciendo, la llegada de la noche trajo una hermosa luna llena, y yo, insomne, pasé largo rato contemplándola, al menos constituía un bonito espectáculo, mientras canturreaba para mi buche las notas de, ¡cómo no!, un nocturno de Chopín. En esas estaba cuando súbitamente, una blanda sombra surcó la faz de la luna. No cabía duda, se trataba de un ave nocturna, y a mí las aves nocturnas, siempre rapaces, nunca me han gustado. De todas formas no hice mucho caso. Viviendo en el bosque sabía que las noches se ven concurridas con esta clase de apariciones y yo no debía temerlas refugiado dentro de mi pajarera y a buen recaudo bajo el techo de la casa de mis benefactores, sin embargo, cierto repeluzno si que me invadía cada vez que atisbaba u oía a alguna, y a ésta la olvidé rápidamente inmerso en mis negros pensamientos, ya que todo aquel asunto de la estrella para mí encerraba algo no tan sencillo como a primera vista daba la impresión de ser, y un sexto sentido, que pocas veces me fallaba, me estaba advirtiendo como ese asunto tan tontito podía convertirse en algo muy serio que podría traerle malas consecuencias a Lilí, y esto me desasosegaba mucho, porque, debo reconocerlo muy a mi pesar, había terminado cogiéndole cariño pese ha haber sido una bestezuela de lo más gamberro en sus tiempos infantiles.
-Hola.
Me volví en dirección de la voz desconocida que acababa de sonar en el alfeizar de la ventana del mirador.
Delante de mí un pequeño búho –pequeño para las personas, enorme para mí-, me estaba contemplando con sus inmensos ojos redondos de mirada imperturbable. Su voz era susurrante y adormecedora. A mí las plumas se me pusieron de punta y me encogí instintivamente acurrucándome sobre el palito en donde me sentaba.
-Ho... Hola.
El búho suspiró.
-No tengas miedo, no te voy a hacer ningún daño... Me estás viendo en plan de búho, pero en realidad no lo soy.
Mucho más aliviado pregunté:
-¿Y quién eres en realidad?
-Es una larga historia y bastante increíble en todas sus facetas... ¿Dispones de tiempo para escuchar su relato?
-Claro que sí, además, esta noche no tengo sueño.
El búho voló suavemente colocándose sobre el respaldo de un sillón de mimbre y así, cerca de mí, al otro lado de la pajarera.
-Me llamo Farfor y soy una doncella encantada.
-¡Toma ya!
-¿Cómo dices?
-Nada, nada, ha sido la sorpresa, no creía que en este mundo real esas cosas sucedieran.
El búho hizo un gesto de extrañeza y mira que es difícil que los búhos sean expresivos.
-La verdad, no es tan raro, hay mucha más magia de la que te puedas imaginar, solo que no se va pregonando por ahí. En fin, prosigo... Tienes que saber que hace mucho, mucho, mucho tiempo, un mago, al que le daremos el nombre de Glagól por no pronunciar el suyo auténtico, tenía un sobrino al que amaba tiernamente, pero el muchacho no era afortunado con las jóvenes y padecía mal de amores no correspondidos, entonces, compadecido, su tío decidió darle una compañera y yendo al prado en el mes de mayo, recogió todas las flores mas hermosas que pudo encontrar y formulando un conjuro sobre el ramo las convirtió en una doncella bonita como la misma primavera...
-¿Tú? –interrumpí incrédulo.
-Sí yo, yo misma... Pero recuerda que ahora me ves bajo mi condición de búho.
-¿Y por qué?
-¿Por qué soy ahora así? Verás, una vez transformada en muchacha, el mago Glagól me tomó de la mano y me llevó a su astillo para que conociera al que me había sido destinado como esposo y a mí, en un principio me agradó ya que era apuesto, mas luego, al irle tratando comprobé cuan soberbio, despótico y egoísta era, además, le gustaba ir de caza y mataba a muchos inocentes animalitos...
-¡Y le diste calabazas!
-¿Calabazas?
El búho, antes de ser muchacha, había sido un campo de flores y lógicamente no entendía mi forma de hablar.
-Quiero decir que le rechazaste.
-No exactamente todavía. Lo cierto es que me faltaba valor; Glagól es un mago terrible y muy poderoso y yo soy tan poca cosa, ¿cómo iba a desafiarle?
-¿Lo hiciste? –quise saber con interés.
El búho volvió a suspirar y luego parpadeó algo azarado.
-Una noche soñé... Soñé que conocía a alguien... Era un muchacho amable y gentil, rubio, de ojos azules, quien me dijo que huyera porque al final nos encontraríamos y seríamos felices por siempre jamás.
-¿Y tú le hiciste caso? –pregunté muy sorprendido.
-¡Claro que sí!... Sus palabras me dieron el valor suficiente para huir y cierta noche de luna llena, una muy parecida a ésta, abandoné el castillo del pérfido mago, embozada en una capa gris con capucha. Pero como era una hija del prado y no tenía ninguna casa adonde refugiarme, anduve errabunda hasta que finalmente Glagól me encontró y dispuso que mi castigo fuese el que ves: marcharía por siempre convertida en búho hasta que hallara la manera de romper el hechizo.
-¿Te insinuó alguna fórmula?
-Ninguna.
-¿Entonces?
-Me dijo únicamente, que un día encontraría la solución a mi problema y que sólo así se rompería el encantamiento.
-Pero eso no resuelve nada.
-¿Qué quieres?, en magia las cosas funcionan de esa manera, las claves siempre se encuentran por pura casualidad.
-¿Y tú la encontraste?
-Por raro que te parezca sí... Claro que ha transcurrido mucho tiempo, ya te lo he dicho antes.
Yo la miré perplejo.
-¿Encontraste el remedio y sigues así?
El búho hizo un gesto de desaliento.
-Lo encontré, aunque demasiado tarde.
-¿Qué sucedió?
-Tuve un sueño –parece que Farfor todo lo resolvía por este procedimiento-, y en el sueño vi una estrella, era una estrella maravillosa que titilaba alegremente para mí, pero no era una estrella del cielo ya que brillaba al extremo de una varita de plata muy especial que en su empuñadura ostentaba una corona lo mismo que si se tratase de un cetro... Entonces comprendí, sólo podría desencantarme la varita mágica de un hada, más no la de un hada común, sino la de la Reina de las Hadas.
-¿Así de sencillo?
-No tan sencillo, amiguito, no tan sencillo; tenía que encontrar el Reino de las Hadas primero y eso no está al alcance de cualquiera por muy buena voluntad que ponga en el empeño. Pregunté pues, a las aves nocturnas, mis obligados congéneres, y ellas no sabían nada, interrogué a los árboles que murmuraron palabras ininteligibles y finalmente, al prado, que era lo que debía de haber hecho desde un principio, y las flores, mis hermanas, hundiendo sus raicillas en la profundidad de la tierra, me dijeron:
-"El Reino de las Hadas se esconde en grutas maravillosas, cuyo acceso sólo te pueden franquear las prímulas... haz un ramo de estas flores cuando haya luna llena, busca un sendero que flanqueen espinos y éste, invariablemente, te llevará a una colina, da nueve vueltas en torno de ella, y, finalmente, allí en dónde te detengas, golpea con el ramo de prímulas, y en ese mismo instante y hora, se abrirá una puerta, entra por ella sin temor pues estarás a punto de trasponer el umbral del Reino de las Hadas."


W.6. -2. EL BUHO ENCANTADO (2)


-¿Hiciste todo eso? –inquirí deslumbrado.
-Sí, ¿podía hacer algo mejor?, y además te diré que ha sucedido esta noche; hay luna llena, como puedes apreciar.
-¿Acabas de ver a... a...?
-Sí, en efecto, he visto a las hadas, acabo de estar con ellas, y...
Interrumpí muy excitado:
-¡Yo conozco a un hada!... Oye, ¿por qué no te han desencantado?
-Muy sencillo, porque he llegado tarde, como ya te dije antes.
-No entiendo.
-Sí, mira, hace unos días, a la Reina de las Hadas le robaron la estrella de su varita de virtudes.
Ante la revelación me quedé mudo de golpe.
-No se sabe quién fue a ciencia cierta, aunque se rumorea que no ha sido un ladronzuelo normal sino alguien verdaderamente importante y que sabe lo que se hace.
A mí me salió un hilo de voz, de repente me había quedado helado de terror y eso que la noche era cálida.
-¿Glagól?
-Eso pensamos todas, y si no es Glagól, pues algún esbirro suyo; los tiene a cientos y de diversas formas... Unas hadas dicen que hace poco vieron merodear por la colina a una urraca demasiado grande para lo acostumbrado, otras afirman que les han informado de que por esos contornos ronda un gato extraño...
-¿Un gato extraño?
-Sí, una especie como de lince, o algo que lo recuerda, ha sido visto por ahí paseándose por la colina, o al menos se paseaba hasta no hace mucho.
-¿Y tú crees que el lince o la urraca...?
-Lo ignoro, pero las hadas aseguran, que son las dos únicas presencias no controladas que se han detectado últimamente...
El cerebro me iba a toda pastilla... La estrella que encontró Negri en el nido de una urraca... El lince que encontró Negri en el bosque... Ahora estaba clarísimo que la estrella no pertenecía al cielo sino a las hadas y las hadas sufrían por su desaparición, y Lilí tenía escondida esa estrella mágica y no le daba la gana devolverla.
Me sentí muy importante, como si de mí dependiera la salvación del mundo, pero al mismo tiempo obré con cautela, no quería organizar la fiesta sin motivos.
-Oye, tratándose de las hadas, ¿por qué no pueden saber quién les robó la estrella y dónde se encuentra ahora?
El búho pareció irritarse ligeramente.
-¿No te he dicho ya que Glagól debe de estar metido por en medio? Su magia es muy poderosa, esa es la barrera contra la que chocan las Hadas, de lo contrario ya habrían recobrado la estrella de la varita real.
Me quedé meditabundo. Si yo echaba las campanas al vuelo y le revelaba a Farfor lo que sabía, ¿iba a solucionar la cuestión, o, por el contrario la empeoraría? El problema estribaba en que el mago Glagól debía de estar controlando en todo momento al desdichado búho por medio de espejos mágicos, esferas de cristal o ingenios semejantes, y así, si yo me iba de la lengua, Glagól obraría en consecuencia y antes de que pudiéramos restituir la estrella el brujo se nos habría adelantado... ¡Rabícuencanos!, ¿qué podíamos hacer?
-Que pena –dije con sentimiento-, tu problema es de los más difíciles.
-Por eso te decía antes –gimió el búho-, que he llegado demasiado tarde y que cómo no suceda un milagro me voy a quedar eternamente con este melancólico aspecto ¿Tú no habrás visto ninguna estrella perdida estos días, verdad? Me refiero a que cualquiera la llevase en el pico o en la boca.
Decidí mentir para hacerle un favor.
-Una cosa de esa índole no pasa desapercibida.
-Es lo que yo pienso –repuso el búho muy mustio.
-Pero si viese algo...
Los ojazos de Farfor se iluminaron.
-¿Me avisarías?
-¡Naturalmente! ¿Cómo puedo localizarte?
-Bastará con que grites mi nombre tres veces dirigiéndote a cada uno de los cuatro puntos cardinales y el Viento me hará llegar tu aviso.
-¿Conoces al Viento?
-Claro, todas las aves le conocemos bien.
-Es amiguete mío, dale recuerdos de Petrusky cuando le encuentres y dile que algún día me gustaría que viniese a verme. Estoy hablando del Gran Viento, ¿eh?
-Sí, sí, ya lo haré, descuida... Ahora tengo que irme.
-¿A seguir la búsqueda?
-A hacer lo que se pueda, que tal vez no sea mucho... Oye –me dijo cuando ya se disponía a reemprender el vuelo-, cuéntaselo a los pájaros diurnos, quizás alguno haya podido ver algo, y si no es mucho pedir, recurre también a las ardillas, igual han visto cualquier cosa extraña que les haya llamado la atención.
-No te preocupes, todos estaremos ojo avizor, adiós.
-Adiós Petrusky.
La luna comenzaba a declinar y el búho se perdió en la noche como una sombra más.
<[endif]>Cuando estuve seguro de que se había alejado lo suficiente como para no poderme oír, empecé a llamar muy quedito a Lilí. Bien que ésta dormía allá en dónde su capricho le dictaba, solía hacerlo a menudo en el piso de arriba metida dentro de la cama de la Niña, y yo no ignoraba que ella tenía el oído lo suficientemente fino como para sentirme si la llamaba. Lo que no dejaba de sorprenderme es que en todo mi diálogo con la flor-doncella-búho Farfor, por más que habíamos hablado muy bajito, Lilí no hubiese hecho acto de presencia, igual se pensaba que yo hablaba en sueños.
-Lilí, Lilí, Lilí... Lilí, haz el favor de venir...
Nada, silencio.
Bueno, recordé que, estando enfadados, Lilí podía ser algo rencorosilla en ocasiones.
-Lilí, Lilí, Lilí...
Un ligero ¡plop!, en el dormitorio de la Niña, me hizo comprender que Lilí me había escuchado, o, en todo caso, que se había despertado y que iba a beber o a comer algo como solía hacer a media noche. Esperé impaciente para comprobar hacia adónde se dirigían sus pasitos, y... ¡Eureka!, se aproximaban al mirador.
La vi aparecer somnolienta en el umbral de la puerta.
-¿Se puede saber que tripa se te ha roto para que alborotes tanto? ¿Qué es lo que pasa?
-¿He armado mucho jaleo?
-El suficiente –rezongó Lilí malhumorada-; casi has despertado a la Niña.
-Supongo que será importante lo que me tienes que contar, porque sino...
Cita el refrán cómo la curiosidad fue la perdición del gato, y ciertamente de no ser por este denominador común de la especie felina, la verdad es que Lilí ni tan siquiera se dignase a romper su enfadado aislamiento.
-¡Ay, Lilí, si yo fuera periodista te diría que estaba en posesión de la noticia del siglo, y si tú fueses el director de un periódico, te aseguro que me comprarías la exclusiva!
Lilí se mosqueó.
-¡Déjate estar de comparaciones idiotas –chilló casi-, y dime que pasa!
Yo me esponjé lleno de orgullo.
-Ocurre que ya sé de quién es la estrella.
-¡Vaya!, ¿y por eso me despiertas de madrugada? Me lo podías haber dicho mañana
-¡Es que es urgente, Lilí, muy urgente, de no ser así no te habría llamado!
Lilí se sentó enfurruñada.
-Sea lo que sea, no la voy a soltar.
-Huy, claro que sí, en cuanto sepas de lo que se trata
-Me importa un pimiento.
-Lilí, por favor, no seas tan terca Escucha.
Y apresuradamente, a trompicones, le conté toda la historia. Lilí, que había empezado a escucharme haciendo hociquitos, fue cambiando gradualmente la expresión de su cara a medida que el relato avanzaba; al final estaba maravillada y con gesto de asombro.
-¡Es emocionante –exclamó-, la estrella de una varita mágica!
Yo repliqué ahogándome de excitación:
-Y no de una varita cualquiera, ni más ni menos que la de la Reina de las Hadas, fíjate si es importante... Comprenderás por qué tienes que devolverla; están en juego las fuerzas positivas del Mundo Mágico y la salvación d Farfor!
Lilí empezó a lamerse un hombro.
-Bien mirado –dijo después de un instante-, ¿qué más le da a Farfor seguir siendo búho si antes que nada fue un montón de flores del prado?
-¡Lilí, caramba, no seas tan cazurra!... Farfor quiere ser otra vez una chica, es lo que desea porque... Bueno, porque se ha enamorado de alguien ha quien vio una vez en un sueño...
-¡Vaya una tontería! –interrumpió desdeñosamente Lilí.
-... y también está por medio la Reina de las Hadas, es “su” varita, ¿lo has olvidado?
Lilí gimoteó:
-Pero a mí me gusta esa estrella.
-NO ES TUYA –amonesté virtuosamente-. Métetelo en la cabeza de una vez por todas... Además –la desesperación me sugirió una idea-, si la devuelves, la Reina de las Hadas te estará tan agradecida que te concederá tres deseos, que es lo que hacen siempre cuando alguien se porta bien con ellas.
Lilí se animó considerablemente.
-¿Tres deseos, estás seguro?
Me entró el pánico, ¿quién era yo para hacer promesas temerarias?
-Bueno, casi seguro, las hadas son muy generosas. Por otra parte, siendo casi colegas...
-¿Colegas?
Yo quise actuar en clave de humor.
-O casi... ¿No eres tú una brujilla poderosa?
Lilí me miró de mala manera.
-Nunca afirmé que lo fuera... Una vez te dije que podía ser un hada.
-Sí, ya me acuerdo, y yo contesté que un hada peluda o algo así y tú te enfadaste... Pero si eres un hada eres el Hada Despiste, ¡porque mira que no reconocer la estrella de una varita!
Lilí se ofendió un montón.
-Como soy muy educada, me callo lo que pienso y que te podría contestar si quisiera.
-Mejor, mejor así abreviaremos, y, al grano, ¿aceptas devolver esa varita, ¡ay, perdón!, quise decir esa estrella?... Es que ya no sé ni lo que me digo.
Lilí pareció reflexionar.


W.7. -2. EL BUHO ENCANTADO (3)


-Pero la entregaré yo personalmente.
Me llenó de alegría el escucharla.
-La entregarás tú personalmente.
-No te regalaré ningún deseo.
-No me regalarás ningún deseo.
-Nunca dirás que la idea fue tuya.
-Nunca diré que la idea fue mía.
-Voy a buscarla.
Yo no cabía en mí de felicidad. Las hadas, a las que me sentía tan unido después de mi encuentro con Falena, moraban aún entre nosotros y yo iba a ayudarlas, eso era algo más de lo que un periquito azul del amor, y por añadidura australiano, podía esperar en todos los días de su vida, y de verás que no me importaba que los laureles se los llevase Lilí, la cuestión era restituir la estrella a su legítima dueña.
-¡Miau!
El maullido de sorpresa de Lilí me arrancó de mis gozosas meditaciones, ¿qué le sucedía ahora a aquella gata?
Lilí entró corriendo en el mirador con aspecto de aturdimiento.
-¡No está!
-¿El qué no está? –pregunte tontamente porque ya sabía de sobras a lo que estaba refiriéndome.
-¡La estrella!
-¿Cómo que no esta, es que se ha volatilizado?
-Si.
-¡Lilí, no me tomes el pelo, déjate de embustes y saca la estrella de dónde la tengas metida!
-Te prometo que no te engaño, la escondí debajo de la colchoneta de mi cestito y allí no está.
Respiré profundamente en un vano intento de calmarme.
-No perdamos la cabeza, tranquilidad... haz memoria, ¿y si la has sacado en cualquier momento cambiándola de sitio? A veces eres muy despistada Lilí, ¿te acuerdas cuando perdiste aquel ratón de trapo que te regalaron por uno de tus aniversarios?, luego lo encontraron metido detrás del televisor.
-Ay, calla ya de hablar de ratones, esto es muy serio, desde que la guardé no la había vuelto a mirar hasta esta tarde en que se la enseñé a Negri para demostrarle que aún la tenía, y después no... !
-¡¡¡Negri!!! –chillé yo.
-Sí, Negri, ¿se puede saber por qué gritas de esa manera?
-Per... pero, pero, Lilí, ¿es qué no te das cuenta?
-¿De qué?
-¡Pues de que Negri se la ha llevado, so tonta!
Lilí pareció caer del limbo.
-¡Ah, claro! –Dijo tan tranquila-, ahora lo entiendo. Después de todo lo que ha pasado esta tarde, por causa tuya, Negri debe haber vuelto y se la ha llevado para devolverla.
Yo estaba histérico.
-¿A quién?
-¿A quién va a ser? Al firmamento, como tú habías dicho.
-¡Lilí, Lilí, no seas tan obtusa! Negri quería devolverla menos que tú, ¿o es que crees que no me di cuenta? Y tú ahí tan tranquila sin enfadarte con lo quisquillosa que eres.
-Es que no te entiendo.
-¡No me entiendes, no me entiendes! –farfullé-. Si tu precioso Negri se lleva la estrella tú tan contenta. ¿Pero es que no ves algo que está tan claro como la luz del día? ¿No se te ha ocurrido pensar ni por un momento que Negri, el bueno, el cariñoso, el educado de Negri, pueda ser un esbirro del mago Glagól, su enviado, su mensajero? Él pudo robar la estrella y después te la “regala” a ti, porque mejor escondrijo que esta casa no ha podido encontrar mientras las hadas la buscan...
Durante unos instantes reinó un silencio glacial en el mirador, los ojos de Lilí, reflejando la claridad de la luna, recordaban dos focos. Un segundo más tarde Lilí estalló.
-Mira que llegas a ser ridículo en ocasiones con tus obsesiones idiotas, Petrusky, Negri utilizándome como encubridora, ni que fuese boba y luego, si Negri fuera un esbirro de Glagól, no se llamaría Negri sino que tendría un nombre rimbombante, como cuadra al acólito de un brujo, por ejemplo, por ejemplo... Pues Mirambielius, no precisamente Negri, que suena a muy casero
(Curiosa la lógica de los gatos).
-No seas tan simple, el nombre es lo de menos, si de verdad fuese Mirambelius, podría disimular bajo la identidad d Negri como alias... Los espías nunca van anunciándose por ahí.
-¡Negri no es ningún espía!
A mí la cabeza me daba más vueltas que un ventilador.
-Está bien, está bien, no es ningún espía, es un ángel bajado del cielo para alegrarnos la existencia, ¡aleluya! Y ahora en serio, si Negri no es el mandado de Glagól, y se ha llevado la estrella, hay que contactar con él inmediatamente. No es cuestión de ir tirando por cualquier lado algo tan valioso para que s pierda otra vez o lo encuentre ese mago codicioso y pérfido.
-¿Y no se te ha ocurrido pensar –dijo Lilí combativa-, que tu querido búho Farfor, sea en realidad el mago Glagól disfrazado?... Puestos a imaginar cosas raras...
¡Tate, pues es verdad, a Lilí no le faltaba razón!
-Hombre, no creo.
-¡No crees, no crees!... Acusas tú con mucha rapidez a los demás sin pararte a reflexionar.
Me defendí:
-Bueno, si lo es, tampoco le he dicho nada... Sólo tú, Negri y yo lo sabemos.
-Por lo que veo, ahora Negri no es tan culpable.
-Lilí, por favor, olvidemos las rencillas y ocupémonos de lo que en realidad interesa, hay que ir a buscar a Negri y recobrar la estrella para las hadas.
Lilí dio un respingo.
-Supongo que no pretenderás que, a estas horitas, me vaya yo a buscarle por el bosque.
-No era esa mi intención.
-¿Entonces, qué?
-Si aquí hay que hacer algo, eso me corresponde a mí.
-¡Faltaría más, Sir Petrusky del Lago!
La miré de reojo.
-Algún día me habrás de explicar eso.
Ella pareció divertida.
-Algún día.
Me acerqué a la puertecita de mi pajarera.
-Lilí, haz el favor de abrirla y dime cuál es la dirección de la granja en donde vive Negri.
-¿Es qué piensas ir ya?
-El tiempo apremia, Lilí.
Ella se irguió sobre sus patas traseras y de pie, hurgó con las uñitas en el pestillo de la puerta hasta descorrerlo y yo volé entonces situándome encima de mi pajarera.
-¡Deprisa, dime donde vive!
-Durante 40 aleteos vuela en dirección a la luna, luego tuerce hacía la izquierda y marcha en línea recta hasta llegar a un pino muy alto, el más alto del bosque, desde su cima divisarás unos campos segados y en medio una granja, esa es.
Me dirigí a la ventana en cuyo alféizar me posé.
-Deséame suerte, Lilí.
Lilí me tiró un besito desde el suelo.
-Que llegues a buen puerto, marinero... ¡Ah, y acuérdate de que quiero ser yo quien entregue la estrella a la Reina de las Hadas!
Repentinamente me sentí muy emocionado, de nuevo estaba fuera de mi jaula y ante mí esperaba la aventura.
-Procuraré regresar antes de que amanezca –dije con voz temblorosa.
¿Intuía ya que iba a tardar mucho en regresar a mi hogar?, no, pero supongo que vagamente lo veía venir.
-¡Hasta luego! –me despedí mientras Lilí agitaba su rabito en señal de adiós.
Desplegué las alas, respiré hondo y audazmente me lancé al vacío.


W.8. -3. LAS HADAS DEL BOSQUE (1)


Aunque no habían transcurrido muchos meses desde mis peripecias en el mundo del cuadro, debo reconocer que me encontraba bastante desentrenado y a los pocos aleteos empecé a jadear. La culpa la tenía la buena vida y por consiguiente unos cuantos gramos de más –o es que quizás ya no era tan joven- el caso s que, no sé si debido a todo eso, me parece que cometí un fallo en el que repararía mucho más tarde.
Creo que conté los 40 aleteos, ya no estoy muy seguro, pero lo cierto es que siguiendo al pie de la letra las instrucciones de Lilí, no llegué a un pino muy alto sino a un bosque entero de pinos muy altos y constituyó un verdadero galimatías decidir cuál podía ser el que los sobrepasara a todos. Supongo que debí equivocarme, porque si bien desde mi atalaya oteaba unos campos, a la luz de la luna no me parecieron demasiado cuidados que digamos porque daban la impresión del más completo abandono, y la casucha que se erguía en medio de ellos, por no tener hasta carecía del aspecto de granja, eso sin hablar ya de que daba muestras de no haber estado habitada en muchos años.
Su tejado ruinoso se hundía por el centro y más semejaba guarida de murciélagos y lechuzas que otra cosa.
-¡Guayses –me dije-, empezamos bien!
La luz de la luna proyectaba extrañas sombras y a lo lejos escuchábase el ulular de los búhos, auténticos ahora y no flores-doncella encantadas como Farfor. Se me erizaron las plumas. En la excitación del rescate me había olvidado de que la noche en el bosque está poblada de mil peligros para un indefenso periquito como yo, por muy azul, del amor, y australiano que sea; mi entusiasmo inicial se enfrió considerablemente. En el mundo real los periquitos somos periquitos y no caballeros andantes de brillante armadura. Otra vez la había pifiado.
No obstante, fuerza era que cumpliese con mi deber, ya que por el me encontraba metido en aquella disparatada situación, así que planeé sobre la ruinosa casucha y escondiéndome detrás de unas tejas arrancadas por el viento y caídas al suelo, empecé a susurrar con un hilo de voz, porque no me atrevía a gritar demasiado fuerte:
-Negri... Negri...
¡Quiá!, ni Negri ni nadie... En esa casa no había ser vivo alguno que pudiera serme amistoso. Oí gorjear a unas ratas –por extraño que pueda resultar, las ratas emiten un curioso sonido musical cuando hablan-, y por más que no sea un experto políglota, llegué a entender muy bien lo que decían:
-¿Has visto esa cosa con plumas que anda por el suelo?
-No parece un pájaro que se haya caído del nido.
-Ni tampoco un ave normal del bosque.
-Debe ser un bicho casero que se habrá escapado de la jaula.
-Sí, un panoli... Mejor, tiene que estar asustado y aturdido, será presa fácil.
-¡Vamos a por él, compañeras!
¡Alas para que os quiero, lo que me faltaba escuchar!... No sólo allí no estaba Negri, sino que aquello nunca había sido una granja, y, encima, sus moradores habituales se revelaban dispuestos a acabar conmigo... Decir que salí zumbando es muy vulgar pero refleja el momento, y además salí zumbando como una flecha, ¡que se fuese a hacer gárgaras la prudencia!; entre ratas, búhos y lechuzas prefería habérmelas con los plumíferos ya que al menos eran de mi familia y podíamos estar, casi, en igualdad de condiciones –la verdad es que era un pobre consuelo al no disponer de otro mejor-.
Salí volando en dirección a la luna, como si ella pudiera salvarme de todo mal y sin reparar en que yo ofrecía un blanco perfecto. Sin embargo, algún ángel bondadoso se hallaría velando por mí, ya que tuve la inmensa suerte de no ser atacado.
Empecé a tranquilizarme; si en lo tocante a mi integridad personal se me estaba pasando el miedo, por lo que respecta a sentirme enfurecido por el chasco que acababa de vivir, eso era otra cosa... Ni granja, ni Negri, ni estrella, ¿en dónde narices andaba yo extraviado?
-Buenas noches.
Se me heló la sangre en as venas y creí que me iba a dar un infarto. Sobre la faz de la luna, una siniestra sombra recortó su espantable silueta muy cinematográfica e inconfundible ella... ¡Caspita, el mismísimo Conde Drácula en persona venía hacia mí!
-Buenas noches –repitió muy fino.
-Bu... bu... bue... nas... no... ches, señor conde –repuse con un hilo de voz.
(Mi amplia cultura televisiva me había enseñado que Drácula era muy educado con sus presuntas víctimas, un caballero encantador, vaya, y que uno de sus disfraces emblemáticos era el ir de murciélago por ahí cuando salía de ronda).
-¿Señor conde?... Oye, ¿tú estás de guasa?
-Pe... Pero, señor Conde Drácula... ¿O es usted Batman?
El otro soltó un bufido.
-¡Acabáramos!... Ni que conde drácula ni que Batman, ni... Me parece que has visto muchas películas, amiguito... Escucha, ignorantuelo, yo sólo soy un honrado murciélago que marcha sus asuntos por la noche dado que es mi jornada laboral, así que de conde y de lo otro nanay del Paraguay... ¡Lo que es en este mundo, has de ir de cosa estrambótica para que te consideren, caramba!
Yo estaba asombradísimo.
-¿No eres ningún vampiro? –exclamé sin poder creerlo.
-¡Y dale!... ¡Claro que no, tontaina!... Lo que verdaderamente soy es un murciélago común, emparentado, por más señas, con los ratones... No le chupo la sangre a nadie, limitándome a comer mosquitos y, en algunos casos a polinizar flores nocturnas, y ya estoy hasta la coronilla de la mala prensa que tenemos por culpa de la superstición humana... o de su fantasía, qué no sé que es peor... Los murciélagos somos muy útiles y debían declararnos funcionarios de utilidad pública otorgándosenos protección internacional.
Abrumado, me excuse humildemente:
-Usted perdone, señor... señor Murciélago.
-Me llamo Golfi.
-Señor Golfi.
-Golfi para los amigos, y puedes tutearme otra vez –me interrumpió el murciélago más dulcificado.
-Gracias... Bueno, pues Golfi, yo me llamo Petrusky y soy un periquito...
-Sí, sí, ya ve que eres un pájaro diurno, ¿y ahora me quieres decir que haces tú de noche y por el bosque?
Muy apurado respondí:
-Verás, me he perdido... Voy buscando a... ¿Conoces a un gato que se llama Negri?, creo que vive en una granja de por aquí cerca.
Golfi movió la cabeza negativamente.
-Lamento no serte de gran ayuda, no conozco a ningún gato, en cuanto a granjas no he visto ninguna en varias leguas a la redonda, y eso que estos lugares forman parte de mi itinerario nocturno.
-Entonces estoy irremisiblemente extraviado –gemí con desolación-, he perdido el caminos y no se dónde se halla.
Golfi se apiadó de mí.
-Bueno, alguna ayuda puedo ofrecerte. Yo sé en el lugar que estoy, tú no, pero si quieres ir en dirección concreta, ¿por qué no les preguntas a las hadas?
¡Caray, que murciélago más raro, se relacionaba con las hadas!
-¿Las hadas?
-Sí, desciende al bosque, allí en dónde veas un claro bañado por la luz de la luna, y las encontrarás; suelen salir a bailar en el plenilunio.
Miré con aprensión la superficie apretada que componían las copas de los árboles, yo no vislumbraba ningún claro y si todo bastante tenebroso.
-Oye, abusando de tu generosidad, ¿te importaría guiarme u poquito?, la verdad es que no me gustaría equivocarme otra vez.
-Desde luego, con mucho gusto.
El murciélago fue muy amable y se convirtió en mi compañero de viaje durante un trecho, hasta dejarme sobrevolando encima de cierto calvero natural bañado por la luna, sí, mas vacío de hadas danzarinas.
(Esto, por otra parte, era comprensible, ¡buenas ganas iban a tener las pobres para bailes!)
Otra vez me quedé solo, y sin saber muy bien lo que tenía que hacer, me posé sobre las hierbas húmedas por el rocío de la ya incipiente madrugada.
Me sentía tan triste y tan confuso que, lanzando una melancólica mirada en dirección a la luna, dije en voz alta:
-¡Falena, Falena, cómo me gustaría que estuvieses aquí!
Inesperadamente, una vocecita aguda resonó detrás de mí.
-¿Conoces a Falena?
(Tener buenos contactos siempre ha sido muy útil).
Me volví.
W.9. -3. LAS HADAS DEL BOSQUE (2)
A mis espaldas un gracioso duendecillo de nariz chata y carita llena de pecas, me observaba sentado en el borde del cáliz de una flor nocturna. Vestía de color verde musgo cubriendo su cabecita con la cáscara de una bellota, que le servía de sombrero. Su aspecto resultaba de lo más cómico.
-¿Conoces a Falena? –repitió con impertinencia.
-Sí... Hace algún tiempo hice un viaje al País del Otro Mundo y me encontré con ella.
-¿Cómo está?
-Bien, pero muy triste porque se siente sola.
El duendecillo tuvo un gesto de desaliento.
-Era de imaginar, y me duele, de veras... Nosotros aquí, ella allá... Oye, cambiando de tema, ¿tú que haces aquí a estas horas de la noche? No parece ser este tu medio natural.
-Todo tiene una explicación, estoy aquí porque tengo que darle un recado a cierto gato negro que conozco, ¿no lo habrás visto por casualidad?
El duendecillo puso cara de susto y miró con aprensión en torno suyo.
-¡Lagarto, lagarto, un gato, dices, y negro por añadidura! ¿No sabías que ese es el típico gato de los brujos?... ¿Qué si la he visto?, te garantizo que si la veo salgo corriendo o me vuelvo invisible... ¿Y tú eres amigo de un gato negro?; muy despistado debes de andar al hacer semejantes amistades.
Yo me quedé de una pieza al escucharle y los más oscuros presentimientos me invadieron. El robo de la estrella de la varita mágica, la granja que no era tal sino una ruinosa y siniestra casucha. ¿En qué lío nos habíamos metido Lilí y yo? ¿Quién era Negri en realidad?
-Oye, ¿qué recado le querías dar a ese gato negro migo tuyo?
-No es amigo mío exactamente –me apresuré a negar-, es amigo de la gatita Lilí.
-Quien es a su vez amiga tuya, ¿no? Sigo pensando que frecuentas unos círculos muy extraños... A propósito de nombres, me llamo Ruky.
-Y yo Petrusky... Como te iba diciendo, le busco porque... –me interrumpí bruscamente, ¿convenía revelar la verdad entera?- Bueno, el caso es que me he extraviado y no le encentro y estoy aquí gracias a que el murciélago Golfi me ha indicado que sólo las hadas podrían ayudarme a encontrar el camino. Me dijo que ellas se suelen reunir aquí para bailar al claro de luna.
-¡Ah, Golfi!, sí, un buen chico, somos muy amiguetes, y no te ha mentido Petrusky, sólo que esta noche y lamentablemente supongo que muchos plenilunios más, si no se remedia la situación, las queridas hadas no van a festejar con sus danzas la luna llena.
-¿Qué les sucede?
Pareció que Ruky iba a hacer pucheritos al responderme.
-A la Reina de las Hadas le han robado la estrella de su varita mágica y mientras no se encuentre, el reino peligra ya que puede caer en las manos de algún mago desalmado.
Me estremecí con sólo pensarlo.
-¿La ha robado un brujo?
-No lo sabemos todavía, pero es de lo más probable. Las hadas solamente se ocupan de hacer el bien y eso no les agrada a las fuerzas del mal.
Dije con sinceridad.
-Me gustaría ayudar.
-Gracias, sin embargo no es fácil. De todas maneras te conseguiré un encuentro con las hadas, sígueme.
Ruky saltó de la flor y convirtiéndose en una bolita de luz, me precedió por la maleza internándose entre los árboles. A nuestro paso podíamos escuchar murmullos y como el rumor de palabras sueltas, ininteligibles, alguna risita contenida y en varias ocasiones, me pareció percibir incluso el suave aleteo de unas alas transparentes. Por fin arribamos al punto en el que cierto arroyuelo plateado se deslizaba en medio de un bosquecillo en el cual proliferaban los avellanos y los espinos. En el aire flotaba la fragancia, para mí inolvidable, mitad dondiego de noche y mitad a tierra mojada por la lluvia, y no me cupo la menor duda: estaba en territorio de las hadas.
Ruky dejó de ser esfera de luz para convertirse nuevamente en duendecillo. Dio tres palmaditas con sus diminutas manos y en el instante la oscuridad de la noche sufrió una transformación. No sé encendieron las luciérnagas, brotaron las hadas como multitud de flores luminosas, transparentes, bellísimas y encantadoras. Y aunque yo ya tenía experiencia al haber conocido a Falena, no dejé de maravillarme otra vez, al contemplarlas; la única diferencia es que ninguna de ellas era azul. Las había suavemente doradas, verdosas, blancas, de color de rosa, de mandarina, de melocotón, de ciruela, fresa, bruma, amanecer, crepúsculo, todas con sus alas de libélula y los cabellos flotantes, todas con su varita mágica, todas deliciosas e irreales, frágiles como el cristal, inconsistentes como un suspiro, pero todas, también, muy tristes.
Ruky sonrió mostrándomelas con amplio ademán y al sonreír parecía un conejito enseñando los dientecillos.
-Es el periquito Petrusky, buscaba un gato negro y se ha perdido en el bosque... Solicita vuestra ayuda.
Yo balbuceé emocionado:
-Soy amigo de Falena.
Todas las hadas se alborotaron.
-¡La buena de Falena!
-¿Cómo está?
-¿Nos echa de menos?
-¿Te ha dado algún mensaje para nosotras?
-¿Dónde la viste?
-Clama, señoras, calma... El hada Falena está muy bien y os envía sus saludos, pero os añora terriblemente.
Un hada de color albaricoque -¡cuánta variedad!-, se deslizó flotante hasta llegar a mi lado.
-Soy el Hada de los Citisos y una de mis obligaciones es la de velar por los caminantes extraviados, todas queremos a Falena y eso nos vuelve impacientes y olvidadizas respecto a las necesidades de un visitante inesperado como tú. Ruky acaba de decir que buscabas a un gato y te has perdido en el bosque. ¿Puedo yo preguntar ahora como un periquito busca a un gato, cuando sois especies no precisamente amigas?
-Y no lo somos al menos con ese en especial, se llama Negri y es amiguito de Lilí, la gata de mi casa, pero lo busco porque es muy importante el encontrarle, pues de él depende... –miré de soslayo alrededor nuestro- ¿Me garantizáis que si hablo con toda libertad, nadie que no seáis vosotras, me escuchará?
Las hadas se agruparon en torno mío apretadamente formando piña, era como si se reuniesen para cuchichear entre ellas. Ruky se filtró como pudo hasta colocarse enfrente de mí, lleno de curiosidad y tomó asiento sobre una piedrecilla jaspeada.
-Habla con entera confianza –dijo amablemente el Hada de los Citisos-, en este momento nadie nos ve ni nos puede oír, todos, incluyéndote a ti, somos invisible ahora.
Yo me sentí muy contento.
-¡Caray, que alivio!... Bueno, perdonad mi lenguaje, a veces soy un poco ordinario. En fin, se trata de lo siguiente.
Y en dos palabras –fueron más de dos, claro-, relaté la historia, que no voy a repetir porque ya la conocéis de sobra si a este punto habéis llegado.
Las hadas se quedaron, ¡faltaría más!, boquiabiertos del asombro y luego todas se pusieron a hablar a la vez muy excitadas, hasta que una de ellas, transparente y luminosa como el lucero de la mañana, les impuso silencio con autoridad, pero dulcemente.
-No arméis tanto alboroto, por favor. Lo que acaba de contarnos el periquito azul Petrusky, es vital para nuestra supervivencia como entidades mágicas, ya que de la estrella del cetro de nuestra reina, depende el que sigamos en el Mundo Real ayudando a los mortales... Petrusky, soy Sirinx, el hada encargada de proteger a los animalitos de poca alzada, o sea, que, este asunto, si estáis Lilí, Negri y tú metidos, es de mi competencia... Y por lo que cuentas advierto como las piezas van encajando... Farfor ha venido esta noche a pedirnos ayuda, después llegas tú y nos cuentas como Negri encontró lo que los tres creíais una estrella y ha resultado ser la de la varita de virtudes de nuestra soberana. Los indicios son claros y no existe la menor duda, entonces... Los enanos del subsuelo y algunos elfos ya nos alertaron de la presencia de extraños, por ejemplo, de una gigantesca urraca que merodeaba por ahí hace unos días, y también se nos habló de...
Ruky interrumpió chillando excitadísimo:
-¡Tenemos que hacer algo, vayamos a buscar a Negri!
Sirinx lo miró con severidad.
-Ten la bondad de no interrumpir, Ruky, antes de ponernos a buscar a Negri atolondradamente, debemos contárselo todo a la Reina de las Hadas; ella es la única que puede decidir en este asunto, y lo que ella diga haremos... Ven Petrusky.
Volé a su manecita que titilaba como las estrellas y en un abrir y cerrar de ojos me encontré flotando bajo la luz de la luna llena, envuelto en el resplandor encantado de las hadas del bosque


W.10. -4. LAURISILVA (1)


Suavemente descendimos sobre una loma apenas cubierta de arbolado y sí de abundantes zarzales espinosos. Sirinx, el resto de las hadas, Ruky y yo, nos hallamos de pronto frente a un grupo de rocas sueltas que sin haber sido talladas nunca por escultor alguno, recordaban singulares cabezas de gigantes con yelmo o bien formas de animales quiméricos, y, para que resultasen más espectrales, las recubrían líquenes blanquecinos. Bien mirado, aquellas piedras semejaban indicar un camino flanqueándolo. Sirinx, que captó mi asombro, me explicó brevemente:
-El hombre las conoce como Piedras de la Hadas y no sabe lo cerca está de nosotras cuando viene a visitarlas... Sus sabios las denominan restos de dólmenes, menhires, sólo nosotras, y ahora tú, sabemos la verdad.
Una de las más grandes de aquellas rocas, una losa inmensa, se apoyaba sobre la ladera del montículo lo mismo que si fuera una puerta arrancada de sus goznes. Sirinx la golpeó con su varita mágica por tres veces, mientras susurraba:
-Plata y Luna, musgo verde, flor y agua...
¿Era un conjuro o una contraseña?
Y la roca se abrió, como una goma que se estira y vimos ante nosotros unos peldaños monstruosos, una auténtica escalera de gigantes, toda labrada en bloques de basalto blanco, mas ninguno la utilizó –no entiendo ni siquiera para que se habían hecho si las hadas no los necesitaban-, ya que todos bajamos prácticamente volando.
¿Habéis oído hablar alguna vez de las geodas? Pues las geodas son unos pedruscos muy feos por fuera, que al partirse descubren un maravilloso interior hecho de cristalizaciones de piedras semi preciosas, ¿os habéis situado ya?, mejor, porque así podréis entender que es lo que yo vi cuando dejamos atrás la escalera de los gigantes. Era igualito que si estuviéramos en una geoda de enormes proporciones, y recordé, sin haberlo visto nunca, el palacio de Olwen cuya descripción me fuera hecha –y vosotros no habréis olvidado si leísteis ya el primer libro de mis aventuras, o sea EL GATO CON GAFAS-, sólo que aquí no había estalactitas siniestras sino cristales como de amatista, increíblemente luminosos y alegres, que todo lo llenaban decorándolo al mismo tiempo y de esta forma eran muebles, componían avenidas e incluso extraños y feéricos jardines en los que sus míticas flores no desprendían fragancia alguna pero cuya belleza deslumbraba. Y allí también había muchas hadas y elfos y algún que otro duendecillo con la misma pinta que Ruky, y, al fondo, en un trono resplandeciente, que era en sí mismo una geoda convertida en tal, estaba la Reina de las Hadas en persona.
¡Rabicuéncanos, al llegar a este punto si que me faltan las palabras!
Yo creía que después de haber visto a Falena y a sus compañeras, nada podía existir de más hermoso, pero me equivocaba porque su reina era una criatura de hermosura indescriptible, toda luz y gentileza. Casi se me cortó la respiración al contemplarla, sin embargo, la reina estaba triste y de sus bellísimos ojos negros brotaban lágrimas que automáticamente convertían se en piedras preciosas y eran recogidas por unos enanitos que se dedicaban a guardarlas en cofres tallados en cristal de roca.
Sirinx se acercó respetuosamente a su soberana musitándole algo en el oído entonces la reina levantó la cabeza y me miró por primera vez, a la que yo, muy impresionado, bajé la vista al suelo sin saber que es lo que debía hacer ni de que manera comportarme delante de una soberana como aquella.
Alguien me dio un golpecito en el ala y, muy mosqueado, vi con el rabillo de ojo a Ruky que me hacía guiños indicándome algo.
-¿Qué quieres?
-¡Acércate, hombre, bueno, periquito, acércate, Laurisilva va a hablar contigo!
-¿Quién es Laurisilva?
-¿Quién va a ser, tonto? ¡Es la Reina de las Hadas!
Avancé un poco a trompicones en tanto escuchaba la dulce voz musical de Laurisilva, quien, efectivamente, me invitaba a aproximarme.
-Se bienvenido, valeroso periquito, al Reino de las Hadas. Me acaban de decir que has arrostrado los mil peligros de la noche oscura con tal de encontrar a Negri, el gato que según crees se ha vuelto a llevar la estrella de mi varita mágica al suponer que pertenece al firmamento.
Como al hablar, la reina me tendía graciosamente su mano, yo recobré la confianza y eché a volar hasta posarme en ella.
-Majestad majestuosa... –ignoraba como dirigirme a una soberana, se nota, ¿no?- Bueno, vaya, es que no estoy muy habituado a tratar con la realeza... Yo, ejém... Sí, eso es, en efecto... Y me perdí y no sé dónde está Negri... Lo malo es por si la estrella se vuelve a extraviar, así es que tenemos que encontrar a Negri cuanto antes... Creo que en este terreno Glagól nos pisa los talones.
Un murmullo asustado recorrió las huestes de las hadas. Laurisilva llamó a la calma con un breve gesto de su mano libre y me sonrió -¿os había dicho ya lo maravillosa que puede ser la sonrisa de un hada?-.
-Petrusky... ¿Es este tu nombre?, ¿verdad?... No temas, si Glagól, como tú afirmas, nos pisa los talones, nadie debe asustarse ahora que todos sabemos que Negri es el portador de la estrella. Puede que el mago y nosotras sigamos la misma pista, pero le llevamos ventaja, aunque el tiempo apremie, o sea, ruego en general, que ninguno de los aquí presentes pierda la serenidad.
Se levantó de su resplandeciente trono de gemas semi preciosas.
-Ven Petrusky –me dijo-, quiero presentarte a alguien.
Las hadas abrieron filas y yo avancé con la reina muy satisfecho y orgulloso de la distinción que me otorgaba llevándome en su diestra.
(¡Quién te ha visto, Petrusky, y quién te ve!)
No mucho más lejos del magnífico salón del trono, en una estancia adyacente y al cuidado de otras hadas, se hallaba el personaje que iba a serme presentado. Sirinx, que nos precedía, se aproximó al círculo que formaban sus compañeras y la vi inclinarse sobre algo y acariciarlo.
Laurisilva me explicó:
-Fue ella quien dio con él en el bosque, permanecía cogido en una trampa, con la pata de atrás rota; sufría mucho el pobrecito.
Entonces, se trataba de un animal.
-¿Obra de Glagól?
Una sombra de tristeza se esparció por el rostro de la Reina de las Hadas.
-No, que sepamos, los brujos utilizan otros medios. Fue cosa del Hombre porque hay seres humanos muy malos, Petrusky, hombres a los que les gusta matar y destruir invocando razones que no tendrían que convencer a nadie.
Yo quise defender a los que me eran tan queridos.
-Papá, Mamá, la Niña...
Laurisilva me miró con sus profundos ojos negros, tan parecidos a los de una mariposa.
-Lo sé, son humanos, pero buenos... Desconoces la suerte que has tenido, Petrusky, en encontrar a esas personas tan bondadosas... Ya existen también, pero no abundan.
Sirinx volvió su rostro hacia nosotros, se la veía contenta.
-Se encuentra mucho mejor, ya no delira, pero sigue muy débil.
Sirinx se apartó y yo alargué el pescuezo con curiosidad... quedándome congelado de espanto ante lo que vi. Allí, y sobre un aromático lecho de plantas del bajo bosque, romero, tomillo, menta, lavanda y etc., descansaba el gatazo más grande y terrorífico que yo habría podido ver en todos los años de mi vida.
No, no era precisamente Lilí, chatilla, graciosa y enredadora, ni Negri, rechonchito, bien educado y marrullero “eso” era un gato que parecía un tigre por lo menos –bueno, quizá no tanto-, de pelaje espléndido y tornasolado, con una cara redonda y muy ancha, de duros bigotes, frondosas patillas y enhiestas orejas móviles que concluían en una especie de plumoso pincelito. ¿De dónde había surgido semejante bestia apocalíptica? Comunicaba la impresión de estar adormilado, pero cuando nos sitió llegar abrió los ojos y yo casi me atraganto del susto y eso que no comía nada... ¡Qué ojos!... ¡Qué miedo, eran enormes!... Oblicuos y amarillos, y no digamos de las fauces, porque hizo una mueca al verme –yo no diría que fuese una sonrisa-, y mostró unos olmillos que recordaban lanzas bengalíes; eran agudos, marfileños y poderosos.
Con su fina percepción de hada, Laurisilva captó enseguida el cangueli s que se había apoderado de mí, y dándome un beso en la cabeza me dijo tranquilizadora:
-He aquí a nuestro amigo Bor, el lince.
A mi me salió un hilo de voz bastante ridículo.
-¿E... l....lInCe... UnNN... LiNcEE... ¿eL LinCE QuuE... ?
La Reina d las Hadas sonrió con indulgencia.
-No, precisamente, todo lo contrario, ya que él, Bor, nos ha hablado del otro lince.


W.11. -4. LAURISILVA (2)


Sirinx se había sentado junto a aquel monstruo felino y le rascaba entre las dos orejas, lo que le obligaba a él a cerrar los ojos y a emitir un ronroneo cavernoso de satisfacción.
Laurisilva le rogó amablemente:
-Bor, ¿tendrías la bondad de explicarle a Petrusky lo que nos contaste a nosotras?
La fiera esa olfateó en mi dirección y yo hubiese jurado que con glotonería, mal pensado que es uno.
-Si tú me lo pides, hada –tenía una voz ronca de tipo duro-. Escucha pajarillo... –sonrió torcidamente- Y pensar que de todos los lugares en que he estado tenía que encontrarte aquí precisamente... Tiene guasa...
(¡Ay, Petrusky, que mal te veo!)
Sirinx amonestó a Bor.
-Vale, hada, no temas, que esto puede ser el comienzo de una buena amistad... Como iba diciendo pajarillo, marchaba yo por el bosque, harto ya de tanta miseria y mala vida, cuando de repente el viento me trajo el olor de un desconocido, y además estúpido, porque ningún animal silvestre se pone en el camino del viento para delatarse...
Yo arrastraba una respetable gazuza de varios días, pero aquel bicho no era materia comestible ya que pertenecía a mi especie... Arrugué el bigote, ¡sólo me faltaba competencia en mi territorio, yo que estaba a base de grillos y lombrices de tierra por toda dieta, y ahora otro cazador merodeando, perra suerte!... Perdón, lindas hadas, ya sé que delante de las damas no se debe usar tal lenguaje... A lo que iba, pajarillo –Bor se acomodó torpemente en las hierbas curativas que le servían de cama-, me camuflé entre unas piedras y le vi pasar, era mucho más grande que yo y de pelaje gris. Imponía respeto y fíjate que es menda quien te lo dice, que no temo a nadie ni a nada en este mundo, mas parecía despistado, y eso me infundió moral, después de todo aquellos eran mis dominios y no los suyos.
“-¡Eh, tú! –Le grité abandonando mi escondite-, ¿qué es lo que se te ha perdido por aquí, si puede saberse?
El otro, que se había sobresaltado al escuchar mi voz, en cuanto me echó el ojo, recobro la compostura.
“-Que yo advierta no existen vallas en este lugar y el bosque es de todos, ¿o no?
-Depende de cómo se mire, forastero... Por el momento te diré que estas tierras me pertenecen y que quien las quiera transitar o pide permiso o paga por ello.”
El lince gris se me puso bravucón.
“-Pues mira por donde hoy me he dejado la bolsa en casa. “
Yo, que me estaba preparando desde hacía un rato, salté, mientras rugía amenazador:
“-Descuida, pagarás con el pellejo.”
El desconocido me evitó con ágil regatee, cosa que hay que reconocer me sorprendió bastante porque no tenía un aire demasiado despejado que digamos.
“-Tranquilo, no quiero peleas, no soy ningún camorrista. Si no fueras tan picajoso hace rato que ya me habría ido y lo haré enseguida si me dices hacia dónde cae el mar.”
Podéis estar seguros de que nunca me hubiese imaginado esa salida.
“-¿El mar?”
El intruso se impacientó.
“-Sí, el mar, agua, ya sabes, mucho agua y barcos por encima... Alguien me aguarda en el puerto.
-¿Quién te espera?
-Eso a ti no te importa.”
Tenía razón, los estatutos de las leyes del bosque son bien claros: no preguntes lo que no es de tu incumbencia, come cuando tengas hambre y bebe cuando tengas sed y mientras deja a los demás tranquilos...”
Yo, Petrusky, interrumpí:
-Eso está muy requetebién, ¿y lo cumplís?
Bor me miró con malicia.
-Siempre que no tengamos hambre y sed, procura no cruzarte en mi camino entonces...
-Bor –reconvino de nuevo Sirinx.
El lince suspiró pacientemente.
-Está bien, está bien... Continúo... El forastero tenía prisa y yo ignoraba en que dirección estaba el mar. Los linces no somos animales acuáticos, pero debo reconocer que su pregunta me intrigó y mucho, quizás por ello decidí seguirle porque algo había en su extraño comportamiento que despertaba mi recelo. No anduve mucho tras su rastro; un cepo traicionero me salió al paso atrapándome la pata y dejándome en el estado en que me ves... Y si no hubiera sido por las hadas, te aseguro que ésta no la cuento... Ya me lo advirtió Negri: ¡ojo con las trampas que pueden ser mortales!
-¿Conoces a Negri? –exclamé lleno de alegría.
-Claro que lo conozco, un gran tipo ese Negri, gato doméstico pero muy buen camarada. Me previno de los cepos contándome la historia de un pariente suyo lejano, un tal Gatín, a quien una maldita trampa mutiló la mitad de la garra dejándosela sin dedos.
Yo me estremecí y las hadas, indignadas, corearon una protesta.
-¡No hay derecho!
-¡Qué salvajada!
-¿Cuándo aprenderá el ser humano a dejar en paz a los pobres animales?
-Negri es amigo mío... Bueno, amigo de una amiga más bien, ¿hace mucho que lo viste?
-¡Huy y tanto!... Creo recordar que fue en primavera... Le dije que pensaba marcharme a una reserva protegida, pero el camino es demasiado largo.
Sirinx le acarició el lomo.
-Ahora, querido Bor, tus tribulaciones han concluido; nosotras te llevaremos a un parque nacional en donde tu especie está a salvo.
Ruky intervino:
-También llevaréis a los otros, ¿verdad?
-¿Qué otros? –quise saber curioso.
La Reina de las hadas me dio una explicación:
-Tenemos recogidos varios conejos de monte, una familia de perdices, un faisán, tres erizos, cuatro ardillas, unos pinzones, un picapinos y algunos jilgueros así como una pareja de palomas torcaces... Todos son refugiados, supervivientes del incendio de un bosque, que conseguimos salvar, lamentablemente muchos otros fallecieron ya que no pudimos llegar a tiempo... Tu has llevado una buena vida, periquito Petrusky, por eso no sabes lo triste que es perderlo todo, patria y hogar y a los seres queridos, cuando la mano del Hombre provoca catástrofes.
-Pero a veces hay rayos que incendian bosques.
-No siempre, Petrusky, no siempre... Por descuido o por maldad, el ser humano tiene mucho que ver con los grandes fuegos del verano.
Pensé en la casita en la que vivíamos tan felices Papá, Mamá, la Niña, Lilí y yo y se me pusieron las plumas de punta a la sola evocación de semejante desastre: el bosque en llamas, ¡qué horror!
-¿Y los llevaréis a una reserva de animales?
Sirinx tomó la palabra de nuevo:
-En efecto... Es trabajo nuestro; ayudamos en cuanto podemos y ésta es una de las maneras.
-Deberías visitar una reserva, Petrusky –dijo Ruky-, yo estuve el verano pasado de vacaciones en una y me lo pasé la mar de bien, hice muchos amiguetes y conocí incluso aves exóticas que estaban de paso, fue muy diver, además, los paisajes son preciosos.
-Ya me gustaría, ya. Tal vez en otra ocasión, pero ahora a quien tengo que encontrar es a Negri, ya que sólo él sabe del paradero de la estrella puesto que se la ha llevado.
¡La estrella!, volvíamos a nuestro problema inmediato.
Bor, somnoliento, murmuró:
-Sé algo de ese asunto por las hadas y según lo que acabo de oír, tú afirmas que Negri se ha apropiado de la estrella mágica... Negri no es ningún ladrón, de eso estoy seguro.
Yo protesté enérgicamente:
-¡No he querido decir semejante cosa!
Bor se estaba durmiendo por momentos.
-Mi intuición me indica que el forastero tiene mucho que ver con todo esto –bostezó-. No era portador de ninguna estrella, pero, ¿por qué un lince busca el mar?... Si yo me perdiese que no me fueran a buscar en el puerto, eso lo tengo bien claro... Creo que ese lince gris no es lo que...
Se durmió de golpe.


W.12. -4. LAURISILVA (3)


Me volví hacia Laurisilva.
-¿Es por esto que me has presentado a Bor?
-Sí, primero él, luego el búho encantado, y tú después... Creo, efectivamente, que ese lince gris, como insinúa nuestro amigo, puede conducirnos por el buen camino.
-¿La solución está en la cita misteriosa junto al puerto?
-En efecto, el enigma se puede aclarar si sabemos quién es el que espera allí al forastero.
-Perdona, ¡oh, reina!, pero no lo entiendo muy bien; si como todos los indicios parecen apuntar, la estrella la tiene Negri, o al menos eso imaginamos, ¿qué nos importa lo que le espere al lince gris en el puerto?
-Mucho –dijo Laurisilva con paciencia-, porque si es Glagól el que le aguarda, en el supuesto que el lince gris sea su esbirro, ello significa que el perverso mago ignora el paradero de mi estrella, y, no sabiéndolo, su desconocimiento nos abre muchas posibilidades. Poder encontrar tranquilamente a Negri recuperando lo que esa urraca gigante me robó por orden de Glagól.
Me quedé muy pensativo, luego exclamé:
-Discúlpame por la torpeza de mis entendederas, reina Laurisilva, pero, ¿cuánto tiempo hace que Bor se encontró con el forastero? Es que si ha transcurrido mucho, Glagól puede haber tenido ocasión de ir y volver del puerto más de cien veces, y estamos en las mismas.
La Reina de las hadas sonrió con indulgencia.
-Eres muy listo, periquito azul del amor, muy listo, mas sosiega tus temores porque no hace ni 24 horas que Bor tuvo su encuentro con el forastero, lo cual significa que aún estamos a tiempo de desentrañar el misterio... Voy a revelarte mi plan, buscaremos a Negri por toda la zona. Hadas, duendes y elfos, incluso los enanitos mineros, nos pondremos en movimiento, y tú, mientras...
Di un respingo y abrí mucho los ojos.
-¿Yoooo?
-Sí, tú, mi valeroso Petrusky, precisamente tú, de quien Glagól no puede ni sospechar tan siquiera, tú, repito, marcharás en pos del forastero hasta hallarlo, y escondido prudentemente asistirás a su cita misteriosa. De lo que en ésta escuches y sepas puede depender el futuro del Reino de las Hadas, fíjate si tu misión es importante.
-Sí, si, pero, un momento, majestad, ¿y si no me entero de nada porque no hay nada que saber, y si en tanto yo corro detrás de un fantasma, Glagól se encuentra en otro sitio haciendo de las suyas?
-¿Y si llueven comadrejas de nubes saladas? –soltó Ruky haciendo una mueca burlona.
-Ruky –regañó Laurisilva, y luego, a mí me dijo:
-Si el forastero nada tiene que ver con la desaparición de mi estrella, tanto mejor por ese lado, mas para entonces ya habremos dado con Negri.
La lógica de las hadas no dejaba de parecerme un mucho extraña. Porfié:
-¿Y si Negri no la tiene, y si ha sido otro el que se la ha quitado a Lilí?
Laurisilva suspiró no sé si de pesar o de cansancio ante mi insistencia.
-No puedo responder a esas preguntas y tú sabes cuál es la causa. Sin el poder de mi varita de virtudes nuestra magia ha mermado muchísimo y sólo podemos atender los casos pequeños, todo lo demás son incógnitas amiguito y para resolverlas te necesitamos a ti, que perteneces al Mundo Real, te hemos escogido como enviado.
No iba a ser tan mentecato que menospreciara el gran honor otorgado por las hadas a este humilde periquito, pero, ¡córcholis!, ¿por qué siempre yo?
-Porque –me respondió la Reina de las hadas que había leído mi pensamiento-, tú eres nuestro enlace entre el Mundo Real y el Otro Mundo, al que nosotras pertenecemos.
De repente me asusté ya que creí entender algo en lo que no había reparado aún.
-¿Dónde estoy yo ahora?
-Con nosotras.
-Sí, pero, ¿dónde?
Un hada deliciosa, ambarina, que hasta el momento guardase silencio, habló entonces con su vocecita musical:
-En los límites del sueño, en los límites de la realidad. Si retrocedes vuelves a tu mundo, si avanzas, penetras en el nuestro. Tu lugar debe estar entre los dos mundos, justo en la línea divisoria, es ahí en donde debes permanecer si quieres andar el camino que te aguarda.
-¿Si quiero o si debo? –pregunté yo muy mosqueado.
-Deber es querer –dijo Ámbar, ya que no se podía llamar de otra forma aquella hada.
Me sentía un poco acorralado. No es que no quisiera ayudarlas, pero, la verdad, por muy periquito azul del amor que fuese un servidor, por muchas aventuras que hubiera vivido con anterioridad, lo cierto es que... ¡Pues que tenía miedo, que caray!
-¿Y no podría buscar ayuda en el Mundo Real? –quise saber tímidamente.
Las hadas se miraron entre sí, al principio con sorpresa, después, al parecer, divertidas como si lo dicho por mí sonara a chascarrillo.
Laurisilva me preguntó maliciosa.
-¿De verdad pretendes buscar ayuda en el Mundo Real?
Yo me sentí muy abatido e infeliz.
-¿Puedo?
Ámbar, la encantadora, revoloteó en torno a su reina susurrándole algo al oído. Laurisilva tuvo una enigmática sonrisa.
-Si quieres probar, hazlo.
-¿No os enfadaréis conmigo por eso?
-No, Petrusky, las hadas no nos enfadamos con nuestros amigos.
Muy aliviado, dije.
-Una última pregunta, ¿en qué dirección he de marchar?
-¡Canta! –exclamaron a coro las hadas.
-¿Qué cante? -repetí perplejo.
Ámbar miró a Laurisilva como pidiéndole permiso y la reina asintió con la cabeza concediéndoselo.
-Cierra los ojos y empieza a cantar pues a medida que cantes el futuro irá surgiendo delante de ti, tu futuro, porque será tu canción. Es una antigua fórmula mágica y te la regalamos, haz buen uso de ella, Petrusky.
¿Qué cantara? ¡Mira que son sorprendentes las hadas!
En fin, me encogí de alas, ¿qué iba a hacer si no tenía otra opción?, era lo de siempre.
Canté, ¡que remedio!, de todas formas me había pasado la tarde haciéndolo

W.13. -5. EL MAGO COSMOGÓNICO (1)


Empecé a cantar cerrando los ojos, cuando los abrí era de día y yo volaba por encima de una pequeña ciudad. Ni rastro de hadas, ¿lo habría soñado todo? No, creo que no, de lo contrario, ¿qué pintaba yo danzando por aquellos andurriales desconocidos?
La ciudad, un pueblo grande más bien, estaba bordeado por una sinuosa carretera asfaltada que flanqueaban altos pinos, así que el paisaje no podía ser más real, incluso los automóviles iban y venían por ella y eran modernos ¿eh?: Ford, Renault, Citröen -¡vaya, parece que esté haciendo publicidad!-, bueno, por esta vez no navegaba por cielos de cuento-ficción.
Varias golondrinas, que volaban en dirección opuesta a la mía, me saludaron alegremente y yo respondí, porque a educado no me gana nadie.
-¡Hola, hola!
-¡Hola!
-¿Te has escapado de la jaula?
-No, ¡que va!, estoy buscando ayuda.
-¿Para qué?
En el Mundo Real podía hablar sin ningún miedo.
-Estoy buscando a un mago.
-¿A un mago?
-¡Tienes suerte! Mira, en esta ciudad vive un mago.
Yo me quedé patidifuso.
-¿Un mago? ¿Aquí?
Las golondrinas tenían prisa.
-Sí... Busca la calle Quinta Mano a la Derecha, nº 19, 3º 1ª... Pero tendrás que pedir hora para que te reciba... Se llama Cosmogónico.
A mí me chocó el nombre y exclamé:
-¿El mago Cosmogónico?
-¿Le conoces?... Sí, es muy famoso.
-A él no, pero si he oído hablar de un antepasado suyo, quiero decir, un colega, un tal mago Gerineldo.
Las golondrinas rieron mientras se alejaban.
-No sabíamos que su abuelo hubiera sido también mago.
-No, si no era su abuelo.
-¡Adiós, adiós!
-¡Chao!
¡Quinta Mano a la Derecha! ¡Vaya una dirección rara, y, ¿por dónde caería?!
Lo malo es que yo era nuevo en aquel pueblo, o ciudad pequeña, para orientarme debidamente, pero, sensato que es uno, deduje que las casas de los magos, aun en nuestros tiempos, no pueden ser como las de los otros mortales y fue certero mi instinto, del que me vanaglorio sin ninguna falsa modestia ya que él me resolvió el problema.
Volé muy alto y miré hacia abajo viendo lo que tenía que ver, o sea, el techo puntiagudo de una buhardilla en el terrado de una casa de vecinos. Era un tejado raro de color azul grisáceo y deslucido y de una entreabierta ventana salían a raudales burbujitas brillantes que estallaban bajo la luz del sol dejando una luminosa estela como de polvo de cristal, y, ¿quién podía vivir allí si no era un mago? Muy contento por la facilidad con que lo había descubierto, me apresuré a colarme de rondón dentro de la buhardilla.
En un principio no vi ni torta, tal era la masa enorme de burbujas que lo invadía todo, luego, y abriéndome paso entre ellas –algunas se reventaron, lo siento-, pude ver, delante de un alambique, como cuadra en cualquier mago que se precie, aquel de quien me habían hablado.
Tenía pinta simpática, era bajito, llenito, sin ser ni mucho menos gordo, llevaba gafas, era medio canoso, su nariz respingona y lucía una barba corta también entrecana.
Me dio la impresión de que estaba absorto y excitado al mismo tiempo, con lo que se traía entre manos, fuere lo que fuese el tal invento. Vestía una túnica azul noche constelada de estrellitas y en ese preciso momento rebuscaba afanoso en un grueso librote polvoriento, mientras se sujetaba con la diestra el largo gorro.
-Buenos días, señor mago Cosmogónico –dije yo cortésmente.
A lo que el mago, sin sacar su curiosa nariz de encima del libro, me respondió con evidente distracción:
-¡Buenos días!, buenos días, has llamado al contestador automático de este número. Ahora no estoy en casa, no obstante, deja tu mensaje y teléfono y en cuanto pueda te responderé. ¡Muchas gracias!
Yo me quedé de una pieza; ¡anda la osa con el despistado del mago!
Con cautela tiré de la manga de su túnica.
-Señor mago, que estoy aquí.
Él siguió como si nada.
-Vale, vale, ya te he oído... Has llamado al contestador...
Decidí ponerme delante de sus gafas.
-¡Yujujú, señor mago, que estoy aquí mismo, en persona!
Entonces, el mago no tuvo más remedio que verme y abrió unos ojos como platos cuando me descubrió.
-¡Anda, pero si es un periquito parlanchín!... ¿Qué haces tú aquí?, o mejor dicho, ¿qué quieres de mí?
-Necesito su ayuda, señor mago.
Y le relaté brevemente el problema en el que me hallaba metido.
El mago Cosmogónico me escuchó boquiabierto lo mismo que el que oye hablar al muñeco de un ventrílocuo, y luego que hube concluido, él se sentó dando muestras de estar mareado o algo así.
-¡Carape, vaya, vaya, con que existen las hadas y todo eso!... Nunca lo hubiera llegado a imaginar –dijo al final con desconcierto.
-Sí, ya sé que cuesta un poco de entender, sobre todo en el Mundo Real.
-¿En el Mundo Real?... ¿Sabes una cosa?, es la primera vez en mi vida que me pasa algo semejante.
-¡Pero usted es un mago! –protesté.
-¡Je, je!... Sí, sí... Pero un mago del Mundo Real... ¿Sabes?, resulta divertido eso del Mundo Real... A veces ni sé ni en que mundo vivo... Además, te diré una cosa, yo soy inventor de profesión y trabajo para una empresa, lo de mago vino después... Un día, rebuscando en una librería de viejo me encontré con un mamotreto lleno de fórmulas mágicas del año del catapún y que se llamaba El Gran Zifhandel y había pertenecido, entre otros, aparte del que le puso el nombre, a un tal mago Serapión, al parecer su último dueño, y, francamente, me interesó... Desde entonces, en mis ratos libres, me subo aquí arriba y practico con los conjuros.
Yo me sentí muy decepcionado.
-Entonces, ¿lo de mago Cosmogónico?
-Naturalmente que es un seudónimo... Ese era el nombre de un antiguo hechicero y como me gustó lo adopté... En realidad él se llamaba Cosmogónicus, lo que yo he hecho ha sido modernizar el nombre.
-¡Qué chasco!... ¿Así que usted no sabe hacer magia?
Mi exclamación pareció herir su amor propio.
-¡Claro que sé, faltaría más!... Siendo inventor profesional no es difícil para mí; la magia y la ciencia se parecen mucho más de lo que la gente cree, lo que sucede es que hoy en día la magia no está de moda.
-Pero a usted le da por investigarla.
-Recuerda que soy un científico, y, modestia aparte, dicen que muy bueno. Lógicamente tengo que investigar.
-¿Y cómo le salen los conjuros?
El mago Cosmogónico se rascó detrás de la oreja con aire de perplejidad.
-Pues... de aquella manera, unas veces bien, otras no tanto... La culpa la tienen los ingredientes que son rarísimos y vete tú a buscarlos... Por eso la magia antigua es tan difícil de lograr, o si no, Fíjate, ¿dónde puedo encontrar polvo de cuerno de Unicornio Verde, o tres escamas de la cola del Dragón Furibundo? Quién rábanos fritos fuese el susodicho dragón y en dónde quiera que se encuentre actualmente, si es que se encuentra, ¿comprendes?
-¡Caramba, si que es dura la vida de un mago moderno! -rezongué con fastidio.
Él se animó considerablemente al oírme.
-Mucho más de lo que te imaginas, primero las fórmulas, que, por otra parte, son bastante asquerosas de realizar según los ingredientes que necesites y después porque la gente se te ríe en las barbas.
-Y eso que es usted inventor.
El mago Cosmogónico puso cara de susto.
-¡Eh, no lo vayas diciendo por ahí!... Pocos saben que el inventor y el mago sean la misma persona... ¡Estaría apañado si lo supieran; nadie me iba a tomar en serio!
-Sin embargo, tengo entendido que es usted famoso como mago.
El aludido me miró con sorpresa.
-¿Y a ti quién te lo ha dicho?
-Si se lo cuento le parecerá fantástico.
-¿Más fantástico que estar hablando en estos momentos con un periquito?
Tenía razón.


W.14. -5. EL MAGO COSMOGÓNICO (2)


De acuerdo. Me lo dijeron unas golondrinas que deben tener el nido cerca de aquí.
El mago Cosmogónico puso cara de hacer memoria.
-¡Ah, sí, es cierto, certísimo!, en el alero de enfrente hay varios nidos... Nunca hubiera supuesto que fuesen tan observadoras... ¿Y dices que te han dicho que soy un mago famoso?, ¡estupendo, al menos hay alguien que lo reconoce!
Parecía muy halagado, pero yo me estaba impacientando.
-¿Me puede usted ayudar?
-No, amiguito, sinceramente, creo que no... Al menos –exclamó precipitadamente al apreciar como yo torcía el gesto-, en lo que a magia se refiere.
-¿Entonces, cómo?
-Verás, soy inventor, ya lo sabes, y eso si que lo domino bien... Aquí –hizo un gesto teatral con la mano señalándomela-, tengo un proyecto de Máquina del Tiempo, en el que estaba trabajando cuando has aparecido... Mira, mira.
Se hizo a un lado y me mostró con orgullo de constructor una especie de estrambótico artilugio que más comunicaba la sensación de ser una lavadora automática que otra cosa.
-Sí, veo por tu expresión lo que estás pensando. Recuerda una lavadora porque “es” una lavadora, la carcasa es inconfundible, lo de dentro ya no, en absoluto. De todas formas la iba a probar otra vez cuando has venido.
Observé al inventor de reojo y con desconfianza.
-¿Y las burbujas?
El mago Cosmogónico hizo un gesto que restaba importancia al hecho.
-Quedaba algo de detergente todavía.
¿Algo?, ¡si aquello parecía la invasión de los ultra cuerpos!
Disimuladamente empecé a retroceder hacia la ventana.
-Señor mago, ¿ha realizado ya algún experimento con esa máquina?
-En efecto, puse una semilla de trigo, la envié al futuro y regresó convertida en espiga, luego la devolví al pasado y de nuevo retornó como grano de trigo. Lo que se dice todo un éxito, ¿no te estás de acuerdo?
Sonó el telefonillo de la puerta y el mago Cosmogónico se dio una palmada en la frente.
-¡Anda, si lo había olvidado, la bruja Marabina me viene a buscar para nuestro programa de radio!
Yo no entendía nada de nada.
-¿La bruja Marabina, programa de radio?... ¡Ay, mago Cosmogónico que me estoy liando!
El pobre mago se abalanzó sobre el telefonillo.
-¡Sí, sí, ahora mismo bajo! –Se puso a buscar acto seguido una chaqueta mientras comenzaba a quitarse a estirones su flamante túnica-. ¿Qué es lo que no entiendes, periquito, que tenga por amiga a una colega y que vayamos a hacer juntos un programa de radio? ¡Por favor!, vivimos en pleno siglo XX, a un paso del siglo XXI No es anormal hablar por radio –concluyó bondadosamente como si yo fuese un periquito palurdo.
-¿Pero no aseguraba hace un momento que mantenía oculta su doble personalidad por si acaso, que no deseaba que la gente se le riera o le señalara con el dedo por ser un inventor que oficia de mago en sus ratos libres?
El mago Cosmogónico había encontrado la chaqueta y se la estaba colocando sin acordarse todavía de que aún llevaba encima de la cabeza el cucurucho de hechicero.
-Claro, claro, y, es verdad de la verdadera, por eso empleo este seudónimo, así nadie me reconoce.
-¿Y la bruja Marabina qué es, un sabio atómico?
Creo que ni me escuchó, estaba tan atareado cogiendo de una estantería un pequeño libro de tapas marrones, que su respuesta sonó un poco incoherente:
-Tiene un coche algo antiguo y no puede estar aparcada mucho rato porque sino se le cala el motor.
Yo ironicé malintencionado:
-¿No viene en su escoba? ¡Qué lástima, a lo que parece, las tradiciones se pierden!
El mago Cosmogónico desenchufó la lavadora. De repente, le habían entrado las prisas y daba la sensación de estar muy nervioso. Desfasadamente me dijo:
-No es sabio atómico, trabaja como delineante en una empresa.
-¡Ah!
El mago abrió la puerta de la buhardilla y se detuvo en el umbral, vestido de paisano y con gorro en la cabeza estaba de lo más cómico. Iba a advertírselo, pero él me soltó con mal disimulada satisfacción.
-Si quieres escuchar el programa ahí tienes una radio inventada por mí, dale al botoncito verde y te saldrá la emisora, ya la tengo programada. Dentro de 15 minutos empieza el espacio, lo patrocina jarabes PUP y se llama LA MAGIA AL DÍA... Comienza con el ulular del viento, luego se oye una carcajada siniestra que hiela la sangre en las venas y en ese instante suena la canción compuesta en exclusiva para el programa: “¡Ya está aquí, vino ya!... ¡La magia a su disposición!... ¡Chim póm, chim póm, chim póm!”… ¿Eh, qué te parece?
Yo le miré inexpresivamente, hay ocasiones en que es mejor no revelar lo que a uno le pasa por el pensamiento. Él, que no dio muestras de reparar en mi mutismo, concluyó muy animado:
-Si me esperas, cuando vuelva, resolveremos tu asunto.
-¿Con la Maquina del Tiempo?
El telefonillo sonó otra vez impertinentemente.
-¡Ya voy!, Marabina, ya voy... Dile al guardia urbano... ¡ya bajo!
Me miró con desesperación.
-¡Están a punto de meterle una multa! –dijo y salió corriendo tan atolondradamente, que, por suerte para él, se le cayó el sombrero al suelo sin que ni siquiera lo advirtiese.
Me senté en el borde de un cenicero lleno de pastillas de menta, ¿o eran colillas encantadas?; empezaba a comprender el por qué Laurisilva y las otras hadas, se habían sonreído al oírme preguntar si podía encontrarse ayuda en el Mundo Real.


W.15. -6. EN DONDE CONOZCO A BAM Y TAM Y AL PERRO DE LAS NIEVES (1)


Nuevamente volando me alejé de aquel pueblo grande, o pequeña ciudad, un tanto decepcionado.
“-¡Qué pena –monologaba suspendido entre cielo y tierra-, un inventor que juega a mago, y, de cuyos inventos, la verdad sea dicha, no me fío un pelo, porque parece que está mezclando magia y ciencia a partes iguales, al menos en ese engendro que él llama Máquina del Tiempo!... ¡Vamos, que si me meto dentro igual llego al siglo 3000 o salgo centrifugado!
Estaba tan absorto en mis tristes reflexiones que no me di cuenta de que tropezaba y me introducía en una nube de contaminación de la que salí tosiendo y estornudando al conseguir librarme de ella, y algo enhollinado, todo hay que decirlo, me apercibí de que el pueblo había quedado atrás, y muy atrás debía de haber quedado porque no veíasele ni de lejos, y yo me hallaba volando sobre una especie de carretera sin asfaltar en la que se marcaban profundamente las huellas de las ruedas de los carros. Se divisaban algunos árboles, campos y cercano un pueblo, pero lo que más me sorprendió, y gratamente, debo reconocerlo, es que encima de la línea del horizonte, relucía en lontananza el mar.
Mi vista privilegiada me indicó que alguien andaba por el camino, y, al tratarse de plumíferos de mi especie, aunque un poco grandotes, decidí descender para pedir información.
Se trataba de dos ocas muy blancas y rollizas, pero lo que me hizo comprender que eran aves poco comunes, fue el hecho curioso de que ambas llevaban sombreritos estilo cofia, anudados bajo el pico por un gran lazo. No, semejante pareja no podía pertenecer al Mundo Real.
-Buenos días, señoras Ocas.
Lo dije mientras revoloteaba sobre sus altas cabezas.
-Buenos días.
-Buenos días.
-Me llamo Petrusky y soy un periquito azul australiano...
las ocas me interrumpieron.
-Yo soy la señora Tam.
-Y yo soy la señora Bam.
-¿Vendes algo?
-¡Qué sucio estás!... ¿Te has caído por una chimenea?
-¡Podías haberte ido a lavar al estanque!
-Lo siento mucho, quiero decir el no estar demasiado presentable, pero la contaminación es algo terrible... Y no vendo nada señoras Tam y Bam, lo único que me interesa es saber en dónde me encuentro, y por lo que creo deducir, este pueblo es costero.
-Acertaste...
-... entonces no es necesario que te digamos nada más.
-¡Eh, eh!... Claro que es necesario, amigas Tam y Bam... Si aquí hay puerto de mar eso por si sólo no me vale, ¿casualmente no habrán visto ustedes a un lince gris hace poco?
Las dos ocas retorcieron sus largos cuellos, que recordaban a un par de blancas serpientes, y se quedaron pico frente a pico, bizqueando al mirarse indignadas.
-¿A un lince gris?
-¡Qué tontería!
-¿Qué iba a hacer aquí un lince gris?
-Tú mismo has reconocido que este es un pueblo costero, por tanto aquí hay albatros, gaviotas, petreles, cormoranes, y en el mar delfines, más linces, ¿qué se le ha perdido a un lince en un pueblo marinero?
Suspiré.
-Igual pienso yo, que no se le ha perdido nada, pero tengo la obligación de encontrarlo.
-¡Pues vaya una obligación más tonta que tienes, podrías buscarte otro tipo de obligaciones más divertidas!
Yo me molesté ligeramente.
-No me la he buscado, me la han dado, es un encargo.
Las ocas cuchichearon mirándome de reojo, luego Tam me espeto:
-Nuestros caminos se separan, Bam y yo nos dirigimos hacia allí, al viejo molino, cerca de cuya alberca vivimos y no te podemos ayudar a encontrar al lince ese, además, tampoco nos importa, no es asunto nuestro.
-¡Hombre, muchas gracias, sois la amabilidad personificada! –respondí asombrado por su grosería.
Las ocas batieron las alas haciendo mucho viento pero sin volar.
-Tenemos prisa –exclamaron después-, pero sigue adelante y tal vez puedas encontrar a alguien que te de alguna pista, aunque lo dudamos.
Y sin más, me dejaron prácticamente con la palabra en el pico marchándose tan campantes mientras hablaban entre ellas riendo por lo bajinis. Yo ni me lo podía creer: en todas mis experiencias viajeras nunca me había encontrado con bichos tan maleducados.
Con una depre como un piano, remonté el vuelo dirigiéndome a toda velocidad hacia el pueblo marinero. ¿Me habría conducido el azar al punto de encuentro del lince con el misterioso individuo que le aguardaba?
Los pueblos de mar no se parecen a los de tierra adentro; vagabundean muchas gaviotas que son enormes y te miran con ojos enrojecidos y feroces, los desperdicios del pescado se hacinan por los rincones siendo disputados por las aves amarinas y las no menos terribles ratas urbanas, las cuales, para no desentonar en aquel ambiente, lucían tatuajes en las patas, algunas un ojo tapado con un parche, pendientes en las orejas y hasta pañuelo pirata anudado en la cabeza. ¡Vaya, lo que se dice el ambiente ideal para un periquito de buena familia llamado Petrusky y que lo único que deseaba era retornar la estrella de una varita mágica a su legítima dueña, si es que podía encontrarla! La verdad, en ese ambiente patibulario, cualquiera hacía preguntas, porque lo más fácil es que te respondiesen a mordiscos o a picotazos.
Desolado, revoloteé sobre el puerto en el cual se anclaban barcos y barcazas. Allí todo era algarabía y gentes de aspecto poco tranquilizador que faenaban, iban y venían entre juramentos y risotadas. Sin saber que hacer en concreto –lo único que tenía claro es que quería alejarme de aquel bullicio-, me detuve en el quicio de una ventana, una ventana oscura y fea, triste, un ventanuco más bien, que daba a cierto callejón sin salida corto y estrecho. Las casas allí, como en el resto del pueblo, eran de piedra, algunas tenían las paredes encaladas y otras no y en todas se respiraba descuido y como una sensación provisional de decorado de teatro lo mismo que si sus habitantes estuvieran de paso, lo que tratándose de gentes de mar, por otro lado, nada tiene de raro.
Suspiré de nuevo y ahora preocupado. Lo único bueno que había en aquel callejón que no conducía a ninguna parte, es que estaba vacío aunque no le faltaran las consabidas basuras desparramadas por un suelo de empedrado irregular y el ir y venir de las afanosas y malencaradas ratas que de vez en cuando levantaban la cabeza para observarme con mueca burlona, como quien dice “espera y ya verás” –todas las ratas sólo piensan en lo mismo-.
En éstas me hallaba, yo descansando sin saber a ciencia cierta que hacer ni a quién dirigirme que me diese buen resultado, cuando acertó a entrar en aquel callejón un perro, pero,¡alto!, que no se trataba de un cachorro vulgaris sino de todo un magnífico ejemplar de perro de las nieves, de esos que se llaman huskies y que son tan preciosos con sus bellísimos ojos azules –uno posee su sensibilidad-, y ese abrigado pelaje lustroso de brillo plateado –uno también tiene algo de poeta-. Era joven, fuerte y no semejaba temer a nada ni nadie, ya me convenía una compañía así ya


W.16. -6. EN DONDE CONOZCO A BAM Y TAM EL PERRO DE LAS NIEVES (2)


Penetró nervioso e impaciente en el callejón y se quedó plantado en su entrada con las cuatro patas firmemente clavadas en el suelo. Olfateaba tenso el aire y moviendo la cabeza acabó por descubrirme.
-¡Guau! –ladró amistosamente-¡Guau, guau! ¿Qué hace un periquito como tú en un lugar cómo éste?
Yo descendí de la ventana planeando.
-Es una historia muy larga que contar. Y tú, ¿es qué te has perdido o te han abandonado?; tampoco es normal que un perro de tu categoría ande suelto por estos andurriales.
El huskie se sentó sobre sus cuartos traseros agitando levemente la punta de la cola, mientras las siniestras ratas que se habían escondido de prisa y corriendo cuando él apareció, empezaron a agitarse en sus guaridas cautelosamente, pero el huskie, y eso que movía las orejas en dirección suya, no dio la impresión de inquietarse.
-Ni perdido ni abandonado –repuso con orgullo-. Vuelvo al Gran Norte de donde procedo. Mi amo me adquirió de cachorro, comprendiendo después que no está bien retener a un animal en un habitat que no es el suyo, porque a mí, como buen perro de las nieves, el calor me agobia y me hace sentir desgraciado. Yo he nacido para el frío y el retozar en la extensión blanca de los hielos, para aullarle a la aurora boreal y al sol de media noche, para tirar de los trineos y correr mil aventuras con mis compañeros de raza. Mi amo, que es muy inteligente, lo comprendió y hace unos días me dio la libertad, y por eso he venido a la costa, para enrolarme en un barco que me lleve al Gran Norte.
Yo estaba muy impresionado.
-¿Y por dónde cae el gran Norte ese?
El huskie contestó con leve impaciencia:
-Allá lejos, en el confín de la Tierra, en el Polo.
-¡Brrr, que frío!
-A mí me gusta, es mi vida.
¡Qué gustos más raros tienen algunos!
El huskie pareció leer mis pensamientos.
-No es tan mala vida como te pueda parecer. En marzo, y aún faltan muchos meses, en Alaska, en la ciudad de Anchorage, tiene lugar la carrera más dura de todas las de competición, la Iditarod, ¿no te suena?-no me sonaba en absoluto-. En ella compiten por lo menos un centenar de trineos que arrastran perros como yo... ¡Y es una carrera gloriosa! –Los ojos le brillaban de entusiasmo- Se cruza Alaska entera bajo ventiscas y temperaturas de unos 45 bajo cero... ¿Puedes imaginar que se recorren más de 1688 kilómetros de territorio helado y prácticamente desierto hasta alcanzar la meta y con ella el triunfo?
No me lo imaginaba, mejor dicho, no quería ni imaginármelo.
-¡Eso es vida, muchacho! –Gruñó jubiloso el huskie- Y te diré una cosa, si no fuese por estas carreras, hace tiempo que habrá desaparecido la raza de perros árticos a la que pertenezco.
-¿Por qué?
-Es muy sencillo, para las carreras se necesitan perros y por ese motivo existen granjas especialmente destinadas a su crianza y adiestramiento. Yo –dijo con legítima satisfacción-, desciendo de los antiguos perros de los indios y de los esquimales y entre mis antepasados está Walto que sirvió de perro guía en una legendaria expedición que consistió en llevar desde la ciudad de Nenana hasta la de Nona, el suero que cortaría una terrible epidemia de difteria...
Muy impresionado, pero no queriendo dejarme achicar, exclamé:
-Yo soy un periquito azul australiano, mis antepasados vienen de allí.
El huskie abrió la boca en una amplia sonrisa.
-Mira por donde los dos procedemos de lejanas tierras. ¡Ah, si supieras las ganas que tengo de regresar!
-¿Y te enrolarás en un barco, es fácil hacerlo?
-Depende, pero si eres listo y te las ingenias, puedes caerle bien al capitán del navío y entonces tendrás un rincón para dormir y un pedazo de carne salada y galletas para comer, a cambio estoy dispuesto a trabajar e lo que sea, como vigía, limpiando de ratas el barco, cualquier cosa, que a mí no se me caen los anillos por trabajar.
Me sentía fascinado, aquel joven can impetuoso, rebosaba entusiasmo y espíritu de lucha, algo que a mí me hacía mucha falta en los momentos que me tocaba vivir.
-Antes has dicho que tu historia es larga de contar, ¿puedo conocerla?
Lo que conlleva la vida aventurera, es que entras en contacto con mucha gente, todos te cuentan sus vicisitudes y tú a la recíproca les explicas tus batallitas, y eso resulta interesante y muy instructivo.
-Verás, voy buscando a cierto lince gris que está en posesión de un secreto de mucha importancia y del que depende la libertad de una doncella encantada.
-¡No me digas!
-¿Qué no te diga el qué?
El huskie se levantó de un salto.
-¡Pues que yo he visto a ese lince tuyo!
-¡No me digas! –chillé yo a mi vez como un eco.
-Si te digo... Y no hace mucho, a lo sumo media hora... Iba yo por un callejón parecido a este, sólo que con salida, y de repente, hete aquí que se me aparece un enorme lince gris y como no es normal que los linces frecuenten las ciudades ni por equivocación, supuse que algo no marchaba bien... Podía haberse escapado de alguna jaula y hacer daño a alguien en su fuga, así es que me planté delante suyo y le espeté:
-¿De dónde vienes y adónde vas?
-Eso a ti no te importa –me respondió él más fastidiado que verdaderamente asustado-, aparta y déjame seguir mi camino que yo no me meto en líos contigo, fiel amigo del hombre.
Esto último lo soltó con mucho retintín, lo cual me hizo sentir molesto, de modo que gruñí, enseñándole los dientes y me dispuse a saltar sobre él para darle una lección por insolente, y abalanzándome estaba, cuando, para mi asombro, el lince pareció como desperezarse y se convirtió en una persona, un individuo alto, de pelo hirsuto, malencarado y envuelto en una amplia capa hecha con pieles de lince gris.
Yo sentí que se me secaba la garganta.
-¡Era él!
-¿Ese es el lince que buscas?
-¡Sí, sí, es ese!... Vaya, creo, supongo que lo es... ¡El tal lince es un mago o el criado de un mago terrible!...
-¿Qué más aconteció?, cuéntame.
-Qué yo me quedé pasmado frente al lince humano, ¡luego dirán del Hombre Lobo!, nunca había visto una cosa tan rara en mi vida, y él entonces se echó a reír en mis hocicos.
-Esto no te lo esperabas, ¿eh, fiel amigo del hombre?... ¡Anda y lárgate chucho de la nieves y procura por ti y tus asuntos y no le busques tres pies al gato que sólo tiene cuatro!... ¡Ja, ja, ja, ja!
Yo me había quedado tan sorprendido que no pude ni reaccionar ante su sarcasmo. El sujeto se embozó en la capa de lince apretando el paso, y a mí se me escapó un ladrido involuntario, cosa que le hizo volverse con cierto recelo.
-Desde luego, ¡mira que los perros sois pesados! ¿Qué, me vas a seguir?; peor para ti, no creo que en EL TESORO Y EL COFRE te dejen entrar a tomarte una copas de aguardiente, si asomas el morro te sacarán a puntapiés, eso te lo juro.
Yo estaba muy excitado escuchando tales noticias.
-¿Qué es EL TESORO Y EL COFRE?
-Imagino que una taberna portuaria o algo parecido.
Me puse a dar brincos de alegría.
-¡Eso, eso, EL TESORO Y EL COFRE es el lugar de la reunión!... ¡Tengo que ir allí de la forma que sea, el lince, perdón, el esbirro, tiene que estar hablando ya con el mago... y yo debo estar presente en esa cita!
El huskie se quedó pensativo un instante, luego exclamó animado:
-¡Súbete a mi lomo, vamos a buscar esa taberna!


W.17. -7. EL PIRATA TIMOTEO (1)


Empleando un símil marinero, iba a bordo de mi nuevo amigo, el poderoso perro huskie quién en lugar de correr parecía volar entre la multitud cual si tirase no de uno, sino de veinte trineos, y ello me producía una sensación de tranquilidad enorme aunque tuviera que agarrarme fuertemente con mis patitas a su grueso pellejo, porque, en cierto modo, el perro de las nieves me recordaba un poco a mi amigo el Viento por lo acelerado que marchaba.
En un periquete, medida de tiempo no muy académica, recorrimos el paseo de los muelles buscando una taberna que se llamara EL TESORO Y EL COFRE y ya desesperábamos, cuando mi amigo perruno, impaciente, atrapó por su largo rabo a una rata portuaria y le gruñó amenazadoramente:
-Si en algo aprecias tu miserable existencia, dime dónde puedo encontrar la taberna EL TESORO Y EL COFRE.
La rata, que poseía expresión de taimada, y, que, dicho sea de paso, no daba la sensación de sentirse demasiado asustada, replicó:
-Es que no buscas donde está... No es una taberna, es un barco.
-¡¡¡UN BARCO!!! –gritamos al unísono el huskie y yo.
Y tan conmocionado quedó mi amigo que incluso soltó el rabo de la rata a lo que ésta escapó corriendo como alma que lleva el diablo, y, tras esconderse en el agujero de una pared, nos gritó desagradablemente:
-¡Sí, perro estúpido, y tú, pajarraco ridículo, es un barco, y un barco pirata, para que os enteréis, subid a bordo y el pirata Timoteo os venderá como esclavos en Jamaica, eso si tenéis suerte de que no os hagan servir de pasto a los tiburones!
¡Conque se trataba de un barco, y, encima, de un barco pirata!... Entonces, ¿era el lince gris un esbirro del mago o era el propio Glagól en persona, y por qué había ido, quién quiera que fuese de los dos, a un barco pirata?
Muchas más preguntas me martilleaban en el cerebro igual que si de un tambor se tratase, y el huskie no se aclaraba más que yo, aunque los motivos no fueran los mismos.
-¡Un barco pirata!
Nos habíamos olvidado de la rata y de sus insultos.
-Periquito...
-Me llamo Petrusky.
-Petrusky, ese barco va a Jamaica y allí hace mucho calor.
El perro de las nieves había vuelto la cabeza para mirarme y me contemplaba con expresión triste en sus hermosos ojos azules.
Comprendí.
-Tú ya me has ayudado bastante, amigo –le dije haciendo de tripas corazón ya que perdía a un buen compañero-, a ti te aguarda el Gran Norte y a mi Jamaica o yo que sé dónde, todo dependerá de si lo que busco se halla en EL TESORO Y EL COFRE o no... Tengo que subir a bordo y tú debes marcharte porque nuestros caminos se separan.
Al huskie le gustaban menos que a mí las despedidas.
-Oye, mira, si el tipo ese, lince, esbirro o mago, no esta en el navío, vuelve, yo te esperaré aquí en los muelles por espacio de una hora y si no regresas sabré que tu aventura continúa... Ahora, si algún día quieres venirme a ver, abrígate que ya sabes en donde me encontrarás... ¡Ah, y me llamo Karel!
Sin embargo no era el adiós definitivo. Aún me acompañó a la búsqueda del barco pirata -¡qué emoción, yo en un barco pirata!-, y después de un rato de ir y venir por el puerto fisgoneando en todos los barcos para comprobar si el nombre que nos interesaba se veía escrito, dimos por fin con él, y ya era tiempo, la verdad, porque EL TESORO Y EL COFRE se estaba haciendo a la mar entre vocerío marinero y desplegar de velamen al viento, y hay que reconocer una cosa, que no existe espectáculo más maravilloso que el contemplar el lento movimiento de un barco con sus velas hinchadas bajo el soplo de la brisa mientras avanza mar adentro.
Karel y yo nos despedimos efusivamente, lo que no dejó de ser difícil porque yo era un periquito muy pequeño y el huskie un perrazo enorme, con todo nos dimos un gran abrazo y, húmedos los ojos, nos dijimos un “hasta la vista”, lleno de buena voluntad.
-¡Qué pronto estés en el Gran Norte, Karel!
-¡Y que tú consigas desencantar a la doncella!
Volé en dirección al velero que comenzaba a alejarse con suavidad del muelle, mientras Karel se quedaba abajo, haciendo guardia junto a un gran rollo de cables.
-¡Orzar más a barlovento!
-¡A todo trapo!
-¡A la cofa, vigía!
-¡Cuidado con el palo de mesana!
Aturdido por el clamoreo, me detuve un instante sobre una linterna de aceite, apagada en aquellos momentos. En torno mío, marineros de temible catadura maniobraban entre palabrotas y risotadas, algunos incluso cantando canciones terroríficas que hablaban de naufragios y pillaje.
-¡Jojoi, jojoi, jojoi, el barco embarrancó!
-¡Jojoi, jojoi, jojoi, que buen botín cobré!
-¡Jojoi, jojoi, jojoi, a su capitán colgamos!
-¡Jojoi, jojoi,jojoi, que bien nos lo pasamos!
¡Serenidad, Petrusky! Era necesario recordar a lo que había venido y no dejarme influir por el color local ¿En dónde podía estar el hombre con la capa de pieles de lince?
Un vozarrón detrás de mí, retumbó en la cubierta, imponiéndose sobre las demás gargantas.
-¡Por mil pares de tiburones, a ver si os movéis, gandules, que EL TESORO Y EL COFRE tiene que estar en la Isla Perdida dentro de dos semanas, de lo contrario, si nos retrasamos, nos cogerán las tormentas de El Cabo Doblado y serviremos de banquete a los peces!... ¡Vivo, ratas de sentina, no hagáis que me enfade o si no escucharéis la canción del látigo!
-¡No, capitán, no, la canción del látigo no!
-¡Bien, escoria de los siete mares, a trabajar!... ¡Venga!
Del susto me caí de la lámpara quedando sentado sobre un barril de pólvora, y allí me avizoró el patrón del barco, el temible pirata Timoteo, quien, ante mí, con la clásica pata de palo, su parche negro en el ojo y un sombrero de igual color en el que campeaba el bordado en plata de una calavera con las dos tibias cruzadas, me pareció, más que otra cosa, la encarnación de una pesadilla. Lucía frondosa barba oscura y bigotes de tirabuzón y su único ojo parecía un semáforo de lo reluciente y grande que era. Sonrió enseñando una dentadura mellada y amarillenta.
-¡Por cien mil orcas hambrientas, se nos ha colado un polizón, muchachos, y es una cotorra enana!
¿Yo cotorra enana?
¡Por un millón de salmonetes, a Petrusky el australiano, nadie le llama cotorra enana sin tener que lamentarlo!
Con la adrenalina a tope, se me nubló el entendimiento y cometí la tontería más grande que nunca podía haber realizado, me encaré con el pirata Timoteo y le dije cuatro cosas bien dichas, sí, pero que no me ayudaron en nada.
-¡Escucha, pirata de opereta, ni tú ni nadie, me han de llamar a mí cotorra enana, yo soy un periquito azul australiano, de noble linaje y...!
El pirata Timoteo se rió a carcajadas y entonces me di cuenta, porque lo miraba de cerca, que tenía una fea verruga cabalgando encima de su no menos fea nariz, ganchuda por más señas.
-¡Anda, que graciosa la cotorra enana, como berrea! Ven aquí, plumero con patas, a partir de ahora serás otro miembro de la tripulación en categoría de chiste viviente, y nos divertirás a todos desde el interior de... ESTA JAULA!
En así diciendo, me atrapó con su manaza y en menos tiempo del que yo empleo para contar esto, me vi cazado e irremisiblemente arrojado sin miramientos, dentro de una desvencijada jaula para cotorras, desvencijada, mas a prueba de fugas, de eso doy cumplida fe.. El “clic” de la puerta al cerrarse a mis espaldas mientras yo rodaba como una peonza por los suelos, me hizo comprender que efectivamente emprendía un viaje rumbo a la aventura más incierta –que bien me expreso, ¿verdad?-, e ignorando si aquel a quién seguía la pista viajaba en el mismo barco o ya no estaba. ¿Por qué siempre tendré que hablar más de la cuenta?


W.18. -7. EL PIRATA TIMOTEO (2)


El pirata Timoteo colgó la jaula en un gancho del palo mayor y rugió en mi oído, dejándome casi sordo por ello:
-¡A ganarte el rancho, cotorra enana, a ver si aprendes a repetir cosas y nos haces reír! –Se volvió a un pirata que llevaba dos aros gruesos de oro macizo pendientes de las orejas y lucía un ostentoso sombrero de color escarlata-. ¡Señor Trinquete!
-¡¡SI, SEÑOR!!
-Primera lección, enséñele a la cotorra enana a decir algo interesante.
(Indudablemente el señor Trinquete debía ser el segundo de a bordo).
El otro bucanero, también renqueando, se me acercó, y con las narices aplastadas contra los barrotes, empezó a repetir:
-¡Capitán Timoteo guapo, capitán Timoteo guapo!
Yo me quedé de una pieza ¡serían ridículos los piratas!, claro que, ¿a ver quién era el guapo, y valga la redundancia, para negarse a hacerle la pelota a la fiera aquella del capitán Timoteo?
¡Vaya un final!, Petrusky encarcelado con fin y objeto de servir de diversión a una horda de sanguinarios piratas. ¡Cómo me hubiera gustado tener allí una Máquina del Tiempo, buena, eso sí, para viajar al pasado justo en el momento en que Negri y Lilí acarreaban la estrella de Laurisilva hasta casa! Pero, ¡ay!, cuán lejos quedaba ya todo...
Mantuve el pico bien apretado, si es que pensaba semejante hatajo de bribones que la máxima ambición de mi vida radicaba en declamarles las dudosas “gracias” del pirata Timoteo, lo tenían claro, ¡antes morir que claudicar!
Las risotadas del capitán atronaron de nuevo la cubierta siendo coreadas en esta ocasión por sus subordinados, incluido el señor Trinquete.
-¡Mirad a la cotorra enana, si parece que le vaya a dar un síncope! Señor Trinquete, dejemos por el momento las lecciones y venga conmigo al camarote, que tenemos que discutir algunos asuntos importantes.
-Sí, señor... Y respecto al via...
El pirata Timoteo le interrumpí bruscamente:
-¡Chitón, señor Trinquete, que hasta el palo de mesana tiene oídos y no conviene que ni el viento sepa nuestros planes! –reprendió severamente el patrón de la nave mientras su único ojo fulguraba con brillo amenazador.
El corto diálogo me dejó muy pensativo, tanto, que incluso pasé por alto “el que a la cotorra enana pareciera que estaba a punto de darle un síncope” –cada cosa a su tiempo-. Evidentemente allí se trataba algo y todo debía de estar en relación con el hombre de la capa de pieles de lince, ¿hallaríase aún en el barco, viajaría con nosotros rumbo a La Isla Perdida?
Los días que siguieron, monótonos y aburridos para mí, ya que continuaba prisionero en la jaula –agravados por un mareo intermitente y pertinaz cuyo recuerdo me abochorna-, no encerraron aliciente alguno que me animase, ya que las tontas lecciones, que yo me negaba heroicamente a repetir de “capitán Timoteo guapo”, o “señor Trinquete simpático”, qué no sé dónde veían ellos la simpatía, y otra sarta de estupideces por el estilo, me deprimían más que otra cosa.
Por fin, al tercer día, en los cuentos todo pasa el tercer día, puntualizaré que era de noche, y en el transcurso de una guardia, mejor dicho, de su relevo, pude escuchar el fragmento de una conversación que despejó mi melancolía inyectándome nuevas energías; falta me hacían sea dicho de paso.
Un bucanero apodado Bogavante, quien, y pese a ese nombre tan largo, era muy chiquitajo, vino a reemplazar al vigía en la cofa de proa, un tal Marrajo y en el entretanto del cambio hablaron de esta suerte:
-Estoy deseando llegar a aguas cálidas, Marrajo, estas noches a la serena en alta mar son más frías que un iceberg flotante.
-Y que lo digas, Bogavante, no todos tenemos buenas capas de piel de lince para envolvernos.
-Algunos son afortunados.
-Sí, muy afortunados, ricas pieles, buena comida y mejor bebida, honores y trato deferente... El poder del oro Bogavante, el poder del oro.
-Si Marrajo, el oro, ¡bendito sea!, eso lo puede todo... Diez bolsas de oro le entregó el hombre de la capa de piel de lince a nuestro capitán que yo lo vi, Marrajo, con estos mismos ojos que se han de comer los peces... Te acordarás que embarcó la misma tarde que el capitán capturó a la cotorra enana -¡y dale!-, se encerraron en el castillo de popa donde estuvieron hablando mucho rato, luego el capitán me llamó ordenándome que le llevase un barril vacío, ¡ni qué yo fuera tonto!, al devolverlo a su camarote pesaba como el plomo, así que abrí la tapa, Timoteo sólo la había ajustado, y, ¡por las barbas de Neptuno!, te juro que conté diez bolsones de oro... ¡Pero bien que se lo ha callado nuestro capitán, Marrajo, bien se lo ha callado, y a nosotros, para tenernos contentos, cuatro doblones mal contados y a endilgarnos la historia de que le hace un favor a un viejo amigo, como si eso a nosotros nos importase, que somos piratas, Marrajo, no damas de compañía, y sus amigos no tienen por que ser los nuestros!
A Marrajo se le avinagró el gesto.
-Ya, ya, como que EL TESORO Y EL COFRE iba a zarpar en dirección a La Isla Perdida así, por capricho.
-Es demasiado arriesgado.
-Y tanto, a mí que me den abordajes y asaltos, cualquier cosa menos poner los pies en esa isla embrujada.
La inconfundible voz del pirata Timoteo resonó en el desierto puente.
-¡A de estribor!, ¿qué hacen dos fieros bucaneros chismorreando como un par de viejas acatarradas?... ¡Marrajo, Bogavante, por los dientes de un tiburón, menos parloteo y a lo vuestro, que en mi barco no se está para perder el tiempo!
Bogavante, temblado de pavor, que lo vi yo, trepó como un mono hasta su puesto de vigía en la cofa y Marrajo escurrióse entre las sombras desapareciendo. Después silencio y más tarde el golpeteo irregular de la pata de palo del pirata Timoteo que parecía efectuar una ronda fantasmal por su navío.
¡Toc, toc, toc!
Vi surgir a Timoteo fumando en su cachimba con aire meditabundo y como si no reparase en mi presencia, al menos no me importunó con boberías, procedió a sentarse debajo de mi jaula con un suspiro, luego le oí murmurar –aquella noche iba yo de sorpresa en sorpresa-:
-La tripulación está inquieta, ¡maldita sea!, a ver si por este asunto de La Isla Perdida los hombres se me van a amotinar... El mejor negocio de mi vida y...
Estuve tentado de preguntarle: ¿de qué se trata, pirata Timoteo?, pero, naturalmente no lo hice, ¡no era cuestión de delatarme de una manera tan tonta!
Al día siguiente, y ya ojo avizor, pude advertir como varios piratas señalaban, en algún momento, en dirección al capitán y cuchicheaban entre sí con aspecto torvo y descontento. ¡Sería divertido que estallase una rebelión como la de la Bounty y yo en medio del fregado!
Misterios y resentimientos, ya no me cupo la menor duda: el hombre de la capa de pieles de lince era el invisible huésped de Timoteo, sólo una incógnita persistía, ¿cuál era la auténtica personalidad del enigmático individuo, se trataba de Glagól acaso? Y si de Glagól se trataba, ¿llevaría consigo la estrella?
¡Resultaba indispensable que yo escapara de la jaula y lo averiguase!
Más, ¿cómo?, lo ignoraba y me estaba devanando los sesos cavilando sobre el mejor modo de cumplir con lo que se esperaba de mí, cuando el azar vino a brindarme la solución de manera totalmente inesperada.
De repente escuché al vigía de turno gritar:
-¡Barco a babor! –Y acto seguido con verdadero sobresalto-¡El Corsario Blanco, el Corsario Blanco!
En el momento se formó un terrible pandemonium en EL TESORO Y EL COFRE ya que todos los piratas chillaban y corrían desordenadamente de un lado para otro blandiendo sus armas. El pirata Timoteo apareció enseguida sobre el puente de la nave, calmo en contraste con tanto alboroto.
-¡Eh, marineros de agua dulce! –Gritó con fiereza-, ¿somos acaso mocosos llorones para asustarnos así por la presencia de un barco enemigo?... ¡Si al Corsario Blanco le llaman El Invencible, hora es ya de que se enfrente conmigo para que el sobrenombre cambie de lobo de mar!
-¡Viva el pirata Timoteo! –aulló la tornadiza marinería.
Yo lo contemplaba todo con los ojos redondos como platos, ¿qué iría a suceder ahora?


W.19. -8. EL CORSARIO BLANCO (1)


-¡¡¡Al abordaje, al abordaje!!! –clamoreó la tripulación de EL TESORO Y EL COFRE corriendo a maniobrar en las velas para abordar al otro navío.
Yo no sabía mucho de barcos ni de leyes del mar ni de bucaneros, pero creí adivinar que por algún extraño motivo, corsario no era lo mismo que pirata, y pudiendo ver en lontananza al otro velero cuando maniobró la nave pirata en la que me hallaba, comprendí instintivamente que si éstos –Timoteo y sus hombres-, eran los malos, aquellos tenían que ser los buenos, al menos su barco así lo dejaba traslucir en contraste con el del pirata Timoteo, oscuro y siniestro, aunque, bien mirado, cuando iba con las velas desplegadas podía ser hasta hermoso.
El navío del Corsario Blanco, como su nombre indica, era todo blanco, semejaba tallado en marfil y sobre el majestuoso velamen ondeaba su bandera, nada de calavera y tibias cruzadas en campo negro, sino una resplandeciente enseña de alegre colorido en la que se hallaba inscrita su divisa –que más tarde leería de cerca-: POR EL BIEN Y LA JUSTICIA.
Sólo faltaba la música de fondo y el reparto en elegante letra inglesa para hacerme creer que estaba en casa, cómodamente instalado ante el televisor, viendo una película de esas de bucaneros de entre los años 40 y 50 y a las que tan aficionada es la televisión últimamente, recreando ciclos olvidados.
Pude advertir como el barco del Corsario Blanco, que por cierto se llamaba EL DELFÍN, no huía al avistarnos, sino que decidido avanzaba hacia nosotros –de hecho venía en busca nuestra-, con mayor velocidad.
Los piratas lanzaron una andanada de pólvora entre risotadas, a lo que EL DELFÍN replicó con gallardía, cosa que enfureció a los tontos de los bucaneros cuando ellos habían sido los primeros en atacar.
Timoteo vociferó:
-¡¡¡Adelante, muchachos, que no quedé ni un solo corsario para contarlo!!!
-¡Sí, capitán, nos los vamos a comer!
Los navíos se balanceaban uno delante del otro, y el aire olía a humo, yo empecé a toser.
-¡Mirad como tose la cotorra enana –rugió el pirata Timoteo muy regocijado-, va a vivir su primera batalla y lo único que se le ocurre es constiparse, jo, jo, jo, jo!
-¡¡¡Jo, jo, jo, jo, jo!!! –repitió como un eco la patibularia tropa.
Yo maldije por lo bajo; se me estaban contagiando sus malos modos.
-¡Ríndete, Timoteo! –gritaron desde EL DELFÍN.
-¡Ríndete tú! –aulló Timoteo enfurecido.
-¿No he venido a eso!
-¿Pues a qué has venido?
-¡A barrer de los mares esa sucia carcasa que es EL TESORO
Y EL COFRE!
-¡Anda que gracioso, mira como me río, ja, ja, ja!
-¡Quien ríe el último reirá mejor, Timoteo!
-¡No me das miedo, Corsario Blanco!
-¡Eso lo veremos!
Pronto los dos barcos entraron en colisión en medio de un gran estruendo, y mi jaula saltó por los aires conmigo dentro, con tan buena fortuna que dio en caer sobre un montón de sacos de harina y no sólo no me hice ningún daño sino que de resultas del trastazo, la puertecilla se desencajó y yo pude salir sano y salvo de allí dentro, corriendo, como es natural, a esconderme en sitio seguro.
Asistir, in situ, a un combate entre bucaneros y corsarios, es de lo más extraordinario que os podáis imaginar, la cabeza te va como en un partido de tenis, de aquí para allá, mientras los ves saltar y correr, cruzando sus espadas en el aire, tajo va, tajo viene y haciendo los más curiosos comentarios que menos esperarías oír en esos momentos.
-¡Muere!
-¡Todavía no!
¡¡¡CATACROK... PLOFF!!!
-¡No me gusta tu fea cara!
-¡Ni a mí tu sonrisa!
¡¡¡PLOM... TRAK... PLAFF!!!
-¡Esta noche EL TESORO Y EL COFRE dormirá con los peces!
-¡Pobre DELFÍN, va a ser la última vez que flote sobre el mar!
-¡Por Júpiter que lo veremos!
¡¡¡ZUUUM... CHASSSS... PATAPÖM!!!
-¡Por cien mil congrios errantes que lo veremos!
-¡Adelante, mis valientes!
-¡En proa, muchachos, el terror de los 7 mares!
-¡Viva el capitán Timoteo!
-¡Hurra por el Corsario Blanco!
Y así podría llenar tres volúmenes, pero, la verdad, poca utilidad habría de tener para esta historia.
A mí se me contagió el ardor bélico y no pensando en lo que hacía, me lancé de cabeza al fragor de la batalla con un excitado grito:
-¡¡¡COMBOPALONGO!!! –que, ciertamente, no es que sea muy guerrero, mas no se me ocurrió nada mejor y la verdad es que como sonoro no puede negarse que lo sea.
Era una solemne tontería lo que acababa de hacer, porque no tenía armas ni sabía luchar, pero dejé que los acontecimientos me arrastraran y hete aquí que en un santiamén me encontré dando aletazos y picoteando a la desesperada entre la masa de los combatientes, cuidando, en todo momento, por supuesto, de no atacar a los corsarios a quienes, indirectamente, debía mi liberación.
-¡Vaya con la cotorra enana, conque te has escapado, ¡eh?!... ¡¡¡Cuidado, bicho, será imbecil, ¿pues no me pica?!!!
Ahí, frente a frente el pirata Timoteo y yo, quise demostrarle que no se ofende impunemente a un periquito australiano llamado Petrusky, y le di fuerte en su narizota hasta hacerle retroceder berreando de dolor.
-¡¡¡Huy, huy, huy, iiiiiiiiii, para ya, cotorra enana, no me piques más!!!
-¡De cotorra enana, nada, pirata de guardarropía, y de “capitán Timoteo guapo” menos que menos!... Yo soy Petrusky y para ti siempre, ¿me oyes bien?, señor Petrusky... ¡Toma, toma, toma!
-¡Bravo, periquito azul! –exclamó una voz a mis espaldas y acto seguido la acerada punta de una espada se colocó sobre el pecho del pirata Timoteo.
-¡Ríndete, Timoteo!
Viéndose así intimidado, el susodicho hizo una mueca feísima.
-¡Por cuatrocientos pares de galernas tropicales, qué deba mi derrota a una cotorra enana! –se lamentó estruendosamente el malvado pirata.
-¡Y dale, otra vez!... Yo no soy...
El corsario, un apuesto joven vestido del color que su nombre indicaba y cuyos alborotados cabellos rubios brillaban bajo el sol, me sonrío amistosamente.
-El pirata Timoteo es muy terco y nunca reconocerá que eres un periquito azul... –y al bucanero en otro tono- ¡En efecto, has sido vencido, y, para tu deshonra, por un pajarillo que abulta menos que tu dedo meñique!... Recuerda Timoteo, que el mal jamás triunfa.
Me hinché de satisfacción, ¡por fin se me reconocían los méritos, y, además, el Corsario Blanco no mentía, ya que sino hubiese sido por mí, confundiendo a picotazos al pirata Timoteo y forzándole, de esta manera, a bajar la guardia, al corsario le hubiese sido muy difícil reducir a su enemigo, porque, noblesse obligue, con todos sus defectos, Timoteo era un pirata valiente y un antagonista nada despreciable, hay que ser justo.
Aquella noche hubo una gran fiesta en EL DELFÍN. El pirata Timoteo y toda su pandilla de indeseables, estaban a buen recaudo encerrados en el sollado de EL TESORO Y EL COFRE, sirviéndoles su propio barco de prisión.
El Corsario Blanco había decidido que serían deportados a la isla de El Gran Galápago en donde pasarían el resto de sus vidas trabajando en los campos de cultivo y en donde sólo por buena conducta podrían ser dispensados del castigo. Encontré que era una solución muy razonable al problema y admiré aún más si cabe, a mi salvador, quien, pese a su juventud, demostraba tener ideas muy sabias.
El Corsario Blanco y yo simpatizamos desde el primer momento en que nos vimos, y así pasé, con todos los honores, al DELFÍN, sobre su hombro y entre aclamaciones, cosa que revigorizó grandemente mí, hasta el momento, maltratado ego.
Debo relatar sin embargo, algo de lo que ya me estaba olvidando y es algo muy, pero que muy importante. En cuanto se redujo a la piratería, caído Timoteo cayeron todos, volé por mi cuenta y riesgo al camarote del vencido esperando encontrarme con el misterioso forastero, pero me llevé el chasco más grande de mi vida, al hallarlo completamente vacío; allí no había nadie, ni rastro que no perteneciera al pirata Timoteo.
¡Anda, pues estaría chusco que después de tantas angustias, el esbirro, o quién fuese, sólo hubiera estado de paso y yo, enrolado a mi pesar, haciendo el canelo en EL TESORO Y EL COFRE todos aquellos días!


W.20. -8. EL CORSARIO BLANCO (2)


Muy decepcionado volví con mis nuevos amigos y la cosa ahí quedaría en otro misterio que añadir a los que ya coleaban, de no ser porque un miembro de la tripulación corsaria, acercándose a su jefe después de hacer un rápido inventario de lo que se encontraba en el barco capturado, le dijo:
-Llevan el botín de varios galeones hundidos,50 barriles de pólvora china, comida y agua para un mes de travesía sin atracar en puerto alguno. En el camarote de Timoteo hemos hallado un inexplicable barril repleto de bolsas llenas de arena -¡tramposo Glagól-, y, aparte de este valeroso periquito, tenían una urraca domesticada que se ocultaba en el castillo de popa y que ha escapado volando en cuanto la hemos descubierto, ¡ah!, y la muy ladrona se ha llevado, arrebujada entre las garras, una espléndida capa de pieles de lince gris... Lo que no deja de ser raro porque esas aves suelen robar objetos de metal.
¡Una urraca!... El enigma acababa de resolverse... ¡Claro, el castillo de popa, qué tonto fui, debía de haber supuesto que allí se encerraba el enigmático personaje con capacidad para transformarse en urraca o lince a voluntad!
Por la noche, y durante la fiesta que se organizó para celebrar la victoria, mientras los bravos corsarios cantaban aguerridas canciones de naves aventureras y hermosas sirenas plateadas -¡qué diferencia con las sanguinarias coplillas de la piratería!-, le narré al Corsario Blanco la historia de mis andanzas y a quién yo andaba buscando en realidad.
El Corsario Blanco me escuchó con asombro creciente.
-Es una historia increíble –manifestó al final-, y si no fuera porque eres tú quien me lo cuenta, te aseguro que no me lo creería. ¿Puedo ayudarte en algo?
-Sí, creo que sí. Timoteo navegaba rumbo a La Isla Perdida, supongo que debe ser allí en dónde tiene su morada Glagól.
El Corsario Blanco frunció el ceño con preocupación.
-La Isla Perdida pertenece a la secuela de islas tenebrosas, aquellas en cuyos mares nadie quiere navegar.
-¿Qué sucede para que no quieran ir?
-Se dice que estas islas flotan sobre aguas hirvientes, que, además, pueblan monstruos inimaginables, serpientes de mar grandes como montañas, entre otros.
-Ellos no parecían tener mucho miedo a los monstruos, sino a la isla de la que oí murmurar a unos marineros, que estaba embrujada... El pirata Timoteo les arengó a que tenían que darse prisa en alcanzar el Cabo Doblado antes de la época de las tormentas, pero en ningún momento percibí que estuviesen demasiado asustados por navegar hacia La Isla Perdida.
El Corsario Blanco reflexionó durante unos instantes.
-¿Quién sabe?, igual ha circulado una leyenda engañosa con objeto de apartarnos de un rumbo que era necesario mantener ignorado. Porque si afirmas que los piratas no tenían miedo de navegar hacia la Isla Perdida, eso significa que aquella ruta la conocen bien y no les causa ningún temor ya que no existen todos esos peligros legendarios.
Se levanto de un salto.
-¡Muchachos –exclamó con voz sonora –en el mar así hablan los capitanes, con voz tonante-, vamos a poner proa rumbo a La Isla Perdida. Me parece que estamos a punto de inaugurar una nueva ruta para todo el mundo!
Muy agradecido, dije.
-Si lo haces por mí, por ayudarme, no es preciso que os molestéis, ya habéis hecho bastante, además, vuestras familias os deben esperar en algún puerto y sí por mi causa...
El Corsario Blanco sonrió con cierta melancolía.
-Muy considerado de tu parte. Nosotros somos hombres de mar, periquito azul, y el mar es nuestra vida y nuestra aventura diaria. Muy pocos de entre nosotros están casados y tienen hijos. No nos gusta la idea de dejar viudas, ¿comprendes?
Yo me sentí muy apenado.
-¡Qué triste, sois buenos y valientes y estáis solos!
-No del todo, nos quedan nuestras ilusiones y los sueños...
Sin ánimo de cotilleo y movido por la sana intención de relajar la tensión que los recuerdos sentimentales pudieran haber creado, exclamé alegremente:
-¿Y cuáles son tus ilusiones y tus sueños, Corsario Blanco?
El Corsario Blanco miró sin ver un punto inconcreto en el horizonte; sobre nuestras cabezas brillaban las estrellas, lentamente repuso:
-Amo a una hermosa joven, bella como la misma primavera.
-¿Entonces? –interrogué muy contento; las historias de amor son lo mío.
Él giró el rostro, contemplándome nostálgico.
-Ella forma parte de un sueño imposible, inalcanzable, pero su recuerdo me acompaña siempre.
¡Bueno, hasta los más bravos corsarios tenían su corazoncito, que no todo iban a ser batallas navales!
Más días de navegación transcurrían felices; yo estaba en trance de convertirme en algo así como el periquito errante haciéndole la competencia al holandés de la leyenda. La diferencia estribaba en que viajar en EL DELFÍN con trato de amigo y camarada, no era lo mismo que ir enjaulado en EL TESORO Y EL COFRE.
Me había convertido en un buen marinero y ya no me mareaba y como no me gusta la ociosidad, que siempre es mala consejera, correspondía a la hospitalidad de mis compañeros, turnándome con los vigías en el puesto de guardia, y dado que gozo de una visión excelente, podía advertirles de cosas, pormenores, que ellos no acertaban a distinguir.
(Además, ¡ejém!, mi look había cambiado bastante; llevaba un pañuelo corsario en la cabeza, y una ajorca de oro alrededor de una de mis patitas, lo que se dice todo un lobo de mar, vaya).
EL TESORO Y EL COFRE marchaba ya conducido hacía la isla de El Gran Galápago con su cargamento pirata y ahora EL DELFÍN navegaba rumbo a lo desconocido en busca de La Isla Perdida. Pronto alcanzamos, y pasamos, Cabo Doblado y el mar no se tornó por ello hirviente ni espumoso, ni se abrió ningún espantable abismo bajo la proa de nuestro bajel. Las aguas seguían siendo verde-azuladas y el cielo puro y sin mácula -¡caramba, me estoy volviendo un poeta!-, y los días transcurrían serenos, con buena brisa y mejor moral puesto que nada temible surgía importunándonos.
Pero cierta jornada, cuando menos nos lo esperábamos, vino la niebla, una niebla suave y casi transparente en un principio, que poco a poco, fue convirtiéndose en espesa.
El Corsario Blanco mandó echar el ancla y nos detuvimos a la espera de que se desvaneciera. Sin embargo, el ancla no tocó fondo y pronto advertimos como el barco se iba moviendo con lentitud, fuera del control del piloto. La niebla se apelotonaba en las velas y, sin viento, éstas se inflaron y el barco, resbalando sobre la superficie del océano, empezó a navegar, más como si le empujaran o tirasen de él, que otra cosa.
Yo estaba muy asustado, ¿para que voy a mentir?; aquello recordaba la niebla precursora de la isla de King-Kong, versión blanco y negro. En cuanto al resto de la tripulación, tampoco las tenía todas consigo aunque procuraban disimularlo. Al Corsario Blanco se le adivinaba preocupado, pero, como era muy valiente, se mostraba animoso intentando restar importancia a lo que estaba sucediendo.
-Con las famosas nieblas de Cabo Doblado hemos ido a topar, muchachos... Cuando regresemos podremos contarlo y nadie se lo creerá.
-Sí, capitán.
-Claro, capitán.
-Naturalmente, capitán.
Y yo, para no ser menos:
-¡Por supuesto, capitán!
Pero no todo era tan por supuesto. La niebla resultaba más densa que el puré de guisantes londinense en sus buenos tiempos, y lo más seguro es que nos la fuésemos a pegar contra el primer escollo que surgiera invisible en aquel mar que no veíamos y por el cual nos deslizábamos.
Mas de pronto, y como por arte de encantamiento –algo de eso debía haber-, la niebla se disipó y con ella nuestros temores, al parecer infundados.
De nuevo, pues, brillaba el sol, el viento soplaba en las velas, y en el mar, bajo su superficie, nadaban felices como siempre, las sirenas, los tritones y los delfines. Había vuelto la normalidad.
Regresé a mi puesto de vigía, era mi turno en aquella ocasión, y a poco de instalarme, vi brotar en lontananza la sierra dentada de unos acantilados de tierra rojiza.
-¡Tierra! –vociferé lleno de emoción.
-¡Tierra! –repitió como un eco la marinería alborozadamente.
Era tierra, en efecto, pero ¿cuál?


W.21. -9. ¿ISLA O CONTINENTE? (1)


El Corsario Blanco estudió sus mapas concienzudamente, y yo, sobre su hombro, también. El segundo y el piloto con nosotros, entre todos nos esforzamos por aclarar la identidad de aquellas costas desconocidas.
-Según estas cartas –comentaba el Corsario Blanco-, en esta latitud y en esta longitud no puede haber ninguna tierra ya que en el mapa sólo se ve el océano. Y, no obstante, ahí la veis, delante nuestro.
Todos teníamos un nombre en la punta de la lengua.
-¿No podría ser –aventuré yo tímidamente-, no podría ser La
Isla Perdida?
El Corsario Blanco frunció el ceño pensativo.
-Tal vez, tal vez lo sea. Nadie ha cartografiado nunca La Isla Perdida.
El piloto se santiguo.
-Igual –dijo con temor supersticioso-, igual es como la de San Barandán.
¿En dónde había yo oído tal nombre? De pronto di un respingo que me hizo perder el equilibrio y caer en medio del mapa.
-¡San Barandán! –Exclamé alborotado- Esa es la isla que aparece y desaparece, como las islas de las hadas, en el reino de el Otro Mundo –me di un aletazo en la frente-¡La niebla!... Ahora comprendo... ¡Amigos –dije sintiéndome muy importante-, creo que estamos frente a una de las islas que pertenecen al Reino de las Hadas, que yo de eso sé algo pardiez!
Y aquellos aguerridos lobos de mar se miraron entre sí y pude advertir que palidecían bajo su curtida piel. Por fin, el segundo de a bordo, rompió el silencio con una risita nerviosa.
-Tiene que ser La Isla Perdida, que no se sabe a ciencia cierta si es isla o continente.
-Las islas de las hadas son inaccesibles -murmuró el piloto.
Yo me crecía ante las dificultades. Me pavonee.
-No tanto, señores, no tanto, yo las he visitado, de ello hace algún tiempo y puedo asegurar que son perfectamente accesibles.
-Pero el Reino de el Otro Mundo... –dijo lentamente el piloto.
-La Tierra de los Jóvenes, la Tierra bajo las Olas, la Tierra de los Vivos, la Gran llanura, la Llanura Placentera, la Llanura de la Felicidad... –enumeró pensativo el Corsario Blanco- Esas islas son legendarias y pocos han regresado...
Yo aletee seguro de mí mismo y muy contento.
-¡Bah, tranquilos, un servidor aquí presente es muy amiguete de las hadas!... En una de esas islas vive mi amiga Falena... No hay nada que temer.
El Corsario Blanco sonrió.
-Puesto que tú lo aseguras, Petrusky, te creeremos.
-Debéis hacerlo, porque si esas costas que vislumbramos desde cubierta no pertenecen a La Isla Perdida, entonces son de las hadas y ellas, bueno, Falena, nos puede ayudar... –y como los allí reunidos me contemplasen con cierta duda en sus semblantes, añadí:- Falena es la guardiana de las islas mientras las hadas permanezcan en el Mundo Real, os encantará, de verás.
¿Isla o continente?
Como aquel personaje de Julio Verne –a la Niña le gustaba leerme en voz alta sus novelas-, que se hacía esa misma pregunta, vimos acercarse los arrecifes de la isla entre la algarabía de los albatros y las gaviotas. Sus costas recordaban una muralla inexpugnable, ya que no se abrían en fondeaderos o recoletas playitas, por lo que el Corsario Blanco fue de la opinión de que la rodeásemos hasta encontrar un sitio en el cual poder atracar la nave, pero como ello resultó de todo punto imposible, prefiríose dejar el barco en alta mar y embarcarnos cinco miembros de la tripulación, y yo, ¡faltaría más!, con el Corsario Blanco, en una chalupa que al ser de pequeño calado, podía fácilmente varar en cualquier mínima franja de arena. La incógnita era que quién habitaría esas tierras misteriosas: ¿hadas, salvajes, buenas gentes, el mago Glagól?
¡Cuán emocionante, esto si que era vivir una gran aventura a todo trapo!
Desembarcamos y los corsarios echaron a trepar peñas arriba entre arbustos semi marinos y arbolitos raquíticos, mientras yo prefería volar, que después de todo era lo mío, y así fui de avanzadilla para divisar lo que pudiese desde las alturas.
Y he aquí lo que vi sorprendiéndome bastante. Tratábase de una isla rara, con tan poco verde que parecía pelusa gris y muchas rocas de tipo marciano –no nos habíamos movido del planta Tierra, ¿eh?-, que semejaban talladas por la mano de algún gigantesco escultor. No había montañas ni cordilleras, pero sí inmensos bloques que recordaban castillos o palacios, ciudades, pueblos, todo pétreo, simulando puertas y ventanas, almenas, torres y techumbres, pero si te acercabas no era más que piedra la que ofrecía esa engañosa similitud. Daba la impresión de ser un mundo extraño en el que hubiera caído un maleficio dejándolo todo desértico y petrificado. Se me encogió el alma, ¿sería “aquello” el reino de Glagól?, la verdad es que la pinta era de alucine, o, dicho en otros términos mejores, inquietante y sobrecogedora.
Me disponía a regresar junto a mis amigos los corsarios, cuando para pasmo mío, un búho me vino al encuentro a plena luz del día, era un búho pequeñito de color ceniza.
-¡Farfor!
-¡Hola, Petrusky!
-¿Qué haces tú aquí y bajo el sol?
-Sabes muy bien que no soy un búho normal y puedo soportar la luz del sol sin pestañear.
-Bien, bien, pero, ¿qué haces aquí?
-Lo mismo que tú, creo.
Las alas me empezaron a temblar.
-¿Buscas a Glagól?... O... Oye, ¿es aquí dónde vive Glagól?
Farfor asintió moviendo la cabecita de arriba abajo.
-En cierto modo, más si lo que tú quieres saber es si estamos en La Isla Perdida, te responderé que, en efecto, en ella nos encontramos.
Hice de tripas corazón, uno no puede ir por la vida de héroe, sin serlo al final; las circunstancias empujan.
-¿Dónde está?
Farfor gimió.
-El muy astuto se ha ido al pasado para que nadie lo encuentre.
-¡Recórcholis!
Semejante noticia me dejó anonadado, y nuevamente pensé en la conveniencia de tener una Máquina del Tiempo portátil y no fabricada made in Cosmogónico precisamente.
-¿En qué época se ha ido a esconder?
-Creo que en la Edad Media, o algo así... Cuando en esta isla había castillos y ciudades, antes de que la maldición de Glagól lo cambiase todo.
(¡Vaya, mi intuición había sido acertada!)
-¿Qué hizo?


W.22. 9. ¿ISLA O CONTINENTE? (2)


-Consiguió un reino con sus malas artes y como es perverso se enfadó mucho por algo que no salió como él quería y lanzó un encantamiento que todo lo convirtió en piedra.
-¿Y ha vuelto al pasado, a ese pasado?
-Sí, justo a la fecha anterior en que realizó el malvado hechizo, se ve que le gusta recrearse en sus fechorías.
-¡Ah, vamos, como en un video, rebobinando para contemplar escenas anteriores!
-¿Qué dices? –preguntó Farfor sorprendida.
-Nada, nada, cosas mías... ¿Cómo se puede ir a esa época?
-¡Qué audaz eres Petrusky, y muy valiente! –exclamó ella con admiración, manifestando, compungida, pasado el halagador arrebato- Pues no lo sé, yo soy un búho encantado y no un brujo, y por aquí no hay nadie que sepa magia y nos pueda ayudar.
¿Nadie? Sin saber el motivo me vinieron a la memoria las palabras del hada Ámbar: “a medida que cantes, el futuro irá surgiendo delante de ti”... ¡Esa era la fórmula mágica y yo la tenía, mira que a veces llego a ser zoquete, si me hubiera acordado a tiempo me podía haber ahorrado el “crucero de placer” en la trasatlántica Timoteo&Company!
Con ojos brillantes le dije a Farfor:
-¿Te gusta la música?
Y me puse a gorjear.
La canción hizo su efecto -¡lástima, lástima grande no haberla recordado antes!-, y en un instante de despiste que me embobé contemplando el vuelo de una infatigable paloma mensajera, surcaba los aires a nuestra altura, cuando me volví a mirar hacia Farfor ya no la encontré, ella no estaba, pero es que todo había cambiado en menos de un santiamén.
Habíamos estado sobrevolando un valle de tierra cuarteada por la sequía, en cuyo centro erguíase un macizo rocoso muy similar a ese tan célebre que estamos cansados de ver en las películas del oeste americano, aquel que recuerda una fortaleza en medio de un descampado –más o menos para que os deis una idea-, y corren los buenos perseguidos por los indios –a quienes siempre se les otorga el papel de malos injustamente-, y en eso llegan los del Sexto de Caballería y:¡nanana, nana, nana!... ¿A qué ya os habéis situado?...
Bueno, pues aquella mole de piedra esbelta y almenada, seguía estando ahora en su mismo sitio mas el paisaje había cambiado totalmente, el castillo petrificado era en esos momentos de verdad, con flotantes gallardetes y banderolas al viento y las áridas tierras que lo circundaban aparecían transformadas en campos de labranza, prados y bosques y hasta había una pequeña villa hacia la izquierda del castillo.
Al tener yo alguna experiencia en esta clase de lances maravillosos, no me sorprendí demasiado ya que comprendía como mi deseo me acababa de llevar en el acto al pasado aquel en el cual se ocultaba el taimado Glagól.
Por supuesto, del hombre de la capa de pieles de lince ni rastro, o bien un rastro perdido, mas su pista habíame conducido hasta la guarida de Glagól –experto el mago en jugar al escondite-, lo que a fin de cuentas era lo que interesaba, ahora, si la estrella estaba allí o no estaba, ese era ya otro cantar, nunca mejor dicho.
Un sinuoso camino ascendente conducía desde el llano en dirección al altivo castillo, claro que no lo necesitaba dado que mis alas también podían ser mágicas de requerirlo la ocasión, y, haciendo uso de ellas, me colé bonitamente en la fortaleza.
Siendo pequeñito y ágil, me pude camuflar con suma facilidad, porque no era en modo alguno conveniente alertar a nadie con mi presencia allí a batir de alas desplegadas; como sabéis más que bien, mi hermoso colorido me ha traído problemas en variadas ocasiones. Así pues me escurrí sigilosamente entre piedras, esquinas y quicios y de esta manera pude ver y oír muchas cosas interesantes.
Al parecer se estaban haciendo los preparativos de un torneo en el que el premio era la mano, y el reino con ella, se sobreentiende, de la princesa Amarilis. Muchos nobles caballeros habían concurrido ya en otras justas semejantes para lograr el preciado trofeo habiendo sido derrotados por el hasta hoy, todopoderoso Gran Senescal del reino, quien prácticamente había usurpado el poder desde que hacía tres años los hermanos de la princesa Amarilis partieran a Tierra Santa en una de las tantas Cruzadas que por aquel entonces estaban de moda llevar a cabo.
Dados por muertos los hermanos de Amarilis, el Gran Senescal decidió realizar el simulacro de una serie de torneos, y, se decía, que por malas artes había conseguido derrotar siempre a los más esforzados caballeros que aspiraban a la mano de Amarilis, porque en aquel tiempo, sin rey en el trono de un reino, si la herencia recaía en una princesa de sangre, era menester buscarle marido, y por lo visto y oído, el Gran Senescal había pensado que él era el candidato idóneo. De lo cual se deduce que la pobre princesa lo debía estar pasando pero que muy mal, ya que no quedaban campeones; el Gran Senescal había despachado a todos cuantos pudieran liberarle de semejante Destino tan poco grato, o sea, el de casarse con aquel aprovechado que simulaba cumplir las leyes infringiéndolas, aunque muy legalmente, y si en el último torneo no se presentaba nadie, cosa que por las trazas resultaba lo más probable, pues, ¡velay!, el Gran Senescal se quedaba con la princesa y con el país entero.
Apenas me enteré de toda la historia me sentí muy mal, ¡pobre Amarilis!, condenada de antemano a desposarse con un malvado sin escrúpulos que no jugaba limpio –claro que cuando no se tienen escrúpulos no se acostumbra a jugar limpio-.Toda mi sangre de periquito azul del amor hirvió de indignación y como soy una especie de Quijote emplumado, al que avalaban pasadas aventuras, la más reciente de ellas el haber reducido al feroz pirata Timoteo, me sentí lleno de suficiente energía como para derrotar yo solito a un batallón de Grandes Senescales; lo bueno es que no sabía cómo, pero lo que es moral no me faltaba.
Debo reconocer que en aquellos momentos ni me acordaba de Glagól, habiendo sido lo prudente no olvidarlo, ni de la misión que me llevara hasta allá, me urgía rescatar a la princesa de las garras del usurpador, y como pese a todo soy un periquito muy metódico, decidí empezar por el principio e ir directamente a la busca de Amarilis para tener con ella una charla en vivo y en directo y ver de que manera se podían hacer las cosas para liberarla. De modo es que, despacito, despacito, empecé a escurrirme por todos los rincones hasta que la presencia de una criadita que se dirigía a las cocinas con una gran cesta de lechugas, me permitió medio de transporte, y, acceso al interior del castillo.


W.23. -10. AMARILIS (1)


Por descontado que no aterricé en las cocinas –igual me confundían con una especie rara de perdiz-, sino que en cuanto pude me escurrí de la cesta corriendo escalinatas arriba por aquellas que parecían menos acuartelarías e iban refinándose de pelín en pelín dejando paso la soldadesca guardiana a una acicalada servidumbre, e, intuición que tiene uno, ¡bingo!, al final desemboqué por una puerta entreabierta, en cierto rico aposento cuyas paredes se mostraban cubiertas de suntuosos tapices y en la que, frente a un alto ventanal, sentada ante un bastidor de ébano, una joven ataviada como cuadra en la alta sociedad cortesana, se hallaba bordando lánguidamente en principesca costumbre.
-¡Tate –me dije-, has acertado por churra, esta es tu princesa!
(Claro que podía equivocarme, mi metedura de pata con Liriam aún me escocía).
Por fortuna, se encontraba en esos momentos sola y ello me envalentonó aún más, entonces, libremente, volé posándome sobre una esquina del bastidor y me planté delante de la princesa.
Como uno ya tiene costumbre en tratar princesas, le hice un gran saludo con el ala y luego, levantando la cabeza, la contemplé directamente. Todos mis movimientos habían sido realizados con una celeridad pasmosa y en mucho menos tiempo del que estoy empleando al contarlo, así que al mirar a la muchacha, ella entonces me descubrió.
-Princesa Amarilis –exclamé yo muy finamente mientras pensaba si ésta sería tan redicha como mi querida princesa Liriam-, permitidme que me presente, me llamo Petrusky y soy un periquito azul del amor, vuestro más rendido servidor.
La princesa tenía una carita breve en la que destacaban sus grandes ojos entre verdosos y dorados, lindísimos, el cabello era castaño leonado y lo cubría una cofia, su piel blanca como la nieve y los labios del color autentico de las rosas, o sea, rosa. Vestía un traje de brocado color de oro viejo y las mangas y la blusa que salía de su corpiño, eran del más fino hilo. Pocas joyas llevaba, pero todas de calidad y buen gusto. Era una princesa muy bonita, ¿acaso hay alguna que no lo sea?, pero había en su expresión un no sé qué de picardía que en cierto modo me sorprendió. No es normal que una persona en apuros tenga cara de estar pasándoselo pipa. Su aspecto de languidez me había engañado, debía estar más aburrida que no triste, ¿que no triste?, muy raro, ¿verdad?
-Hola, Petrusky –saludó tan pancha y su acento me resultó vagamente familiar-, te has retrasado, te esperaba mucho antes.
Me quedé de una pieza, todo lo hubiera imaginado menos esto.
-¿Cómo que me esperabas? –le dije tuteándola de puro sorprendido.
Ella sonrió divertida.
-No creo que lo que te esté sucediendo últimamente sea muy normal, tú dirás si me equivoco, entonces, ¿por qué te sorprendes si te digo lo que acabas de escuchar?
Tenía razón.
-De todas maneras, princesa, tienes que reconocer que...
-No lo comprendo, Petrusky, estás aquí, conmigo, después de recorrer los mares, combatir a los piratas y... y otras cosas, y aún tienes capacidad para sorprenderte... Te aconsejo que no me hagas preguntas innecesarias.
-Pe... pero yo venía a salvarte de las maquinaciones del Gran Senescal –me sentía muy humillado-, eso es lo que...
Amarilis sonrió ahora con ternura.
-Eres un amor, Petrusky... Tú siempre tan dispuesto a ayudar a todo el mundo, deberían darte un premio... Por eso sabía que vendrías, porque yo estaba en apuros.
-No entiendo ni torta.
-Mira, no hablemos en plan rompecabezas, que ya bastante complicado es todo en la presente situación, lo importante es que has venido porque yo te necesitaba.
-Pero, tú, ¿cómo lo sabías?
-¿Qué estabas en camino? –hizo un mohín malicioso-Tal vez me lo dijo alguna paloma mensajera.
-Está bien, está bien, me rindo... Aquí estoy, dime que puedo hacer para salvarte de ese malvado del Gran Senescal.
Ella clavó la aguja en su bordado y me ofreció el dedo para que me subiese en él, luego se incorporó y llevándome consigo, acercóse al ventanal que se abría sobre el fértil valle.
-Fíjate que panorama, no me puedes negar que es magnífico, ¿cierto? ¿Te imaginas aquí una urbanización?
Yo me quedé de una pieza, ¿acaso en sus ratos de ocio Su Alteza se dedicaba al negocio de las inmobiliarias?, si no, ¿a qué venía ahora el ponderarme las exquisiteces del paisaje complementado con una hipotética urbanización?
Resultaba de lo más anacrónico y absurdo.
-Sí, sí, monísimo, las casitas y todo eso...
Ella me observó con aire risueño.
-Sé en lo que estás pensando, que si es el momento de entrar en acción por qué estoy hablando de una manera tan estrambótica... Pero, pero no te precipites, amiguito, lo uno no tiene nada que ver con lo otro... Este reino es muy hermoso, según puedes apreciar y sería una pena que desapareciese como tal convirtiéndose en un árido desierto, ¿me sigues?
De repente se hizo la luz en mi cerebro, que aunque pequeño sabe pensar.
-Espera, ¿qué sabes tú de Glagól?
Amarilis me lanzó una mirada triunfal.
-Lo sé todo –afirmó despacio-, completamente todo... Y no deseo que convierta el reino en una isla perdida y desierta llena de peñascos áridos que sólo azote el viento.
-¿Quieres decir que he llegado a punto de impedirlo?... bueno, ¿qué puedo impedirlo?
Amarilis se puso tan seria y solemne que entonces si parecía una princesa de esas de trono y baldaquino.
-Puedes... Porque aunque te parezca mentira, tú, pequeño Petrusky, “puedes cambiar el destino de un reino”.?
¡Toma ya, esto si que... Sopla, es que no tengo palabras!
Con un hilo de voz, estaba impresionadísimo, quise saber:
-¿Y qué puedo hacer yo?... Tengo muchas ganas de ayudar, pero no sé cómo podré hacerlo a menos que tú me lo indiques.
-A eso viniste.
-A eso vine... –repetí yo como un eco, ¿realmente había ido yo allí a que Amarilis me enseñase como librarla del monstruo?... ¡Ay, caray, vaya lío!


W.24. -10. AMARILIS (2)


Escúchame pues... A primera hora de la tarde va a tener lugar el torneo... Es decir, no tendrá lugar, según lo planeado por el Gran Senescal, porque nadie va a presentarse... Declarándose desierto, no tendré más remedio que casarme con ese intrigante, justo antes de que mis hermanos lleguen de Tierra Santa adonde fueron a combatir a las Cruzadas... Glagól lo sabe y por eso pretende que nos casemos, porque de esta manera cuando regresen mis hermanos, yo seré reina y si ellos reclaman sus derechos, el primogénito, y luego, por orden de sucesión, los demás, los declarará usurpadores por atentar contra el poder legalmente instituido y los matará.
(Eso sí que era un plan retorcido).
-¡Qué malos!
-¿Quiénes?
-Pues Glagól y el Gran Senescal...
Amarilis volvió a sonreír divertida.
-Mira que eres inocente, Petrusky, ¿es qué no te has dado cuenta de que el Gran Senescal y Glagól son una misma persona?
¡Recórcholis, de poco va que me caigo de espaldas al valle!... ¡El Gran Senescal era Glagól!... ¡Caramba, caramba, caramba, ¿quién iba a pensarlo?!
-¿Glagól quiere ser rey? –inquirí estupefacto.
-Glagól quiere serlo todo... Le gusta mucho mandar y ser obedecido.
-¡Pero si ya es un mago poderoso!
-No le basta. Él desea hacer y deshacer, siempre a su antojo.
Tuve un momento de duda, ¿sabría Amarilis algo de la estrella robada? La verdad es que no me atrevía a preguntárselo.
-Me estabas contando que no habrá torneo.
-Si que lo habrá.
-¿Cómo es eso?
-Por que se va a presentar un caballero desconocido que luchará contra el Gran Senescal, es decir, Glagól, y le vencerá.
Me sentí muy aliviado.
-¡Qué guayses!... ¿Y ya no convertirá el reino en un desierto?
-No, no lo convertirá.
De repente me vino a la memoria un determinado comentario de Farfor.
-Oye una cosa, a mí me han dicho que lo convirtió en erial porque algo no le salió como él quería y se enfadó y...
-Sí, claro, la cuestión es que no le vamos a dar tiempo de enfadarse.
Me tranquilicé de golpe.
-¡Pues todo arreglado!... Y, dime, ¿dónde entro yo en esta aventura, en que puedo ser útil, debo llevar algún mensaje urgente a determinado príncipe encantador o bien se trata de que parta en busca del campeón invencible?
Amarilis se apartó del ventanal y me condujo frente a un gran espejo ovalado de plata bruñida, que la reflejaba de cuerpo entero. El espejo, sobre una base que era una pura filigrana digna de algún afamado orfebre, se apoyaba sobre el muro que no se mostraba desnudo sino, todo lo contrario, encortinado de damascos.
-Observa en el espejo –me dijo con aire misterioso, aunque la risa bailaba en el fondo de sus ojos.
Observé.
En el interior del espejo, al lado de Amarilis, cogiéndole de la mano estaba un caballero armado de punta en blanco, por cierto que su armadura despedía destellos azulados, con yelmo y celada sobre el rostro y una amplia banda azul celeste cruzándole el pecho, era un caballero alto y fuerte y en el penacho de su casco ondeaban también plumas azules.
Acostumbrado como me hallaba a las cosas mágicas, supuse que el espejo debía reflejar el pasado y que aquella visión pertenecía a cierto enamorado secreto de la princesa Amarilis, quien, avisado a tiempo, llegaría raudo a solucionar los problemas. Me volví hacia la joven y cándidamente le pregunté:
-¿Es éste tu campeón?
Pero, ¡horror!, la princesa había desaparecido, y en su lugar había un gato blanco y pardo...
¡LILÍ!
¡ERA LILÍ, LA MISMÍSIMA LILÍ!
Creí que me daba algo. ¿Qué significaba todo aquello?
-¡Lilí, demontre, ¿qué haces aquí tú?!... ¿Y dónde está Amarilis?
Lilí se contoneó satisfecha.
-Sigue mirando el espejo, so tonto.
Hice lo que indicaba y allí estaba a mi lado Amarilis otra vez sonriendo muy divertida al lado de su caballero.
Desvié la mirada al suelo y Lilí continuaba ahora sentadita en el lugar que había ocupado la princesa. Volvía mirar el espejo y el reflejo de Amarilis me guiñó un ojo picarescamente, de nuevo contemplé el suelo... cayendo en la cuenta de QUE YO MIRABA A LILÍ DESDE LO ALTO sin volar ni estar apoyado en la mano de nadie... Y entonces me repasé a mí mismo de arriba abajo y de poco que no doy contra el pavimento desmayado, al descubrir que el caballero que tan gentilmente le daba su diestra a la princesa era yo en persona. Con un movimiento de terror involuntario, levanté la celada del yelmo y pude contemplar por fin mi nuevo semblante, un rostro humano. Los poderes mágicos del mundillo en el cual me desenvolvía ahora me habían transformado en un hombre, debo reconocerlo, bastante agraciado por cierto ya que recordaba al Mel Gibson de sus primeros tiempos.... Y ese era yo, el paladín de la princesa Amarilis... A todo esto, ¿cuál era la identidad verdadera de la susodicha princesa?
-¡Miau! –maulló dulcemente Lilí desde el suelo- ¿Muy asombrado, sir Petrusky?

W.25. -11. EL CABALLERO AZUL DEL AMOR (1)


Un revuelo inesperado en el extremo opuesto del campo, le hizo volver la cabeza con sorpresa, siendo ésta compartida por todos la concurrencia, y no era para menos, ya que un gallardo caballero de brillante armadura, yelmo calado, banda azul celeste cruzándole el pecho a modo de enseña y penacho de igual color ondeando sobre su casco, avanzaba sereno y altivo montado en un corcel blanco como el mismísimo Pegaso, mientras en el guantelete de su diestra empuñaba una lanza que semejaba estar hecha de plata por lo que destellaba bajo el sol.
Los asistentes al acto, dejaron escapar un largo ¡Oooooooooh!, de asombro y también, ¿por qué no?, de oculta esperanza.
Amarilis, que no dejaba de juguetear con el rico joyel que llevaba prendido al pecho entre sartas de perlas que rodeaban su esbelto cuello, observó con impertinencia:
-Me parece, señor, que, por lo visto, aún queda algún caballero dispuesto a medir sus armas con las vuestras.
-¡Voto a tal! –rugió el disfrazado Glagól, más esforzadamente dio media vuelta y se lanzó al galope para encararse con el inoportuno y desconocido caballero.
Una nube de escuderos detuvo el corcel del recién llegado,
y el Gran Senescal, aproximándosele, increpó furioso:
-¿Quién eres tú que aquí te presentas sin haberte anunciado previamente?
A lo que el forastero repuso con altivez:
-Soy el Caballero Azul del Amor, y vengo a romper una lanza a favor de la princesa Amarilis, a la cual proclamo desde este instante mi dama y a quien juro defender y por quien juro luchar empeñando en ello mi preclaro honor de caballero... ¡En guardia pues, Senescal, que ya el suelo se halla ansioso por abrazarte!
Glagól soltó un bufido que ponía la piel de gallina y espoleó su cabalgadura galopando hacia el otro extremo del campo. Nuevamente los trompeteros hicieron sonar los clarines, el populacho se animó y los cortesanos también.
El caballero Azul del Amor, libre de la turba obstaculizadora de escuderos, avanzó solemne hacia el estrado en el cual aguardaba Amarilis, y así que llegó, quitóse el yelmo frente a la princesa, descubriéndose entonces su rostro joven, hermoso, de noble expresión y coronado por negra cabellera –lo que fue causa de que más de una de las presentes, aristócrata o plebeya, se dijera callandito: “¡Qué suerte tienen algunas!-”, pero la mirada que lanzó en dirección a Amarilis era de auxilio y sólo ella supo captarla, afortunadamente.
Alzándose, la princesa dijo con voz clara y sonora:
-Caballero Azul del Amor, yo te acepto como mi campeón y en prenda de confianza te entrego este pañuelo con mis colores, llévalos dignamente.
El caballero Azul del Amor, sin desmontar, se acercó al píe de los escalones que conducían al estrado y alargó la lanza, según costumbre, para que Amarilis, la más bella entre todas las bellas, anudase en él la prenda que ostentaba sus colores; en apariencia nada más se trataba de un pañuelo un poco grandote, de esos que sirven como echarpe en ocasiones o para ocultar el rostro igual que un velo, pero los dos sabían, el apuesto Caballero Azul del Amor y la encantadora princesita, de que en realidad de lo que se trataba era de un amuleto destinado a proteger contra los ardides del pérfido Glagól.
Ceremoniosamente el caballo del esforzado paladín, atravesó el campo, yendo a colocarse en el otro extremo, frente por frente al Gran Senescal, cuya negra cabalgadura caracoleaba entre vanidosa e impaciente. El campeón de la princesa se colocó el yelmo y Glagól bajó la celada del suyo, ocultando entonces esos sus ojos tenebrosos, brillantes como ascuas que parecían despedir rayos mortíferos.
(¡Si las miradas matasen!... Debo confesar que Petrusky se hallaba sinceramente espantado, pero el Caballero Azul del Amor, de corazón tan puro como sir Galahad, no podía estarlo).
La multitud contenía el aliento, no todos los días se disfrutaba de un espectáculo como aquel tan lleno de colorido y emoción. Por tercera vez se escuchó el sonido de los clarines, y, a la señal establecida, arrancaron al galope, lanza en ristre y cabeza en actitud de embestida, los dos belicosos contrincantes.
¡Potóm, potóm, potóm!, resonaban los cascos de ambos corceles al golpear desenfrenadamente la arena del campo, y ¡plok, crash!, hicieron las lanzas al entrar en colisión; el encontronazo fue terrible, hasta el punto de que ambas lanzas echaran chispas y se partieran estruendosamente, mas ninguno de los dos quedó desarzonado –que bien me expreso, ¿no es cierto?-, y,¡hala!, otra vez a la carga.
Los espectadores, pueblo y nobleza, aullaba a más y mejor y se puede afirmar, sin miedo alguno a incurrir en error, que era de alegría, ya que, por primera vez, el Gran Senescal no había derribado a su rival apenas entrar en liza.
Los escuderos procedieron a entregarles lanzas de repuesto y nuevamente volvieron a enfrentarse los caballeros y otra vez trastazos, chasquido, frenazo y lanzas nuevas.
(Yo estaba molido, y me dije para mis adentros que si el jueguecito de golpazo y tente tieso duraba mucho, no iba a hacer falta que Glagól me derribase, estaba seguro de que me caería solo y sin menester su ayuda. ¡Ánimo, Petrusky, me alenté haciendo de tripas corazón, que a la tercera, dicen al menos, va la vencida!)
A estas alturas del torneo el público rayaba en el delirio y se habían empezado a cruzar apuestas. Glagól en tanto, huelga señalarlo, estaba que botaba, y no es que hablara mucho pero se le notaba en su forma de galopar y en la manera como enristraba su lanza al ataque, por supuesto que debía estar preguntándose que demonios estaba sucediendo.
Se desprendía de la figura de Glagól, como un aura de malignidad que, aunque invisible se hacía notar, era algo angustioso y aterrador que calaba en el alma igual que una lluvia helada, o un hálito ponzoñoso; la verdad, había que ser muy valiente para enfrentársele.
Ambos contendientes se encararon por tercera vez, ¡ahora o nunca!... Lo cierto es que el oficio de caballero de torneos no es de lo más seductor que digamos, pensaba Petrusky en su pintoresco avatar, y allá va que voy, hala otra vez a repetir: ¡ploff, catacrok y pumba, plaff!
Los dos rivales se encogieron como un par de jugadores de rugby, las lanzas se apuntaron mutuamente, los corceles iban a toda máquina... Amarilis sonreía en tanto jugueteaba con su joyel distraídamente, la multitud, azul, verde, rojo, amarillo, marrón, blanco, púrpura, se estremecía en un vaivén de pleamar, como un campo de trigo que ondulase bajo el viento... Y faltaba menos de medio metro para que las lanzas entrechocasen horrísonamente, cuando el Gran Senescal, arrojó veloz su lanza y con la mano libre atrapó al vuelo un extremo del suntuoso pañuelo de la princesa, largo igual que una bufanda, lo agarró con sus dedos y tiró con determinación. Ante aquel gesto inesperado, el caballero Azul del Amor exclamo algo ininteligible entre dientes... ¡Glagól podía ser un malvado, pero jamás un estúpido ya que debía de haber reparado en que su aguerrido contrincante anudaba cuidadoso, en cada lanza repuesta, el pañuelo con los colores de la princesa Amarilis, que para eso era un mago y de los buenos!
(Habría supuesto que allí había gato encerrado, ¡y nunca mejor dicho!)
Estruendosamente, el público se levantó como un solo hombre, y Amarilis dejó que el rico joyel se escurriese de entre sus dedos... Luego sobrevino el silencio, un silencio tan denso que casi parecía un rugido.
¡UNO DE LOS CONTENDIENTES HABÍA CAÍDO AL SUELO


W.26. -11. EL CABALLERO AZUL DEL AMOR (2)


Un revuelo inesperado en el extremo opuesto del campo, le hizo volver la cabeza con sorpresa, siendo ésta compartida por todos la concurrencia, y no era para menos, ya que un gallardo caballero de brillante armadura, yelmo calado, banda azul celeste cruzándole el pecho a modo de enseña y penacho de igual color ondeando sobre su casco, avanzaba sereno y altivo montado en un corcel blanco como el mismísimo Pegaso, mientras en el guantelete de su diestra empuñaba una lanza que semejaba estar hecha de plata por lo que destellaba bajo el sol.
Los asistentes al acto, dejaron escapar un largo ¡Oooooooooh!, de asombro y también, ¿por qué no?, de oculta esperanza.
Amarilis, que no dejaba de juguetear con el rico joyel que llevaba prendido al pecho entre sartas de perlas que rodeaban su esbelto cuello, observó con impertinencia:
-Me parece, señor, que, por lo visto, aún queda algún caballero dispuesto a medir sus armas con las vuestras.
-¡Voto a tal! –rugió el disfrazado Glagól, más esforzadamente dio media vuelta y se lanzó al galope para encararse con el inoportuno y desconocido caballero.
Una nube de escuderos detuvo el corcel del recién llegado,
y el Gran Senescal, aproximándosele, increpó furioso:
-¿Quién eres tú que aquí te presentas sin haberte anunciado previamente?
A lo que el forastero repuso con altivez:
-Soy el Caballero Azul del Amor, y vengo a romper una lanza a favor de la princesa Amarilis, a la cual proclamo desde este instante mi dama y a quien juro defender y por quien juro luchar empeñando en ello mi preclaro honor de caballero... ¡En guardia pues, Senescal, que ya el suelo se halla ansioso por abrazarte!
Glagól soltó un bufido que ponía la piel de gallina y espoleó su cabalgadura galopando hacia el otro extremo del campo. Nuevamente los trompeteros hicieron sonar los clarines, el populacho se animó y los cortesanos también.
El caballero Azul del Amor, libre de la turba obstaculizadora de escuderos, avanzó solemne hacia el estrado en el cual aguardaba Amarilis, y así que llegó, quitóse el yelmo frente a la princesa, descubriéndose entonces su rostro joven, hermoso, de noble expresión y coronado por negra cabellera –lo que fue causa de que más de una de las presentes, aristócrata o plebeya, se dijera callandito: “¡Qué suerte tienen algunas!-”, pero la mirada que lanzó en dirección a Amarilis era de auxilio y sólo ella supo captarla, afortunadamente.
Alzándose, la princesa dijo con voz clara y sonora:
-Caballero Azul del Amor, yo te acepto como mi campeón y en prenda de confianza te entrego este pañuelo con mis colores, llévalos dignamente.
El caballero Azul del Amor, sin desmontar, se acercó al píe de los escalones que conducían al estrado y alargó la lanza, según costumbre, para que Amarilis, la más bella entre todas las bellas, anudase en él la prenda que ostentaba sus colores; en apariencia nada más se trataba de un pañuelo un poco grandote, de esos que sirven como echarpe en ocasiones o para ocultar el rostro igual que un velo, pero los dos sabían, el apuesto Caballero Azul del Amor y la encantadora princesita, de que en realidad de lo que se trataba era de un amuleto destinado a proteger contra los ardides del pérfido Glagól.
Ceremoniosamente el caballo del esforzado paladín, atravesó el campo, yendo a colocarse en el otro extremo, frente por frente al Gran Senescal, cuya negra cabalgadura caracoleaba entre vanidosa e impaciente. El campeón de la princesa se colocó el yelmo y Glagól bajó la celada del suyo, ocultando entonces esos sus ojos tenebrosos, brillantes como ascuas que parecían despedir rayos mortíferos.
(¡Si las miradas matasen!... Debo confesar que Petrusky se hallaba sinceramente espantado, pero el Caballero Azul del Amor, de corazón tan puro como sir Galahad, no podía estarlo).
La multitud contenía el aliento, no todos los días se disfrutaba de un espectáculo como aquel tan lleno de colorido y emoción. Por tercera vez se escuchó el sonido de los clarines, y, a la señal establecida, arrancaron al galope, lanza en ristre y cabeza en actitud de embestida, los dos belicosos contrincantes.
¡Potóm, potóm, potóm!, resonaban los cascos de ambos corceles al golpear desenfrenadamente la arena del campo, y ¡plok, crash!, hicieron las lanzas al entrar en colisión; el encontronazo fue terrible, hasta el punto de que ambas lanzas echaran chispas y se partieran estruendosamente, mas ninguno de los dos quedó desarzonado –que bien me expreso, ¿no es cierto?-, y,¡hala!, otra vez a la carga.
Los espectadores, pueblo y nobleza, aullaba a más y mejor y se puede afirmar, sin miedo alguno a incurrir en error, que era de alegría, ya que, por primera vez, el Gran Senescal no había derribado a su rival apenas entrar en liza.
Los escuderos procedieron a entregarles lanzas de repuesto y nuevamente volvieron a enfrentarse los caballeros y otra vez trastazos, chasquido, frenazo y lanzas nuevas.
(Yo estaba molido, y me dije para mis adentros que si el jueguecito de golpazo y tente tieso duraba mucho, no iba a hacer falta que Glagól me derribase, estaba seguro de que me caería solo y sin menester su ayuda. ¡Ánimo, Petrusky, me alenté haciendo de tripas corazón, que a la tercera, dicen al menos, va la vencida!)
A estas alturas del torneo el público rayaba en el delirio y se habían empezado a cruzar apuestas. Glagól en tanto, huelga señalarlo, estaba que botaba, y no es que hablara mucho pero se le notaba en su forma de galopar y en la manera como enristraba su lanza al ataque, por supuesto que debía estar preguntándose que demonios estaba sucediendo.
Se desprendía de la figura de Glagól, como un aura de malignidad que, aunque invisible se hacía notar, era algo angustioso y aterrador que calaba en el alma igual que una lluvia helada, o un hálito ponzoñoso; la verdad, había que ser muy valiente para enfrentársele.
Ambos contendientes se encararon por tercera vez, ¡ahora o nunca!... Lo cierto es que el oficio de caballero de torneos no es de lo más seductor que digamos, pensaba Petrusky en su pintoresco avatar, y allá va que voy, hala otra vez a repetir: ¡ploff, catacrok y pumba, plaff!
Los dos rivales se encogieron como un par de jugadores de rugby, las lanzas se apuntaron mutuamente, los corceles iban a toda máquina... Amarilis sonreía en tanto jugueteaba con su joyel distraídamente, la multitud, azul, verde, rojo, amarillo, marrón, blanco, púrpura, se estremecía en un vaivén de pleamar, como un campo de trigo que ondulase bajo el viento... Y faltaba menos de medio metro para que las lanzas entrechocasen horrísonamente, cuando el Gran Senescal, arrojó veloz su lanza y con la mano libre atrapó al vuelo un extremo del suntuoso pañuelo de la princesa, largo igual que una bufanda, lo agarró con sus dedos y tiró con determinación. Ante aquel gesto inesperado, el caballero Azul del Amor exclamo algo ininteligible entre dientes... ¡Glagól podía ser un malvado, pero jamás un estúpido ya que debía de haber reparado en que su aguerrido contrincante anudaba cuidadoso, en cada lanza repuesta, el pañuelo con los colores de la princesa Amarilis, que para eso era un mago y de los buenos!
(Habría supuesto que allí había gato encerrado, ¡y nunca mejor dicho!)
Estruendosamente, el público se levantó como un solo hombre, y Amarilis dejó que el rico joyel se escurriese de entre sus dedos... Luego sobrevino el silencio, un silencio tan denso que casi parecía un rugido.
¡UNO DE LOS CONTENDIENTES HABÍA CAÍDO AL SUELO!


W.27. -12. LA DONCELLA FARFOR (1)


Desde lo alto de su montura, el Caballero Azul del Amor, miró hacia abajo estupefacto, rebotando entre el polvo y de espaldas, el cuerpo del Gran Senescal, como una gigantesca oruga negra iba dando tumbos sujeto de un píe al estribo de su cabalgadura que seguía a galope tendido. En su mano crispada, dentro de negro guantelete, el pañuelo de Amarilis recordaba una suave nube de irisado colorido... Y entonces aconteció algo en verdad prodigioso y que no entraba en el guión. El estribo del que pendía Glagól se rompió y éste hubiera caído cuan largo era sobre la tierra de no ser que el pañuelo de la princesa dio la impresión de cobrar vida propia y creciendo desmesuradamente, se convirtió en una especie de sábana o algo semejante que envolvió prestamente a Glagól cual si se tratase de una crisálida, la crisálida de una mariposa monstruosa, y luego, ingrávida, igual que una cometa o una voluta de humo, ascendió lenta y majestuosa cielo arriba, arriba, arriba, hasta convertirse en un puntito en el infinito azul, y aún más arriba todavía, tanto que en el Mundo Real, siglos después, muchos astrónomos coincidieron al comunicar una misma noticia: habían detectado un objeto volador no identificado que subió cada vez más alto hasta perderse entre las estrellas.
¡Buen viaje, Glagól, buen viaje y no regreses nunca más!
Continúo mi relato en primera persona.
Yo estaba confundido, después de hacer tan elaborados planes en los cuales tenía que vencer con la fuerza de mi noble brazo al malvado, hete aquí que no valió de nada tanto ensayo, y si bien mordió el polvo Glagól, no lo hizo debido a mis habilidades en la contienda, sino que él mismo, e impulsado por su innoble astucia, fue el causante de su perdición. Bueno, de todas formas estaba acabado, pero me hubiese gustado ser yo el que le venciese, conminándole, con mi espada en su barbilla, a abjurar de todas sus maldades y a renunciar a sus poderes mágicos, porque tenéis que saber que si un mago abjura de su condición de tal, ha de hacerlo pronunciando tres palabras encantadas que son Licorsag, Capracupis y Artauge, después de esto ya no hay hechicero que valga. Claro que se me podría objetar que a un mago tan poderoso como Glagól, si le hubiera dado la gana, hubiese podido fácilmente escaquearse de mí e invertir los papeles, pero según me dijera Amarilis, al susurrarme su plan, el primero que diera con Glagól en el suelo, tenía sobre él una ventaja de cinco minutos en los cuales el pérfido individuo estaba a merced de su contrincante hasta el punto que no podía hacer sino obedecerle en todo.
Apenas el Gran Senescal se hubo convertido en un punto en el espacio -¡lástima que nunca pude ver la cara que tenía y así me quedé sin saber en que clase de rostro posee un brujo!-, la muchedumbre se entregó a un éxtasis de entusiasmo que me tuvo a mí como protagonista, cosa que no me molestó en absoluto. Invadieron el terreno del torneo y me pasearon en hombros triunfalmente como si yo fuera un torero o el capitán del equipo de fútbol que hubiese ganado la Eurocopa. En volandas me llevaron al estrado en donde la bella Amarilis me aguardaba de píe entre los parabienes de sus damas de honor.
Mis fans me dejaron por fin sobre el suelo, y yo, hincando la rodilla ante Amarilis, le dije, y la lección estaba aprendida de antemano:
-Princesa, os he librado del Gran Senescal y con vos a vuestro reino. Yo soy el Caballero Azul del Amor, adalid errante de todas las causas que hayan de ventilarse por medio de la justicia. De esta guisa, os dejo en libertad y os devuelvo una palabra que jamás empeñasteis vos sino vuestro opresor. Sed venturosa, princesa Amarilis y esperad con fe el regreso de vuestros bravos hermanos que hace tiempo emprendieron el camino de retorno al hogar de sus mayores.
Todos lloraban de emoción, e incluso Amarilis, aferrada a su joyel de nuevo, pareció sufrir un leve desmayo, tan sólo unos segundos de privación, y volviendo en sí me dijo -¡oh, cielos, “esa” no era mi Amarilis!-:
-Campeón singular de la justa, la palabra empeñada fue por otro, bien cierto es, mas esta princesa puede otorgar su mano al que le plazca, y, ¿quién es más digno que aquel venciere al traidor y salvare al reino?
Retrocedí espantado mientras el pueblo berreaba a más y mejor de júbilo, ¡anda la osa!, ¿qué narices significaba esto?
La explicación me vino en forma de gato blanco y pardo que corriendo presuroso, se escurría entre las piernas de los pajes para alejarse de allí.
¡Lilí me la había vuelto a jugar restituyendo a Amarilis, a la auténtica –si lo sabría yo que conocía de sobras el principesco modo de hablar de esas damitas-, y mientras, ella se evaporaba, ¡genial!, dejándome allí en medio y ¡hala!, compóntelas como puedas.
Pensé furioso:
“-¡Como la agarre es que la deshago!”
Pero tuve que poner buena cara y sonreír dado que Amarilis y yo, escoltados por la corte y el populacho, entre vítores y aclamaciones, nos dirigíamos ya a la capilla real a dar gracias por el afortunado desenlace del torneo. En ello estábamos, por mi parte renegando en silencio de haberle hecho caso a Lilí, cuando pudimos percibir el trotar de unos caballos que por el camino venían, hueste polvorienta y semi andrajosa que, no obstante, fue recibida con un estallido clamoroso de gritos de reconocimiento y alegría.
¡Menos mal, como en los cuentos que bien concluyen, y para alivio mío, acababan de aparecer los tres hermanos de Amarilis, que volvían de las Cruzadas por fin, aunque hechos un asco!
La princesa, loca de gozo, corrió a su encuentro, y yo quedé momentáneamente olvidado, pero la cosa, respecto a mí, no hubiera pasado de ahí de no ser que la repentina aparición de cierta cabecita gatuna por entre las hojas de un arbolillo cercano, me hiciera cobrar nuevas esperanzas.
-¡Chist, chist, Petrusky, acércate!
-¡Te voy a hacer una cara nueva!
-¡Cállate, gruñón, y ven enseguida!
Como había dejado de ser centro de interés, aproveché acercándome al escondite de Lilí.
-¿Y ahora qué?; tú me dirás que hago yo, con esta pinta de paladín de causas perdidas, para el resto de mis días.
-¡Mira que eres exagerado, Petru, anda, dame la mano!
-¿Es que no sabes saltar al suelo sin ayuda?
-¡Qué no se trata de eso, tonto, venga, dame la mano!
Hice lo que me pedía y en el mismo momento que rocé su patita sedosa, ocurrió el milagro... ¡Volvía ser Petrusky!... Volaba... y me acurruqué al lado de Lilí temblando de emoción.
-¿Y ahora qué, periquito cascarrabias?
Le di un cariñoso picotazo en su rosada naricilla.
-¡Menudo susto!... Creía que me iba a quedar para siempre aquí... Y ya que he hecho mi buena obra, ¿cuándo nos vamos?
-Cuando usted quiera, caballero –dijo Lilí y dando un salto desapareció como por ensalmo.
Yo eché a volar.
Supongo que en los anales del reino, liberado del encantamiento gracias a mí, el recuerdo de aquel día rico en prodigios, quedaría como la huella de un hecho imborrable y maravilloso, y el Caballero Azul del Amor pasaría a integrarse en sus leyendas cual una especie de San Jorge salvador de princesas; era de esperar que en lo sucesivo, Amarilis tuviera mejor suerte con sus galanes.


W.28. -12. LA DONCELLA FARFOR (2)


Por más que busqué a Lilí no la pude hallar, daba la sensación de que la tierra se la había tragado. Sin embargo, ya me hallaba acostumbrado a sus excentricidades, así que no me inquietó gran cosa. Sabía que en el momento más inesperado ella podía aparecer tranquilamente tan oronda, pavoneándose con su enhiesto rabito y la lengua pronta a soltar impertinencias y a gastarme bromas. Lo que importaba es que hubiese recobrado mi personalidad porque la perspectiva de pasarme toda la vida en plan de ser humano no era un proyecto que entrase en mi modo de concebir la felicidad. Yo he nacido periquito y periquito quiero ser hasta el fin de mis días, no ambiciono otra cosa.
Hecha esta importante declaración de principios, prosigo.
La isla era verde de nuevo, joven y llena de vida, lo cual resultaba muy bonito, pero la duda estribaba en si yo permanecía aún en el pasado, había llegado justo a tiempo para cambiar la historia, o bien estaba en el presente y mi presente lo constituía EL DELFÍN, con mis amigos los corsarios, capitán incluido. Entonces decidí acercarme a la playa para reunirme con ellos, si es que tenía la suerte de encontrarles, y así razonando, me apresuré a volar en la dirección prevista, que, por más verde que hubiera ahora en la isla, no podía haber cambiado.
De nuevo tropecé con una paloma mensajera... ¡Qué curioso!, antes iba y ahora venía, parecía muy cansada y no me hizo ningún caso. Miré hacia abajo, allí estaba la playa en donde atracáramos; la chalupa y los corsarios descansaban a la sombra de unos árboles. En cuanto me vieron agitaron los brazos en señal de reconocimiento.
-¡Eo!
-¡El amigo Petrusky!
-¡Estamos aquí!
Todos menos el Corsario Blanco.
Grité:
-¿Dónde está vuestro jefe?
-Le dejamos charlando con un búho allá arriba, cerca del camino, antes de que todo cambiara, seguramente debe de encontrarse allí todavía.
-¡Gracias, voy a buscarle!
Subí en vertical y miré hacia abajo barriendo la zona ampliamente, pero había allí tantísimo árbol que me costó un poco descubrir el fin al Corsario Blanco, y lo logré merced a su vestimenta de anuncio de detergente que destacaba entre la lujuriosa vegetación. Vislumbrando un puntito blanco, allá va que fui en plan misil, mas como no estaba preparado para ver lo que me esperaba, me quedé de una pieza cuando encontré junto al Corsario a una bellísima doncella vestida con una flotante túnica de arco iris y que adornaba sus largos cabellos dorados con una diadema de flores frescas... ¿De dónde había salido?
Dentro del pequeño calvero, el Corsario Blanco y ella se hallaban enzarzados en animada charla en el momento de mi aparición.
-¡Petrusky, amigo, has vuelto, estábamos temiendo por ti!
(Pues no lo parecían ya que se mostraban radiantes de contento).
La desconocida alzó su hermoso rostro hacia mí, tenía unos ojos inmensos de color gris claro, y extendiendo los brazos a modo de saludo, exclamó alegremente:
-¡Petrusky, Petrusky, soy yo, Farfor!
¡Caramba, vaya un look, que cambiazo!
Revolotee hasta posarme en la palma de su mano y entonces ella me dio un beso en la cabecita.
-Querido Petrusky, ¡gracias, gracias, gracias!, a ti te debo el haber recobrado mi forma humana y nunca podré agradecértelo bastante, nunca.
¿A mí?... Indirectamente sí que era cierto, pero quien había devuelto la estrella no fui yo sino Lilí. Alguien pareció susurrarme dentro del oído: “no seas tonto, Petrusky”, y suponiendo de quien provenía el consejo, se desvanecieron mis dudas.
-No me des las gracias, Farfor, era algo que debía hacerse, y con la ayuda del Cielo, se ha podido realizar.
La doncella desencantada se puso un dedo en los labios pidiéndome silencio.
-¿Cómo no voy a agradecértelo, Petrusky, si a ti te debo mi felicidad presente?
Yo me sentía un poco azarado ante tantas muestras de agradecimiento.
-Sí, comprendo, ya no eres un búho...
Farfor tuvo una maravillosa sonrisa de muñequita de porcelana.
-Y no es únicamente eso, Petrusky querido... ¿Te acuerdas que cuando nos conocimos te conté que había tenido un sueño en el cual un apuesto joven rubio me dio ánimos suficientes para huir del castillo de Glagól y del compromiso que me ataba a su sobrino?
Intervino en ese momento el Corsario Blanco, enlazando a Farfor por el talle, muy feliz.
-Y recordarás asimismo, como yo te hablé de otro sueño mío, de un sueño imposible, que tú pudiste tomar como tal, sin saber que si yo hablaba de “sueño”, quería decir eso “sueño”...
De golpe y porrazo se hizo la luz en mi cerebro y me quedé de pasta de boniato.
-No me iréis a decir...
Ambos rieron dichosos.
-En efecto, Petrusky, en efecto –repuso él-, yo tuve un sueño y Farfor estaba en ese sueño... Soñé que una hermosa joven era obligada a casarse en contra de su voluntad con un pretendiente impuesto... La amé en cuanto la vi y le dije que huyera porque estaba seguro que si escapaba nos encontraríamos... Como tal así ha resultado... Mas era un sueño y me dije mil veces cuán absurdo es creer en que los sueños lleguen a convertirse en realidad saliendo de su mundo de ilusión... Sin embargo, me equivocaba, según se puede comprobar, ¿no te parece?


W.29. -12. LA DONCELLA FARFOR (3)


Farfor parpadeó tímidamente, recordando por un instante el búho que había sido.
-Yo estaba segura, creo en los sueños, ellos siempre anuncian nuestro destino.
-Pero, ¿y el mar, Cosario Blanco?
El Corsario Blanco, con la mujer de sus sueños -y muy cierto era-, al lado, semejaba vivir en un mundo diferente.
Replicó:
-En los Mares Templados existe una isla que me pertenece, en esa isla tengo mi hogar, y allí pensaba yo retirarme algún día si la suerte me amparaba al evitarme el perder la vida en cualquier contienda... Pero ahora las cosas han cambiado, llevaré a mi esposa a esa isla y, como le prometí, seremos felices por siempre.
¡Pues sí que había ido todo deprisa, si hasta ya se hablaba de boda!
-Los siete mares te echarán de menos, Corsario Blanco, aunque, desde luego me alegro mucho por vosotros dos... Se terminaron las batallas y los peligros –súbitamente algo me vino a la memoria-. Oye, siempre te quise hacer una pregunta, ¿qué diferencia existe entre un pirata y un corsario?
(Ya sé que es una bobería, pero era cosa que me intrigaba).
El corsario sonrió amablemente.
-Muy sencillo. El pirata ataca a los barcos y los desvalija por cuenta propia mientras que el corsario intercepta los navíos e incauta las mercaderías en nombre del país cuya bandera lleva.
-¿Y eso es legal? –interrogué con gesto de incredulidad.
-¡Naturalmente, forma parte de los negocios del mar! –repuso él, satisfecho de haber podido aclarar mis dudas.
-¡Ah, negocios, vale, vale!
Farfor y el Corsario Blanco se casaron en la maravillosa isla que éste último poseía en los Mares Templados.
(Por cierto, que antes de contraer matrimonio, Farfor quiso cambiar de nombre, ya que el tal le recordaba una parte de su pasado que más prefería olvidar, y eligió, acertadamente, el de Flor, que viene sonar lo mismo, aunque con diferencia).
Según ya es presumible imaginarse, asistí a la boda y además en calidad de padrino; Flor insistió en ello. Los corsarios les regalaron a los novios un arcón lleno de perlas que daba gloria ver, y a la salida de la iglesia, en lugar de la tradicional lluvia de arroz, un viento suave y juguetón, sobrino tercero del Gran Viento que era mi amigo, cubrió a todos los presentes con un ligero y fragante manto de flores campestres. La joven desposada se emocionó mucho y sólo yo supe la causa.
Después vinieron unos felices días de ociosidad en los que deambulé a mi antojo por la isla... ¡Ah!, por cierto, tengo que decir que los bravos corsarios de EL DELFÍN, se quedaron con su jefe renunciando también a las contiendas navales en pro de un bien ganado descanso, y así la isla se convirtió en un lugar perfecto en donde todos vivían dividiendo su trabajo entre los campos y la pesca. Con el tiempo, no me cabía ninguna duda, aquella isla sería un pequeño emporio de riqueza y comercio, sabiamente gobernada por el Cosario Blanco.
Ya, ya, no olvidaba que tenía que volver a casa, pero luego de tanto soponcio y aventura desmadrada, resultaba de lo más agradable el haraganear sin rumbo y sin sobresaltos, yendo de aquí para allá, siendo bien recibido allí donde me presentase y respetado y querido por todos, ¡qué caray!, yo también tenía derecho a unas vacaciones, ¿o no?
Cierta tarde que sobrevolaba la isla como quien da un paseo, sintiéndome cansado, decidí aprovechar el reposo que una nubecilla baja me ofrecía y, sin pensármelo dos veces, me arrellané en su algodonosa superficie, instalándome tan cómodamente, que a poco me entró el sueño quedando profundamente dormido allí mismo, tan y tan profundamente, que, cuando desperté, flotaba en el cielo, sobre el mar infinito, sin saber en que lugar me hallaba..
¡Heme ahí, pues, convertido en naufrago del espacio!
Como es lógico me asusté muchísimo, pero luego, decidido a no amilanarme, emprendí el vuelo en dirección hacia donde el sol se pone porque mi instinto de pájaro me decía que por allí debía encontrase tierra firme, y era verdad, me guiaba la intuición y también algo más, algo que yo ignoraba en aquellos momentos y que se denomina la voz de la sangre.


W.30. -13. ATERRIZO EN AUSTRALIA (1)


No tardé en avistar tierra firme y la línea era tan extensa que aquello no podía ser precisamente una isla.
Por suerte para mí tuve la fortuna de aterrizar en un lugar costero, limpio de trazas urbanas y bastante solitario.
Esquivé a cormoranes y gaviotas, demasiado ávidos de comida para ser buenos anfitriones, y me introduje en vuelo alto en el interior del continente australiano.
¿Qué cómo supe que lo era?, lo supe, sencillamente.
¡Petrusky, el periquito trotamundos, acababa de llegar a su hogar ancestral!
Me producía una sensación de vértigo surcar por los cielos de mi país y ello no era debido a la altura, sino a la emoción. Cierto que el paisaje recordaba mucho a la isla desértica, hechizada en tiempos por el ex mago Glagól, de ingrata memoria, pero la diferencia estribaba en que esta vida era real y de que de vez en cuando, entre el polvo rojizo y las extensiones vacías, surgía algún bosque de eucaliptos apenas balanceando sus afiladas hojas en la brisa.
De improviso, casi me detengo en pleno vuelo, hazaña de por sí difícil, una algarabía muy familiar resonó en mis oídos a través de la distancia y pude advertir como cientos de periquitos parecían jugar al escondite entre las ramas de uno de esos bosquecillos... ¡Periquitos!
Pudo más el corazón que el raciocinio y, sin pensarlo dos veces, me escabullí para abajo con la celeridad del rayo.
Pronto los eucaliptos vinieron a mi encuentro y con ellos el mundo poblado de sus ramas, ¡y qué gran variedad y esplendor de coetáneos hallé entre su follaje!
(Al llegar aquí quiero hacer un comentario que considero importante, es algo similar a lo que algunas veces se coloca a píe de página bajo el epígrafe, “NOTA”; este capítulo podía habérmelo saltado, omitiéndolo lisa y llanamente, y nadie se hubiera percatado, mas si he decidido incluirlo es debido a que lo que en el se relata sirve para comprender hechos posteriores de una gran trascendencia, al menos para mí que soy el prota de la historia).
Había montones y montones de periquitos de todos los colores y edades. Amarillos, verdes, malva, blancos, e incluso rosa, aparte de azules, por supuesto, y aunque el periquito autóctono es solamente verde y nada más, se puede deducir que la colonia estaba integrada por muchos tránsfugas de la civilización, periquitos que, como en mi caso, procedían de cruces y experimentos.
Muy impresionado, me detuve en el vértice de una rama y contemplé a la alada muchedumbre periquil con el respeto y la emoción que en todo ser bien nacido provoca el encuentro con los miembros de su clan.
Ante mi irrupción, por un instante, todos enmudecieron –y ya es portentoso el hecho-, luego la algarabía redobló en intensidad y un periquito de noble porte y añejo color verde, cuyo pico evidenciaba edad y sabiduría, se me acercó en tanto los demás gritaban alborotadamente:
-¡Ha llegado un periquito, ha llegado un periquito!
Lo cuál no deja de ser un contrasentido ya que allí lo que más abundaba era eso sin lugar a dudas: periquitos.
-Buenos días, recién llegado, ¿vienes de muy lejos... Yo soy Warramenga, el patriarca de este enclave, ¿puedo saber tu nombre?
Carraspeé pues era la primera vez que me dirigía a alguien que siendo de mi propia especie, fuese un personaje de calidad.
-Noble anciano, vengo de muy lejos y me llamo Petrusky...
Warramenga el patriarca, giró la cabeza y llamó en voz alta, interrumpiéndome:
-¡Kopek!
Al instante, un periquito joven, de color verde claro, se aproximó deslizándose por el tronco del eucaliptos.
-Señor Warramenga –dijo respetuosamente.
-Kopek, tú sabes ruso y el recién llegado se llama Petrusky, será mejor que hagas de traductor.
¡Recórcholis nunca hubiese llegado a imaginar que hablaba tan mal el idioma de mis antepasados!
Kopek se encaró conmigo con aire muy satisfecho.
-Priviet, mi sobut Kopek, ya studienski ruski.
Me quedé viendo visiones, ¿qué me explicaba aquel periquito?
-¿Perdón?
Kopek, muy ufano, repitió su perorata.
Al comprobar mi desconcierto, Warramenga intervino.
-¿No entiendes el ruso o es que Kopek no lo habla bien?
-¡Es qué yo no soy ruso –protesté-, mi ama me puso ese nombre en recuerdo de un periquito que había tenido cuando era niña!
-¡Acabáramos! –exclamó Kopek ligeramente molesto- Yo tampoco soy ruso pero mi amita estaba estudiando este idioma cuando me compró y de tanto escuchar las lecciones de las cassettes, lo aprendí... Soy un periquito políglota... –añadió con orgullo- ¿De dónde vienes?
-Vengo del otro lado del mundo y hasta el presente desde que emprendí este viaje, he vivido mil y una aventuras a cuál más increíble.
Los periquitos me rodearon bulliciosamente; siempre contribuye a animar las reuniones el viajero trotamundos que mucho ha visto.
-¡Cuenta, cuenta! –clamaron todos mientras se arrellanaban cómodamente a mí alrededor.


W.31. -13. ATERRIZO EN AUSTRALIA (2)


Warramenga se puso serio.
-No seais descorteses, Petrusky viene de muy lejos y tal vez se encuentre cansado y no tenga muchos deseos de relatar sus aventuras. Quizás tenga hambre y quiera comer primero o beber.
-No, muchas gracias –repuse eufórico-, ni estoy cansado ni tengo ahora mismo ese tipo de necesidades y muy gustosamente os contaré mis aventuras.
¡Era emocionante, tanta audiencia para mí sólo, ni que estuviese dando una rueda de prensa!
Empecé a hablar y se hizo el milagro de que la grey periquil enmudeciera y únicamente se escuchase mi vos en el bosquecillo de los eucaliptos.
Tanto y tanto hablé que descendió la noche sin que nadie se diera cuenta y yo seguía narrando mis aventuras. Por fin concluí, cuando las estrellas comenzaban a palidecer, pero nadie daba muestras de fatiga ni de sueño. Todos, pendientes de mi relato, a su término, me contemplaron con un respeto y una admiración, que, francamente, me llenó más de merecida satisfacción, que no de hueca vanidad.
Warramenga me dijo con voz tomada por la emoción:
-Hoy es un gran día para la historia periquita; hemos tenido el honor de conocer a un héroe de leyenda...
(¡Cielos, cómo me hubiese gustado que Lilí hubiera escuchado aquello!)
-¡Oh, no, no soy ningún héroe, las circunstancias de la vida, nada mas!...
Pero me interrumpió un cálido aplauso de homenaje.
Kopek tomó a palabra.
-De aquí a poco comenzará el alba y nuestro huésped debe de estar muy agotado, propongo una cena ligera para que reponga fuerzas, y todos comamos también algo, y bebamos, y luego podríamos retirarnos a descansar, si os parece bien.
Se aceptó la propuesta e hicimos lo que entre los humanos suele denominarse “una cena fría”.
(Por cierto, exquisita,; sólo entonces me di cuenta de que estaba sin probar bocado desde hacía muchas horas).
Antes de que escondiera la cabeza bajo el ala, Kopek, acurrucado a mi lado, me guiñó un ojo a punto de hacer lo mismo que yo, susurrándome somnoliento:
-Mañana te enseñaremos los alrededores, y quizás un poco más si no te importa volar. Supongo que te gustará ver algunos canguros, y, sobre todo a un ornitorrinco.
-¿Un ornitorrinco?
Me dormí.
A la mañana siguiente, toda una guardia de honor, Kopek incluido, me escoltó por aquellas tierras lo mismo que se hace con los personajes ilustres cuando éstos van de visita a otros países.
En las cercanías –ver canguros y ser presentado a un ornitorrinco solitario y cascarrabias que no dio señales de quedar muy impresionado ante mi pregonada fama-,el venerable patriarca Warramenga nos acompañó, pero cuando los más jóvenes propusieron llevarme en gira turística por el interior, Warramenga se excusó asegurando que la edad, así como sus muchas responsabilidades periquitas, le impedían unirse a nosotros, razonamiento que comprendí a la perfección-
Pero no fueron ni cinco, ni seis, ni veinte los periquitos que decidieron acompañarme en el viaje –un vuelo de nada, afirmaban ellos-, sino muchísimos.
Variopintos y alegres, recordaban una ruidosa nube que no obedeciera al viento, y Kopek a mi lado, muy orgulloso,, pues se había arrogado a sí mismo el título de guía oficial, lo cual, lo capté rápidamente, pareció desatar algunas pequeñas envidias.
Volamos sin pausas bajo un sol de justicia, por aquella parte del planeta la capa de ozono está hecha un trapo agujereado, y yo veía desfilar debajo de mí extensiones enormes de terreno desértico y reservas forestales muy bien cuidadas, ¡ojo, que Australia no es sólo desiertos sin más!; tenéis que saber, ciudades aparte, que este novísimo continente posee amplias zonas forestales, parques o reservas protegidas en las que abundan los árboles, lagos, cascadas... Sí, yo también lo ignoraba hasta que lo comprobé en aquel vuelo, que, para que lo sepáis, duró varios días y en el cual viví unas cuantas aventuras que si no os relato es porque nada tienen que ver con el asunto de la estrella perdida, doncellas encantadas y ladinas princesas Amarilis, pero que algún día, si me encuentro con el humor apropiado, y si vosotros deseáis seguir escuchándome, tal vez me decida a narraros ya que estuvieron de los más guay.
Mis nuevos amiguetes no querían que me perdiese nada de nada y entre idas y venidas, me llevaron a visitar, entre otros lugares maravillosos, el imponente macizo de Ayers Rock, que se me antoja debéis de haber visto en alguna película filmada en Australia. Ayers Rock es una roca inmensa, prácticamente una montaña, cuyo diámetro es de 8 kilómetros, se dice pronto, ¿no?. Los aborígenes la llaman Uluru y para ellos era un monte sagrado, y digo bien “era” porque ya quedan pocos nativos de raza australiana auténtica. Siendo su tonalidad siempre rojiza, cambia con la luz al paso de las horas hasta cobrar un intenso color carmesí en el crepúsculo –yo estuve allí y lo vi-, y cuando llueve –esto no lo vi-, reluce como si la veteasen hilos de plata, según me describieron las parlanchinas huestes periquitas.
Este lugar, Ayers Rock o Uluru, fue conocido como Tiempo del Sueño o los Sueños, en épocas en las que sólo los indígenas de Australia eran sus amos y señores... ¡Y qué de leyendas curiosas y fantásticas me contaron porfiando entre ellos a ver quien me sorprendía con otra aún más misteriosa y fascinante!; Uluru está lleno de cuevas y cuenta con un manantial mágico –ahora son unas fuentes termales-, del que se dice, que, en tiempos, fue la sangre de un guerrero kunia... Por que hay leyendas que hablan de batallas entre los hombres canguro y los hombres serpiente, en el remoto y casi olvidado Tiempo del Sueño, cuando el lagarto Kandju llegó hasta Uluru en busca del bumerang que había perdido, y, más, más, todavía más, como por ejemplo, que el Tiempo del Sueño es el comienzo de todo, cuando los Dioses y los hombres-animales cantaban creando el Mundo... ¿No es fantástico?... Entonces empecé a comprender la causa de que las hadas, en un detalle muy delicado, me sugiriesen que cantara, ¡lo que ellas no supieran!


W.32. -13. ATERRIZO EN AUSTRALIA (3)


Bueno, a mi regreso, si me había marchado en plan héroe volví en el de súper héroe. Los compañeros no cesaron de cantar mis alabanzas a quien quisiera oírlas, que fueron todos los que se habían quedado, y el venerable Warramenga, en un impresionante acto multitudinario, declaró que mi nombre quedaría por siempre integrado en los anales del pueblo periquito... La verdad, yo estaba que reventaba de felicidad y todo me parecía un sueño, de aquel inexperto Petrusky, al que una traviesilla Lilí había precipitado en el País del Cuadro, hasta el Petrusky trotamundos y curtido aventurero, cuántas cosas habían llegado a suceder sin que casi ni nos diéramos cuenta... Sí, en efecto, todo remedaba un sueño. ¿Qué podía quedarme más por vivir en plan heroico?, pues no lo sabía.
-¿Te ha gustado tu patria? –me preguntó Warramenga cuando de nuevo pudimos estar un poco aislados y casi en privado.
-Es impresionante –dije con sinceridad-, tan grande, y luego las rocas enormes, como plantadas en medio del desierto... Me siento muy orgulloso de ser australiano.
Visiblemente complacido, Warramenga quiso saber:
-¿Te gustaría quedarte a vivir aquí?
Al oír esto, súbitamente, desperté. Yo estaba en Australia, me sentía a gusto en el solar de mis antepasados, pero... en el otro extremo del planeta, en una pequeña casa en el corazón del bosque, cerca de un pueblo como existen a docenas diseminados por todo el mundo, vivían tres personas a las que yo quería y ellas a mí: Papá, Mamá y la Niña...
No, no podía desaparecer así, sin más, ellos lo estarían pasando mal, me echarían de menos, sufrirían por mi ausencia.
-Señor Warramenga –dije entonces al patriarca-, me gustaría mucho, pero tengo un hogar que me espera y unos amigos que nada saben de mí y a estas alturas deben de creerme muerto... tengo que volver... Ya es hora de que regrese a casa.
Warramenga, apesadumbrado, respondió:
-Sea como dices, aunque lo lamento sinceramente... Pero no te olvides de nosotros y, si puedes, regresa algún día... Siempre serás muy bien recibido.
Quiero comentar ahora algo, antes de que finalice el capítulo. Entre tantas idas y venidas, visitas, aventuras, etc., etc., ya desde el momento de mi llegada, había creído vislumbrar, bien que de lejos, una especie de sombra fugitiva de color azul, que daba la impresión de espiarme en la distancia, pero cuando el aturdimiento de tanta vorágine empezó a pasárseme, hube de fijar mi atención en la huidiza sombrita y no pude por menos de quedarme atónito ante la imponderable belleza de una periquita azul cobalto como yo.
-¿Quién es? –pregunté a Kopek y éste, picaruelo él, me dijo:
-Bonita, ¿eh?... Es hija de una pareja cobalto que vino hace muchas lunas aquí... Creo que es la periquita más linda de todo el bosque y aún en muchas millas a la redonda. ¿Quieres que te la presente?
Me entró una timidez inexplicable.
-No, no, gracias.
-¿Por qué no?
-No sabría que decirle.
Kopek parecía sombrado.
-Dile hola.
-No, no.
Kopek se encogió de alas.
-Como te apetezca, pero tu excusa se me antoja una tontería.
No quise alargar por más tiempo el momento de la despedida, siempre penoso, y con un emocionado: “¡hasta la vista!”, -Da svidania, dijo Kopek-, batí alas alejándome, pero en el último minuto no pude resistirme y volví la vista hacia atrás: la población periquita en pleno me decía adiós y en una rama alta, sola, la bella azul cobalto contemplaba con infinita tristeza mi marcha... ¡Qué hermosa era, tanto como el hada Falena, claro que en periquito, y entonces, en ese momento preciso, decidí que llamaría por siempre Falenita a la encantadora desconocida!
Mas no podía seguir mirando hacia atrás, de lo contrario hubiera podido darme un trompazo con algo que me saliese al paso inopinadamente, así es que miré hacia delante con determinación.
¡Los héroes somos así!


W.33. -14. EL PRECIO DE LA FAMA (1)

Volé muy alto y con el rumbo no muy claro porque me hallaba embargado por la emoción, y a poco me tropecé con un globito de esos que tienen cara de bicho gracioso y que se regalan a los niños por su cumpleaños o se les compra en el parque cuando la familia sale de paseo.
-¡Hola! –me saludó el risueño globo.
-¡Hola! –respondí yo educadamente.
-¿Puedo llevarte a algún sitio?... No me sujetaron bien y salí volando.
-¿En qué dirección vas?
-Creo que a las estrellas.
Emití un silbido.
-¡Fiiiiiiu!... Demasiado años luz para mí, yo me voy a mi casa que ya está bien. Hace la tira que falto, ¿sabes?
-Siento no poder ayudarte, ¿está cerca tu casa?
-¡Qué va, muy lejos!
-Entonces te cansarás mucho.
Iba a replicarle que si, pero, por suerte, la memoria me sirvió de algo.
-Relativamente, sé cantar.
-¿Cantar? –se extrañó el globito.
-Sí, cantar, fíjate bien, escucha y mira.
En así diciendo, empecé una nueva canción y tal vez cerré los ojos al hacerlo, porque al abrirlos ya no había globito ni mar debajo de mí. Volaba por encima de un bosque que me resultaba muy familiar, y en ese bosque, el humo de una chimenea delataba que allí abajo había una casa, mi propia casa, ¡mi hogar!
Nuevamente pensé: ¿lo habré soñado todo?; nada parecía haber cambiado, las cosas seguían iguales, ¿iguales?...
Descendí con el corazón latiéndome alborozado, mas un inesperado factor vino a congelar la alegría del reencuentro.
El jardín estaba lleno de gentes que hablaban a grito e iban y venían entre cables, cámaras de televisión y focos. De pronto escuché como una de esas atareadas personas, decía a voz en cuello:
-¡Señora, señora!... ¿No dijo usted que era azul el bicho que se les escapó hace 4 meses?
¿Bicho?...¿Cuatro meses?
Por la abierta puerta del mirador, salieron tres figuras en tromba: Papá, Mamá y la Niña.
-¡Petrusky!
-¡Petrusky!
-¡Petrusky!
Y los extraños:
-¡Cámara 3, fílmales a ellos!
-¡Cámara 2, encuadra al perico!
¡Perico!
-¡Cámara 1, recoge el momento del encuentro!
Mamá gritó muy alterada:
-¡Por favor, no le asusten que puede volverse a escapar!
Oportuna exclamación, porque a punto estaba yo de salir pitando.
-¡Petrusky, caríñin!... –dijo la Niña alzando sus manos hacia mí.
Me refugié en ellas francamente aterrorizado, ¿qué diablos estaba sucediendo?
Por fortuna la Niña me cubrió con sus deditos, de lo contrario no sé si lo hubiera podido resistir, pero escuché muy desconcertado:
-Bueno, señora, ¡estará usted contenta con la vuelta del prófugo!
-¡También ha sido casualidad que el perico regresara hoy!
-¡Mañana completa, ¿eh?!
-¡Por favor, por favor, unas palabras para radio Decibelio “siempre en el perihelio”!... ¿Qué significa para usted que el protagonista de su cuento EL GATO CON GAFAS, aparezca hoy aquí, en el momento en que acaban de otorgarle el premio Internacional de literatura infantil PULGARCITO EN EL BOSQUE?
¡Conque lo había conseguido!... ¡El cuento presentado por Mamá a ese concurso tan famoso, resultó ganador!
-No hay palabras para expresar lo dichosa que me siento por el regreso de Petrusky, con él en casa el premio resulta perfecto.
-¡Señora, permita que filmemos al pájaro!
Papá intervino con amabilidad pero firme.
-Comprendan que el animalito está muy asustado, será mejor que lo metamos en su pajarera y le dejemos tranquilo.
-¿Y una foto nada más? ¡Piensen que saldrá en la portada de la revista BUENOS DÍAS TENGA USTED y ser portada de BUENOS DÍAS etc., equivale a la popularidad más absoluta, ustedes no lo ignoran!
La Niña se escurrió entre los mayores y metiéndose velozmente en el interior de la casa, me puso a buen recaudo en mi querida pajarera, que, por cierto, no estaba en el mirador sino en el piso de arriba, en una salita de estar. La Niña salió cerrando con llave.
Suspiré tranquilo, allí nadie me podía molestar. Sosegué entonces mi animado corazón, bebí unos sorbitos de agua –mis previsores amos no habían dejado de abastecer la pajarera en tan larga ausencia-, y me disponía a relajarme cuando un maullidito que brotaba de detrás de un sillón, hizo que me girase en redondo, y, ¿sabéis lo que vi?...
¡Pues lo que nunca me hubiese imaginado que podía verse en mi casa!


W.34. -14. EL PRECIO DE LA FAMA (2)


De debajo del sillón, salieron tres gatitos, uno negro, uno blanco y pardo reflejo de una Lilí en miniatura, y el otro mitad negro y mitad blanco, y los tres, dando muestras de una gran desenvoltura, se acercaron a mi jaula, sentándose en hilera delante de mí. Yo les contemplaba como el que ve visiones y entonces, un maullido adulto se oyó en el alfeizar de la ventana, que estaba abierta y daba a las ramas de un árbol cercano. Me volví y la guinda para coronar el pastel estaba allí en forma de viejo conocido.
-¡Señor Petrusky –dijo Negri obsequiosamente-, tanto de bueno de verle nuevamente en esta su casa!
-¿Qué... qué... qué es... “esto”?
-¿Esto, ser refiere usted a los niños, tal vez?
-¿Qué niños?
-Bueno, modismos humanos, quise decir los tres cachorritos.
-Sí, eso mismo, los tres gatitos.
-Permítame que se los presente: el negrito es Pici, la blanca y parda se llama Lilita y el negro y blanco... Ejém, en honor suyo, señor Petrusky, le llamamos Petru, ¿qué le parece?
¿Qué me iba a parecer?; casi me da un síncope de la impresión.
No habían transcurrido cuatro meses, habían pasado milenios desde que me fuera, ya nada era igual, todo había cambiado...
Los tres gatitos me miraban en silencio con una expresión juguetona en sus ojitos azules, los tres movían de un lado a otro su rabito nerviosamente, los tres parecían dispuestos a tomar por asalto mi pajarera a poco que yo me distrajese.
-¿Y Lilí? –pregunté con desmayo.
-Abajo, señor Petrusky, atendiendo a la prensa... Ahora usted y ella son muy famosos... Menos mal que ha comparecido usted tan a punto ara disfrutar de las mieles del éxito... ¿Sabe? –me dijo confidencialmente-, resulta que el cuento de Mamá –se me pusieron las plumas de punta al escuchar semejantes confianzas-, va a ser llevado al cine en un largometraje de dibujos animados, ¿no le parece maravilloso, señor Petrusky?


W.35. -14. EL PRECIO DE LA FAMA (3)


De repente alguien vociferó desde las ramas del árbol que daba a la ventana:
-¡Aprovecha ya, saca las fotos, aprovecha que están los gatos también!
-Pero la gata permanece en el salón. ¡Ojalá pudiéramos fotografiarla con el perico!
Y dos periodistas gráficos, con riesgo de romperse la crisma, empezaron a ametrallar con sus flashes.
-¡Marramiau! –maulló Negri con fastidio y los chiquitines mayaron también más de excitación que de miedo, pero a un maullido imperioso de su padre, los tres escaparon prestamente con él, por una gaterita abierta en la puerta del cuarto.
(Más adelante me percataría de que toda la casa estaba llena de gateras de esa clase):
-¡Lástima que a este bicho no se le pueda entrevistar!
-¡Sí, hombre, ya sólo faltaría!
-¡Oye, que el árbol empieza a crujir!
-¡Saltemos!
¡CATACROK, PLOFF!
-¡Ay, uy, ay!
¡Uy, ay, uy!
-Bueno –me dije para mis adentros-, les está muy bien empleado por entrometidos.
Pude escuchar un gran revuelo en el jardín y luego los sonidos se alejaron. ¡ya era hora, por fin tranquilidad!
La gaterita volvió a abrirse sigilosamente y yo me giré con recelo.
-Hola Petrusky.
-¡Lilí!
Una Lilí guapísima, con un gran lazo azul en el cuello, me saludó con el empaque regio de toda una señora de la casa.
Yo empecé a dar botes en la jaula.
-¡Lilí, ¿qué pasa?, ¿qué significa todo esto?, y no me estoy refiriendo al premio de mamá!
Lilí se sentó cómodamente delante de mí.
-Me sentía muy mal cuando te fuiste y Negri fue tan amable que se trasladó aquí para hacerme compañía... A todos les pareció bien...
En eso entró Negri, quien, sentándose al lado de Lilí, continúo amablemente:
-Ya le dije, en su día, señor Petrusky, que pensaba establecerme y fundar una familia... Y hete aquí que ya la tenemos, y bonita, ¿verdad?
-Pero Lilí, ¿qué ha sido de tus poderes mágicos? –chillé angustiado.
Lilí empezó a lamerse la patita con parsimonia, luego repuso:
-Al crecer los perdí, por eso le pedí a Laurisilva tres deseos, uno fue para ayudarte a ti en el caso de Amarilis, después de todo yo te había metido en esos líos, el otro fue para que la familia se viera alegrada con mis tres gatitos y el tercero para que tú regresases y fuésemos por siempre felices todos juntos...
-¡Lilí!
No puedo negarlo, soy un terrible sentimental. Más derretido que la cera le dije a Lilí:
-Tienes unos hijitos monísimos.
Lilí tuvo un gesto de preocupación nuevo en ella.
-Malísimos, dirás mejor, son de lo más requetetravieso.
-Bueno –resumí yo con ironía-, eso no me viene de nuevo.


W.36. -15. FALENITA


No, la historia aún no se ha acabado, aunque lo que resta por decir ya es muy breve.
Cuando se fueron los periodistas, Papá, Mamá y la Niña, me devolvieron, con todos os honores, a mi antiguo lugar del mirador. Y aquella noche, antes de dormir, vimos por televisión el reportaje de lo sucedió por la tarde, y, cosa curiosa, lo encontramos muy divertido, supongo que ya se nos habían pasado los nervios.
Esa noche también había luna llena, y yo, aunque por otros motivos, estaba insomne meditando sobre mis aventuras y se me antojaba mentira que semejantes lances hubiera llegado a vivirlos con tanta desenvoltura, pero, sí, no habían sido un sueño sino una realidad, fantástica pero cierta. En fin, todo concluye en esta vida y hasta el más audaz aventurero tiene derecho a retirarse a una existencia apacible.
-¡Miii!...
Maulló quedamente una cautelosa bolita de pelo negro, a los pies de mi jaula. Contemplé sorprendido a Pici, pues de él se trataba.
-¡Oye, ¿crees tú que estas son horas para que un gatito esté danzando por ahí?, anda que si se enteran tus papás!
Pici no me hizo mucho caso, lógico, y procedió a descerrajar la puertecilla de mi pajarera.
-¡Chico, ¿qué haces?!
Pici se dejó caer en el suelo del mirador y desde allí me sacó la lengua.
-¡Hábrase visto mal educado!
-Petrusky...
Una voz que hacía mucho tiempo no escuchaba, resonó contenida en su estruendo, justo detrás de mí y al volverme descubrí a un viejo y queridísimo amigo, al Viento, que asomaba su cara mofletuda y risueña por la entreabierta ventana.
-¡Viento!
-¡Chissssste!... Calla, Petrusky, y no alborotes; todos duermen ya, he venido a verte porque traigo algo para ti.
Dulcemente el Viento alargó su mano, soplaba una leve brisa otoñal, y me mostró lo que en su interior contenía, o sea una brillante esfera, una burbuja, y dentro de ella, dormida, la imagen más linda que imaginarse pueda.
-¡Falenita!
-Claro, muchacho, “tu” Falenita.
Sentí que me ruborizaba debajo de mis plumas.
-Pero... pero eso no esta bien, es como un secuestro, ¿qué diré cuando despierte?
El Viento sonrió bonachonamente.
-Compruébalo tu mismo.
Y en así diciendo, de un soplo, rompió la burbuja. Falenita se despertó y lo cierto es que no dio muestras de sorprenderse mucho ante el nuevo escenario que la rodeaba.
-Buenas noches –dije yo sin saber que más añadir.
Falenita parpadeó.
-Hola, Petrusky.
(Tenía una vocecita encantadora).
-Qué, ¿ha... haciendo turismo? –balbucee atolondradamente.
-Petrusky –me amonestó el Viento.
Y Falenita:
-Me gusta tu casa.
-Pues me alegro mucho.
Nuevamente el Viento:
-Petrusky...
Pensé que debía ser educado.
-¿Quieres entrar?
-¡Oh, sí! –replicó Falenita alegremente.
¡¡¡Y ENTRÓ!!!
Ejém, amigos míos, ahora si que puedo aseguraros que este cuento ha llegado a su fin, porque, como los pueblos felices, ya no tiene más historias que contar... ¿o si?

 

Fin de Los viajes de Petrusky

 

Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra se halla protegido por la ley, pudiendo ser castigados con penas de multa, privación de libertad, e indemnización por daños y perjuicios, aquellos que reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o comunicaren públicamente, en todo o en parte, la presente obra literaria, fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.


 

6º LA OBRA:


X. -INTRODÚCCIÓN A LA OBRA:


Este proyecto es fundamentalmente de análisis, de un cuento. Para este proyecto he elegido un cuento infantil, es un cuento que narra las aventuras de un intrépido periquito azul y de sus amigos.
Este cuento ha sufrido una serie de transformaciones para que pudiera llegar a ser una obra de teatro.
Para empezar, elimine los subtítulos que ha hecho la autora del cuento para dividir o separar el texto, ya que es muy largo. Haciendo yo otra división en la que separé la obra en actos, escenas y cuadros.
Esta división dio como lugar una obra formada por 34 escenas, 16 cuadros y 2 actos.
Debido a que en el cuento el protagonista Petrusky es el que se encarga también de describir a los personajes, los paisajes donde se encuentra y da mucha información de los acontecimientos que van sucediendo, decidí introducir un narrador, que es el que se encarga de contar todo esto.
Otra razón de introducir este personaje fue los continuos cambios de decorado, es decir, en el transcurso de la obra el protagonista va cambiando de lugar ello con lleva, el cambio de decorado. Así que en este caso, mientras el narrador habla, el resto de escenario permanece a oscuras y así mientras se puede cambiar los decorados, sin que el público se entere, ya que toda su atención se centra en el narrador.
Con respecto a los decorados, como he dicho anteriormente, hay muchos, lo cual puede suponer un problema, sobre todo si se hace la representación en teatros pequeños y no hay mucho espacio para poner distintos decorados. Para esto la solución que puedo dar es que sobre el mismo tablón de madera, se vayan superponiendo telas en las cuales están pintados los decorados. Se ponen en orden de aparición y lo único que hay que hacer es ir levantando las telas.
Para finalizar también debo decir que hay muchas partes del cuento que he suprimido, debido a que es un cuento muy largo y había situaciones que eran anecdóticas y sin trascendencia, y para que la obra no fuera tan extensa decidí prescindir de ellas. Al igual que por esta razón e tenido que cambiar muchos diálogos para que al final la obra tuviera sentido.


 

 

 

Y. -LOS PERSONAJES DE LA OBRA:

 

Y.1. -PROTAGONISTA DE LA OBRA:


PETRUSKY: Nuestro protagonista es un periquito azul, de origen australiano. Petrusky es un periquito doméstico y pasa el día en el porche de una casa de campo, metido en su jaula, allí vive formando parte de una familia a la que quiere mucho y que esta compuesta, por Mama, Papa y la Niña, sin olvidase de una gatita llamada Lili.
Petrusky es un periquito muy valiente, que ha vivido muchas aventuras fuera de su hogar, y siempre con la intención de ayudar a todos los que pueda. Es muy decidido y se preocupa más por los demás que por él mismo. Es un periquito al que todo el mundo le gustaría tener como amigo.

 

 

CABALLERO AZUL DEL AMOR: Para poder luchar contra Senecal en el torneo, Petrusky es convertido en un caballero armado de punta en blanco, con yelmo y celada sobre el rostro y una amplia banda azul celeste cruzándole el pecho, es un caballero alto y fuerte.

 

 


Y.2. -PERSONAJES PRINCIPALES:


NARRADOR: Va a ser un actor pasivo, puesto que no se va a mover en toda la obra. Siempre va a permanecer sentado en su mecedora. Se situaría en la parte delantera del escenario en el lado izquierdo, puesto de tal forma que pueda ver al público y observar a los personajes al mismo tiempo.
Su función es muy importante, porque por un lado, nos cuenta, nos va narrando lo sucedido, es decir, a parte de hacernos una introducción al principio para que nos situemos en la obra, va a ser el que nos cuente los hechos más importantes que ocurran en la obra. Pero por otro lado, en muchas ocasiones, va a ser el que nos transmita los sentimientos, pensamientos, ideas más importantes de nuestros personajes, sobre todo de Petrusky. Los demás personajes de la obra, se limitan al dialogo entre ellos, sin explicar lo que sienten, lo que piensan, ni nada, puesto que de esto va a ser el narrador el que se encargue.

Su papel se puede semejar a un monólogo, puesto que aunque no esta solo en el escenario, a la hora de hablar, si que habla como si estuviera solo, él y el público. He incluso muchas veces, si que va a parece, puesto que lo único que se va a ver, va a ser a él, ya que las luces del resto del escenario se apagan y sólo permanece él iluminado mientras habla.
También se puede decir que hace las veces de actor y espectador, ya que hace su papel cuando le toca, pero mientras los demás están actuando, él permanece sentado en su mecedora escuchando y viendo la obra.

 

LILI: Es la gatita doméstica de la casa donde vive Petrusky, es una linda gata blanca. Le hace compañía a Petrusky y le cuenta todo lo que le pasa al día. No puede estar sin Petrusky, pero cuando está con él, se pelean mucho, porque éste la hace rabiar y no para de meterse con ella.

 


NEGRI: Es el nuevo amigo de Lili, un gato negro doméstico, que vive en una granja lejos de la casa de Lili y Petrusky. Conoció a Lili una mañana y desde entonces se hicieron muy amigos. Es un gato bastante educado y cortes, de muy buen linaje, pero a pesar de ello, Petrusky al principio desconfía bastante de él.


EL CORSARIO BLANCO: Joven muy apuesto, melena rubia y vestido de un blanco impoluto. Aventurero guapo y valiente, cuya ayuda es indispensable para Petrusky para vencer a los malos. Viaja en un barco corsario junto a su tripulación, desafiando todos los peligros de la mar.


GLAGOL Ó SENECAL: Ambos son la misma persona, aunque únicamente va a parecer y a intervenir en la obra como Senecal, pero Glagol va a estar muy presente para los personajes a lo largo de toda la obra. Es el malo de la obra y todo lo que sucede es debido a él. Es malvado y déspota, le gustaría poder dominar a todo y a todos los que pueda.


TIMOTEO: Es otro de los malos de la historia, es el jefe de los piratas y como casi todos los piratas tiene pata de palo, parche en el ojo, y un sombrero con un bordado de plata de una calavera en la cabeza. Va por el mar junto con su tripulación, desvalijando todos los tesoros que tiene a su alcance.



LAURISILVA: Es la reina de las hadas, es buena, comprensiva y muy hermosa. Su misión junto con las demás hadas del otro mundo, es la de ayudar. Es imprescindible en esta historia, por que a ella pertenece la varita mágica, un elemento fundamental para esta historia.

 

AMARILIS: Como en todos los cuentos, siempre hay una princesa, y en esta ocasión es esta, Amarilis, es la princesa del reino que Senecal tiene en su poder. Es hermosa, de ojos verdosos, y dorados, cabello castaño leonado, con la piel blanca y unos labios color rosa. Amarlis ayuda a Petrusky, para que a su vez la ayude a ella para librarse del malvado Senecal.


FARFOR-FLOR: Es un personaje encantado, Farfor procede de un campo de flores, que por conjuro de Glagol, fue convertida en una muchacha bellísima, pero que en el transcurso de la historia por un hechizo la convierte en búho. Intentando conseguir a lo largo de la obra, volver a su estado de persona.

 

Y.3. -PERSONAJES SECUNDARIOS:


• PAPA LA NIÑA MAMA



• MURCIELAGO GOLFI


• EL DUENDECILLO RUSKY

• HADA 1 • HADA 2 • HADA 3 • HADA 4



• HADA CITISOS • HADA SINRINX • HADA ÁMBAR

 

 

• BOR EL LINCE

 

• PAJARO

 

• MAGO COSMOGÓNICO


• PERRO HUSKIE

 

• RATAS


• PIRATA TRINQUETE BUCANERO BOGAVANTE VIGÍA MARRAJO


• PILOTO 2º DE ABORDO

 

• URRACA

 

 

 

 

Z. -ESCENAS:


CUADRO 1º - ESCENA 1º


CUADRO 3º- ESCENA 13



CUADRO 4º - ESCENA 14

 

CUADRO 5º - ESCENA 15



CUADRO 7º - ESCENA 18


CUADRO 8º - ESCENA 18


CUADRO 9 – ESCENA 20

 

CUADRO 1Oº - ESCENA 24



CUADRO 12º - ESCENA 27

 

CUADRO 13 – ESCENA 28


CUADRO 14 – ESCENA 29

 

 


 

A.A. -ILUMINACIÓN:


La iluminación de la obra va a ser bastante sencilla, puesto que solo vamos a tener tres tipos de luces:
1º Luz Blanca, esta iluminación va a ser solo para el narrador, es decir, va a ser fija, siempre va a iluminar al narrador a lo largo de la obra (salvo cuando esté el telón cerrado, como al comienzo del 1º acto o al terminar este y empezar el 2º Acto). Va a tratar como ya he dicho de una luz blanca que vendrá de un foco fijo.
2º Luz Día, esta es la que más va a permanecer en la obra, porque la mayoría de las escenas son a plena luz del sol. Va a ser una luz más amarilla y brillante.
3º Luz Noche, esta va a ser una luz más tenue y con poca intensidad, porque debe simular espacios oscuros o escenas que son por la noche.
Al principio de cada cuadro, siempre se apagaran estas dos últimas luces, permaneciendo encendida la luz que ilumina solo al narrador, puesto que es en este momento, mientras habla el narrador es cuando se va a cambiar de decorado. Así con el resto de escenario apagado, se evita que el público vea este cambio de decorado.
A continuación voy a indicar las luces que hay que poner en cada una de las escenas:


• ESCENA 1: Luz Día
• ESCENA 2: Luz Día
• ESCENA 3: Luz Día
• ESCENA 4: Luz Día
• ESCENA 5: Luz Día
• ESCENA 6: Luz Día
• ESCENA 7: Luz Día
• ESCENA 8: Luz Día
• ESCENA 9: Luz Día
• ESCENA 10: Luz Noche
• ESCENA 11: Luz Noche
• ESCENA 12: Luz Noche
• ESCENA 13: Luz Noche
• ESCENA 14: Luz Noche
• ESCENA 15: Luz Noche
• ESCENA 16: Luz Noche
• ESCENA 17: Luz Día
• ESCENA 18: Luz Día
• ESCENA 19: Luz Día
• ESCENA 20: Luz Día
• ESCENA 21: Luz Día
• ESCENA 22: Luz Noche
• ESCENA 23: Luz Noche
• ESCENA 24: Luz Día
• ESCENA 25: Luz Día
• ESCENA 26: Luz Día
• ESCENA 27: Luz Día
• ESCENA 28: Luz Día
• ESCENA 29: Luz Día
• ESCENA 30: Luz Día
• ESCENA 31: Luz Día
• ESCENA 32: Luz Día
• ESCENA 33: Luz Día
• ESCENA 34: Luz Día


 

A.B. - LOS VIAJES DE PETRUSKY:

 

ACTO 1º
(Se abre el telón, en la parte izquierda del escenario esta el narrador sentado en una mecedora)

NARRADOR: Petrusky era un pájaro domestico, que vivía en una granja en mitad del campo, cerca de un pequeño pueblecito. Vivía con lo dueños de la casa, papa, mama y la niña, los cuales eran muy buenos y se portaban muy bien con el, también tenía una amiguita, la gata Lili, que también vivía en esta casa, por eso que fueran amigos, cosa rara en animales de estas especies. Allí trascurría su vida en una jaula en la que incluso podía hasta volar. Transcurrían los meses en esta granja, y como llevaban una vida un tanto sedentaria y sin mucho ajetreo, Petrusky iba engordando poco a poco y Lilí se iba haciendo más mayor, cosa, que no es para sorprenderse; Petrusky se pasaba el día comiendo, y la Niña lo atiborraba de golosinas, y Lilí, por ley de vida, estaba convirtiéndose en lo que en términos humanos denominaríamos “una linda jovencita” o “está pasando la edad del pavo”, lo cual significa que Lilí cada día se ponía más guapa, y también estaba un poco, ligeramente, tontita. Era como si en ocasiones estuviera en la higuera y no se diese cuenta de nada, distraída y desde luego que esa impresión transmitía, lo que no dejaba de ser raro en una gatita tan avispada como ella. Lilí había cogido la costumbre ir cada tarde a primera hora, ha sentarse sobre un cojín que previamente tiraba al suelo desde el sofá, para contarle a Petrusky sus andanzas mañaneras y como tenía ingenio y era socarrona, sus historias resultaban de lo más entretenidas, pero aunque ha Petrusky le gustaran y divirtieran estas historias también disfrutaba pinchándole de vez en cuando o metiéndose con ella, claro que en ocasiones, de broma en broma, Lili se mosqueaba y entonces cogía levantaba su rabito y se alejaba. Una tarde, Lilí le contó algo que no le gustó nada, nada, nada:

CUADRO 1º, ESCENA 1º


(Se ve en el porche de una casa a Petrusky en su jaula y a Lili sentada delante de el, encima de un cojín)
LILI: -¿Sabes?, tengo un amiguito nuevo.
PETRUSKY: -¿Otro erizo?
NARRADOR: –respondió malicioso Petrusky ,ya que existía una anécdota que se remontaba a sus tiempos infantiles, cuando Lilí quiso jugar con un erizo que encontró en el jardín y éste se hizo una bola da púas saliendo ella bastante mal parada del lance. Así que Lilí torció el morrito, ya que solía ser muy susceptible a esa evocación.
LILI: -Nada de erizos, se trata de uno de mi misma especie.
PETRUSKY: (Se le pusieron las plumas de punta) -¡Otro gato!
LILI: -No berrees Petrusky, ¡ni que fuera la peste bubónica!... Sí, es otro gato... No hay que ponerse así, me parece.
PETRUSKY: -¿Y dónde demonios lo has encontrado?
LILI: -En ningún demonio (protestó Lilí con fastidio), es un gato vecino... Bueno, vive un poco lejos de aquí, es verdad, en una granja, al otro lado del pueblo, en pleno campo, más o menos como nosotros.
PETRUSKY: -¿Tan lejos te has ido?, anda que si se entera Mamá...
LILI: -No me he ido lejos, tonto, él pasaba por aquí y nos hemos encontrado.
PETRUSKY: (Empezaba a mosquearse)-¿Y a qué pasaba?
LILI: -¿Cómo quieres que lo sepa?... Pasaba, eso es todo, a ver si te crees que se va por ahí preguntando a la gente por qué hace las cosas, eso sería de mala educación, y yo no soy una fisgona y sí...
PETRUSKY: -... una gatita muy bien educada.
LILI: -Eso mismo, Periquito azul australiano.
PETRUSKY: -Vale, continúa y ve al grano que siempre te pierdes en los adornos.
LILI: -Impaciente... Bueno, mira, Negri, se llama Negri...
PETRUSKY: -¡Apuesto a que es negro! (exclamó triunfalmente).
LILI: -¡Qué listo!, claro que es negro, llamándose así tenía que serlo, ¿no? Pues Negri es algo más mayor que yo y tiene un cargo muy importante en la casa donde vive...
PETRUSKY: -¿Qué hace, trabaja con ordenadores? (interrumpió socarrón).
LILI: -¡Ay, Petrusky, deja de interrumpir!
LILI: (Lilí se puso a enumerar las virtudes de Negri con manifiesta admiración). Negri se encarga de espantar a las ratas de la granja para que no se beban la leche de las vacas, ni el queso, ni se coman a los pollitos, ni roben los huevos, ni muerdan a los niños mientras éstos duermen, ni...
PETRUSKY: -¡Vaya, algo así como un Robocop en versión gatuna!
LILI: -¡Huy, ves demasiada televisión tú!
PETRUSKY: -Y usted lee demasiados cuentos de hadas.
LILI: -¿Qué quieres decir con eso?... Está bien, prosigo, Negri...
PETRUSKY:-Le vas a gastar el nombre.
LILI: (Lili chillo) -¿Se puede saber de qué otra forma le he de llamar?
PETRUSKY: -El gato vagabundo ese.
Ella explotó.
LILI: (Lili explotó) -¡Negri no es un gato vagabundo, trabaja en una granja y le tienen en muy alta consideración!
PETRUSKY: -Sí, le van a nombrar gato del año, o, mejor, le darán el premio Flautista de Hammelin.
LILI: -¡Oh, cállate, eres insoportable!
PETRUSKY: -De acuerdo, me callaré. Va, cuenta.
LILI: -Te advierto que si vuelves a soltar otra inconveniencia no vendré a verte en una semana... Bueno, pues Negri... ¡Negri, Negri, Negri, ¿te enteras?!... Negri andaba paseando por el bosque, es un gran amante de la naturaleza...
PETRUSKY: -¡No me digas!
LILI: -¡Petrusky!
PETRUSKY: -Cierro el pico.
LILI: -Más te vale... Bueno, pues nos hemos encontrado. Realmente es el primer gato que conozco en carne y hueso, antes sólo los había visto en los libros y en la tele... Negri es sensacional, ya verás, te gustará cuando lo conozcas...
PETRUSKY: -¡Ah, pero, ¿es que voy a conocerle?! (exclamó sobresaltado).
LILI: -Por supuesto, a mí me agrada que mis amigos sean amigos entre sí.
PETRUSKY: ¡Tierra, trágame! -¡Oye!, Lilí, bromas aparte, si ese Negri viene aquí lo más seguro es que practique sus artes cinegéticas conmigo... Tú sabes que los gatos...
LILI: -¿Qué pasa con los gatos?
PETRUSKY: -No te ofendas, tú eres otra cosa (exclamó apaciguador) -ya me lo has demostrado “con harta largueza” ¡caray!, pero Negri no tiene porque poseer tus cualidades.
LILI: -¿Tú que sabes?
PETRUSKY: -Anda, no me querrás decir ahora que el dichoso Negri es un mago encantador... ¡Pues vaya con esta generación de gatos!
LILI: -Si yo fuera una mentirosa te diría que sí para cerrarte el pico, pero, como no lo soy, no te lo diré... Negri es normal, es un gato sin poderes y muy simpático, para que te enteres, y muy valiente porque espanta ratas y muy listo porque es un experto en supervivencia. Tienes que saber que antes de vivir en la granja llevó una existencia de lo más azarosa... Una vez se enfrentó a un lince y en otra a un hurón, y...
NARRADOR: Lilí hablaba con verdadero entusiasmo de su nuevo amigo y Petrusky empezó a considerar las cosas desde otro punto de vista y a ponerse un poquito celoso de aquella especie de Rambo felino, y no precisamente por sus heroicidades.

PETRUSKY: -Mira Lilí, todo eso me parece muy bien, pero ve con cuidado. Quizás el tal Negri no es más que un bocazas sinvergüenza y buscavidas que se ha quedado sin casa y busca un nuevo hogar. Tú eres una ingenua gatita, por muy brujilla que seas y ese fanfarrón matasiete espanta ocho, tal vez no sea más que eso... Te lo digo por tu bien, créeme, ahora no estoy bromeando, ni mucho menos.
LILI: (Lili lo miró enfurruñada). -Sé perfectamente lo que me hago, y sí, como afirmas, soy brujilla, comprenderás que no soy tan tonta como para dejarme engatusar.
PETRUSKY: -Lilí, Lilí, ¿es qué no sabes lo que les pasa a las brujas cuando se enamoran?
(Lilí soltó un bufido, brincó, arqueando el lomo, mientras los pelos del rabo se le erizaban).
LILI: -¡Eso no es cierto!, yo no estoy enamorada de nadie, eres un bicho sin sentido común, un cascarrabias y tienes envidia de que me haya hecho amiga de Negri, eso es... Para que te empapes, ¡Negri y yo sólo somos buenos amigos!
PETRUSKY: -Es por tu bien, Lilí, yo solamente lo advierto, puedes perder tus poderes si te enamoras.
NARRADOR: Parecía que a Lilí le iba a dar un ataque; los ojos le echaron chispa, y con un ágil movimiento, saltó al alfeizar de la ventana del mirador y luego al jardín, se escuchó maullar a lo lejos y desde el interior de la casa se escucharon las voces de Mamá que le decía a Papa:
(Se escucha la voz de Mama y Papa del interior de la casa )
MAMA: -Desde hace unos días, Lilí está muy nerviosa... No sé lo que le sucede.
PAPA: -No te preocupes, será la influencia de la primavera.
NARRADOR: Yo no sé si era la influencia de la primavera, que, por otra parte, ya tocaba a su fin, o qué, pero el caso es que Lilí no era la misma de siempre. Petrusky le echó las culpas de la conducta de Lili a ese tal Negri que en mala hora topó por el bosque, y entonces, queriendo ayudar, hizo algo que consideró muy inteligente: debía conocer a Negri –por mucho que le repatease-, debía hacer que Lilí le trajese a casa, debía conseguir que Mamá le viera, pues si la estratagema daba resultado, Mamá ahuyentaría a Negri, impidiendo que Lilí se volviese a relacionar con él, y de nuevo las cosas estarían igual que antes, o sea, en orden.
Muy satisfecho con su maquiavélico plan, se apresuró cuanto antes a ponerlo en práctica y así se lo dijo a Lilí apenas la volvió a ver por el mirador, cosa que fue muy pronto.
PETRUSKY: -Oye, creo que me porté mal contigo respecto a ese... A Negri, quiero decir, porque si no le conozco no sé por qué tengo que preocuparme tanto y encima criticarle.
LILI: (Muy contenta) -Eso se arregla enseguida, mañana le traigo y así le conocerás, seguro que os hacéis de lo más amigos.
(Lili se va, se escucha una musiquilla de fondo y Petrusky cierra los ojos y se queda dormido)
NARRADOR: Alrededor de las once del día siguiente, Lilí compareció llevando a Negri. Petrusky se había alisado cuidadosamente las plumas con fin y objeto de estar de lo más presentable y acicalado posible y fingía estar distraído contemplando el paisaje desde el palito más alto de la pajarera. Los vio llegar, claro, porque iban hablando entre sí por medio de suaves maullidos. Mamá estaba escribiendo a máquina en el piso superior, la Niña en el colegio y Papá en la ciudad preparando los últimos detalles de una exposición ya que papá es un famoso pintor, por tanto, el escenario se hallaba dispuesto ya para la representación. Primero entró Lilí en el mirador, y he de reconocer que aquella no era Lilí sino otra muy diferente, nerviosa, tímida, balbuceante...

ESCENA 2º


(Llega Lili de nuevo al porche acompañada por su amigo Negri y se dirigen hacia Petrusky, poniéndose delante de él)
LILI: -Petrusky...
PETRUSKY: (Se volvió con afectada indiferencia). -¿Decías?
NARRADOR: Entonces vio a Negri de cerca... Venía detrás de ella y, la verdad, no era el matón ni el gato cachas que Petrusky se temía. Un poquito más grande de tamaño que Lilí eso sí, y rechonchito, lo que indicaba que se alimentaba bien; de orejas a rabo tan negro como la noche, pasando por patas, lomo y barriguita, y dueño de unos increíbles ojos azul porcelana que parecían dos farolitos en medio de tanta oscuridad. No demostraba recelo alguno ni desconfianza, caminaba con la suavidad típica de los gatos y su aspecto no era barriobajero sino reservado y seguro de si mismo, también se le advertía satisfecho de la vida lo mismo que un pequeño burgués en bata casera y zapatillas de felpa.
LILI: -Pe... Petrusky, te presento a Negri, Negri, éste es Petrusky de quién tanto te he hablado.
(Negri avanzó calmosamente hasta colocarse delante de Petrusky, muy educado, hizo una inclinación de cabeza y maulló con voz suave y profunda, ronroneante)
NEGRI: -Encantado de conocerle, señor Petrusky, la señorita Lilí me ha dicho que es usted el miembro no humano, más importante en este hogar feliz, una verdadera institución en lo que respecta al clan familiar.
NARRADOR: Petrusky se sintió muy halagado, ¿claro que a quien no le gusta que lo cepillen? Carraspeo dándose importancia, ya que convenía impresionarle y dijo:
PETRUSKY: -Sí, ejém, ciertamente... ¿De modo que tú eres el famoso Negri?
NEGRI: -No creo ser muy famoso –afirmó él con modestia-, lo que si puedo decirle es que allí en donde he estado, he dejado un grato recuerdo... Lo cual no deja de tener su importancia...
PETRUSKY: -Lilí me ha dicho que ahora vives en una granja (dijo con severidad).
NEGRI: -¿Me permite usted que tome asiento?
(Petrusky asintió con la cabeza)
Muchas gracias... Sí, en efecto, presto ahí mis servicios, claro que eso no significa que piense que mi futuro es el de ser granjero, yo tengo aspiraciones.
PETRUSKY: -¿Cuáles son tus proyectos?
NEGRI: -Establecerme y formar una familia, procedo de una muy numerosa y bien avenida...
PETRUSKY: -De la cual te alejaste…
NEGRI: -Verá usted, no fue exactamente así; al tratarse de familia numerosa, por ley de vida, todos los hermanos marchamos e casa a hacer fortuna, iniciativa nada vituperable puesto que ello siempre ha engrandecido los linajes gatunos, pero no he olvidado a los míos y de vez en cuando hago una visita a mi madre. Mamá es siamesa y papá igual que yo, según ella me dijera en su momento.
LILI: -(Con aires de grandeza). Su madre reside en la mansión de unos fabricantes de alimentos para felinos y ella es la que sale fotografiada en los envases, bueno, cuando era joven, ¿sabes?
(Negri mira hacia otro lado con humildad).
NEGRI: -No me gusta alardear de mis orígenes, pero, en esta ocasión he supuesto que era importante revelárselos a la señorita Lilí con fin y objeto de evitar malos entendidos. Yo poseo casta y linaje; no soy un gato vagabundo.
PETRUSKY: -Vale, está bien, ahora ya sabemos que eres un chico con credenciales.
NARRADOR: De pronto se quedó mudo. Había estado a punto de cometer el error más grande de su vida, pues, ¿no iba a preguntarle a Negri cuáles eran sus intenciones respecto a Lilí? Sin darse cuenta, Negri le estaba dando la vuelta y si no reaccionaba era muy capaz de acabar logrando su bendición para sus relaciones amistosas con Lilí, y eso no podía ser, no podía ser.
PETRUSKY: -Lilí me contó que te enfrentaste a un lince y a un hurón.
NEGRI: (Restándole trascendencia al hecho) -¡OH, eso!... Con el hurón estuve a punto de dejar la piel, con el lince fue otra cosa... Primero nos enseñamos los dientes y después nos hicimos amigos. El pobre estaba solo, es una especie en vías de extinción, y me explicó como resulta muy triste el ver que cada día son menos los de su raza porque el hombre les somete a una caza despiadada ya que su piel es preciosa. Me confió que pensaba emigrar a una zona protegida ya que allí se les deja vivir en paz, lo difícil es llegar hasta la reserva, ya que por el camino existen muchos peligros, trampas, cazadores... Todos los animales del mundo tenemos nuestros derechos inalienables, establecidos por la propia naturaleza y deberíamos constituirnos en magna asamblea hasta hacer comprender al ser humano que debe aprender a respetarnos que no somos ni sus juguetes ni sus víctimas y que poseemos una dignidad que debe ser tan tenida en cuenta como la suya.
NARRADOR: Lilí le escuchaba hablar con mal disimulada admiración, y Petrusky empezó a inquietarse, porque si Negri no le parecía un mal tipo, con Lilí tenía ganados todos los puntos.
PETRUSKY: -¿Qué opinas de los pájaros en general y de los periquitos en particular?
NEGRI: (Respondió con inocencia) -Son hermosos todos, y en cuanto a los periquitos, les admiro por sus exóticos orígenes. Según tengo entendido usted procede de un inmenso continente poblado de bosques de eucaliptos, ¿no le gustaría volver algún día a la patria?
NARRADOR: Negri era muy hábil y Petrusky empezó a sentirse acorralado.
PETRUSKY: -Sí, claro, algún día, pero no deja de ser un sueño imposible, además, mi procedencia australiana es remota, hace muchas generaciones que mi familia ha criado aquí.
LILI: -La madre de Negri no, a su madre fueron a buscarla a Sima.
PETRUSKY: -¡Vaya, pues que lujo!
NEGRI: -Una casualidad, la familia con la que vive mi madre fue allí en viaje turístico.
LILI: -Su madre es muy guapa, espera un momento, Petrusky, y te traeré un envase para que le veas fotografiada.
(Lilí salió zumbando para traerse el envase)
PETRUSKY: -Negri, compruebo que eres un gato que ha vivido y tienes experiencia. Lilí es muy jovencita y con la cabeza llena de fantasías propias de la edad, no afirmo con eso que sea tonta, que no lo es y sí muy lista y... Vaya, que no me gustaría nada que sufriera alguna decepción o disgusto... Yo... Yo, aparentemente no soy más que un periquito igual que muchos, pero las cosas no son lo que parecen ser... Aquí donde me ves he vivido aventuras inimaginables y tengo amigos, amigos importantes y muy poderosos... Con todo esto quiero decirte que si a Lilí le sucediese algo poco agradable, pues... el que lo hiciera se iba a arrepentir…
NEGRI: (Le dijo muy solemne)-Le comprendo, señor Petrusky, y entre animales de honor sobran las palabras. A usted y a mí nos anima el mismo pensamiento respecto a la señorita Lilí, los dos somos sus acérrimos paladines.
(Lilí irrumpió en aquel momento).
LILI: -¡Mira Petrusky (maulló triunfalmente), mira a la madre de Negri!
NARRADOR: Lili entraba haciendo rodar el envase que dejó plano para que Petrusky pudiera verlo cómodamente. Enmarcado en un círculo del cartón metalizado, se veía la redonda carita de un gato siamés, orejitas y morrito negro, ojazos de aguamarina e inconfundible pelaje lustroso... Era un hermoso ejemplar de felino.
LILI: -¿Ves?, Negri ha heredado sus ojos.
PETRUSKY: -Sí, ya lo veo.
NEGRI: -La señorita Lilí podría ser una digna sucesora de mamá en esa foto.
LILI: (Respondió entusiasmada) -¿Tú crees?
NEGRI: -¡Todo es proponérselo!
PETRUSKY: -¡El mundillo de las modelos es muy fatigoso!
LILI: -¡Oh, Petrusky, calla, no seas aguafiestas! –a Negri-¿Te imaginas que me contratasen para hacer spot publicitarios? De los tiempos de tu madre a hoy en día todo ha cambiado mucho, podría convertirme en una top model famosa.
PETRUSKY: -¡Lilí! (chilló muy asustado)
(se escucha la voz de mama que dice)
MAMA: -¿Qué pasa ahí abajo?
NARRADOR: ¡Bendito sea el Cielo, era la voz de mamá!, Pensó Petrusky. Escucharon sus pasos descender por la escalera, y Petrusky, en un instante de loca alegría, pensó que Negri iba a salir corriendo ante la proximidad de la dueña de la casa, mas para su gran chasco no fue así; Negri siguió sentado tan tranquilo e imperturbable.
ESCENA 3º
(Sale Mama de la casa al porche)
MAMA: -¿Qué sucede, por qué alborotáis de esa forma?
(Lilí se puso a hacerle la rosca a mamá restregándose contra sus tobillos mientras ronroneaba, en tanto Negri la miraba sin pestañear).
MAMA: -Hola, hola, la gatita mimosa... ¿Qué es esto? (acababa de descubrir a Negri) ¿Qué hace este gato aquí?
NARRADOR: Petrusky le dio la espalda en un arrebato de dicha histérica, pero queriendo evitar ser testigo de lo que se avecinaba, sin embargo la contraventana abierta le hizo de espejo y no se perdió detalle. Negri se levantó sin prisas y se acercó a Mamá sin demostrar miedo alguno...
MAMA: -¿Es un amiguito tuyo, Lilí?
LILI: -¡Meu, meu!
NEGRI: -¡Miau, miau, miau! (maulló Negri cortésmente).
MAMA: -¡Qué gatito tan precioso, todo negrito, y que ojos tan lindos!
(Mamá se acuclilló para acariciar a Negri),
NARRADOR: ¡Acariciar a Negri! ¡Pensó Petrusky muy irritado!
(Negri se tiró de espaldas enseñando la pancita).
MAMA: -¡Que monada de gato, que cariñoso, que simpático! (Le rascó la barriguita entre un dúo de satisfechos ronroneos) ¡Ah, pero tienes dueño, llevas un collar antiparasitario!
(Mamá se incorporó).
MAMA: -Lo siento, Lilí, no nos podemos quedar con él porque tiene dueños y sufrirían mucho si no volviera.
LILI: -¿Meu, meu, meu?
MAMA: -Pero, cariñito, tu amigo puede venir a visitarte siempre que lo desee.
NARRADOR: ¡Oh, no, eso no! Pensó Petrusky
LILI: -¡Miau, miau!
NEGRI: -¡Meu, meu, meu!
MAMA: -¿Verdad que vendrás a visitar a nuestra Lilí?, ella estará muy contenta y como se ve que eres un gatito bueno te voy a traer un platito de leche para que desayunes si no lo has hecho todavía. Claro que mejor será que te lo tomes en la cocina, ¿no te parece Negrito?... ¿Vamos, bonitos?
-No tengas miedo, Petrusky, el amiguito de Lilí tiene aspecto de ser un gatito muy dulce y estoy segura de que no te hará ningún daño, así que tranquilo, luego te traeré una barrita de miel.
(Se fueron los tres felices y Petrusky se quedó en lo más alto de la pajarera).

NARRADOR: No le duró mucho tiempo la soledad a Petrusky, ya que aún no se había recobrado de la humillación de su fracaso, cuando Lilí regresó dando botes como una cabra loca.

ESCENA 4ª


LILI: -Negri se ha tenido que ir a la granja porque se le hacía tarde para su trabajo; me ha rogado que le despidiera de ti y que te dijese que ha sido un placer conocerte y que en una próxima visita te dedicará más tiempo, que se ha dado cuenta de que eres un periquito muy inteligente y de mundo y que espera que en breve pueda tener el honor de llamarse tu amigo... ¿No te parece que Negri es un primor?
NARRADOR: Petrusky entonces estalló; con alguien tenía que sacar la rabieta que llevaba dentro.
PETRUSKY: -Lo que me parece el tal Negri no te lo puedo decir porque soy demasiado educado.
LILI: -¡Bah!, otra vez con tus tonterías y celos absurdos... Lo tuyo es de psicoanalista, querido Petrusky. Mira, hoy estoy tan contenta que no me voy a enfadar contigo (agregó maliciosa). Después de todo, gracias a ti, Mamá ha conocido a Negri y le ha caído de perlas y lo mismo le pasará a papá y a la Niña. Ya verás, como Negri tiene ese don de gentes tan grande sabe meterse a todos en el bolsillo. Hasta luego, Petrusky.
NARRADOR: Lleno de amargura por su derrota, no se le ocurrió otra cosa mejor que gritarle, cuando ella salía del mirador:
PETRUSKY: -¡Lilí tiene novio, Lilí tiene novio!
NARRADOR: Lilí se revolvió como si le hubiera picado un escorpión.
LILI: -¡Cállate! ¡Eso es mentira, Negri y yo sólo somos buenos amigos!
PETRUSKY: -... y residentes en el bosque... ¡Lilí tiene novio, Lilí tiene novio!
NARRADOR: Armó un jaleo terrible, tal alboroto que la voz de mamá sonó desde la cocina:
MAMA: -¡Calla Petrusky, no alborotes que ahora te llevo tu barrita de miel!
(Lilí le saca la lengua).
LILI: -Eres el más burro de todos los periquitos... Eres... Eres... Eres un periburro... ¡Ojalá te fueses a Australia!
PETRUSKY: -¡¡Pero no me puedo ir, elius, elius!!
NARRADOR: Lilí, alejándose, giró la cabecita para mirarle de reojo y anunció sibilinamente:
LILI: -Eso nunca se sabe...
(Y se va dejando solo a Petrusky)
NARRADOR: Y fue su tono de voz, un tono que el bien conocía, el que hizo que se estremeciera de pies a cabeza.

ESCENA 5ª


(Se ve a Petrusky solo en la jaula, un momento más tarde entra Negri y Lili y se sientan delante de él))
NARRADOR: Negri volvió, una y mil veces. Era muy educado con Petrusky y muy amable, pero a él se le había atravesado y por más monerías que le hiciera, lo contemplaba torvamente y sin ganas de contemporizar. Sin embargo, hablaba con él, ¿qué otra alternativa tenía?, y hasta le llegó a contar, a instancias de Lilí, algunas de las aventuras que le había tocado vivir. Negri le escuchaba con mucha atención, que no dejaba, por otra parte, de resultar gratificante, y un día le llegó a preguntar con solicito interés, si no le gustaría vivir de nuevo aventuras tan fascinadoras, no las mismas, claro, sino otras.
NEGRI: -Poder volar visitando países remotos, mundos de fábula (sugirió con aspecto soñador) ¿No te chiflaría, Petrusky?
NARRADOR: ¡Qué manía, se ve que aquel par sólo deseaba que se largase para dejarles el campo libre! Pensaba Petrusky.
PETRUSKY: -¡Nooo, no quiero volverme a ir a ningún sitio!... Si se tratase de una película, vale, porque interpretaría una historia y no sentiría ningún tipo de incertidumbre respecto a mi futuro, pero como no se trata de eso sino de apechugar en primera persona, pues, la verdad, no me apetece nada de nada.
LILI: -¡Eres un cobardica!
NEGRI: -¡Lilí!
( Negri intervino conciliador).
NEGRI: -La señorita Lilí no ha querido ofenderle, señor Petrusky.
NARRADOR: Y como era de esperar Petrusky saltó enfurruñado:
PETRUSKY: -Sé muy bien lo que tu “señorita Lilí” quería decirme, hace mucho tiempo que la conozco y te advierto que no es tan angelito como representa.
(Lilí se echó a reír).
LILI: -Mala prensa, no hagas caso, Negri, Petrusky tiene un singular sentido del humor.
NEGRI: -¡Naturalmente!, naturalmente, ya se ve que es muy bromista.

ESCENA 6ª


NARRADOR: Llegó el verano y con él esas brusca tormentas del mes de junio sacudidas por los truenos e iluminadas por los relámpagos, y no sé si por eso, o bien por cualquier otra causa, Negri no vino durante unos cuantos días. Lilí estuvo muy nerviosa por tal motivo, pero no se atrevió a irle a buscar porque los truenos le daban mucho miedo. Al poco, por fin apareció Negri. Vino contento y excitado y Lilí le recibió con una gran algarada de saltos y arrumacos gozosos, luego los dos llegaron corriendo entre brincos y cabriolas, ya que Negri era muy cumplido y siempre que hacía acto de presencia por casa, su principal ocupación, luego de frotarse contra los tobillos, calcetines o pantalones del primer miembro de la familia que se le cruzara por delante, era la de acercarse a la jaula de Petrusky y presentarle sus respetos. Entraron por la gaterita de la cocina, le hicieron la pelota a Papá que estaba en su estudio pintando, para después irrumpir en plan tromba en mis dominios.
(Aparecen Negri y Lili)
NEGRI: -¡Hola, señor Petrusky!, ¿cómo está usted?
(Lilí exclamó atropelladamente, sin darle tiempo a Petrusky a responder)
LILI: -¡Petrusky, Petrusky, Negri y yo salimos un momento!
NARRADOR: -La costumbre era estar de tertulia con él una media hora, siempre que Negri iba a visitarlos. Pero ante lo dicho por Lili, a Petrusky se le avinagró el gesto, y Negri que se dio cuenta se apresuro a decir:
NEGRI: -No pase pena, señor Petrusky, que volveremos antes de que se haga de noche, bueno, quiero decir que traeré a la señorita Lilí de regreso antes de que oscurezca, pero la dejaré en la puerta puesto que en casa me espera mi habitual trabajo de ronda nocturna, o sea, que me despido de usted ahora, hasta la próxima vez.
PETRUSKY: -Supongo (amonestó severo), supongo que no la llevarás a una cacería de ratas.
NEGRI: -¡Por favor!, ¿por quién me toma, señor Petrusky?... Jamás expondría a ningún riesgo a la señorita Lilí... Quede tranquilo, conmigo está a salvo. ¿Vamos?
LILI: -¡Yo prime, yo prime! (chilló Lilí, enloquecida de alegría).
(Los dos se fueron corriendo y dando brincos de alegría)

 

ESCENA 7ª


NARRADOR: A Petrusky no le gustaba aquello, no le gustaba nada y lamentó el no poder echar a volar detrás de la parejita para controlar la situación. Su inquietud por las andanzas de Lilí en pos de Negri, no dejaban de tener una base lógica porque desde la entrada de Negri en sus vidas, todo iba un poco patas arriba. Lilí ya no era la misma y para postre, en los últimos tiempos, tenía la cabeza más llena de pájaros que nunca puesto que Negri se dedicaba a contarle el cuento de la lechera cada dos por tres y así la cantinela de Lilí top model internacional, había dejado de ser amable fantasía de desocupados, para convertirse en una especie de solapada amenaza envuelta en los oropeles más seductores que Lilí aceptaba sin la menor humildad. Según Negri, Lilí era preciosa y debía suceder a su madre, en la imagen publicitaria de los envases de alimentos para felinos, porque según Negri, Lilí enamoraría a las multitudes desde la tapa metalizada de las “delicattessen” gatunas. El Sol comenzó a descender la escalera que le llevaba al crepúsculo y Petrusky comenzó a inquietarse por la tardanza de Lilí. Los amos, distraídos con sus quehaceres respectivos, no se habían percatado de nada, en aquella ocasión, era él, el único que sufría en silencio la salida de Lilí en tan poco acertada compañía, mas al final respiró aliviado, debido a su buena vista, pudo verlos a lo lejos antes de que el Sol se ocultara, lo que le sorprendió es que los dos correteaban como si entre ambos empujasen algo delante de ellos, algo que semejaba brillar a intervalos, o tal parecía. ¿Qué es lo que habían encontrado, un trozo de vidrio, un espejito, una linterna encendida? Luego desaparecieron detrás de un matorral y enseguida brotaron pero ya caminando normalmente y sin empujar nada. Negri se despidió de Lilí y mirando en dirección a Petrusky, agitaba amistosamente su rabito diciéndole así también adiós. Lilí se reunió con él después de haber cenado y fue por puro cumplido ya que estaba muy somnolienta y cansada.
(Entra Lili, Petrusky permanece en su jaula)
PETRUSKY: -¿Dónde habéis estado metidos? ¡He estado toda la tarde sufriendo por si se te comía una rata!
(Lilí bostezó).
LILI: -¡Ay, Petrusky, hijo, que ocurrencias tienes! Negri nunca me llevaría a que se me comieran las ratas. Hemos dado un largo paseo y... y hemos visto cosas.
PETRUSKY: -¡Qué cosas!
LILI: -Cosas...
PETRUSKY: (gritando) -¡Sí, sí, sí, pero, ¿qué cosas, qué clase de cosas?!
LILI: -¡Ya empezamos con las neuras!... Pues cosas.
PETRUSKY: (Intentando ser paciente) -Pero, ¿qué cosas?
LILI: (frunciendo el morrito)-Pues, pues... Hemos visto estrellas, por ejemplo.
PETRUSKY: -¿Estrellas?
LILI: -Sííííí...
PETRUSKY: -¿Y a qué hora, si es que se puede saber?; las estrellas salen de noche.
LILI: (Con aire impertinente) -Hay estrellas que salen de día, estrellas relucientes lavadas por la lluvia, estrellas que parecen diamantes.
PETRUSKY: -Sí, y estrellas de coscorrón, que son las que se ven cuando te atizan un trancazo en la cabeza.
LILI: -No me creas, ese será tu problema... Y buenas noches, señor Petrusky, tengo mucho sueño, mañana hablaremos.
PETRUSKY: -Pero...

ESCENA 8ª
NARRADOR: Le dejó con la palabra en la boca o mejor dicho, en el pico, y se retiró a su cestito rosa a dormir. En los días siguientes la situación no mejoró. Lilí le esquivaba y lo desconcertante es que Negri hacía lo mismo aunque de otra forma; entraba en el mirador, le saludaba muy educado y luego se esfumaba dando excusas verdaderamente tontas para ir corriendo junto con Lilí, a hurgar en el matojo adonde iban a esconder algo. Como es de suponer, aquel estado de cosas le estaba poniendo enfermo de recelo e inquietud. Petrusky se preguntaba constantemente que qué es lo que tramarían esos dos. Sin embargo, todas las esperas tienen un final y un buen día el secreto tan celosamente guardado, se descubrió casualmente y el motivo fue una oportuna y espectacular tormenta. El horizonte se puso gris plomo y empezaron a cabrillear los relámpagos y a retumbar los truenos. (se escucha de fondo el ruido de una gran tormenta y del viento soplando fuertemente) Sopló el Gran Viento y ya a poco empezaría a diluviar. Bueno, hasta ahí las cosas no dejaban de ser normales, lo sorprendente fue comprobar como Lilí, arrostrando el miedo que le daban las tormentas, salió disparada por la puerta internándose en el jardín. Petrusky alargó el pescuezo lleno de curiosidad y la vio hundirse como una tromba en el famoso matorral que tan mosqueado le tenía. Cayeron varios truenos y arreció la lluvia, Petrusky miraba sin comprender el por qué Lilí se mojaba sin rechistar mientras buscaba algo rascando frenéticamente en la tierra. Más tarde la vio salir del escondrijo y volver a casa dando grandes saltos estilo canguro. Observó que sujetaba un objeto entre los dientes, ¡era el dichoso cristal brillante! ¿En tan alta estima lo tenía como para arriesgarse a coger un resfriado? Lilí estaba muy alterada, hasta el punto de que no hizo ningún regatee para entrar en la casa, sino que directamente se metió por la puerta principal, que era la del mirador, y plantándose delante de la pajarera de Petrusky, depositó en el suelo lo que llevaba entre los dientes y yo entonces Petrusky se quedó mudo de asombro y admiración. Sobre las baldosas, el objeto aquel goteaba lentamente una especie de barro líquido que se escurría igual que el aceite, suave, con tacto de seda, igual que la nieve del deshielo sobre un parterre de césped... No se trataba de un trozo de cristal, ni de un espejito, ni siquiera de una linterna, era, parecía.
LILI: -Una estrella... ¿Lo ves, desconfiado?
NARRADOR: Brillaba de una forma maravillosa, tenía cinco puntas. Petrusky pasmadísimo no atinó a decir nada, ya que nunca había visto una cosa tan bonita. Lilí maulló triunfal:
LILI: -¡Vaya, por una vez en tu vida no sabes que contestar!... Creías que te engañaba y ya puedes verla con tus propios ojos.
PETRUKY:-¿De dónde has sacado eso?
LILI: (mientras se seca el pelo a lametones) -Yo no he sacado nada, ni siquiera la encontré, fue Negri, y después de una de las primeras tormentas, la descubrió metida en el nido de una urraca. Ya sabes que a las urracas les gusta robar las cosas que brillan.
PETRUSKY: -¿Me quieres decir que la urraca subió al cielo y ha robado una estrella?
LILI: -Puede ser, yo no estaba allí para verlo, el caso es que Negri dio con la estrella en su nido y se la llevó, ya sabes, quien roba a un ladrón... ¿Recuerdas aquel día en que vino a buscarme? Bueno, pues fuimos a su granja, estaba que rabiaba de ganas de enseñarme su hallazgo. La tenía escondida dentro de una lata vacía de refresco que ocultaba en el hueco de un árbol y como a mí me gustó mucho, me la regaló, por eso la trajimos aquí y la sepultamos bajo tierra en el túnel vacío de un topillo.
PETRUSKY: -Sí, yo vi que empujabais algo brillante.
LILI: -Era muy divertido, la empujas y flota, como todas las estrellas, pero ahora no podía permitir que se mojara, igual se apaga, no sé, no tengo la menor idea de que clase de cuidados requiere una estrella.
(Petrusky se queda como hipnotizado mirando aquella aparente estrella).
PETRUSKY: -Debe de ser la contaminación. Seguro que es eso lo que las desprende del cielo.
LILI:-Tal vez-(dijo distraída mientras se lame la parte inferior del lomo)-, tal vez sea la contaminación, como tú apuntas.
PETRUSKY: -¿Qué opina Negri?
LILI:-Él cree que la urraca la robó, pero también puede ser como tú dices.
PETRUSKY: -Sí, claro, aunque lo mismo podría ser, por ejemplo, que esos cohetes que mandan al espacio haya tropezado con alguna y la haya desprendido.
LILI: -No sé. El caso es que aquí está y es mía.
PETRUSKY: -Lilí, eso no es lo correcto. La estrella no es tuya, si se ha caído del cielo hay que devolvérsela. Las estrellas son patrimonio de la Humanidad y nadie debe querer apropiárselas, no es honesto.
LILI: -¡Pero, es mi estrella (maulló Lilí enfurruñándose), es mi estrella y Negri me la ha regalado!
PETRUSKY: -No, no es “tu” estrella. Las estrellas nos pertenecen a todos por igual. Tienes que devolverla, es tu obligación.
LILI: -Si la devuelvo, Negri se enfadará. Sería despreciarle el regalo (expuso ella con carita de inocencia ultrajada).
PETRUSKY: -No, si se lo haces comprender. La gente no puede ir por la vida apropiándose indebidamente de lo que no le pertenece.
LILI: (repuso combativa) -¡Estaba en el nido de la urraca!
PETRUSKY: -Eso no es excusa. Tampoco le pertenecía a ella. No es que censure a Negri por quitársela, pero debe rematar la buena obra entregándosela al Viento para que la coloque sobre nuestras cabezas.
LILI: -¡No quiero, no me da la gana!... ¡Es mía!, me gusta, es muy linda, es la cosa más linda que he tenido en mi vida, y... y es una prenda de amistad. Negri no pensaba regalársela a nadie, pero tuvo se detalle conmigo
PETRUSKY: -Ya la sabe larga Negri.
LILI: -¿Qué quieres decir? (preguntó Lilí ingenuamente).
PETRUSKY: -Yo me entiendo.
LILI: -Sí, serás tú solo. A veces me parece que hablas en chino.
PETRUSKY: -Eso tu Negri.
LILI: (enfadada)-¡No es “mi” Negri!... Y, y tampoco habla en chino.
PETRUSKY: -Bueno, no nos desviemos del tema... Esa estrella tiene que volver al cielo, que es su lugar, no es un cebollino para que lo trasplanten.
(Lilí se pone a arañar furiosamente una alfombrilla de esparto que estaba colocada frente a la pajarera de Petrusky).
LILI: -¡Vaya, como en los viejos tiempos! La “señorita Lilí”, cabalga de nuevo. ¿Qué piensa destrozar después?
(Lilí soltó un bufido y dando un brinco acrobático metiéndose en las profundidades de la casa, para regresar al instante con aire de desafío y recoger del suelo la rutilante estrella que se llevó a empujones de nariz como si hiciera equilibrios con un globito).

ESCENA 9ª


NARRADOR: En cuanto Negri fue a hacerle la visita de rigor, que fue al día siguiente, Lilí se lo llevó aparte, detrás de un arríate de flores del jardín y primero hablaron y más tarde discutieron acaloradamente, luego silencio y acto seguido, los dos entraron en el mirador.
(Entran Lili y Negri)
LILI: (echando chispas) -¡Me acabo de enfadar con Negri por tu culpa – (le chillo a Petrusky)-, a ver como lo arreglas ahora!
NEGRI: (intervino muy calmoso) -He sido informado, señor Petrusky, de que usted no está de acuerdo con que Lilí, se quede con mi obsequio.
PETRUSKY: (armándose de paciencia) -No se trata de tu regalo, se trata de una estrella y las estrellas deben estar en el cielo y no en la Tierra. Vais a provocar un caos universal con este caprichito que os ha entrado... Esto me recuerda aquella aventura que viví en Torreón y lo que al respecto me explicó el señor Cigüeña...
LILI: (interrumpió desdeñosa) -Ya está el abuelo contando sus batallitas.
NEGRI: -Por favor, el señor Petrusky es un gran viajero y sus experiencias son dignas de ser tomadas en cuenta.
PETRUSKY: (empezando a enfurecerse) -¡Pues si mis experiencias son dignas de ser tenidas en cuenta, hacedme caso y devolved la estrella, pareja de cabezotas!
(Lilí no paraba quieta dando vueltas por el mirador, Negri, continuó sentadito, muy tranquilo y pensativo unos instantes)
NEGRI: -Señor Petrusky, ¿y si nos equivocamos con lo de la devolución?... Si la estrella se ha caído es porque estaba madura, como las frutas, entonces...
PETRUSKY: -... entonces no es de nadie ¿No es ahí donde quieres ir a parar?... Pues te equivocas, las estrellas no son manzanas ni peras, ni nada parecido, ¡conque menos cuento ni tonterías y a devolverla!... El por qué se haya caído no nos ha de quitar el sueño, pero nuestro deber es colocarla en su lugar.
NEGRI: (con cierta ironía) -Señor Petrusky, ¿por qué no se va usted volando al firmamento y la coloca en el sitio que supone le pertenece?
PETRUSKY: (con retintín) -Primero, porque no vuelo tan alto y segundo, que ya no estoy para estos trotes.
NEGRI: -Usted no es viejo, señor Petrusky, está en la flor de la vida.
PETRUSKY: -No, ciertamente, pero tampoco soy tonto.
(Negri miró abstraído las baldosas. Se levantó arqueando el lomo y estirando las patitas delanteras con mucha elegancia.)
NEGRI: -¿Me permite que reflexione detenidamente acerca de todo esto?
PETRUSKY: (respirando hondo) -Haz lo que se te antoje, pero devolved esa estrella.
NEGRI: -Usted lo pase bien, señor Petrusky, buenos días.
PETRUSKY: -Buenos, buenos.
(Negri abandono el mirador escoltado por una contrariada Lili)

ESCENA 10ª


NARRADOR: Desde los acontecimientos de la mañana, Lilí no había vuelto a comparecer en el mirador aunque se oyera zascandilear por el resto de la casa haciendo de las suyas. Y Petrusky, para sosegar sus inquietudes, se pasó la tarde gorjeando bajito. La llegada de la noche trajo una hermosa luna llena, y Petrusky, insomne, pasó largo rato contemplándola, mientras canturreaba. En esas estaba cuando súbitamente, una blanda sombra surcó la faz de la luna. No cabía duda, se trataba de un ave nocturna. De todas formas no le hizo mucho caso. Viviendo en el bosque sabía que las noches se ven concurridas con esta clase de apariciones y él no debía temerlas refugiado dentro de su pajarera y a buen recaudo bajo el techo de la casa de sus benefactores, sin embargo, cierto repeluzno si que le invadía cada vez que atisbaba u oía a alguna, y a ésta la olvidó rápidamente inmerso en sus negros pensamientos, ya que todo aquel asunto de la estrella para él encerraba algo no tan sencillo como a primera vista daba la impresión de ser, y un sexto sentido, que pocas veces le fallaba, le estaba advirtiendo como ese asunto tan tontito podía convertirse en algo muy serio que podría traerle malas consecuencias a Lilí.
(Entra un búho y se apoya en la barandilla del porche)
BUHO: -Hola.
NARRADOR: Petrusky se volvió en dirección de la voz desconocida que acababa de sonar en el alfeizar de la ventana del mirador. Delante de él un pequeño búho –pequeño para las personas, enorme para él-, le estaba contemplando con sus inmensos ojos redondos de mirada imperturbable. Su voz era susurrante y adormecedora. Las plumas se le pusieron de punta y se encogió instintivamente acurrucándose sobre el palito en donde se sentaba.
PETRUSKY: -Ho... Hola.
BUHO: (suspirando) -No tengas miedo, no te voy a hacer ningún daño... Me estás viendo en plan de búho, pero en realidad no lo soy.
PETRUSKY: (más aliviado pregunto) -¿Y quién eres en realidad?
BUHO: -Es una larga historia y bastante increíble en todas sus facetas... ¿Dispones de tiempo para escuchar su relato?
PETRUSKY: -Claro que sí, además, esta noche no tengo sueño.
(El búho voló suavemente colocándose sobre el respaldo de un sillón de mimbre y cerca de Petrusky al otro lado de la pajarera).
BUHO: -Me llamo Farfor y soy una doncella encantada.
PETRUSKY: ¡Toma ya!
BUHO: -¿Cómo dices?
PETRUSKY: -Nada, nada, ha sido la sorpresa, no creía que en este mundo real esas cosas sucedieran.
BUHO: -La verdad, no es tan raro, hay mucha más magia de la que te puedas imaginar, solo que no se va pregonando por ahí. En fin, prosigo... Tienes que saber que hace mucho, mucho, mucho tiempo, un mago, al que le daremos el nombre de Glagól por no pronunciar el suyo auténtico, tenía un sobrino al que amaba tiernamente, pero el muchacho no era afortunado con las jóvenes y padecía mal de amores no correspondidos, entonces, compadecido, su tío decidió darle una compañera y yendo al prado en el mes de mayo, recogió todas las flores mas hermosas que pudo encontrar y formulando un conjuro sobre el ramo las convirtió en una doncella bonita como la misma primavera...
PETRUSKY: (interrumpió incrédulo)-¿Tú?
BUHO: -Sí yo, yo misma... Pero recuerda que ahora me ves bajo mi condición de búho.
PETRUSKY: -¿Y por qué?
BUHO: -¿Por qué soy ahora así? Verás, una vez transformada en muchacha, el mago Glagól me tomó de la mano y me llevó a su castillo para que conociera al que me había sido destinado como esposo y a mí, en un principio me agradó ya que era apuesto, mas luego, al irle tratando comprobé cuan soberbio, despótico y egoísta era, además, le gustaba ir de caza y mataba a muchos inocentes animalitos...
PETRUSKY: -¡Y le diste calabazas!
BUHO: -¿Calabazas?
NARRADOR: El búho, antes de ser muchacha, había sido un campo de flores y lógicamente no entendía su forma de hablar.
PETRUSKY: -Quiero decir que le rechazaste.
BUHO: -No exactamente todavía. Lo cierto es que me faltaba valor; Glagól es un mago terrible y muy poderoso y yo soy tan poca cosa, ¿cómo iba a desafiarle?
PETRUSKY: -(preguntando con interés) ¿Lo hiciste?
BUHO: (volvió a suspirar) -Una noche soñé... Soñé que conocía a alguien... Era un muchacho amable y gentil, rubio, de ojos azules, quien me dijo que huyera porque al final nos encontraríamos y seríamos felices por siempre jamás.
PETRUSKY:-¿Y tú le hiciste caso? (preguntó muy sorprendido).
BUHO: -¡Claro que sí!... Sus palabras me dieron el valor suficiente para huir y cierta noche de luna llena, una muy parecida a ésta, abandoné el castillo del pérfido mago, embozada en una capa gris con capucha. Pero como era una hija del prado y no tenía ninguna casa adonde refugiarme, anduve errabunda hasta que finalmente Glagól me encontró y dispuso que mi castigo fuese el que ves: marcharía por siempre convertida en búho hasta que hallara la manera de romper el hechizo.
PETRUSKY: -¿Te insinuó alguna fórmula?
BUHO:-Ninguna.
PETRUSKY:-¿Entonces?
BUHO: -Me dijo únicamente, que un día encontraría la solución a mi problema y que sólo así se rompería el encantamiento.
PETRUSKY:-Pero eso no resuelve nada.
BUHO: -¿Qué quieres?, en magia las cosas funcionan de esa manera, las claves siempre se encuentran por pura casualidad.
PETRUSKY:-¿Y tú la encontraste?
BUHO:-Por raro que te parezca sí... Claro que ha transcurrido mucho tiempo, ya te lo he dicho antes.
PETRUSKY: (dijo perplejo) -¿Encontraste el remedio y sigues así?
BUHO: (Haciendo un gesto de desaliento) -Lo encontré, aunque demasiado tarde.
PETRUSKY: -¿Qué sucedió?
BUHO: -Tuve un sueño, y en el sueño vi una estrella, era una estrella maravillosa que titilaba alegremente para mí, pero no era una estrella del cielo ya que brillaba al extremo de una varita de plata muy especial que en su empuñadura ostentaba una corona lo mismo que si se tratase de un cetro... Entonces comprendí, sólo podría desencantarme la varita mágica de un hada, más no la de un hada común, sino la de la Reina de las Hadas.
PETRUSKY: -¿Así de sencillo?
BUHO: -No tan sencillo, amiguito, no tan sencillo; tenía que encontrar el Reino de las Hadas primero y eso no está al alcance de cualquiera por muy buena voluntad que ponga en el empeño. Pregunté pues, a las aves nocturnas, mis obligados congéneres, y ellas no sabían nada, interrogué a los árboles que murmuraron palabras ininteligibles y finalmente, al prado, que era lo que debía de haber hecho desde un principio, y las flores, mis hermanas, hundiendo sus raicillas en la profundidad de la tierra, me dijeron:
-"El Reino de las Hadas se esconde en grutas maravillosas, cuyo acceso sólo te pueden franquear las prímulas... haz un ramo de estas flores cuando haya luna llena, busca un sendero que flanqueen espinos y éste, invariablemente, te llevará a una colina, da nueve vueltas en torno de ella, y, finalmente, allí en dónde te detengas, golpea con el ramo de prímulas, y en ese mismo instante y hora, se abrirá una puerta, entra por ella sin temor pues estarás a punto de trasponer el umbral del Reino de las Hadas."
PETRUSKY: -¿Hiciste todo eso?
BUHO: -Sí, ¿podía hacer algo mejor?, y además te diré que ha sucedido esta noche; hay luna llena, como puedes apreciar.
PETRUSKY: -¿Acabas de ver a... a...?
BUHO: -Sí, en efecto, he visto a las hadas, acabo de estar con ellas, y...
PETRUSKY: (interrumpió muy excitado) -¡Yo conozco a un hada!... Oye, ¿por qué no te han desencantado?
BUHO: -Muy sencillo, porque he llegado tarde, como ya te dije antes.
PETRUSKY:-No entiendo.
BUHO: -Sí, mira, hace unos días, a la Reina de las Hadas le robaron la estrella de su varita de virtudes.
(Ante la revelación Petrusky se quedó mudo de golpe).
BUHO:-No se sabe quién fue a ciencia cierta, aunque se rumorea que no ha sido un ladronzuelo normal sino alguien verdaderamente importante y que sabe lo que se hace.
PETRUSKY: -¿Glagól?
BUHO: -Eso pensamos todas, y si no es Glagól, pues algún esbirro suyo; los tiene a cientos y de diversas formas... Unas hadas dicen que hace poco vieron merodear por la colina a una urraca demasiado grande para lo acostumbrado, otras afirman que les han informado de que por esos contornos ronda un gato extraño...
PETRUSKY: -¿Un gato extraño?
BUHO: -Sí, una especie como de lince, o algo que lo recuerda, ha sido visto por ahí paseándose por la colina, o al menos se paseaba hasta no hace mucho.
PETRUSKY: -¿Y tú crees que el lince o la urraca...?
BUHO: -Lo ignoro, pero las hadas aseguran, que son las dos únicas presencias no controladas que se han detectado últimamente...
NARRADOR: El cerebro le iba a toda pastilla a Petrusky... La estrella que encontró Negri en el nido de una urraca... El lince que encontró Negri en el bosque... Ahora estaba clarísimo que la estrella no pertenecía al cielo sino a las hadas y las hadas sufrían por su desaparición, y Lilí tenía escondida esa estrella mágica y no le daba la gana devolverla. Petrusky se sintió muy importante, como si de él dependiera la salvación del mundo, pero al mismo tiempo obró con cautela, ya que no quería organizar la fiesta sin motivos.
PETRUSKY: -Oye, tratándose de las hadas, ¿por qué no pueden saber quién les robó la estrella y dónde se encuentra ahora?
BUHO: (irritándose)-¿No te he dicho ya que Glagól debe de estar metido por en medio? Su magia es muy poderosa, esa es la barrera contra la que chocan las Hadas, de lo contrario ya habrían recobrado la estrella de la varita real.
NARRADOR: Petrusky se quedó meditabundo. Si echaba las campanas al vuelo y revelaba a Farfor lo que sabía, ¿iba a solucionar la cuestión, o, por el contrario la empeoraría? El problema estribaba en que el mago Glagól debía de estar controlando en todo momento al desdichado búho por medio de espejos mágicos, esferas de cristal o ingenios semejantes, y así, si se iba de la lengua, Glagól obraría en consecuencia y antes de que pudieran restituir la estrella el brujo se nos habría adelantado… ¿qué podrían hacer?
PETRUSKY: -Que pena, tu problema es de los más difíciles.
BUHO:-Por eso te decía antes, que he llegado demasiado tarde y que cómo no suceda un milagro me voy a quedar eternamente con este melancólico aspecto ¿Tú no habrás visto ninguna estrella perdida estos días, verdad? Me refiero a que cualquiera la llevase en el pico o en la boca.
NARRADOR: Petrusky decidió mentir para hacerle un favor.
PETRUSKY: -Una cosa de esa índole no pasa desapercibida.
BUHO: -Es lo que yo pienso.
PETRUSKY: -Pero si viese algo...
(Los ojazos de Farfor se iluminaron).
BUHO: -¿Me avisarías?
PETRUSKY: -¡Naturalmente! ¿Cómo puedo localizarte?
BUHO:-Bastará con que grites mi nombre tres veces dirigiéndote a cada uno de los cuatro puntos cardinales y el Viento me hará llegar tu aviso.
PETRUSKY: -¿Conoces al Viento?
BUHO: -Claro, todas las aves le conocemos bien.
PETRUSKY: -Es amíguele mío, dale recuerdos de Petrusky cuando le encuentres y dile que algún día me gustaría que viniese a verme. Estoy hablando del Gran Viento, ¿eh?
BUHO: -Sí, sí, ya lo haré, descuida... Ahora tengo que irme.
PETRUSKY: -¿A seguir la búsqueda?
BUHO: -A hacer lo que se pueda, que tal vez no sea mucho... Oye, cuéntaselo a los pájaros diurnos, quizás alguno haya podido ver algo, y si no es mucho pedir, recurre también a las ardillas, igual han visto cualquier cosa extraña que les haya llamado la atención.
PETRUSKY: -No te preocupes, todos estaremos ojo avizor, adiós.
BUHO: -Adiós Petrusky.
NARRADOR: La luna comenzaba a declinar y el búho se perdió en la noche como una sombra más. Cuando estuvo seguro de que se había alejado lo suficiente como para no poderle oír, empezó a llamar a Lilí. Bien que ésta dormía allá en dónde su capricho le dictaba, solía hacerlo a menudo en el piso de arriba metida dentro de la cama de la Niña, y él no ignoraba que ella tenía el oído lo suficientemente fino como para sentirle si la llamaba. Lo que no dejaba de sorprenderme es que en todo su diálogo con la flor-doncella-búho Farfor, por más que habían hablado muy bajito, Lilí no hubiese hecho acto de presencia, igual se pensaba que hablaba en sueños.
PETRUSKY: -Lilí, Lilí, Lilí... Lilí, haz el favor de venir...
NARRADOR: Y nada silencio, y recordó que como estaban enfadados Lili podía ser algo rencorosilla y por eso no ir.
PETRUSKY: -Lilí, Lilí, Lilí...
(Se escucha un golpe en el dormitorio de la niña)

ESCENA 11ª


NARRADOR: Y este ligero ¡plop!, en el dormitorio de la Niña, le hizo comprender que Lilí le había escuchado, o, en todo caso, que se había despertado y que iba a beber o a comer algo como solía hacer a media noche. Esperó impaciente para comprobar hacia adónde se dirigían sus pasitos, y... ¡Eureka!, se aproximaban al mirador. Y apareció somnolienta en el umbral de la puerta.
LILI: -¿Se puede saber que tripa se te ha roto para que alborotes tanto? ¿Qué es lo que pasa?
PETRUSKY: -¿He armado mucho jaleo?
LILI: -El suficiente (dijo malhumorada); casi has despertado a la Niña. : -Supongo que será importante lo que me tienes que contar, porque sino...
PETRUSKY:-¡Ay, Lilí, si yo fuera periodista te diría que estaba en posesión de la noticia del siglo, y si tú fueses el director de un periódico, te aseguro que me comprarías la exclusiva!
LILI: -¡Déjate estar de comparaciones idiotas (chilló), y dime que pasa!
PETRUSKY: (Con cierto orgullo) -Ocurre que ya sé de quién es la estrella.
LILI: -¡Vaya!, ¿y por eso me despiertas de madrugada? ¡Me lo podías haber dicho mañana!
PETRUSKY:-¡Es que es urgente, Lilí, muy urgente, de no ser así no te habría llamado!
LILI: (dijo mosqueada) -Sea lo que sea, no la voy a soltar.
PETRUSKY: -¡Huy!, claro que sí, en cuanto sepas de lo que se trata
LILI: -Me importa un pimiento.
PETRUSKY: -Lilí, por favor, ¡no seas tan terca! Escucha.
NARRADOR: Y apresuradamente, a trompicones, le contó toda la historia. Lilí, que había empezado a escucharle haciendo hociquitos, fue cambiando gradualmente la expresión de su cara a medida que el relato avanzaba; al final estaba maravillada y con gesto de asombro.
LILI: -¡Es emocionante, la estrella de una varita mágica!
PETRUSKY: (ahogándose de excitación dijo) Y no de una varita cualquiera, ni más ni menos que la de la Reina de las Hadas, fíjate si es importante... Comprenderás por qué tienes que devolverla; están en juego las fuerzas positivas del Mundo Mágico y la salvación de Farfor!
(Lilí empezó a lamerse un hombro).
LILI: -Bien mirado, ¿qué más le da a Farfor seguir siendo búho si antes que nada fue un montón de flores del prado?
PETRUSKY: -¡Lilí, caramba, no seas tan cazurra!... Farfor quiere ser otra vez una chica, es lo que desea porque... Bueno, porque se ha enamorado de alguien ha quien vio una vez en un sueño...
LILI: -¡Vaya una tontería!
PETRUSKY:-... y también está por medio la Reina de las Hadas, es “su” varita, ¿lo has olvidado?
LILI: (gimoteó) -Pero a mí me gusta esa estrella.
PETRUSKY: -¡No es tuya! Métetelo en la cabeza de una vez por todas... Además, si la devuelves, la Reina de las Hadas te estará tan agradecida que te concederá tres deseos, que es lo que hacen siempre cuando alguien se porta bien con ellas.
LILI: (se animó)-¿Tres deseos, estás seguro?
NARRADOR: Petrusky se acababa de sacar eso que le había dicho a Lili de la manga y de repente le entró el pánico, ¿quién era él para hacer promesas temerarias?
PETRUSKY: -Bueno, casi seguro, las hadas son muy generosas. Por otra parte, siendo casi colegas...
LILI:-¿Colegas?
PETRUSKY: -O casi... ¿No eres tú una brujilla poderosa?
LILI: -Nunca afirmé que lo fuera... Una vez te dije que podía ser un hada.
PETRUSKY: -Sí, ya me acuerdo, y yo contesté que un hada peluda o algo así y tú te enfadaste... Pero si eres un hada eres el Hada Despiste, ¡porque mira que no reconocer la estrella de una varita!
LILI:-Como soy muy educada, me callo lo que pienso y que te podría contestar si quisiera.
PETRUSKY: -Mejor, mejor así abreviaremos, y, al grano, ¿aceptas devolver esa varita, ¡ay, perdón!, quise decir esa estrella?... Es que ya no sé ni lo que me digo.
(Lilí se quedo reflexionando un instante).
LILI: -Pero la entregaré yo personalmente.
PETRUSKY: (lleno de alegría) -La entregarás tú personalmente.
LILI: -No te regalaré ningún deseo.
PETRUSKY:-No me regalarás ningún deseo.
LILI:-Nunca dirás que la idea fue tuya.
PETRUSKY: -Nunca diré que la idea fue mía.
LILI: -Voy a buscarla.
NARRADOR: No cabía en sí de felicidad. Las hadas, a las que se sentía tan unido después de su encuentro con Falena, moraban aún entre nosotros y él iba a ayudarlas, eso era algo más de lo que un periquito azul del amor, podía esperar en todos los días de su vida, y de verás que no le importaba que los laureles se los llevase Lilí, la cuestión era restituir la estrella a su legítima dueña.
LILI: -¡Miau!
NARRADOR: El maullido de sorpresa de Lilí le arrancó de sus gozosas meditaciones, ¿qué le sucedía ahora a aquella gata? Lilí entró corriendo en el mirador con aspecto de aturdimiento.
LILI: -¡No está!
PETRUSKY: -¿El qué no está?
LILI: -¡La estrella!
PETRUSKY: -¿Cómo que no esta, es que se ha volatilizado?
LILI. -Si.
PETRUSKY: -¡Lilí, no me tomes el pelo, déjate de embustes y saca la estrella de dónde la tengas metida!
LILI: -Te prometo que no te engaño, la escondí debajo de la colchoneta de mi cestito y allí no está.
PETRUSKY: (respirando profundamente) -No perdamos la cabeza, tranquilidad... haz memoria, ¿y si la has sacado en cualquier momento cambiándola de sitio? A veces eres muy despistada Lilí, ¿te acuerdas cuando perdiste aquel ratón de trapo que te regalaron por uno de tus aniversarios?, luego lo encontraron metido detrás del televisor.
LILI: -Ay, calla ya de hablar de ratones, esto es muy serio, desde que la guardé no la había vuelto a mirar hasta esta tarde en que se la enseñé a Negri para demostrarle que aún la tenía, y después no... !
PETRUSKY: -¡¡¡Negri!!! (Chilló).
LILI: -Sí, Negri, ¿se puede saber por qué gritas de esa manera?
PETRUSKY: -Per... pero, pero, Lilí, ¿es qué no te das cuenta?
LILI: -¿De qué?
PETRUSKY: -¡Pues de que Negri se la ha llevado, so tonta!
LILI: -¡Ah, claro! –Dijo tan tranquila-, ahora lo entiendo. Después de todo lo que ha pasado esta tarde, por causa tuya, Negri debe haber vuelto y se la ha llevado para devolverla.
PETRUSKY: (dijo histérico) -¿A quién?
LILI: -¿A quién va a ser? Al firmamento, como tú habías dicho.
PETRUSKY: -¡Lilí, Lilí, no seas tan obtusa! Negri quería devolverla menos que tú, ¿o es que crees que no me di cuenta? Y tú ahí tan tranquila sin enfadarte con lo quisquillosa que eres.
LILI: -Es que no te entiendo.
PETRUSKY: -¡No me entiendes, no me entiendes! –farfullé-. Si tu precioso Negri se lleva la estrella tú tan contenta. ¿Pero es que no ves algo que está tan claro como la luz del día? ¿No se te ha ocurrido pensar ni por un momento que Negri, el bueno, el cariñoso, el educado de Negri, pueda ser un esbirro del mago Glagól, su enviado, su mensajero? Él pudo robar la estrella y después te la “regala” a ti, porque mejor escondrijo que esta casa no ha podido encontrar mientras las hadas la buscan...
(Lili se quedo pensativa durante un momento y luego estalló)
LILI: -Mira que llegas a ser ridículo en ocasiones con tus obsesiones idiotas, Petrusky, Negri utilizándome como encubridora, ni que fuese boba y luego, si Negri fuera un esbirro de Glagól, no se llamaría Negri sino que tendría un nombre rimbombante, como cuadra al acólito de un brujo, por ejemplo, por ejemplo... Pues Mirambielius, no precisamente Negri, que suena a muy casero
PETRUSKY: -No seas tan simple, el nombre es lo de menos, si de verdad fuese Mirambelius, podría disimular bajo la identidad de Negri como alias... Los espías nunca van anunciándose por ahí.
LILI: -¡Negri no es ningún espía!
PETRUSKY: -Está bien, está bien, no es ningún espía, es un ángel bajado del cielo para alegrarnos la existencia, ¡aleluya! Y ahora en serio, si Negri no es el mandado de Glagól, y se ha llevado la estrella, hay que contactar con él inmediatamente. No es cuestión de ir tirando por cualquier lado algo tan valioso para que se pierda otra vez o lo encuentre ese mago codicioso y pérfido.
LILI: -¿Y no se te ha ocurrido pensar, que tu querido búho Farfor, sea en realidad el mago Glagól disfrazado?... Puestos a imaginar cosas raras...
PETRUSKY: -Hombre, no creo.
LILI: -¡No crees, no crees!... Acusas tú con mucha rapidez a los demás sin pararte a reflexionar.
PETRUSKY: -Bueno, si lo es, tampoco le he dicho nada... Sólo tú, Negri y yo lo sabemos.
LILI: -Por lo que veo, ahora Negri no es tan culpable.
PETRUSKY: -Lilí, por favor, olvidemos las rencillas y ocupémonos de lo que en realidad interesa, hay que ir a buscar a Negri y recobrar la estrella para las hadas.
(Lilí dio un respingo).
LILI: -Supongo que no pretenderás que, a estas horitas, me vaya yo a buscarle por el bosque.
PETRUSKY: -No era esa mi intención.
LILI: -¿Entonces, qué?
PETRUSKY: -Si aquí hay que hacer algo, eso me corresponde a mí.
LILI: -¡Faltaría más, Sir Petrusky del Lago!
PETRUSKY: (mirándola de reojo) -Algún día me habrás de explicar eso.
LILI: -Algún día.
(Petrusky se acercó a la puerta de su pajarera).
PETRUSKY: -Lilí, haz el favor de abrirla y dime cuál es la dirección de la granja en donde vive Negri.
LILI: -¿Es qué piensas ir ya?
PETRUSKY: -El tiempo apremia, Lilí.
(Ella se irguió sobre sus patas traseras y de pie, hurgó con las uñas en el pestillo de la puerta hasta descorrerlo y Petrusky voló entonces situándose al lado de su pajarera).
PETRUSKY: -¡Deprisa, dime donde vive!
LILI: -Durante 40 aleteos vuela en dirección a la luna, luego tuerce hacía la izquierda y marcha en línea recta hasta llegar a un pino muy alto, el más alto del bosque, desde su cima divisarás unos campos segados y en medio una granja, esa es.
PETRUSKY: -Deséame suerte, Lilí.
LILI: -Que llegues a buen puerto, marinero... ¡Ah, y acuérdate de que quiero ser yo quien entregue la estrella a la Reina de las Hadas!
PETRUSKY: -Procuraré regresar antes de que amanezca. -¡Hasta luego!

CUADRO 2º – ESCENA 12ª


NARRADOR: Desplegó las alas, respiró hondo y audazmente se lanzó al vacío. La verdad es que nuestro amigo Petrusky se encontraba bastante desentrenado ya que a los pocos aleteos empezó a jadear. La culpa la tenía la buena vida y por consiguiente unos cuantos gramos de más –o es que quizás ya no era tan joven- el caso es que, no sé si debido a todo eso, que cometió un fallo en el que repararía mucho más tarde. Contó los 40 aleteos, ya no se si los siguió al pie de la letra las instrucciones de Lilí, no llegó a un pino muy alto sino a un bosque entero de pinos muy altos y constituyó un verdadero galimatías decidir cuál podía ser el que los sobrepasara a todos. Supongo que debió equivocarse, porque si divisaba unos campos pero a la luz de la luna no le parecían demasiado cuidados porque daban la impresión del más completo abandono, y la casucha que se erguía en medio de ellos, por no tener hasta carecía del aspecto de granja, eso sin hablar ya de que daba muestras de no haber estado habitada en muchos años. Su tejado ruinoso se hundía por el centro y más semejaba guarida de murciélagos y lechuzas que otra cosa. La luz de la luna proyectaba extrañas sombras y a lo lejos se escuchaba el ulular de los búhos, auténticos ahora y no flores-doncella encantadas como Farfor. De la excitación del rescate se le había olvidado que la noche en el bosque está poblada de mil peligros para un indefenso periquito como él, por muy azul, del amor, y australiano que sea; su entusiasmo inicial se enfrió considerablemente. No obstante, debía cumplir con su deber, ya que por el se encontraba metido en aquella disparatada situación, así que planeó sobre la ruinosa casucha y se escondió en unas tejas arrancadas por el viento y caídas al suelo, empezó a susurrar el nombre de Negri con un hilo de voz, porque no se atrevía a gritar más fuerte,-Negri... Negri... Pero se dio cuenta que en esa casa no había ser vivo alguno que pudiera serle amistoso. Lo único que vio y escucho fue a unas ratas. Así que por fin se dio cuenta de que no sólo allí no estaba Negri, sino que aquello nunca había sido una granja. Así que salió zumbando, y además salió zumbando como una flecha; entre ratas, búhos y lechuzas prefería habérselas con los plumíferos ya que al menos eran de su familia y podían estar, casi, en igualdad de condiciones. Salió volando en dirección a la luna, como si ella pudiera salvarle de todo mal y sin reparar en que ofrecía un blanco perfecto. Sin embargo, algún ángel bondadoso se hallaría velando por él, ya que tuvo la inmensa suerte de no ser atacado. Empezó a tranquilizarse; pero por lo que respecta a sentirse enfurecido por el chasco que acababa de vivir, eso era otra cosa... Ni granja, ni Negri, ni estrella, ¿en dónde narices andaba extraviado?
GOLFI: -Buenas noches.
NARRADOR: Se le heló la sangre en las venas y creyó que le iba a dar un infarto. Sobre la faz de la luna, una siniestra sombra recortó su espantable silueta muy cinematográfica e inconfundible ella... ¡Caspita, el mismísimo Conde Drácula en persona venía hacia mí!
GOLFI: -Buenas noches.
PETRUSKY: -Bu... bu... bue... nas... no... ches, señor conde.
GOLFI: -¿Señor conde?... Oye, ¿tú estás de guasa?
PETRUSKY: -Pe... Pero, señor Conde Drácula... ¿O es usted Batman?
(Golfi suelta un bufido).
GOLFI: -¡Acabáramos!... Ni que conde drácula ni que Batman, ni... Me parece que has visto muchas películas, amiguito... Escucha, ignorantuelo, yo sólo soy un honrado murciélago que marcha sus asuntos por la noche dado que es mi jornada laboral, así que de conde y de lo otro nanay del Paraguay... ¡Lo que es en este mundo, has de ir de cosa estrambótica para que te consideren, caramba!
PETRUSKY: -¿No eres ningún vampiro?
GOLFI: -¡Y dale!... ¡Claro que no, tontaina!... Lo que verdaderamente soy es un murciélago común, emparentado, por más señas, con los ratones... No le chupo la sangre a nadie, limitándome a comer mosquitos y, en algunos casos a polinizar flores nocturnas, y ya estoy hasta la coronilla de la mala prensa que tenemos por culpa de la superstición humana... o de su fantasía, qué no sé que es peor... Los murciélagos somos muy útiles y debían declararnos funcionarios de utilidad pública otorgándosenos protección internacional.
PETRUSKY: -Usted perdone, señor... señor Murciélago.
GOLFI: -Me llamo Golfi.
PETRUSKY: -Señor Golfi.
GOLFI: -Golfi para los amigos, y puedes tutearme.
PETRUSKY: -Gracias... Bueno, pues Golfi, yo me llamo Petrusky y soy un periquito...
GOLFI. -Sí, sí, ya veo que eres un pájaro diurno, ¿y ahora me quieres decir que haces tú de noche y por el bosque?
PETRUSKY: -Verás, me he perdido... Voy buscando a... ¿Conoces a un gato que se llama Negri?, creo que vive en una granja de por aquí cerca.
(Golfi movió la cabeza negativamente).
GOLFI: -Lamento no serte de gran ayuda, no conozco a ningún gato, en cuanto a granjas no he visto ninguna en varias leguas a la redonda, y eso que estos lugares forman parte de mi itinerario nocturno.
PETRUSKY: -Entonces estoy irremisiblemente extraviado, he perdido el camino y no se dónde se halla.
GOLFI: -Bueno, alguna ayuda puedo ofrecerte. Yo sé en el lugar que estoy, tú no, pero si quieres ir en dirección concreta, ¿por qué no les preguntas a las hadas?
PETRUSKY: -¿Las hadas?
GOLFI: -Sí, desciende al bosque, allí en dónde veas un claro bañado por la luz de la luna, las encontrarás; suelen salir a bailar en el plenilunio.
PETRUSKY: -Oye, abusando de tu generosidad, ¿te importaría guiarme u poquito?, la verdad es que no me gustaría equivocarme otra vez.
GOLFI: -Desde luego, con mucho gusto.

CUADRO 3º –ESCENA 13


NARRADOR: La verdad es que el murciélago fue muy amable con él y se convirtió en su compañero de viaje durante un trecho, hasta dejarle sobrevolando encima de cierto calvero natural bañado por la luna, sí, mas vacío de hadas danzarinas. Otra vez se quedé solo, y sin saber muy bien lo que tenía que hacer, se posó sobre las hierbas húmedas por el rocío de la ya incipiente madrugada. Se sentía tan triste y tan confuso que, lanzando una melancólica mirada en dirección a la luna, dijo en voz alta:
PETRUSKY: -¡Falena, Falena, cómo me gustaría que estuvieses aquí!
NARRADOR: Inesperadamente, una vocecita aguda resonó detrás de él.
RUSKY: -¿Conoces a Falena?
(Petrusky se volvió)
NARRADOR: A sus espaldas un gracioso duendecillo de nariz chata y carita llena de pecas, le observaba sentado en encima de una preciosa seta roja. Vestía de color azul oscuro y cubriendo su cabecita, un gracioso gorro a rayas azules y blancas. Su aspecto resultaba de lo más cómico.
RUSKY: -¿Conoces a Falena?
PETRUSKY:-Sí...Hace algún tiempo hice un viaje al País del Otro Mundo y me encontré con ella.
RUSKY: -¿Cómo está?
PETRUSKY: -Bien, pero muy triste porque se siente sola.
RUSKY: -Era de imaginar, y me duele, de veras... Nosotros aquí, ella allá... Oye, cambiando de tema, ¿tú que haces aquí a estas horas de la noche? No parece ser este tu medio natural.
PETRUSKY: -Todo tiene una explicación, estoy aquí porque tengo que darle un recado a cierto gato negro que conozco ¿no lo habrás visto por casualidad?
RUSKY: -¡Lagarto, lagarto, un gato, dices, y negro por añadidura! ¿No sabías que ese es el típico gato de los brujos?... ¿Qué si la he visto?, te garantizo que si la veo salgo corriendo o me vuelvo invisible... ¿Y tú eres amigo de un gato negro?; muy despistado debes de andar al hacer semejantes amistades.
NARRADOR: Se quedó de una pieza al escucharle y los más oscuros presentimientos le invadieron. El robo de la estrella de la varita mágica, la granja que no era tal sino una ruinosa y siniestra casucha. ¿En qué lío se habían metido Lilí y el? ¿Quién era Negri en realidad?
RUSKY: -Oye, ¿qué recado le querías dar a ese gato negro amigo tuyo?
PETRUSKY: -No es amigo mío exactamente, es amigo de la gatita Lilí.
RUSKY: -Quien es a su vez amiga tuya, ¿no? Sigo pensando que frecuentas unos círculos muy extraños... A propósito de nombres, me llamo Rusky.
PETRUSKY: -Y yo Petrusky... Como te iba diciendo, le busco porque...
NARRADOR: Y se interrumpió bruscamente, ¿convenía revelarle la verdad entera? Y decidió mejor no contárselo:
PETRUSKY: Bueno, el caso es que me he extraviado y no le encuentro y estoy aquí gracias a que el murciélago Golfi me ha indicado que sólo las hadas podrían ayudarme a encontrar el camino. Me dijo que ellas se suelen reunir aquí para bailar al claro de luna.
RUSKY: -¡Ah!, Golfi, sí, un buen chico, somos muy amiguetes, y no te ha mentido Petrusky, sólo que esta noche y lamentablemente supongo que muchos plenilunios más, si no se remedia la situación, las queridas hadas no van a festejar con sus danzas la luna llena.
PETRUSKY: -¿Qué les sucede?
RUSKY: -A la Reina de las Hadas le han robado la estrella de su varita mágica y mientras no se encuentre, el reino peligra ya que puede caer en las manos de algún mago desalmado.
PETRUSKY: -¿La ha robado un brujo?
RUSKY: -No lo sabemos todavía, pero es de lo más probable. Las hadas solamente se ocupan de hacer el bien y eso no les agrada a las fuerzas del mal.
PETRUSKY: -Me gustaría ayudar.
RUSKY: -Gracias, sin embargo no es fácil. De todas maneras te conseguiré un encuentro con las hadas, sígueme.


CUADRO 4ª – ESCENA 14


NARRADOR: Rusky saltó de la flor y convirtiéndose en una bolita de luz, le precedió por la maleza internándose entre los árboles. A su paso podían escuchar murmullos y como el rumor de palabras sueltas, ininteligibles, alguna risita contenida y en varias ocasiones, percibió incluso el suave aleteo de unas alas transparentes. Por fin llegaron a un bosquecillo en el cual proliferaban los avellanos y los espinos. En el aire flotaba la fragancia, mitad dondiego de noche y mitad a tierra mojada por la lluvia, y pensó sin tener la menor duda: Que estaba en territorio de las hadas. Rusky dejó de ser esfera de luz para convertirse nuevamente en duendecillo. Dio tres palmaditas con sus diminutas manos y en el instante la oscuridad de la noche sufrió una transformación. No sé encendieron las luciérnagas, brotaron las hadas como multitud de flores luminosas, transparentes, bellísimas y encantadoras. Las había suavemente doradas, verdosas, blancas, de color de rosa, de mandarina, de melocotón, de ciruela, fresa, bruma, amanecer, crepúsculo, todas con sus alas de libélula y los cabellos flotantes, todas con su varita mágica, todas deliciosas e irreales, frágiles como el cristal, inconsistentes como un suspiro, pero todas, también, muy tristes.
(Se ven a los dos personajes junto con las hadas)
RUSKY: -Es el periquito Petrusky, buscaba un gato negro y se ha perdido en el bosque... Solicita vuestra ayuda.
PETRUSKY: -Soy amigo de Falena.
(Todas las hadas se alborotaron)
HADA 1: -¡La buena de Falena!
HADA 2: -¿Cómo está?
HADA 3: -¿Nos echa de menos?
HADA 4: -¿Te ha dado algún mensaje para nosotras?
HADA 1: -¿Dónde la viste?
PETRUSKY: -Calma, señoras, calma... El hada Falena está muy bien y os envía sus saludos, pero os añora terriblemente.
(Un hada de color albaricoque, se deslizó flotante hasta llegar a su lado)
HADA DE LOS CITISOS: -Soy el Hada de los Citisos y una de mis obligaciones es la de velar por los caminantes extraviados, todas queremos a Falena y eso nos vuelve impacientes y olvidadizas respecto a las necesidades de un visitante inesperado como tú. Rusky acaba de decir que buscabas a un gato y te has perdido en el bosque. ¿Puedo yo preguntar ahora como un periquito busca a un gato, cuando sois especies no precisamente amigas?
PETRUSKY: -Y no lo somos al menos con ese en especial, se llama Negri y es amiguito de Lilí, la gata de mi casa, pero lo busco porque es muy importante el encontrarle, pues de él depende... (Se queda pensativo y mirando alrededor) ¿Me garantizáis que si hablo con toda libertad, nadie que no seáis vosotras, me escuchará?
NARRADOR: Las hadas se agruparon en torno suya apretadamente formando piña, era como si se reuniesen para cuchichear entre ellas. Rusky se filtró como pudo hasta colocarse enfrente de Petrusky, lleno de curiosidad, tomó asiento sobre una piedrecilla jaspeada.
HADA DE LOS CITISOS: -Habla con entera confianza, en este momento nadie nos ve ni nos puede oír, todos, incluyéndote a ti, somos invisible ahora.
PETRUSKY: -¡Caray, que alivio!... Bueno, perdonad mi lenguaje, a veces soy un poco ordinario. En fin, se trata de lo siguiente.
NARRADOR: Y en dos palabras o claro más bien, más de dos le relató la historia, que no voy a repetir porque ya la conocéis de sobra. Las hadas se quedaron boquiabiertas del asombro y luego todas se pusieron a hablar a la vez muy excitadas, hasta que una de ellas, transparente y luminosa como el lucero de la mañana, les impuso silencio con autoridad, pero dulcemente.
SIRINX: -No arméis tanto alboroto, por favor. Lo que acaba de contarnos el periquito azul Petrusky, es vital para nuestra supervivencia como entidades mágicas, ya que de la estrella del cetro de nuestra reina, depende el que sigamos en el Mundo Real ayudando a los mortales... Petrusky, soy Sirinx, el hada encargada de proteger a los animalitos de poca alzada, o sea, que, este asunto, si estáis Lilí, Negri y tú metidos, es de mi competencia... Y por lo que cuentas advierto como las piezas van encajando... Farfor ha venido esta noche a pedirnos ayuda, después llegas tú y nos cuentas como Negri encontró lo que los tres creíais una estrella y ha resultado ser la de la varita de virtudes de nuestra soberana. Los indicios son claros y no existe la menor duda, entonces... Los enanos del subsuelo y algunos elfos ya nos alertaron de la presencia de extraños, por ejemplo, de una gigantesca urraca que merodeaba por ahí hace unos días, y también se nos habló de...
RUSKY: (interrumpió chillando) -¡Tenemos que hacer algo, vayamos a buscar a Negri!
(Sirinx lo miró con severidad).
SIRINX: -Ten la bondad de no interrumpir, Rusky, antes de ponernos a buscar a Negri atolondradamente, debemos contárselo todo a la Reina de las Hadas; ella es la única que puede decidir en este asunto, y lo que ella diga haremos... Ven Petrusky.
NARRADOR: Voló a su manecita que titilaba como las estrellas y en un abrir y cerrar de ojos se encontré flotando bajo la luz de la luna llena, envuelto en el resplandor encantado de las hadas del bosque. Suavemente descendieron sobre una loma apenas cubierta de arbolado y sí de abundantes zarzales espinosos. Sirinx, el resto de las hadas, Rusky y yo, nos hallamos de pronto frente a un grupo de rocas sueltas que sin haber sido talladas nunca por escultor alguno, recordaban singulares cabezas de gigantes con yelmo o bien formas de animales quiméricos, y, para que resultasen más espectrales, las recubrían líquenes blanquecinos. Bien mirado, aquellas piedras semejaban indicar un camino flanqueándolo. Sirinx, que captó su asombro, le explicó brevemente:
(Se escucha la voz de sinrinx que le dice a petrusky)
SINRINX-El hombre las conoce como Piedras de la Hadas y no sabe lo cerca que está de nosotras cuando viene a visitarlas... Sus sabios las denominan restos de dólmenes, menhires, sólo nosotras, y ahora tú, sabemos la verdad.
NARRADOR: Una de las más grandes de aquellas rocas, una losa inmensa, se apoyaba sobre la ladera del montículo lo mismo que si fuera una puerta arrancada de sus goznes. Sirinx la golpeó con su varita mágica por tres veces, mientras susurraba:
(Se vuelve a escuchar la voz de Sinrinx)
SINRINX: -Plata y Luna, musgo verde, flor y agua...
NARRADOR: Y la roca se abrió, como una goma que se estira y vimos ante nosotros unos peldaños monstruosos, una auténtica escalera de gigantes, toda labrada en bloques de basalto blanco, mas ninguno la utilizó, ya que todos bajaron prácticamente volando. Allí también había muchas hadas y elfos y algún que otro duendecillo con la misma pinta que Rusky, y, al fondo, en un trono resplandeciente, estaba la Reina de las Hadas en persona.
(Petrusky se quedo sin palabras)

CUADRO 5º – ESCENA 15


NARRADOR: Él creía que después de haber visto a Falena y a sus compañeras, nada podía existir de más hermoso, pero se equivocaba porque su reina era una criatura de hermosura indescriptible, toda luz y gentileza. Casi se me cortó la respiración al contemplarla, sin embargo, la reina estaba triste y de sus bellísimos ojos negros brotaban lágrimas que automáticamente se convirtieron en piedras preciosas y eran recogidas por unos enanitos que se dedicaban a guardarlas en cofres tallados en cristal de roca. Sirinx se acercó respetuosamente a su soberana musitándole algo en el oído entonces la reina levantó la cabeza y le miró por primera vez, a la que Petrusky muy impresionado, bajó la vista al suelo sin saber que es lo que debía hacer ni de que manera comportarse delante de una soberana como aquella. Rusky le dio un golpecito en el ala y cuando lo miro, le estaba haciendo guiños indicándole algo.
PETRUSKY: -¿Qué quieres?
RUSKY: -¡Acércate, hombre, bueno, periquito, acércate, Laurisilva va a hablar contigo!
PETRUSKY: -¿Quién es Laurisilva?
RUSKY: -¿Quién va a ser, tonto? ¡Es la Reina de las Hadas!
NARRADOR: Avanzó un poco a trompicones en tanto escuchaba la dulce voz musical de Laurisilva, quien, efectivamente, le invitaba a aproximarme.
LAURISILVA: -Se bienvenido, valeroso periquito, al Reino de las Hadas. Me acaban de decir que has arrostrado los mil peligros de la noche oscura con tal de encontrar a Negri, el gato que según crees se ha vuelto a llevar la estrella de mi varita mágica al suponer que pertenece al firmamento.
(La reina le tiende la mano para que petrusky pueda posarse encima)
PETRUSKY: -Majestad majestuosa...- Bueno, vaya, es que no estoy muy habituado a tratar con la realeza... Yo, ejém... Sí, eso es, en efecto... Y me perdí y no sé dónde está Negri... Lo malo es por si la estrella se vuelve a extraviar, así es que tenemos que encontrar a Negri cuanto antes... Creo que en este terreno Glagól nos pisa los talones.
NARRADOR: Un murmullo asustado recorrió las huestes de las hadas. Laurisilva llamó a la calma con un breve gesto de su mano libre y sonrió a Petrusky:
LAURISILVA: -Petrusky... ¿Es este tu nombre?, ¿verdad?... No temas, si Glagól, como tú afirmas, nos pisa los talones, nadie debe asustarse ahora que todos sabemos que Negri es el portador de la estrella. Puede que el mago y nosotras sigamos la misma pista, pero le llevamos ventaja, aunque el tiempo apremie, o sea, ruego en general, que ninguno de los aquí presentes pierda la serenidad.
(Laurisilva se levanta de su resplandeciente trono).
LAURISILVA: -Ven Petrusky, quiero presentarte a alguien.
NARRADOR: Las hadas fueron abriendo filas y Petrusky avanzó con la reina muy satisfecho y orgulloso de la distinción que le otorgaba llevándole en su diestra. No mucho más lejos del magnífico salón del trono, en una estancia adyacente y al cuidado de otras hadas, se hallaba el personaje que iba a serle presentado. Sirinx, que les precedía, se aproximó al círculo que formaban sus compañeras y la vio inclinarse sobre algo y acariciarlo. Laurisilva le explicó que fue ella quien dio con él en el bosque, y que permanecía cogido en una trampa, con la pata de atrás rota; sufría mucho el pobrecito. Por lo que Petrusky dedujo que se trataba de un animal.
PETRUSKY: -¿Obra de Glagól?
LAURISILVA: -No, que sepamos, los brujos utilizan otros medios. Fue cosa del Hombre porque hay seres humanos muy malos, Petrusky, hombres a los que les gusta matar y destruir invocando razones que no tendrían que convencer a nadie.
NARRADOR: Petrusky quiso defender a los que les eran tan queridos, papa, mama y la niña. Laurisilva le miró con sus profundos ojos negros, tan parecidos a los de una mariposa.
LAURISILVA: -Lo sé, son humanos, pero buenos... Desconoces la suerte que has tenido, Petrusky, en encontrar a esas personas tan bondadosas... Ya existen también, pero no abundan.
SIRINX: -Se encuentra mucho mejor, ya no delira, pero sigue muy débil.
NARRADOR: Sirinx se apartó y Petrusky alargó el pescuezo con curiosidad... quedándose congelado de espanto ante lo que vio. Allí, y sobre un aromático lecho de plantas del bajo bosque, romero, tomillo, menta, lavanda y etc., descansaba el gatazo más grande y terrorífico que habría podido ver en todos los años de su vida. Parecía un tigre por lo menos, de pelaje espléndido y tornasolado, con una cara redonda y muy ancha, de duros bigotes, frondosas patillas y enhiestas orejas móviles que concluían en una especie de plumoso pincelito. ¿De dónde había surgido semejante bestia apocalíptica? Comunicaba la impresión de estar adormilado, pero cuando les sintió llegar abrió los ojos… ¡Qué ojos!... ¡Qué miedo, eran enormes!... Oblicuos y amarillos, y no digamos de las fauces, porque hizo una mueca al verle y mostró unos colmillos que recordaban lanzas bengalíes; eran agudos, marfileños y poderosos. Con su fina percepción de hada, Laurisilva captó enseguida el cangueli s que se había apoderado de Petrusky, y dándole un beso en la cabeza le dijo tranquilizadora:


ESCENA 16


(Las hadas, junto a Rusky, Petrusky, Laurisilva y Sinrinx, se dirigen hacia el otro extremo del escenario donde se encuentra el lince Bor, esta parte se ilumina y se apaga la otra parte donde se encontraba el trono de Laurisilva)
LAURISILVA: -He aquí a nuestro amigo Bor, el lince.
PETRUSKY: -¿E... l....lInCe... ?UnNN... LiNcEE... ¿eL LinCE QuuE... ?
(La Reina de las Hadas sonrió)
LAURISILVA: -No, precisamente, todo lo contrario, ya que él, Bor, nos ha hablado del otro lince.
NARRADOR: Sirinx se había sentado junto a aquel monstruo felino y le rascaba entre las dos orejas, lo que le obligaba a él a cerrar los ojos y a emitir un ronroneo cavernoso de satisfacción.
LAURISILVA: -Bor, ¿tendrías la bondad de explicarle a Petrusky lo que nos contaste a nosotras?
BOR: -Si tú me lo pides, hada. Escucha pajarillo... Y pensar que de todos los lugares en que he estado tenía que encontrarte aquí precisamente... Tiene guasa...
SINRINX: ¡Bor!
BOR: -Vale, hada, no temas, que esto puede ser el comienzo de una buena amistad... Como iba diciendo pajarillo, marchaba yo por el bosque, harto ya de tanta miseria y mala vida, cuando de repente el viento me trajo el olor de un desconocido, y además estúpido, porque ningún animal silvestre se pone en el camino del viento para delatarse...
Yo arrastraba una respetable gazuza de varios días, pero aquel bicho no era materia comestible ya que pertenecía a mi especie... Arrugué el bigote, ¡sólo me faltaba competencia en mi territorio, yo que estaba a base de grillos y lombrices de tierra por toda dieta, y ahora otro cazador merodeando, perra suerte!... Perdón, lindas hadas, ya sé que delante de las damas no se debe usar tal lenguaje... A lo que iba, pajarillo, me camuflé entre unas piedras y le vi pasar, era mucho más grande que yo y de pelaje gris. Imponía respeto y fíjate que es menda quien te lo dice, que no temo a nadie ni a nada en este mundo, mas parecía despistado, y eso me infundió moral, después de todo aquellos eran mis dominios y no los suyos.
“-¡Eh, tú! –Le grité abandonando mi escondite-, ¿qué es lo que se te ha perdido por aquí, si puede saberse?
El otro, que se había sobresaltado al escuchar mi voz, en cuanto me echó el ojo, recobro la compostura.
“-Que yo advierta no existen vallas en este lugar y el bosque es de todos, ¿o no?
-Depende de cómo se mire, forastero... Por el momento te diré que estas tierras me pertenecen y que quien las quiera transitar o pide permiso o paga por ello.”
El lince gris se me puso bravucón.
“-Pues mira por donde hoy me he dejado la bolsa en casa. “
Yo, que me estaba preparando desde hacía un rato, salté, mientras rugía amenazador:
“-Descuida, pagarás con el pellejo.”
El desconocido me evitó con ágil regatee, cosa que hay que reconocer me sorprendió bastante porque no tenía un aire demasiado despejado que digamos.
“-Tranquilo, no quiero peleas, no soy ningún camorrista. Si no fueras tan picajoso hace rato que ya me habría ido y lo haré enseguida si me dices hacia dónde cae el mar.”
Podéis estar seguros de que nunca me hubiese imaginado esa salida.
“-¿El mar?”
El intruso se impacientó.
“-Sí, el mar, agua, ya sabes, mucho agua y barcos por encima... Alguien me aguarda en el puerto.
-¿Quién te espera?
-Eso a ti no te importa.”
Tenía razón, los estatutos de las leyes del bosque son bien claros: no preguntes lo que no es de tu incumbencia, come cuando tengas hambre y bebe cuando tengas sed y mientras deja a los demás tranquilos...”
PETRUSKY: (interrumpió) -Eso está muy requetebién, ¿y lo cumplís?
BOR: (mirándolo con malicia) -Siempre que no tengamos hambre y sed, procura no cruzarte en mi camino entonces...
SINRINX: ¡Bor!
BOR: -Está bien, está bien... Continúo... El forastero tenía prisa y yo ignoraba en que dirección estaba el mar. Los linces no somos animales acuáticos, pero debo reconocer que su pregunta me intrigó y mucho, quizás por ello decidí seguirle porque algo había en su extraño comportamiento que despertaba mi recelo. No anduve mucho tras su rastro; un cepo traicionero me salió al paso atrapándome la pata y dejándome en el estado en que me ves... Y si no hubiera sido por las hadas, te aseguro que ésta no la cuento... Ya me lo advirtió Negri: ¡ojo con las trampas que pueden ser mortales!
PETRUSKY: -¿Conoces a Negri? (exclama con alegría).
BOR: -Claro que lo conozco, un gran tipo ese Negri, gato doméstico pero muy buen camarada. Me previno de los cepos contándome la historia de un pariente suyo lejano, un tal Gatín, a quien una maldita trampa mutiló la mitad de la garra dejándosela sin dedos.
HADA 1: -¡No hay derecho!
HADA 2: -¡Qué salvajada!
HADA 3: -¿Cuándo aprenderá el ser humano a dejar en paz a los pobres animales?
PETRUSKY: -Negri es amigo mío... Bueno, amigo de una amiga más bien, ¿hace mucho que lo viste?
BOR: -¡Huy y tanto!... Creo recordar que fue en primavera... Le dije que pensaba marcharme a una reserva protegida, pero el camino es demasiado largo.
SINRINX: (Acariciándole el lomo) -Ahora, querido Bor, tus tribulaciones han concluido; nosotras te llevaremos a un parque nacional en donde tu especie está a salvo.
RUSKY: -También llevaréis a los otros, ¿verdad?
PETRUSKY: -¿Qué otros? (pregunta con curiosidad)
LAURISILVA: -Tenemos recogidos varios conejos de monte, una familia de perdices, un faisán, tres erizos, cuatro ardillas, unos pinzones, un picapinos y algunos jilgueros así como una pareja de palomas torcaces... Todos son refugiados, supervivientes del incendio de un bosque, que conseguimos salvar, lamentablemente muchos otros fallecieron ya que no pudimos llegar a tiempo... Tu has llevado una buena vida, periquito Petrusky, por eso no sabes lo triste que es perderlo todo, patria y hogar y a los seres queridos, cuando la mano del Hombre provoca catástrofes.
PETRUSKY: -Pero a veces hay rayos que incendian bosques.
LAURISILVA: -No siempre, Petrusky, no siempre... Por descuido o por maldad, el ser humano tiene mucho que ver con los grandes fuegos del verano.
PETRUSKY: -¿Y los llevaréis a una reserva de animales?
SINRINX: -En efecto... Es trabajo nuestro; ayudamos en cuanto podemos y ésta es una de las maneras.
RUSKY: -Deberías visitar una reserva, Petrusky, yo estuve el verano pasado de vacaciones en una y me lo pasé la mar de bien, hice muchos amiguetes y conocí incluso aves exóticas que estaban de paso, fue muy divertido, además, los paisajes son preciosos.
PETRUSKY: -Ya me gustaría, ya. Tal vez en otra ocasión, pero ahora a quien tengo que encontrar es a Negri, ya que sólo él sabe del paradero de la estrella puesto que se la ha llevado.
Bor, somnoliento, murmuró:
BOR: (murmuró somnoliento) -Sé algo de ese asunto por las hadas y según lo que acabo de oír, tú afirmas que Negri se ha apropiado de la estrella mágica... Negri no es ningún ladrón, de eso estoy seguro.
PETRUSKY: -¡No he querido decir semejante cosa!
BOR: (se dormía por momentos) -Mi intuición me indica que el forastero tiene mucho que ver con todo esto (bostezó). No era portador de ninguna estrella, pero, ¿por qué un lince busca el mar?... Si yo me perdiese que no me fueran a buscar en el puerto, eso lo tengo bien claro... Creo que ese lince gris no es lo que... (Se durmió de golpe)
PETRUSKY: -¿Es por esto que me has presentado a Bor?
LAURISILVA: -Sí, primero él, luego el búho encantado, y tú después... Creo, efectivamente, que ese lince gris, como insinúa nuestro amigo, puede conducirnos por el buen camino.
PETRUSKY: -¿La solución está en la cita misteriosa junto al puerto?
LAURISILVA: -En efecto, el enigma se puede aclarar si sabemos quién es el que espera allí al forastero.
PETRUSKY: -Perdona, ¡oh, reina!, pero no lo entiendo muy bien; si como todos los indicios parecen apuntar, la estrella la tiene Negri, o al menos eso imaginamos, ¿qué nos importa lo que le espere al lince gris en el puerto?
LAURISILVA: -Mucho, porque si es Glagól el que le aguarda, en el supuesto que el lince gris sea su esbirro, ello significa que el perverso mago ignora el paradero de mi estrella, y, no sabiéndolo, su desconocimiento nos abre muchas posibilidades. Poder encontrar tranquilamente a Negri recuperando lo que esa urraca gigante me robó por orden de Glagól.
PETRUSKY: -Discúlpame por la torpeza de mis entendederas, reina Laurisilva, pero, ¿cuánto tiempo hace que Bor se encontró con el forastero? Es que si ha transcurrido mucho, Glagól puede haber tenido ocasión de ir y volver del puerto más de cien veces, y estamos en las mismas.
LAURISILVA: -Eres muy listo, periquito azul del amor, muy listo, mas sosiega tus temores porque no hace ni 24 horas que Bor tuvo su encuentro con el forastero, lo cual significa que aún estamos a tiempo de desentrañar el misterio... Voy a revelarte mi plan, buscaremos a Negri por toda la zona. Hadas, duendes y elfos, incluso los enanitos mineros, nos pondremos en movimiento, y tú, mientras...
PETRUSKY: -¿Yoooo?
LAURISILVA: -Sí, tú, mi valeroso Petrusky, precisamente tú, de quien Glagól no puede ni sospechar tan siquiera, tú, repito, marcharás en pos del forastero hasta hallarlo, y escondido prudentemente asistirás a su cita misteriosa. De lo que en ésta escuches y sepas puede depender el futuro del Reino de las Hadas, fíjate si tu misión es importante.
PETRUSKY: -Sí, si, pero, un momento, majestad, ¿y si no me entero de nada porque no hay nada que saber, y si en tanto yo corro detrás de un fantasma, Glagól se encuentra en otro sitio haciendo de las suyas?
RUSKY: -¿Y si llueven comadrejas de nubes saladas? (soltó con una mueca burlona).
LAURISILVA: -¡Rusky! -Si el forastero nada tiene que ver con la desaparición de mi estrella, tanto mejor por ese lado, mas para entonces ya habremos dado con Negri.
PETRUSKY: -¿Y si Negri no la tiene, y si ha sido otro el que se la ha quitado a Lilí?
LAURISILVA: (suspiro)-No puedo responder a esas preguntas y tú sabes cuál es la causa. Sin el poder de mi varita de virtudes nuestra magia ha mermado muchísimo y sólo podemos atender los casos pequeños, todo lo demás son incógnitas amiguito y para resolverlas te necesitamos a ti, que perteneces al Mundo Real, te hemos escogido como enviado.
NARRADOR: Petrusky pensó que no iba a ser tan mentecato que menospreciara el gran honor otorgado por las hadas a él, un humilde periquito, pero, ¡córcholis!, ¿por qué siempre yo?, pensó Petrusky, y la reina de las hadas que le podía leer el pensamiento le contestó:
LAURILVA: -Porque, tú eres nuestro enlace entre el Mundo Real y el Otro Mundo, al que nosotras pertenecemos.
PETRUSKY: -¿Dónde estoy yo ahora?
LAURISILVA: -Con nosotras.
PETRUSKY: -Sí, pero, ¿dónde?
NARRADOR: Un hada deliciosa, ambarina, que hasta el momento guardase silencio, habló entonces con su vocecita musical:
AMBAR: -En los límites del sueño, en los límites de la realidad. Si retrocedes vuelves a tu mundo, si avanzas, penetras en el nuestro. Tu lugar debe estar entre los dos mundos, justo en la línea divisoria, es ahí en donde debes permanecer si quieres andar el camino que te aguarda.
PETRUSKY: -¿Si quiero o si debo? (pregunta mosqueado)
AMBAR: -Deber es querer.
NARRADOR: Se sentía un poco acorralado. No es que no quisiera ayudarlas, pero, la verdad, por muy periquito azul del amor que fuese, por muchas aventuras que hubiera vivido con anterioridad, lo cierto es que... ¡Pues que tenía miedo!
PETRUSKY: -¿Y no podría buscar ayuda en el Mundo Real? (pregunta tímidamente)
(Las hadas se miraron entre sí, al principio con sorpresa, después divertidas)
LAURISILVA: (Pregunta maliciosa) -¿De verdad pretendes buscar ayuda en el Mundo Real?
PETRUSKY: -¿Puedo?
(Ámbar revoloteó en torno a su reina susurrándole algo al oído)
LAURISILVA: (con enigmática sonrisa responde)-Si quieres probar, hazlo.
PETRUSKY: -¿No os enfadaréis conmigo por eso?
LAURISILVA: -No, Petrusky, las hadas no nos enfadamos con nuestros amigos.
PETRUSKY: (dijo aliviado) -Una última pregunta, ¿en qué dirección he de marchar?
CORO DE HADAS: -¡Canta! (exclaman)
PETRUSKY: -¿Qué cante? (repite perplejo)
NARRADOR: Ámbar miró a Laurisilva como pidiéndole permiso y la reina asintió con la cabeza concediéndoselo.
AMBAR: -Cierra los ojos y empieza a cantar pues a medida que cantes el futuro irá surgiendo delante de ti, tu futuro, porque será tu canción. Es una antigua fórmula mágica y te la regalamos, haz buen uso de ella, Petrusky.
(Se cierra el telón)

ACTO 2º

(Se abre el telón)
CUADRO 6º – ESCENA 17


NARRADOR: ¿Qué cantara? ¡Mira que son sorprendentes las hadas! Pensó Petrusky. En fin, se encogió de alas, ¿pues que mas iba a hacer si no tenía otra opción?, era lo de siempre. Cantó, ¡que remedio!, de todas formas se había pasado la tarde haciéndolo. Empezó a cantar cerrando los ojos, cuando los abrió era de día y yo volaba por encima de una pequeña ciudad. Ni rastro de hadas, ¿lo habría soñado todo? ¡Pensó! No, creo que no, de lo contrario, ¿qué pintaba danzando por aquellos andurriales desconocidos? La ciudad, un pueblo grande más bien, estaba bordeado por una sinuosa carretera asfaltada que flanqueaban altos pinos, así que el paisaje no podía ser más real. Un pájaro, que volaba en dirección opuesta a la suya, le saludó alegremente y él respondió, porque a educado no le ganaba nadie.

PÁJARO: -¡Hola, hola!
PETRUSKY: -¡Hola!
PÁJARO: -¿Te has escapado de la jaula?
PETRUSKY: -No, ¡que va!, estoy buscando ayuda.
PÁJARO: -¿Para qué?
PETRUSKY: -Estoy buscando a un mago.
PÁJARO: -¿A un mago? ¡Tienes suerte! Mira, en esta ciudad vive un mago.
PETRUSKY: -¿Un mago? ¿Aquí?
PAJARO: -Sí... Busca la calle Quinta Mano a la Derecha, nº 19, 3º 1ª... Pero tendrás que pedir hora para que te reciba... Se llama Cosmogónico.
PETRUSKY: -¿El mago Cosmogónico?
PÁJARO: - Sí, es muy famoso.
PETRUSKY: -A él no, pero si he oído hablar de un antepasado suyo, quiero decir, un colega, un tal mago Gerineldo.
PÁJARO: -No sabíamos que su abuelo hubiera sido también mago.
PETRUSKY: -No, si no era su abuelo.
PAJARO: -¡Adiós, adiós!
PETRUSKY: -¡Chao!

CUADRO 7º – ESCENA 18


NARRADOR: ¡Quinta Mano a la Derecha! ¡Vaya una dirección rara, y, ¿por dónde caería?! Lo malo es que era nuevo en aquel pueblo, o ciudad pequeña, para orientarme debidamente, pero, deduje que las casas de los magos, aun en nuestros tiempos, no pueden ser como las de los otros mortales y fue certero su instinto. Voló muy alto y miró hacia abajo viendo lo que tenía que ver, o sea, el techo puntiagudo de una buhardilla en el terrado de una casa de vecinos. Era un tejado raro de color azul grisáceo y deslucido y de una entreabierta ventana salían a raudales burbujitas brillantes que estallaban bajo la luz del sol dejando una luminosa estela como de polvo de cristal, y, ¿quién podía vivir allí si no era un mago? Muy contento por la facilidad con que lo había descubierto, se apresuró a colarse de rondón dentro de la buhardilla.
En un principio no vio ni torta, tal era la masa enorme de burbujas que lo invadía todo, luego, y abriéndose pasó entre ellas, pudo ver, delante de un alambique, como cuadra en cualquier mago que se precie, aquel de quien le habían hablado. Tenía pinta simpática, era bajito, llenito, sin ser ni mucho menos gordo, llevaba gafas, era medio canoso, su nariz respingona y lucía una larga barba y canosa. Le dio la impresión de que estaba pasmado y excitado al mismo tiempo, con lo que se traía entre manos, fuere lo que fuese el tal invento. Vestía una túnica azul noche constelada de estrellitas y en ese preciso momento rebuscaba en un grueso librote polvoriento, mientras se sujetaba con la diestra el largo gorro.
(Se ve a Petrusky y al mago, en su buhardilla)
PETRUSKY: -Buenos días, señor mago Cosmogónico (dijo cortésmente).
NARRADOR: A lo que el mago, sin sacar su curiosa nariz de encima del libro, le respondió con evidente distracción:
MAGO: -¡Buenos días!, buenos días, has llamado al contestador automático de este número. Ahora no estoy en casa, no obstante, deja tu mensaje y teléfono y en cuanto pueda te responderé. ¡Muchas gracias!
NARRADOR: Petrusky se quedó de una pieza; ¡anda la osa con el despistado del mago! ¡Pensó! Con cautela tiró de la manga de su túnica.
PETRUSKY: -Señor mago, que estoy aquí.
NARRADOR: Él siguió como si nada.
MAGO: -Vale, vale, ya te he oído... Has llamado al contestador...
NARRADOR: Así que decidió ponerse delante de sus gafas.
PETRUSKY: -¡Yujujú, señor mago, que estoy aquí mismo, en persona!
NARRADOR: Entonces, el mago no tuvo más remedio que verlo y abrió unos ojos como platos cuando le descubrió.
MAGO: -¡Anda, pero si es un periquito parlanchín!... ¿Qué haces tú aquí?, o mejor dicho, ¿qué quieres de mí?
PETRUSKY: -Necesito su ayuda, señor mago.
NARRADOR: Y le relató brevemente el problema en el que se hallaba metido. El mago Cosmogónico le escuchó boquiabierto lo mismo que el que oye hablar al muñeco de un ventrílocuo, y luego que hubo concluido, él se sentó dando muestras de estar mareado o algo así.
MAGO: -¡Carape, vaya, vaya, con que existen las hadas y todo eso!... Nunca lo hubiera llegado a imaginar (dice con desconcierto)
PETRUSKY: -Sí, ya sé que cuesta un poco de entender, sobre todo en el Mundo Real.
MAGO: -¿En el Mundo Real?... ¿Sabes una cosa?, es la primera vez en mi vida que me pasa algo semejante.
PETRUSKY: -¡Pero usted es un mago! (protestó)
MAGO: -¡Je, je!... Sí, sí... Pero un mago del Mundo Real... ¿Sabes?, resulta divertido eso del Mundo Real... A veces ni sé ni en que mundo vivo... Además, te diré una cosa, yo soy inventor de profesión y trabajo para una empresa, lo de mago vino después... Un día, rebuscando en una librería de viejo me encontré con un mamotreto lleno de fórmulas mágicas del año del catapún y que se llamaba El Gran Zifhandel y había pertenecido, entre otros, aparte del que le puso el nombre, a un tal mago Serapión, al parecer su último dueño, y, francamente, me interesó... Desde entonces, en mis ratos libres, me subo aquí arriba y practico con los conjuros.
PETRUSKY: (muy decepcionado dice) -Entonces, ¿lo de mago Cosmogónico?
MAGO: -Naturalmente que es un seudónimo... Ese era el nombre de un antiguo hechicero y como me gustó lo adopté... En realidad él se llamaba Cosmogónicus, lo que yo he hecho ha sido modernizar el nombre.
PETRUSKY: -¡Qué chasco!... ¿Así que usted no sabe hacer magia?
MAGO: -¡Claro que sé, faltaría más!... Siendo inventor profesional no es difícil para mí; la magia y la ciencia se parecen mucho más de lo que la gente cree, lo que sucede es que hoy en día la magia no está de moda.
PETRUSKY: -Pero a usted le da por investigarla.
MAGO: -Recuerda que soy un científico, y, modestia aparte, dicen que muy bueno. Lógicamente tengo que investigar.
PETRUSKY: -¿Y cómo le salen los conjuros?
MAGO: (rascándose detrás de la oreja) -Pues... de aquella manera, unas veces bien, otras no tanto... La culpa la tienen los ingredientes que son rarísimos y vete tú a buscarlos... Por eso la magia antigua es tan difícil de lograr, o si no, Fíjate, ¿dónde puedo encontrar polvo de cuerno de Unicornio Verde, o tres escamas de la cola del Dragón Furibundo? Quién rábanos fritos fuese el susodicho dragón y en dónde quiera que se encuentre actualmente, si es que se encuentra, ¿comprendes?
PETRUSKY: -¡Caramba, si que es dura la vida de un mago moderno!
MAGO: (se anima al oírle) -Mucho más de lo que te imaginas, primero las fórmulas, que, por otra parte, son bastante asquerosas de realizar según los ingredientes que necesites y después porque la gente se te ríe en las barbas.
PETRUSKY: -Y eso que es usted inventor.
MAGO: (con cara de susto) -¡Eh, no lo vayas diciendo por ahí!... Pocos saben que el inventor y el mago sean la misma persona... ¡Estaría apañado si lo supieran; nadie me iba a tomar en serio!
PETRUSKY: -Sin embargo, tengo entendido que es usted famoso como mago.
MAGO: (pregunta con sorpresa) -¿Y a ti quién te lo ha dicho?
PETRUSKY: -Si se lo cuento le parecerá fantástico.
MAGO: -¿Más fantástico que estar hablando en estos momentos con un periquito?
PETRUSKY: Me lo dijo un pajarillo que debe tener el nido cerca de aquí.
MAGO: (Con cara de hacer memoria dice) -¡Ah, sí, es cierto, certísimo!, en el alero de enfrente hay varios nidos... Nunca hubiera supuesto que fuesen tan observadoras... ¿Y dices que te han dicho que soy un mago famoso?, ¡estupendo, al menos hay alguien que lo reconoce!
PETRUSKY: (empezándose a impacientar dice) -¿Me puede usted ayudar?
MAGO: -No, amiguito, sinceramente, creo que no... Al menos, en lo que a magia se refiere.
PETRUSKY: -¿Entonces, cómo?
MAGO: -Verás, soy inventor, ya lo sabes, y eso si que lo domino bien... Aquí, tengo un proyecto de Máquina del Tiempo, en el que estaba trabajando cuando has aparecido... Mira, mira.
NARRADOR: Se hizo a un lado y le mostró con orgullo de constructor una especie de estrambótico artilugio que más comunicaba la sensación de ser una lavadora automática que otra cosa.
MAGO: -Sí, veo por tu expresión lo que estás pensando. Recuerda una lavadora porque “es” una lavadora, la carcasa es inconfundible, lo de dentro ya no, en absoluto. De todas formas la iba a probar otra vez cuando has venido.
PETRUSKY: (con desconfianza dice) -¿Y las burbujas?
MAGO. (Hace un gesto restándole importancia) -Quedaba algo de detergente todavía.
PETRUSKY: -Señor mago, ¿ha realizado ya algún experimento con esa máquina?
MAGO: -En efecto, puse una semilla de trigo, la envié al futuro y regresó convertida en espiga, luego la devolví al pasado y de nuevo retornó como grano de trigo. Lo que se dice todo un éxito, ¿no estás de acuerdo?
(Suena el telefonillo de la puerta y el mago Cosmogónico se da una palmada en la frente)
MAGO: -¡Anda, si lo había olvidado, la bruja Marabina me viene a buscar para nuestro programa de radio!
PETRUSKY: (sin entender nada) -¿La bruja Marabina, programa de radio?... ¡Ay, mago Cosmogónico que me estoy liando!
(El mago se abalanza sobre el telefonillo).
MAGO: -¡Sí, sí, ahora mismo bajo! (se pone a buscar una chaqueta mientras comienza a quitarse a estirones su flamante túnica). ¿Qué es lo que no entiendes, periquito, que tenga por amiga a una colega y que vayamos a hacer juntos un programa de radio? ¡Por favor!, vivimos en pleno siglo XX ¡a un paso del siglo XXI! No es anormal hablar por radio.
PETRUSKY: -¿Pero no aseguraba hace un momento que mantenía oculta su doble personalidad por si acaso, que no deseaba que la gente se le riera o le señalara con el dedo por ser un inventor que oficia de mago en sus ratos libres?
(Había encontrado la chaqueta y se la estaba colocando sin acordarse de que aún llevaba encima de la cabeza el cucurucho de hechicero).
MAGO: Claro, claro, y, es verdad de la verdadera, por eso empleo este seudónimo, así nadie me reconoce.
PETRUSKY: -¿Y la bruja Marabina qué es, un sabio atómico?
NARRADOR: ¡Ni lo escuchó! Ya que estaba muy atareado cogiendo de una estantería un pequeño libro de tapas marrones, con lo que su respuesta fue un poco incoherente.
MAGO: -Tiene un coche algo antiguo y no puede estar aparcado mucho rato porque sino se le cala el motor.
PETRUSKY: (ironizó maliciosamente) -¿No viene en su escoba? ¡Qué lástima, a lo que parece, las tradiciones se pierden!
(El mago desenchufa la lavadora)
MAGO: (nervioso y con prisas dice) -No es sabio atómico, trabaja como delineante en una empresa.
PETRUSKY: -¡Ah!
NARRADOR: El mago abrió la puerta de la buhardilla y se detuvo en el umbral, vestido de paisano y con gorro en la cabeza estaba de lo más cómico. Petrusky iba a advertírselo, pero él le soltó con mal disimulada satisfacción.
MAGO: -Si quieres escuchar el programa ahí tienes una radio inventada por mí, dale al botoncito verde y te saldrá la emisora, ya la tengo programada. Dentro de 15 minutos empieza el espacio, se llama LA MAGIA AL DÍA... Comienza con el ulular del viento, luego se oye una carcajada siniestra que hiela la sangre en las venas y en ese instante suena la canción compuesta en exclusiva para el programa: “¡Ya está aquí, vino ya!... ¡La magia a su disposición!... ¡Chim póm, chim póm, chim póm!”… ¿Eh, qué te parece?
NARRADOR: Petrusky se quedó boquiabierto y sin palabras y el mago sin esperar respuesta prosiguió)
MAGO: -Si me esperas, cuando vuelva, resolveremos tu asunto.
PETRUSKY: -¿Con la Maquina del Tiempo?
(El telefonillo suena otra vez con impertinencia).
MAGO: -¡Ya voy!, Marabina, ya voy... Dile al guardia urbano... ¡ya bajo!
MAGO: (con desesperación) -¡Están a punto de meterle una multa! (dijo y salió corriendo tan atolondradamente, que se le cayó el sombrero al suelo sin que ni siquiera lo advirtiese).

CUADRO 8º – ESCENA 19


NARRADOR: Así que se sentó en el borde de un cenicero lleno de pastillas de menta a reflexionar, ya empezaba a comprender por qué Laurisilva y las otras hadas, se habían sonreído al oírle preguntar si podía encontrarse ayuda en el Mundo Real. Nuevamente volando se alejó de aquel pueblo grande, o pequeña ciudad, un tanto decepcionado. “-¡Qué pena –monologaba suspendido entre cielo y tierra-, un inventor que juega a mago, y, de cuyos inventos, no me fío un pelo, porque parece que está mezclando magia y ciencia a partes iguales, al menos en ese engendro que él llama Máquina del Tiempo!... ¡Vamos, que si me meto dentro igual llego al siglo 3000 o salgo centrifugado!
Estaba tan absorto en sus tristes reflexiones que no se dio cuenta de que tropezaba y se introducía en una nube de contaminación de la que salió tosiendo y estornudando al conseguir librarse de ella, y algo enhollinado percibió que el pueblo se había quedado atrás, y muy atrás debía de haber quedado porque no lo veía ni de lejos, y yo se hallaba volando sobre una especie de carretera sin asfaltar en la que se marcaban profundamente las huellas de las ruedas de los carros. Se divisaban algunos árboles, campos y cercano un pueblo, pero lo que más le sorprendió es que encima de la línea del horizonte, relucía lo que podría ser, ¿el mar?
Remontó el vuelo dirigiéndose a toda velocidad hacia eso que podría ser un pueblo marinero. ¿Le habría conducido el azar al punto de encuentro del lince con el misterioso individuo que le aguardaba? Los pueblos de mar no se parecen a los de tierra adentro; vagabundean muchas gaviotas que son enormes y te miran con ojos enrojecidos y feroces, los desperdicios del pescado se hacinan por los rincones siendo disputados por las aves amarinas y las no menos terribles ratas urbanas, las cuales, para no desentonar en aquel ambiente, lucían tatuajes en las patas, algunas un ojo tapado con un parche, pendientes en las orejas y hasta pañuelo pirata anudado en la cabeza. ¡Vaya, lo que se dice el ambiente ideal para un periquito de buena familia! La verdad, en ese ambiente patibulario, cualquiera hacía preguntas, porque lo más fácil es que te respondiesen a mordiscos o a picotazos. Desolado, revoloteó sobre el puerto en el cual se anclaban barcos y barcazas. Allí todo era algarabía y gentes de aspecto poco tranquilizador que faenaban, iban y venían entre juramentos y risotadas. Sin saber que hacer en concreto, se detuvo en el quicio de una ventana, una ventana oscura y fea, triste, un ventanuco más bien, que daba a cierto callejón sin salida corto y estrecho. Las casas allí, como en el resto del pueblo, eran de piedra, algunas tenían las paredes encaladas y otras no y en todas se respiraba descuido y como una sensación provisional de decorado de teatro lo mismo que si sus habitantes estuvieran de paso, lo que tratándose de gentes de mar, por otro lado, nada tiene de raro. Suspiró de nuevo y ahora preocupado. Lo único bueno que había en aquel callejón que no conducía a ninguna parte, es que estaba vacío aunque no le faltaran las consabidas basuras desparramadas por un suelo de empedrado irregular y el ir y venir de las afanosas y malencaradas ratas que de vez en cuando levantaban la cabeza para observarle . En éstas se hallaba, descansando sin saber a ciencia cierta que hacer ni a quién dirigirse que le diese buen resultado, cuando acertó a entrar en aquel callejón un perro, pero, ¡alto!, que no se trataba de un cachorro vulgar sino de todo un magnífico ejemplar de perro de las nieves, de esos que se llaman huskies y que son tan preciosos con sus bellísimos ojos azules, y ese abrigado pelaje lustroso de brillo plateado. Era joven, fuerte y no semejaba temer a nada ni nadie. Penetró nervioso e impaciente en el callejón y se quedó plantado en su entrada con las cuatro patas firmemente clavadas en el suelo. Olfateaba tenso el aire y moviendo la cabeza acabó por descubrirme.

HUSKIE: -¡Guau! (ladra amistosamente) ¡Guau, guau! ¿Qué hace un periquito como tú en un lugar cómo éste?
(Descendió de la ventana planeando).
PETRUSKY: -Es una historia muy larga que contar. Y tú, ¿es qué te has perdido o te han abandonado?; tampoco es normal que un perro de tu categoría ande suelto por estos andurriales.
(El huskie se sienta sobre sus cuartos traseros agitando levemente la punta de la cola)
HUSKIE: -Ni perdido ni abandonado (dice orgulloso). Vuelvo al Gran Norte de donde procedo. Mi amo me adquirió de cachorro, comprendiendo después que no está bien retener a un animal en un hábitat que no es el suyo, porque a mí, como buen perro de las nieves, el calor me agobia y me hace sentir desgraciado. Yo he nacido para el frío y el retozar en la extensión blanca de los hielos, para aullarle a la aurora boreal y al sol de media noche, para tirar de los trineos y correr mil aventuras con mis compañeros de raza. Mi amo, que es muy inteligente, lo comprendió y hace unos días me dio la libertad, y por eso he venido a la costa, para enrolarme en un barco que me lleve al Gran Norte.
PETRUSKY: -¿Y por dónde cae el gran Norte ese?
HUSKIE: -Allá lejos, en el confín de la Tierra, en el Polo.
PETRUSKY: -¡Brrr, que frío!
HUSKIE: -A mí me gusta, es mi vida.
NARRADOR: ¡Qué gustos más raros tienen algunos! Pensó Petrusky, pero el huskie pareció leer sus pensamientos puesto que le contestó:
HUSKIE: -No es tan mala vida como te pueda parecer. En marzo, y aún faltan muchos meses, en Alaska, en la ciudad de Anchorage, tiene lugar la carrera más dura de todas las de competición, la Iditarod, ¿no te suena? En ella compiten por lo menos un centenar de trineos que arrastran perros como yo... ¡Y es una carrera gloriosa! Se cruza Alaska entera bajo ventiscas y temperaturas de unos 45 bajo cero... ¿Puedes imaginar que se recorren más de 1688 kilómetros de territorio helado y prácticamente desierto hasta alcanzar la meta y con ella el triunfo? -¡Eso es vida, muchacho! Y te diré una cosa, si no fuese por estas carreras, hace tiempo que habría desaparecido la raza de perros árticos a la que pertenezco.
PETRUSKY: -¿Por qué?
HUSKIE: -Es muy sencillo, para las carreras se necesitan perros y por ese motivo existen granjas especialmente destinadas a su crianza y adiestramiento. Yo desciendo de los antiguos perros de los indios y de los esquimales y entre mis antepasados está Walto que sirvió de perro guía en una legendaria expedición que consistió en llevar desde la ciudad de Nenana hasta la de Nona, el suero que cortaría una terrible epidemia de difteria...
PETRUSKY: -Yo soy un periquito azul australiano, mis antepasados vienen de allí.
HUSKIE: (con una amplia sonrisa) -Mira por donde los dos procedemos de lejanas tierras. ¡Ah, si supieras las ganas que tengo de regresar!
PETRUSKY: -¿Y te enrolarás en un barco, es fácil hacerlo?
HUSKIE: -Depende, pero si eres listo y te las ingenias, puedes caerle bien al capitán del navío y entonces tendrás un rincón para dormir y un pedazo de carne salada y galletas para comer, a cambio estoy dispuesto a trabajar en lo que sea, como vigía, limpiando de ratas el barco, cualquier cosa, que a mí no se me caen los anillos por trabajar. -Antes has dicho que tu historia es larga de contar, ¿puedo conocerla?
PETRUSKY: -Verás, voy buscando a cierto lince gris que está en posesión de un secreto de mucha importancia y del que depende la libertad de una doncella encantada.
HUSKIE: -¡No me digas!
PETRUSKY: -¿Qué no te diga el qué?
HUSKIE: -¡Pues que yo he visto a ese lince tuyo!
PETRUSKY: -¡No me digas!
HUSKIE: -Si te digo... Y no hace mucho, a lo sumo media hora... Iba yo por un callejón parecido a este, sólo que con salida, y de repente, se me aparece un enorme lince gris y como no es normal que los linces frecuenten las ciudades ni por equivocación, supuse que algo no marchaba bien... Podía haberse escapado de alguna jaula y hacer daño a alguien en su fuga, así es que me planté delante de él y le pregunté: -¿De dónde vienes y adónde vas? -Eso a ti no te importa –me respondió él más fastidiado que verdaderamente asustado-, aparta y déjame seguir mi camino que yo no me meto en líos contigo, fiel amigo del hombre. Esto último lo soltó con mucho retintín, lo cual me hizo sentir molesto, de modo que gruñí, enseñándole los dientes y me dispuse a saltar sobre él para darle una lección por insolente, y abalanzándome estaba, cuando, para mi asombro, el lince pareció como desperezarse y se convirtió en una persona, un individuo alto, de pelo hirsuto, malencarado y envuelto en una amplia capa hecha con pieles de lince gris.
PETRUSKY: -¡Era él!
HUSKIE: -¿Ese es el lince que buscas?
PETRUSKY: -¡Sí, sí, es ese!... Vaya, creo, supongo que lo es... ¡El tal lince es un mago o el criado de un mago terrible!... -¿Qué más aconteció?, cuéntame.
HUSKIE: -Qué yo me quedé pasmado frente al lince humano, ¡luego dirán del Hombre Lobo!, nunca había visto una cosa tan rara en mi vida, y él entonces se echó a reír en mis hocicos. -Esto no te lo esperabas, ¿eh, fiel amigo del hombre?... ¡Anda y lárgate chucho de la nieves y procura por ti y tus asuntos y no le busques tres pies al gato que sólo tiene cuatro!... ¡Ja, ja, ja, ja! Me dijo el lince mientras se reía de mí. Yo me había quedado tan sorprendido que no pude ni reaccionar ante su sarcasmo. El sujeto se embozó en la capa de lince apretando el paso, y a mí se me escapó un ladrido involuntario, cosa que le hizo volverse con cierto recelo. Y me volvió a decir: -Desde luego, ¡mira que los perros sois pesados! ¿Qué, me vas a seguir?; peor para ti, no creo que en EL TESORO Y EL COFRE te dejen entrar a tomarte una copas de aguardiente, si asomas el morro te sacarán a puntapiés, eso te lo juro.
PETRUSKY: -¿Qué es EL TESORO Y EL COFRE?
HUSKIE: -Imagino que una taberna portuaria o algo parecido.
PETRUSKY: -¡Eso, eso, EL TESORO Y EL COFRE es el lugar de la reunión!... ¡Tengo que ir allí de la forma que sea, el lince, perdón, el esbirro, tiene que estar hablando ya con el mago... y yo debo estar presente en esa cita!
HUSKIE: (se queda pensativo pero luego exclama animado) -¡Súbete a mi lomo, vamos a buscar esa taberna!
NARRADOR: Petrusky iba a bordo de su nuevo amigo, el poderoso perro huskie quién en lugar de correr parecía volar entre la multitud igual que si tirase no de uno, sino de veinte trineos, y ello le producía una sensación de tranquilidad enorme aunque tuviera que agarrarse fuertemente con sus patitas a su grueso pellejo. En un periquete, recorrieron el paseo de los muelles buscando una taberna que se llamara EL TESORO Y EL COFRE y ya desesperados, el huskie impaciente, atrapó por su largo rabo a una rata portuaria y le gruñó amenazadoramente: -Si en algo aprecias tu miserable existencia, dime dónde puedo encontrar la taberna EL TESORO Y EL COFRE. La rata, que no daba la sensación de sentirse demasiado asustada, replicó: -Es que no buscas donde está... No es una taberna, es un barco, dijo la rata.
HUSKIE Y PETRUSKY: -¡¡¡UN BARCO!!! (Gritaron al unísono).
NARRADOR: Y tan conmocionado quedó nuestro amigo que incluso soltó el rabo de la rata a lo que ésta escapó corriendo como alma que lleva el diablo, y, tras esconderse en el agujero de una pared, les gritó desagradablemente: -¡Sí, perro estúpido, y tú, pajarraco ridículo, es un barco, y un barco pirata, para que os enteréis, subid a bordo y el pirata Timoteo os venderá como esclavos en Jamaica, eso si tenéis suerte de que no os hagan servir de pasto a los tiburones!
HUSKIE: -¡Un barco pirata! -Periquito...
PETRUSKY: -Me llamo Petrusky.
HUSKIE: -Petrusky, ese barco va a Jamaica y allí hace mucho calor.
PETRUSKY: -Tú ya me has ayudado bastante a ti te aguarda el Gran Norte y a mi Jamaica o yo que sé dónde, todo dependerá de si lo que busco se halla en EL TESORO Y EL COFRE o no... Tengo que subir a bordo y tú debes marcharte porque nuestros caminos se separan.
HUSKIE: -Oye, mira, si el tipo ese, lince, esbirro o mago, no esta en el navío, vuelve, yo te esperaré aquí en los muelles por espacio de una hora y si no regresas sabré que tu aventura continúa... Ahora, si algún día quieres venirme a ver, abrígate que ya sabes en donde me encontrarás... ¡Ah, y me llamo Karel!
NARRADOR: Sin embargo no era el adiós definitivo. Aún le acompañó a la búsqueda del barco pirata y después de un rato de ir y venir por el puerto fisgoneando en todos los barcos para comprobar si el nombre que les interesaba se veía escrito, dieron por fin con él, EL TESORO Y EL COFRE se estaba haciendo a la mar entre vocerío marinero y desplegar de velamen al viento. Karel y Petrusky se despidieron efusivamente. Se dieron un gran abrazo y se despidieron definitivamente, ¡hasta la próxima!
PETRUSKY: -¡Qué pronto estés en el Gran Norte, Karel!
HUSKIE: -¡Y que tú consigas desencantar a la doncella!
(Voló en dirección al velero mientras Karel se quedaba abajo, haciendo guardia).
NARRADOR: Aturdido por el clamoreo, nuestro amiguito se detuvo un instante sobre una linterna de aceite, apagada en aquellos momentos. En torno suya, marineros de temible catadura maniobraban entre palabrotas y risotadas, algunos incluso cantando canciones terroríficas que hablaban de naufragios y pillaje.
(Se escucha de fondo las voces de los marineros cantando)
-¡Jojoi, jojoi, jojoi, el barco embarrancó!
-¡Jojoi, jojoi, jojoi, que buen botín cobré!
-¡Jojoi, jojoi, jojoi, a su capitán colgamos!
-¡Jojoi, jojoi,jojoi, que bien nos lo pasamos!

CUADRO 9º – ESCENA 20


NARRADOR: Petrusky intentaba calmarse recordando a lo que había venido e intentando no dejarse influir por lo que estaba viendo ¿En dónde podía estar el hombre con la capa de pieles de lince? Pensaba Petrusky ya mas tranquilo. Cuando de repente un vozarrón detrás de él, retumbó en la cubierta, imponiéndose sobre las demás gargantas. -¡Por mil pares de tiburones, a ver si os movéis, gandules, que EL TESORO Y EL COFRE tiene que estar en la Isla Perdida dentro de dos semanas, de lo contrario, si nos retrasamos, nos cogerán las tormentas de El Cabo Doblado y serviremos de banquete a los peces!... -¡Con que vamos! ¡Escoria de los siete mares, a trabajar!... ¡Venga!

Petrusky se cayó de susto de la lámpara quedando sentado sobre un barril de pólvora, y allí le acechó el patrón del barco, el temible pirata Timoteo, quien con la clásica pata de palo, su parche negro en el ojo y un sombrero de igual color en el que campeaba el bordado en plata de una calavera con las dos tibias cruzadas, parecía, más que otra cosa, la encarnación de una pesadilla. Lucía frondosa barba oscura y bigotes de tirabuzón y su único ojo parecía un semáforo de lo reluciente y grande que era. Sonrió enseñando una dentadura mellada y amarillenta.
TIMOTEO: -¡Por cien mil orcas hambrientas, se nos ha colado un polizón, muchachos, y es una cotorra enana!
NARRADOR: ¿Yo cotorra enana? Dijo Petrusky para si mismo muy mosqueado, ¡Por un millón de salmonetes, a Petrusky el australiano, nadie le llama cotorra enana sin tener que lamentarlo! Con la adrenalina a tope, se le nubló el entendimiento y cometió la tontería más grande que nunca podía haber realizado, se encaró con el pirata Timoteo y le dijo cuatro cosas bien dichas.
PETRUSKY: -¡Escucha, pirata de opereta, ni tú ni nadie, me han de llamar a mí cotorra enana, yo soy un periquito azul australiano, de noble linaje y...!
TIMOTEO: (riéndose a carcajadas) -¡Anda, que graciosa la cotorra enana, como berrea! Ven aquí, plumero con patas, a partir de ahora serás otro miembro de la tripulación en categoría de chiste viviente, y nos divertirás a todos desde el interior de... ¡ESTA JAULA!
NARRADOR: Y mientras hablaba le atrapó con su manaza y en menos tiempo del que imaginaba se vio cazado e irremisiblemente arrojado sin miramientos, dentro de una desvencijada jaula para cotorras.
El “clic” de la puerta al cerrarse a sus espaldas le hizo comprender que efectivamente emprendía un viaje rumbo a la aventura más incierta, e ignorando si aquel a quién seguía la pista viajaba en el mismo barco o ya no estaba.
El pirata Timoteo colgó la jaula en un gancho del palo mayor y rugió en su oído, dejándole casi sordo: -¡A ganarte el rancho, cotorra enana, a ver si aprendes a repetir cosas y nos haces reír! –se volvió a un pirata y le gritó: ¡Señor Trinquete!

ESCENA 21


TRINQUETE: -¡¡SI, SEÑOR!!
TIMOTEO: -Primera lección, enséñele a la cotorra enana a decir algo interesante.
(El bucanero se le acerca a la jaula, y con las narices aplastadas contra los barrotes, empieza a repetir)
TRINQUETE: -¡Capitán Timoteo guapo, capitán Timoteo guapo!
NARRADOR: ¡Vaya un final!, Petrusky encarcelado con fin y objeto de servir de diversión a una horda de sanguinarios piratas. ¡Cómo le hubiera gustado tener allí una Máquina del Tiempo, bueno, eso sí, para viajar al pasado justo en el momento en que Negri y Lilí acarreaban la estrella de Laurisilva hasta casa! Pero, ¡ay!, qué lejos quedaba ya todo... Mantuvo el pico bien apretado ya que no quería acabar como el bufón del pirata Timoteo. Las risotadas del capitán atronaron de nuevo la cubierta siendo coreadas en esta ocasión por sus subordinados, incluido el señor Trinquete.
TIMOTEO: -¡Mirad a la cotorra enana, si parece que le vaya a dar un síncope! Señor Trinquete, dejemos por el momento las lecciones y venga conmigo al camarote, que tenemos que discutir algunos asuntos importantes.
TRINQUETE: -Sí, señor... Y respecto al vía...
TIMOTEO: (le interrumpió bruscamente) -¡Chitón, señor Trinquete, que hasta el palo de mesana tiene oídos y no conviene que ni el viento sepa nuestros planes!

ESCENA 22


NARRADOR: El corto diálogo dejó a Petrusky muy pensativo. Evidentemente allí se trataba algo y todo debía de estar en relación con el hombre de la capa de pieles de lince, ¿estaría aún en el barco, viajaría con Petrusky rumbo a La Isla Perdida? Los días que siguieron, monótonos y aburridos para Petrusky, ya que continuaba prisionero en la jaula, y no tenía aliciente alguno que le animase, ya que las tontas lecciones, que se negaba a repetir de “capitán Timoteo guapo”, o “señor Trinquete simpático” y otra sarta de tonterías por el estilo, le deprimían más que otra cosa. Por fin, al tercer día, siendo de noche, y en el transcurso de un relevo, pudo escuchar el fragmento de una conversación que despejó su melancolía inyectándole nuevas energías. Un bucanero apodado Bogavante, vino a reemplazar al vigía en la cofa de proa, un tal Marrajo y en el entretanto del cambio hablaron de esta suerte:
BOGAVANTE: -Estoy deseando llegar a aguas cálidas, Marrajo, estas noches a la serena en alta mar son más frías que un iceberg flotante.
MARRAJO: -Y que lo digas, Bogavante, no todos tenemos buenas capas de piel de lince para envolvernos.
BOGAVANTE: -Algunos son afortunados.
MARRAJO: -Sí, muy afortunados, ricas pieles, buena comida y mejor bebida, honores y trato diferente... El poder del oro Bogavante, el poder del oro.
BOGAVANTE: -Si Marrajo, el oro, ¡bendito sea!, eso lo puede todo... Diez bolsas de oro le entregó el hombre de la capa de piel de lince a nuestro capitán que yo lo vi, Marrajo, con estos mismos ojos que se han de comer los peces... Te acordarás que embarcó la misma tarde que el capitán capturó a la cotorra enana, se encerraron en el castillo de popa donde estuvieron hablando mucho rato, luego el capitán me llamó ordenándome que le llevase un barril vacío, ¡ni qué yo fuera tonto!, al devolverlo a su camarote pesaba como el plomo, así que abrí la tapa, Timoteo sólo la había ajustado, y, ¡por las barbas de Neptuno!, te juro que conté diez bolsones de oro... ¡Pero bien que se lo ha callado nuestro capitán, Marrajo, bien se lo ha callado, y a nosotros, para tenernos contentos, cuatro doblones mal contados y a endilgarnos la historia de que le hace un favor a un viejo amigo, como si eso a nosotros nos importase, que somos piratas, Marrajo, no damas de compañía, y sus amigos no tienen por que ser los nuestros!
MARRAJO: -Ya, ya, como que EL TESORO Y EL COFRE iba a zarpar en dirección a La Isla Perdida así, por capricho.
BOGAVANTE: -Es demasiado arriesgado.
MARRAJO: -Y tanto, a mí que me den abordajes y asaltos, cualquier cosa menos poner los pies en esa isla embrujada.
(La voz del pirata Timoteo resonó en el desierto puente).

ESCENA 23


TIMOTEO: -¡A de estribor!, ¿qué hacen dos fieros bucaneros chismorreando como un par de viejas acatarradas?... ¡Marrajo, Bogavante, por los dientes de un tiburón, menos parloteo y a lo vuestro, que en mi barco no se está para perder el tiempo!
(Bogavante trepó como un mono hasta su puesto de vigía en la cofa y Marrajo se escurrió entre las sombras desapareciendo. Después silencio y más tarde el golpeteo irregular de la pata de palo del pirata Timoteo efectuando una ronda fantasmal por su navío).
¡Toc, toc, toc!
(Timoteo procedió a sentarse debajo de la jaula con un suspiro, luego murmuro)
TIMOTEO: -La tripulación está inquieta, ¡maldita sea!, a ver si por este asunto de La Isla Perdida los hombres se me van a amotinar... El mejor negocio de mi vida y...

ESCENA 24


NARRADOR: Al día siguiente pudo advertir como varios piratas señalaban, en algún momento, en dirección al capitán y cuchicheaban entre sí con aspecto torvo y descontento. ¡Sería divertido que estallase una rebelión! Misterios y resentimientos, el hombre de la capa de pieles de lince era el invisible huésped de Timoteo, sólo una incógnita persistía, ¿cuál era la auténtica personalidad del enigmático individuo, se trataba de Glagól acaso? Y si de Glagól se trataba, ¿llevaría consigo la estrella? ¡Resultaba indispensable que nuestro amigo escapara de la jaula y lo averiguase! Pero, ¿cómo?, lo ignoraba y se estaba devanando los sesos cavilando sobre el mejor modo de cumplir con lo que se esperaba de él, cuando el azar vino a brindarle la solución de manera totalmente inesperada.
Se escucha una voz del vigía de turno que dice:
-¡Barco a babor! -¡El Corsario Blanco, el Corsario Blanco!
NARRADOR: En el momento se formó un terrible pandemonium en EL TESORO Y EL COFRE ya que todos los piratas chillaban y corrían desordenadamente de un lado para otro blandiendo sus armas. El pirata Timoteo apareció enseguida sobre el puente de la nave, calmo en contraste con tanto alboroto.
TIMOTEO: -¡Eh, marineros de agua dulce! (grita con fiereza), ¿somos acaso mocosos llorones para asustarnos así por la presencia de un barco enemigo?... ¡Si al Corsario Blanco le llaman El Invencible, hora es ya de que se enfrente conmigo para que el sobrenombre cambie de lobo de mar!
MARINERÍA: -¡Viva el pirata Timoteo! (aulló la tornadiza marinería).
TRIPULACIÓN: -¡¡¡Al abordaje, al abordaje!!! (Grita la tripulación del tesoro y el cofre)


CUADRO 10º


NARRADOR: Petrusky no sabía mucho de barcos ni de leyes del mar ni de bucaneros, pero creyó adivinar que por algún extraño motivo, corsario no era lo mismo que pirata, y pudiendo ver a lo lejos al otro velero cuando maniobró la nave pirata en la que se hallaba, comprendió instintivamente que si Timoteo y sus hombres eran los malos, aquellos tenían que ser los buenos, al menos su barco así lo dejaba traslucir en contraste con el del pirata Timoteo, oscuro y siniestro, aunque cuando iba con las velas desplegadas podía ser hasta hermoso. El navío del Corsario Blanco, como su nombre indica, era todo blanco, semejaba tallado en marfil y sobre el majestuoso velamen ondeaba su bandera, nada de calavera y tibias cruzadas en campo negro, sino una resplandeciente enseña de alegre colorido en la que se hallaba inscrita su divisa: POR EL BIEN Y LA JUSTICIA. Pudo advertir como el barco del Corsario Blanco, que por cierto se llamaba EL DELFÍN, no huía al avistarlos, sino que decidido avanzaba hacia ellos. Los piratas lanzaron una andanada de pólvora entre risotadas, a lo que EL DELFÍN replicó con gallardía, cosa que enfureció a los tontos de los bucaneros cuando ellos habían sido los primeros en atacar.
TIMOTEO: (gritando) -¡¡¡Adelante, muchachos, que no quedé ni un solo corsario para contarlo!!!
BOGAVANTE: -¡Sí, capitán, nos los vamos a comer!
NARRADOR: Los navíos se balanceaban uno delante del otro, y el aire olía a humo, Petrusky empezó a toser.
TIMOTEO: -¡Mirad como tose la cotorra enana, va a vivir su primera batalla y lo único que se le ocurre es constiparse, jo, jo, jo, jo!
CORSARIO BLANCO: (gritando) -¡Ríndete, Timoteo!
TIMOTEO: (grito enfurecido) -¡Ríndete tú!
CORSARIO BLANCO: -¡No he venido a eso!
TIMOTEO: -¿Pues a qué has venido?
CORSARIO BLANCO: -¡A barrer de los mares esa sucia carcasa que es El Tesoro Y el Cofre!
TIMOTEO: -¡Anda que gracioso, mira como me río, ja, ja, ja!
CORSARIO BLANCO: -¡Quien ríe el último reirá mejor, Timoteo!
TIMOTEO: -¡No me das miedo, Corsario Blanco!
CORSARIO BLANCO: -¡Eso lo veremos!
NARRADOR: Pronto los dos barcos entraron en colisión en medio de un gran estruendo, y la jaula saltó por los aires con Petrusky dentro, con tan buena fortuna que fue a caer sobre un montón de sacos de harina y no sólo no se hizo ningún daño sino que del resultado del trastazo, la puertecilla se desencajó y pudo salir sano y salvo de allí dentro, corriendo, como es natural, a esconderse en sitio seguro. Estaba asistiendo, in situ, a un combate entre bucaneros y corsarios, allí estaba mirando como saltaban y corrían, cruzando sus espadas en el aire. A Petrusky se le contagió el ardor bélico y sin pensar en lo que hacía, se lanzo de cabeza al fragor de la batalla. Era una tontería lo que acababa de hacer, porque no tenía armas ni sabía luchar, pero dejó que los acontecimientos le arrastraran y en un santiamén se encontró dando aletazos y picoteando a la desesperada entre la masa de los combatientes, cuidando, en todo momento, por supuesto, de no atacar a los corsarios a quienes, indirectamente, debía su liberación. -Vaya con la cotorra enana, conque te has escapado, ¡eh?!... ¡¡¡Cuidado, bicho, será imbecil, ¿pues no me pica?!!! Dijo muy mosqueado el pirata Timoteo. Y Ahí, frente a frente el pirata Timoteo y Petrusky, quiso demostrarle que no se ofende impunemente a un periquito australiano, y le dio fuerte en su narizota hasta hacerle retroceder berreando de dolor.
-¡¡¡Huy, huy, huy, iiiiiiiiii, para ya, cotorra enana, no me piques más!!! Volvió a decir el pirata.
-¡De cotorra enana, nada, pirata de guardarropía, y de “capitán Timoteo guapo” menos que menos!... Yo soy Petrusky y para ti siempre, ¿me oyes bien?, señor Petrusky... ¡Toma, toma, toma! Menuda paliza que le estaba dando Petrusky a Timoteo. Y mientras Petrusky se desquitaba con el pirata se escucho una voz a sus espaldas que decía:
CORSARIO BLANCO: -¡Bravo, periquito azul!
NARRADOR: Y acto seguido la acerada punta de una espada se colocó sobre el pecho del pirata Timoteo.
CORSARIO BLANCO: -¡Ríndete, Timoteo!
TIMOTEO: -¡Por cuatrocientos pares de galernas tropicales, qué deba mi derrota a una cotorra enana!
PETRUSKY: -¡Y dale, otra vez!... Yo no soy...
NARRADOR: El corsario, un apuesto joven vestido del color que su nombre indicaba y cuyos alborotados cabellos rubios brillaban bajo el sol, le sonrío amistosamente.
CORSARIO BLANCO: -El pirata Timoteo es muy terco y nunca reconocerá que eres un periquito azul... (Dice a Petrusky), (y al bucanero en otro tono) ¡En efecto, has sido vencido, y, para tu deshonra, por un pajarillo que abulta menos que tu dedo meñique!... Recuerda Timoteo, que el mal jamás triunfa.

CUADRO 11ª – ESCENA 25


NARRADOR: Se hinchó de satisfacción, por fin se le reconocían los méritos, y, además, el Corsario Blanco no mentía, ya que sino hubiese sido por él, confundiendo a picotazos al pirata Timoteo y forzándole, de esta manera, a bajar la guardia, al corsario le hubiese sido muy difícil reducir a su enemigo, porque con todos sus defectos, Timoteo era un pirata valiente y un antagonista nada despreciable. Aquella noche hubo una gran fiesta en EL DELFÍN. El pirata Timoteo y toda su pandilla de indeseables, estaban a buen recaudo encerrados en el sollado de EL TESORO Y EL COFRE, sirviéndoles su propio barco de prisión. El Corsario Blanco había decidido que serían deportados a la isla de El Gran Galápago en donde pasarían el resto de sus vidas trabajando en los campos de cultivo y en donde sólo por buena conducta podrían ser dispensados del castigo. El Corsario Blanco y Petrusky simpatizaron desde el primer momento en que se vieron, y así pasó, con todos los honores, al DELFÍN, sobre su hombro y entre aclamaciones, cosa que revigorizó grandemente su maltratado ego. Por cierto, se me había olvidado algo muy pero que muy importante. En cuanto se redujo a la piratería, caído Timoteo cayeron todos, Petrusky voló por su cuenta y riesgo al camarote del vencido esperando encontrarse con el misterioso forastero, pero se llevó el chasco más grande de su vida, al hallarlo completamente vacío; allí no había nadie, ni rastro que no perteneciera al pirata Timoteo.
Muy decepcionado volvió con sus nuevos amigos y la cosa ahí quedaría en otro misterio que añadir a los que ya coleaban, de no ser porque un miembro de la tripulación corsaria, acercándose a su jefe después de hacer un rápido inventario de lo que se encontraba en el barco capturado, le dijo: -Llevan el botín de varios galeones hundidos, 50 barriles de pólvora china, comida y agua para un mes de travesía sin atracar en puerto alguno. En el camarote de Timoteo hemos hallado un inexplicable barril repleto de bolsas llenas de arena, y, aparte de este valeroso periquito, tenían una urraca domesticada que se ocultaba en el castillo de popa y que ha escapado volando en cuanto la hemos descubierto, ¡ah!, y la muy ladrona se ha llevado, arrebujada entre las garras, una espléndida capa de pieles de lince gris... Lo que no deja de ser raro porque esas aves suelen robar objetos de metal. ¡Una urraca!... El enigma acababa de resolverse... ¡Claro, el castillo de popa, Petrusky debió de haber supuesto que allí se encerraba el enigmático personaje con capacidad para transformarse en urraca o lince a voluntad! Por la noche, y durante la fiesta que se organizó para celebrar la victoria, mientras los bravos corsarios cantaban aguerridas canciones de naves aventureras y hermosas sirenas plateadas, Petrusky le narró al Corsario Blanco la historia de sus andanzas y a quién andaba buscando en realidad. El Corsario Blanco le escuchó con asombro creciente.
CORSARIO BLANCO: -Es una historia increíble, y si no fuera porque eres tú quien me lo cuenta, te aseguro que no me lo creería. ¿Puedo ayudarte en algo?
PETRUSKY: -Sí, creo que sí. Timoteo navegaba rumbo a La Isla Perdida, supongo que debe ser allí en dónde tiene su morada Glagól.
(El Corsario Blanco frunció el ceño con preocupación).
CORSARIO BLANCO: -La Isla Perdida pertenece a la secuela de islas tenebrosas, aquellas en cuyos mares nadie quiere navegar.
PETRUSKY: -¿Qué sucede para que no quieran ir?
CORSARIO BLANCO: -Se dice que estas islas flotan sobre aguas hirvientes, que, además, pueblan monstruos inimaginables, serpientes de mar grandes como montañas, entre otros.
NARRADOR: -Ellos no parecían tener mucho miedo a los monstruos, sino a la isla de la que murmuraban unos marineros diciendo que estaba embrujada... El pirata Timoteo les arengó a que tenían que darse prisa en alcanzar el Cabo Doblado antes de la época de las tormentas, pero en ningún momento parecía que estuviesen demasiado asustados por navegar hacia La Isla Perdida.
CORSARIO BLANCO: -¿Quién sabe?, igual ha circulado una leyenda engañosa con objeto de apartarnos de un rumbo que era necesario mantener ignorado. Porque si afirmas que los piratas no tenían miedo de navegar hacia la Isla Perdida, eso significa que aquella ruta la conocen bien y no les causa ningún temor ya que no existen todos esos peligros legendarios. (Se levanta de un salto). -Muchachos, vamos a poner proa rumbo a La Isla Perdida. Me parece que estamos a punto de inaugurar una nueva ruta para todo el mundo
PETRUSKY: (dijo muy agradecido) -Si lo haces por mí, por ayudarme, no es preciso que os molestéis, ya habéis hecho bastante, además, vuestras familias os deben esperar en algún puerto y sí por mi causa...
CORSARIO BLANCO: -Muy considerado de tu parte. Nosotros somos hombres de mar, periquito azul, y el mar es nuestra vida y nuestra aventura diaria. Muy pocos de entre nosotros están casados y tienen hijos. No nos gusta la idea de dejar viudas, ¿comprendes?
PETRUSKY: -¡Qué triste, sois buenos y valientes y estáis solos!
CORSARIO BLANCO: -No del todo, nos quedan nuestras ilusiones y los sueños...
PETRUSKY: (exclamó alegremente) -¿Y cuáles son tus ilusiones y tus sueños, Corsario Blanco?
(El Corsario Blanco miró sin ver un punto inconcreto en el horizonte)
CORSARIO BLANCO: -Amo a una hermosa joven, bella como la misma primavera.
PETRUSKY: -¿Entonces? (interrogó muy contento) las historias de amor son lo mío.
(Él giró el rostro, contemplándole nostálgico).
CORSARIO BLANCO: -Ella forma parte de un sueño imposible, inalcanzable, pero su recuerdo me acompaña siempre.
NARRADOR: Más días de navegación transcurrían felices; Petrusky estaba en trance de convertirse en algo así como el periquito errante. Se había convertido en un buen marinero y ya no se mareaba así que correspondía a la hospitalidad de sus compañeros, turnándome con los vigías en el puesto de guardia, y dado que gozaba de una visión excelente, podía advertirles de cosas, que ellos no acertaban a distinguir. EL Tesoro y el Cofre marchaba ya conducido hacía la isla de El Gran Galápago con su cargamento pirata y ahora El Delfín navegaba rumbo a lo desconocido en busca de La Isla Perdida. Pronto alcanzaron, y pasaron, Cabo Doblado y el mar no se tornó por ello hirviente ni espumoso, ni se abrió ningún espantable abismo bajo la proa de su bajel. Las aguas seguían siendo verde-azuladas y el cielo azul y reluciente, y los días transcurrían serenos, con buena brisa y mejor moral puesto que nada temible surgía para importunarles.
Pero cierta jornada, cuando menos se lo esperaban, vino la niebla, una niebla suave y casi transparente en un principio, que poco a poco, fue convirtiéndose en espesa. El Corsario Blanco mandó echar el ancla y nos detuvimos a la espera de que se desvaneciera. Sin embargo, el ancla no tocó fondo y pronto advirtieron como el barco se iba moviendo con lentitud, fuera del control del piloto. La niebla se apelotonaba en las velas y, sin viento, éstas se inflaron y el barco, resbalando sobre la superficie del océano, empezó a navegar, más como si le empujaran o tirasen de él. Petrusky estaba muy asustado. En cuanto al resto de la tripulación, tampoco las tenía todas consigo aunque procuraban disimularlo. Al Corsario Blanco se le adivinaba preocupado, pero, como era muy valiente, se mostraba animoso intentando restar importancia a lo que estaba sucediendo.
CORSARIO BLANCO: -Con las famosas nieblas de Cabo Doblado hemos ido a topar, muchachos... Cuando regresemos podremos contarlo y nadie se lo creerá.
(Se escuchan las voces de la tripulación que grita: -Sí, capitán. -Claro, capitán. -Naturalmente, capitán).
PETRUSKY: -¡Por supuesto, capitán!
NARRADOR: Pero no todo era tan por supuesto. La niebla resultaba cada vez más densa, y lo más seguro es que se la fuesen a pegar contra el primer escollo que surgiera invisible en aquel mar que no veían y por el cual se deslizaban. Mas de pronto, y como por arte de encantamiento, la niebla se disipó y con ella sus temores. De nuevo brillaba el sol, el viento soplaba en las velas, y en el mar, bajo su superficie, nadaban felices como siempre, las sirenas, los tritones y los delfines. Había vuelto la normalidad. Petrusky regresó al puesto de vigía, era su turno en aquella ocasión, y a poco de instalarse, vio brotar en lontananza la sierra dentada de unos acantilados de tierra rojiza.
PETRUSKY: -¡Tierra! (vociferó lleno de emoción).
TRIPULACIÓN: -¡Tierra! (repitió la marinería alborozadamente).
NARRADOR: Era tierra, en efecto, pero ¿cuál? El Corsario Blanco estudió sus mapas concienzudamente, y Petrusky, sobre su hombro, también. El segundo y el piloto también con ellos, entre todos se esforzaron por aclarar la identidad de aquellas costas desconocidas.

ESCENA 26


CORSARIO BLANCO: -Según estas cartas, en esta latitud y en esta longitud no puede haber ninguna tierra ya que en el mapa sólo se ve el océano. Y, no obstante, ahí la veis, delante nuestra
PETRUSKY: -¿No podría ser (aventuró tímidamente), no podría ser La Isla Perdida?
CORSARIO BLANCO: (El Corsario Blanco frunció el ceño pensativo) -Tal vez, tal vez lo sea. Nadie ha cartografiado nunca La Isla Perdida.
PILOTO: (se santigua) -Igual (con temor supersticioso) igual es como la de San Barandán.
PETRUSKY: ¿En dónde había yo oído tal nombre? (De pronto da un respingo) -¡San Barandán! – (exclamó alborotado). Esa es la isla que aparece y desaparece, como las islas de las hadas, en el reino de el Otro Mundo (se da un aletazo en la frente) ¡La niebla!... Ahora comprendo... ¡Amigos, creo que estamos frente a una de las islas que pertenecen al Reino de las Hadas, que yo de eso sé algo!
SEGUNDO DE ABORDO: -Tiene que ser La Isla Perdida, que no se sabe a ciencia cierta si es isla o continente.
PILOTO: -Las islas de las hadas son inaccesibles.
PETRUSKY: -No tanto, señores, no tanto, yo las he visitado, de ello hace algún tiempo y puedo asegurar que son perfectamente accesibles.
PILOTO: -Pero el Reino de el Otro Mundo...
CORSARIO BLANCO: -La Tierra de los Jóvenes, la Tierra bajo las Olas, la Tierra de los Vivos, la Gran llanura, la Llanura Placentera, la Llanura de la Felicidad... Esas islas son legendarias y pocos han regresado...
PETRUSKY: -¡Bah, tranquilos, un servidor aquí presente es muy amiguete de las hadas!... En una de esas islas vive mi amiga Falena... No hay nada que temer.
CORSARIO BLANCO: (sonrió) -Puesto que tú lo aseguras, Petrusky, te creeremos.
PETRUSKY: -Debéis hacerlo, porque si esas costas que vislumbramos desde cubierta no pertenecen a La Isla Perdida, entonces son de las hadas y ellas, bueno, Falena, nos puede ayudar, porque es la guardiana de las islas mientras las hadas permanezcan en el Mundo Real, os encantará, de verás.

CUADRO 12º – ESCENA 27


NARRADOR: Pero sería… ¿Isla o continente? Vieron acercarse los arrecifes de la isla. Sus costas recordaban una muralla inexpugnable, ya que no se abrían en fondeaderos o recoletas playitas, por lo que el Corsario Blanco fue de la opinión de que se rodeasen hasta encontrar un sitio en el cual poder atracar la nave, pero resultó imposible, así que decidió dejar el barco en alta mar y embarcarse cinco miembros de la tripulación junto con Petrusky y el Corsario Blanco, en una chalupa que al ser de pequeño calado, podía fácilmente varar en cualquier mínima franja de arena. La incógnita era que quién habitaría esas tierras misteriosas: ¿hadas, salvajes, buenas gentes, el mago Glagól? Desembarcaron y los corsarios echaron a trepar peñas arriba entre arbustos semi marinos y arbolitos raquíticos, mientras Pretrusky prefería volar y así fue de avanzadilla para divisar lo que pudiese desde las alturas. Y lo que vio desde las alturas le sorprendió bastante. Se trataba de una isla rara, con tan poco verde que parecía pelusa gris y muchas rocas que parecían estar talladas por la mano de algún gigantesco escultor. No había montañas ni cordilleras, pero sí inmensos bloques que recordaban castillos o palacios, ciudades, pueblos, todo pétreo, simulando puertas y ventanas, almenas, torres y techumbres, pero si te acercabas no era más que piedra la que ofrecía esa engañosa similitud. Daba la impresión de ser un mundo extraño en el que hubiera caído un maleficio dejándolo todo desértico y petrificado. ¿Sería “aquello” el reino de Glagól? Petrusky se disponía a regresar junto a sus amigos los corsarios, cuando de repente un búho fue a su encuentro a plena luz del día, era un búho pequeñito.
PETRUSKY: -¡Farfor!
FARFOR. -¡Hola, Petrusky!
PETRUSKY: -¿Qué haces tú aquí y bajo el sol?
FARFOR: -Sabes muy bien que no soy un búho normal y puedo soportar la luz del sol sin pestañear.
PETRUSKY: -Bien, bien, pero, ¿qué haces aquí?
FARFOR: -Lo mismo que tú, creo.
PETRUSKY: -¿Buscas a Glagól?... O... Oye, ¿es aquí dónde vive Glagól?
(Farfor asintió moviendo la cabecita de arriba abajo).
FARFOR: -En cierto modo, más si lo que tú quieres saber es si estamos en La Isla Perdida, te responderé que, en efecto, en ella nos encontramos.
PETRUSKY: -¿Dónde está?
FARFOR: -El muy astuto se ha ido al pasado para que nadie lo encuentre.
PETRUSKY: -¡Recórcholis! -¿En qué época se ha ido a esconder?
FARFOR: -Creo que en la Edad Media, o algo así... Cuando en esta isla había castillos y ciudades, antes de que la maldición de Glagól lo cambiase todo.
PETRUSKY: -¿Qué hizo?
FARFOR: -Consiguió un reino con sus malas artes y como es perverso se enfadó mucho por algo que no salió como él quería y lanzó un encantamiento que todo lo convirtió en piedra.
PETRUSKY: -¿Y ha vuelto al pasado, a ese pasado?
FARFOR: -Sí, justo a la fecha anterior en que realizó el malvado hechizo, se ve que le gusta recrearse en sus fechorías.
PETRUSKY: -¿Cómo se puede ir a esa época?
FARFOR: -¡Qué audaz eres Petrusky, y muy valiente! Pero yo no lo sé, yo soy un búho encantado y no un brujo, y por aquí no hay nadie que sepa magia y nos pueda ayudar.
NARRADOR: ¿Nadie? Sin saber el motivo pero le vinieron a la memoria las palabras del hada Ámbar: “a medida que cantes, el futuro irá surgiendo delante de ti”... Esa era la fórmula mágica y él la tenía, si se hubiera acordado a tiempo se podía haber ahorrado el “crucero de placer”
PETRUSKY-¿Te gusta la música? (Y se puso a cantar).

13º CUADRO – ESCENA 28


NARRADOR: La canción hizo su efecto y en un instante de despiste que se embobó contemplando el vuelo de una infatigable paloma mensajera que surcaba los aires a nuestra altura, cuando se volvió a mirar hacia Farfor ya no lo encontró, ya no estaba, pero es que todo había cambiado en menos de un santiamén.
Habían estado sobrevolando un valle de tierra cuarteada por la sequía, en cuyo centro se levantaba un macizo rocoso. Bueno, pues aquella mole de piedra esbelta y almenada, seguía estando ahora en su mismo sitio mas el paisaje había cambiado totalmente, el castillo petrificado era en esos momentos de verdad, con flotantes gallardetes y banderolas al viento y las áridas tierras que lo circundaban aparecían transformadas en campos de labranza, prados y bosques y hasta había una pequeña villa hacia la izquierda del castillo. No era la primera vez que Petrusky tenía una experiencia de esta clase así que no se sorprendió demasiado ya que comprendía como su deseo le acababa de llevar en el acto al pasado aquel en el cual se ocultaba Glagól. Por supuesto, del hombre de la capa de pieles de lince ni rastro, o bien un rastro perdido, mas su pista le había conducido hasta la guarida de Glagól lo que a fin de cuentas era lo que interesaba, ahora, si la estrella estaba allí o no estaba, eso era ya otra cosa. Un sinuoso camino ascendente conducía desde el llano en dirección al altivo castillo, claro que no lo necesitaba dado que sus alas también podían ser mágicas de requerirlo la ocasión, y, haciendo uso de ellas, se coló bonitamente en la fortaleza. Siendo pequeñito y ágil, se pudo camuflar con suma facilidad, porque no era en modo alguno conveniente alertar a nadie con su presencia. Así pues se escurrió sigilosamente entre piedras, esquinas y quicios y de esta manera pudo ver y oír muchas cosas interesantes. Al parecer se estaban haciendo los preparativos de un torneo en el que el premio era la mano de la princesa Amarilis y el reino con ella. Muchos nobles caballeros habían concurrido ya en otras justas semejantes para lograr el preciado trofeo habiendo sido derrotados por el hasta hoy, todopoderoso Gran Senescal del reino, quien prácticamente había usurpado el poder desde que hacía tres años los hermanos de la princesa Amarilis partieran a Tierra Santa en una de las tantas Cruzadas que por aquel entonces estaban de moda llevar a cabo. Dados por muertos los hermanos de Amarilis, el Gran Senescal decidió realizar el simulacro de una serie de torneos, y, se decía, que por malas artes había conseguido derrotar siempre a los más esforzados caballeros que aspiraban a la mano de Amarilis, porque en aquel tiempo, sin rey en el trono de un reino, si la herencia recaía en una princesa de sangre, era menester buscarle marido, y por lo visto, el Gran Senescal había pensado que él era el candidato idóneo. De lo cual se deduce que la pobre princesa lo debía estar pasando pero que muy mal, ya que no quedaban campeones; el Gran Senescal había despachado a todos cuantos pudieran liberarle de semejante Destino tan poco grato, o sea, el de casarse con aquel aprovechado que simulaba cumplir las leyes infringiéndolas, aunque muy legalmente, y si en el último torneo no se presentaba nadie, cosa que por las trazas resultaba lo más probable, pues el Gran Senescal se quedaba con la princesa y con el país entero. Apenas se enteró Petrusky de toda la historia se sintió muy mal, ¡pobre Amarilis!, condenada de antemano a desposarse con un malvado sin escrúpulos que no jugaba limpio. Toda su sangre de periquito azul del amor hirvió de indignación y se sintió lleno de suficiente energía como para derrotar él solito a un batallón de Grandes Senescales; lo malo es que no sabía cómo, pero lo que es en moral no le faltaba. En aquellos momentos ni se acordaba de Glagól, habiendo sido lo prudente no olvidarlo, ni de la misión que le había llevado hasta allá, le urgía rescatar a la princesa de las garras del usurpador, y como es un periquito muy metódico, decidió empezar por el principio e ir directamente a la busca de Amarilis para tener con ella una charla en vivo y en directo y ver de que manera se podían hacer las cosas para liberarla. De modo es que, despacito, despacito, empezó a escurrirse por todos los rincones hasta que la presencia de una criadita que se dirigía a las cocinas con una gran cesta de lechugas, le permitió medio de transporte, y, acceso al interior del castillo. En cuanto pudo se escurrió de la cesta y corriendo escalinatas arriba por aquellas que parecían menos acuartelarías e iban refinándose de pelín en pelín dejando paso la soldadesca guardiana a una acicalada servidumbre y como era de esperar al final desembocó en una puerta entreabierta, en un rico aposento cuyas paredes se mostraban cubiertas de suntuosos tapices y en la que, delante de un alto ventanal se encontraba una joven ataviada como cuadra en la alta sociedad cortesana. Por fortuna, se encontraba en esos momentos sola, así que voló y se plantó delante de la princesa. Le hizo un gran saludo con el ala y luego, levantando la cabeza, la contempló directamente:
PETRUSKY: -Princesa Amarilis, permitidme que me presente, me llamo Petrusky y soy un periquito azul del amor, vuestro más rendido servidor.
NARRADOR: La princesa tenía una carita breve en la que destacaban sus grandes ojos entre verdosos y dorados, lindísimos, el cabello era castaño leonado y lo cubría una cofia, su piel blanca como la nieve y los labios del color autentico de las rosas, o sea, rosa. Vestía un traje de brocado color de oro viejo y las mangas y la blusa que salía de su corpiño, eran del más fino hilo. Pocas joyas llevaba, pero todas de calidad y buen gusto. Era una princesa muy bonita, pero había en su expresión un no sé qué de picardía que en cierto modo me sorprendió. No es normal que una persona en apuros tenga cara de estar pasándoselo pipa. Su aspecto de languidez le había engañado, debía estar más aburrida que no triste, ¿que no triste?, muy raro, ¿verdad?
AMARILIS: -Hola, Petrusky, te has retrasado, te esperaba mucho antes.
PETRUSKY: (se queda muy sorprendido) -¿Cómo que me esperabas?
AMARILIS: (sonríe divertida) -No creo que lo que te esté sucediendo últimamente sea muy normal, tú dirás si me equivoco, entonces, ¿por qué te sorprendes si te digo lo que acabas de escuchar?
PETRUSKY: -De todas maneras, princesa, tienes que reconocer que...
AMARILIS: -No lo comprendo, Petrusky, estás aquí, conmigo, después de recorrer los mares, combatir a los piratas y... y otras cosas, y aún tienes capacidad para sorprenderte... Te aconsejo que no me hagas preguntas innecesarias.
PETRUSKY: -Pe... pero yo venía a salvarte de las maquinaciones del Gran Senescal, eso es lo que...
AMARILIS: -Eres un amor, Petrusky... Tú siempre tan dispuesto a ayudar a todo el mundo, deberían darte un premio... Por eso sabía que vendrías, porque yo estaba en apuros.
PETRUSKY: -No entiendo ni torta.
AMARILIS: -Mira, no hablemos en plan rompecabezas, que ya bastante complicado es todo en la presente situación, lo importante es que has venido porque yo te necesitaba.
PETRUSKY: -Pero, tú, ¿cómo lo sabías?
AMARILIS: -¿Qué estabas en camino? Tal vez me lo dijo alguna paloma mensajera.
PETRUSKY: -Está bien, está bien, me rindo... Aquí estoy, dime que puedo hacer para salvarte de ese malvado del Gran Senescal.
(Ella le ofrece el dedo para que se suba en él y llevándole consigo, se acerca al ventanal).
AMARILIS: -Fíjate que panorama, no me puedes negar que es magnífico, ¿cierto? ¿Te imaginas aquí una urbanización?
NARRADOR: Otra vez Petrusky se volvió a quedar de una sola pieza, ¿acaso en sus ratos de ocio Su Alteza se dedicaba al negocio de las inmobiliarias?, si no, ¿a qué venía ahora el ponderarle las exquisiteces del paisaje complementado con una hipotética urbanización? Resultaba de lo más anacrónico y absurdo.
PETRUSKY: -Sí, sí, monísimo, las casitas y todo eso...
AMARILIS: -Sé en lo que estás pensando, que si es el momento de entrar en acción por qué estoy hablando de una manera tan estrambótica... Pero, pero no te precipites, amiguito, lo uno no tiene nada que ver con lo otro... Este reino es muy hermoso, según puedes apreciar y sería una pena que desapareciese como tal convirtiéndose en un árido desierto, ¿me sigues?
PETRUSKY: -Espera, ¿qué sabes tú de Glagól?
AMARILIS: -Lo sé todo, completamente todo... Y no deseo que convierta el reino en una isla perdida y desierta llena de peñascos áridos que sólo azote el viento.
PETRUSKY: -¿Quieres decir que he llegado a punto de impedirlo?... bueno, ¿qué puedo impedirlo?
AMARILIS: (Amarilis se puso seria y solemne) -Puedes... Porque aunque te parezca mentira, tú, pequeño Petrusky, “puedes cambiar el destino de un reino”.?
PETRUSKY: -¿Y qué puedo hacer yo?... Tengo muchas ganas de ayudar, pero no sé cómo podré hacerlo a menos que tú me lo indiques.
AMARILIS: -A eso viniste.
PETRUSKY: -A eso vine...
AMARILIS: Escúchame pues... A primera hora de la tarde va a tener lugar el torneo... Es decir, no tendrá lugar, según lo planeado por el Gran Senescal, porque nadie va a presentarse... Declarándose desierto, no tendré más remedio que casarme con ese intrigante, justo antes de que mis hermanos lleguen de Tierra Santa adonde fueron a combatir a las Cruzadas... Glagól lo sabe y por eso pretende que nos casemos, porque de esta manera cuando regresen mis hermanos, yo seré reina y si ellos reclaman sus derechos, el primogénito, y luego, por orden de sucesión, los demás, los declarará usurpadores por atentar contra el poder legalmente instituido y los matará.
PETRUSKY: -¡Qué malos!
AMARILIS: -¿Quiénes?
PETRUSKY: -Pues Glagól y el Gran Senescal...
AMARILIS: (sonríe divertida) -Mira que eres inocente, Petrusky, ¿es qué no te has dado cuenta de que el Gran Senescal y Glagól son una misma persona?
PETRUSKY: ¡Recórcholis!... ¡El Gran Senescal era Glagól!... ¡Caramba, caramba, caramba, ¿quién iba a pensarlo?! -¿Glagól quiere ser rey?
AMARILIS: -Glagól quiere serlo todo... Le gusta mucho mandar y ser obedecido.
PETRUSKY: -¡Pero si ya es un mago poderoso!
AMARILIS: -No le basta. Él desea hacer y deshacer, siempre a su antojo.
PETRUSKY: -Me estabas contando que no habrá torneo.
AMARILIS: -Si que lo habrá.
PETRUSKY: -¿Cómo es eso?
AMARILIS: -Por que se va a presentar un caballero desconocido que luchará contra el Gran Senescal, es decir, Glagól, y le vencerá.
PETRUSKY: -¡Qué guayses!... ¿Y ya no convertirá el reino en un desierto?
AMARILIS: -No, no lo convertirá.
PETRUSKY: (se queda pensativo y luego dice) -Oye una cosa, a mí me han dicho que lo convirtió en erial porque algo no le salió como él quería y se enfadó y...
AMARILIS: -Sí, claro, la cuestión es que no le vamos a dar tiempo de enfadarse.
PETRUSKY: -¡Pues todo arreglado!... Y, dime, ¿dónde entro yo en esta aventura, en que puedo ser útil, debo llevar algún mensaje urgente a determinado príncipe encantador o bien se trata de que parta en busca del campeón invencible?
NARRADOR: Amarilis se apartó del ventanal y condujo a Petrusky frente a un gran espejo ovalado de plata bruñida, que la reflejaba de cuerpo entero. El espejo, se apoyaba sobre el muro que no se mostraba desnudo sino, todo lo contrario, encortinado de damasco.
AMARILIS: -Observa en el espejo (dice con aire misterioso aunque la risa bailaba en el fondo de sus ojos)
NARRADOR: Y Petrusky como es normal, observó. En el interior del espejo, al lado de Amarilis, cogiéndole de la mano estaba un caballero armado de punta en blanco, con yelmo y celada sobre el rostro y una amplia banda azul celeste cruzándole el pecho, era un caballero alto y fuerte y en el penacho de su casco ondeaban también plumas azules. Acostumbrado Petrusky a las cosas mágicas, supuso que el espejo debía reflejar el pasado y que aquella visión pertenecía a cierto enamorado secreto de la princesa Amarilis, quien, avisado a tiempo, llegaría raudo a solucionar los problemas. Así que se volvió hacia la joven y cándidamente le preguntó:
PETRUSKY: -¿Es éste tu campeón?
NARRADOR: Pero, ¡horror!, la princesa había desaparecido, y en su lugar había un gato blanco y pardo...
PETRUSKY: ¡LILÍ!
NARRADOR: ¡ERA LILÍ, LA MISMÍSIMA LILÍ! A Petrusky le iba a dar algo, ¿cómo podía ser? ¿Qué significaba todo aquello?
PETRUSKY: -¡Lilí, demonios, ¿qué haces aquí tú?!... ¿Y dónde está Amarilis?
(Lilí se contonea satisfecha).
LILI: -Sigue mirando el espejo, so tonto.
NARRADOR: Y claro pues hizo lo que le dijo y allí estaba a mi lado Amarilis otra vez sonriendo muy divertida al lado de su caballero. Desvió la mirada al suelo y Lilí continuaba ahora sentadita en el lugar que había ocupado la princesa. Volvía mirar el espejo y el reflejo de Amarilis le guiñó un ojo picarescamente, de nuevo contempló el suelo... cayendo en la cuenta de QUE MIRABA A LILÍ DESDE LO ALTO sin volar ni estar apoyado en la mano de nadie... Y entonces se repasó a sí mismo de arriba abajo y de poco que no da contra el pavimento desmayado, al descubrir que el caballero que tan gentilmente le daba su diestra a la princesa era él en persona. Con un movimiento de terror involuntario, levantó la celada del yelmo y pudo contemplar por fin su nuevo semblante, un rostro humano. Los poderes mágicos del mundillo en el cual se encontraba ahora le habían transformado en un hombre y la verdad, debo reconocerlo, bastante agraciado por cierto.... Y ese era él, Petrusky, el paladín de la princesa Amarilis... y a todo esto, ¿cuál sería la identidad verdadera de la susodicha princesa?
LILI: -¡Miau! ¿Muy asombrado, sir Petrusky?

CUADRO 14º – ESCENA 29


NARRADOR: Un revuelo inesperado en el extremo opuesto del campo, le hizo volver la cabeza con sorpresa, siendo ésta compartida por todos la concurrencia, y no era para menos, ya que un gallardo caballero de brillante armadura, yelmo calado, banda azul celeste cruzándole el pecho a modo de enseña y penacho de igual color ondeando sobre su casco, avanzaba sereno y altivo montado en un corcel blanco como el mismísimo Pegaso, mientras en el guantelete de su diestra empuñaba una lanza que semejaba estar hecha de plata por lo que destellaba bajo el sol. Los asistentes al acto, dejaron escapar un largo ¡Oooooooooh!, de asombro y también, ¿por qué no?, de oculta esperanza. Amarilis, que no dejaba de juguetear con el rico joyel que llevaba prendido al pecho entre sartas de perlas que rodeaban su esbelto cuello. El disfrazado Glagól, dio media vuelta y se lanzó al galope para encararse con el inoportuno y desconocido caballero. Una nube de escuderos detuvo el corcel del recién llegado, y el Gran Senescal, se le aproximo y dijo furioso:
SENESCAL: -¿Quién eres tú que aquí te presentas sin haberte anunciado previamente?
CABALLERO AZUL: -Soy el Caballero Azul del Amor, y vengo a romper una lanza a favor de la princesa Amarilis, a la cual proclamo desde este instante mi dama y a quien juro defender y por quien juro luchar empeñando en ello mi preclaro honor de caballero... ¡En guardia pues, Senescal, que ya el suelo se halla ansioso por abrazarte!
NARRADOR: Glagól soltó un bufido que ponía la piel de gallina y espoleó su cabalgadura galopando hacia el otro extremo del campo. Nuevamente los trompeteros hicieron sonar los clarines, el populacho se animó y los cortesanos también. El caballero Azul del Amor, libre de la turba obstaculizadora de escuderos, avanzó solemne hacia el estrado en el cual aguardaba Amarilis, y así que llegó, se quitó el yelmo frente a la princesa, descubrió su rostro joven, hermoso, de noble expresión y coronado por negra cabellera, pero la mirada que lanzó en dirección a Amarilis era de auxilio y sólo ella supo captarla, afortunadamente. Acercándose, la princesa dijo con voz clara y sonora:
AMARILIS: -Caballero Azul del Amor, yo te acepto como mi campeón y en prenda de confianza te entrego este pañuelo con mis colores, llévalos dignamente.
NARRADOR: El caballero Azul del Amor, sin desmontar, se acercó al píe de los escalones que conducían al estrado y alargó la lanza, según costumbre, para que Amarilis, la más bella entre todas las bellas, anudase en él la prenda que ostentaba sus colores; en apariencia nada más se trataba de un pañuelo un poco grandote, de esos que sirven como echarpe en ocasiones o para ocultar el rostro igual que un velo, pero los dos sabían, el apuesto Caballero Azul del Amor y la encantadora princesita, de que en realidad de lo que se trataba era de un amuleto destinado a proteger contra los ardides del pérfido Glagól. Ceremoniosamente el caballo del esforzado paladín, atravesó el campo, yendo a colocarse en el otro extremo, frente por frente al Gran Senescal, cuya negra cabalgadura caracoleaba entre vanidosa e impaciente. El campeón de la princesa se colocó el yelmo y Glagól bajó la celada del suyo, ocultando entonces esos sus ojos tenebrosos, brillantes como ascuas que parecían despedir rayos mortíferos. La multitud contenía el aliento, no todos los días se disfrutaba de un espectáculo como aquel tan lleno de colorido y emoción. Por tercera vez se escuchó el sonido de los clarines, y, a la señal establecida, arrancaron al galope, lanza en ristre y cabeza en actitud de embestida, los dos belicosos contrincantes. ¡Potóm, potóm, potóm!, resonaban los cascos de ambos corceles al golpear desenfrenadamente la arena del campo, y ¡plok, crash!, hicieron las lanzas al entrar en colisión; el encontronazo fue terrible, hasta el punto de que ambas lanzas echaran chispas y se partieran estruendosamente, mas ninguno de los dos salió violentamente de la silla y, ¡hala!, otra vez a la carga. Los espectadores, pueblo y nobleza, aullaba a más y mejor de alegría, ya que, por primera vez, el Gran Senescal no había derribado a su rival apenas entrar en liza. Los escuderos procedieron a entregarles lanzas de repuesto y nuevamente volvieron a enfrentarse los caballeros y otra vez trastazos, chasquido, frenazo y lanzas nuevas. A estas alturas del torneo el público rayaba en el delirio y se habían empezado a cruzar apuestas. Glagól en tanto, estaba que botaba. Se desprendía de su figura, como un aura de malignidad que, aunque invisible se hacía notar, era algo angustioso y aterrador; la verdad, había que ser muy valiente para enfrentársele. Ambos contendientes se encararon por tercera vez, ¡ahora o nunca!... Los dos rivales se encogieron como un par de jugadores de rugby, las lanzas se apuntaron mutuamente, los corceles iban a toda máquina... Amarilis sonreía en tanto jugueteaba con su joyel distraídamente, la multitud, azul, verde, rojo, amarillo, marrón, blanco, púrpura, se estremecía en un vaivén de pleamar, como un campo de trigo que ondulase bajo el viento... Y faltaba menos de medio metro para que las lanzas entrechocasen y produciendo un sonido de horror y espanto, cuando el Gran Senescal, arrojó veloz su lanza y con la mano libre atrapó al vuelo un extremo del suntuoso pañuelo de la princesa, largo igual que una bufanda, lo agarró con sus dedos y tiró con determinación. Ante aquel gesto inesperado, el caballero Azul del Amor exclamo algo ininteligible entre dientes... ¡Glagól podía ser un malvado, pero jamás un estúpido ya que debía de haber reparado en que su aguerrido contrincante anudaba cuidadoso, en cada lanza repuesta, el pañuelo con los colores de la princesa Amarilis, que para eso era un mago y de los buenos!
Estruendosamente, el público se levantó como un solo hombre, y Amarilis dejó que el rico joyel se escurriese de entre sus dedos... Luego sobrevino el silencio, un silencio tan denso que casi parecía un rugido.
¡UNO DE LOS CONTENDIENTES HABÍA CAÍDO AL SUELO!
Desde lo alto de su montura, el Caballero Azul del Amor, miró hacia abajo estupefacto, rebotando entre el polvo y de espaldas, el cuerpo del Gran Senescal, como una gigantesca oruga negra iba dando tumbos sujeto de un píe al estribo de su cabalgadura que seguía a galope tendido. En su mano crispada, dentro de negro guantelete, el pañuelo de Amarilis recordaba una suave nube de irisado colorido... El estribo del que pendía Glagól se rompió y éste hubiera caído cuan largo era sobre la tierra de no ser que el pañuelo de la princesa dio la impresión de cobrar vida propia y creciendo desmesuradamente, se convirtió en una especie de sábana o algo semejante que envolvió prestamente a Glagól cual si se tratase de una crisálida, la crisálida de una mariposa monstruosa, y luego, ingrávida, igual que una cometa o una voluta de humo, ascendió lenta y majestuosa cielo arriba, arriba, arriba, hasta convertirse en un puntito en el infinito azul, y aún más arriba todavía, tanto que en el Mundo Real, siglos después, muchos astrónomos coincidieron al comunicar una misma noticia: habían detectado un objeto volador no identificado que subió cada vez más alto hasta perderse entre las estrellas. ¡Buen viaje, Glagól, buen viaje y no regreses nunca más! Petrusky estaba confundido, después de hacer tan elaborados planes en los cuales tenía que vencer con la fuerza de su noble brazo al malvado, no valió de nada tanto ensayo, y si bien mordió el polvo Glagól, no lo hizo debido a sus habilidades en la contienda, sino que él mismo, e impulsado por su innoble astucia, fue el causante de su perdición. Bueno, de todas formas estaba acabado, pero le hubiese gustado ser él, el que le venciese, amenzándole, con su espada en su barbilla, a retractarse de todas sus maldades y a renunciar a sus poderes mágicos, porque tenéis que si un mago se retracta de su condición de tal, ha de hacerlo pronunciando tres palabras encantadas que son Licorsag, Capracupis y Artauge, después de esto ya no hay hechicero que valga. Claro que un mago tan poderoso como Glagól, si le hubiera dado la gana, hubiese podido fácilmente escaquearse de mí e invertir los papeles, pero según le contó Amarilis, al susurrarle su plan, el primero que diera con Glagól en el suelo, tenía sobre él una ventaja de cinco minutos en los cuales el pérfido individuo estaba a merced de su contrincante hasta el punto que no podía hacer sino obedecerle en todo. Apenas el Gran Senescal se hubo convertido en un punto en el espacio, la muchedumbre se entregó a un éxtasis de entusiasmo que tuvo al caballero azul o mejor dicho a Petrusky como protagonista, cosa que no le molestó en absoluto. Invadieron el terreno del torneo y le pasearon en hombros triunfalmente. En volandas le llevaron al estrado en donde la bella Amarilis le aguardaba de píe entre los parabienes de sus damas de honor. Sus fans le dejaron por fin sobre el suelo, y, hincando la rodilla ante Amarilis, le dijo:
CABALLERO AZUL: -Princesa, os he librado del Gran Senescal y con vos a vuestro reino. Yo soy el Caballero Azul del Amor, adalid errante de todas las causas que hayan de ventilarse por medio de la justicia. De esta guisa, os dejo en libertad y os devuelvo una palabra que jamás empeñasteis vos sino vuestro opresor. Sed venturosa, princesa Amarilis y esperad con fe el regreso de vuestros bravos hermanos que hace tiempo emprendieron el camino de retorno al hogar de sus mayores.
NARRADOR: Todos lloraban de emoción, e incluso Amarilis, aferrada a su joyel de nuevo, pareció sufrir un leve desmayo, tan sólo unos segundos de privación, y volviendo en sí le dijo:
AMARILIS: -Campeón singular de la justa, la palabra empeñada fue por otro, bien cierto es, mas esta princesa puede otorgar su mano al que le plazca, y, ¿quién es más digno que aquel qué venció al traidor y salvó al reino?
NARRADOR: Petrusky retrocedió espantado mientras el pueblo berreaba a más y mejor de júbilo. La explicación le vino en forma de gato blanco y pardo que corriendo presuroso, se escurría entre las piernas de los pajes para alejarse de allí. Lilí se la había vuelto a jugar restituyendo a Amarilis, a la auténtica, y mientras, ella se evaporaba dejándolo allí en medio y ¡hala! Que se las apañe como pueda. Petrusky pensó furioso que como la agarrase la ahogaría. Pero tuvo que poner buena cara y sonreír dado que Amarilis y él, escoltados por la corte y el populacho, entre vítores y aclamaciones, se dirigían a la capilla real a dar gracias por el afortunado desenlace del torneo. En ello estaban, por su parte renegando en silencio de haberle hecho caso a Lilí, cuando pudieron percibir el trotar de unos caballos que por el camino venían, hueste polvorienta y semi andrajosa que, no obstante, fue recibida con un estallido clamoroso de gritos de reconocimiento y alegría. ¡Menos mal, para el alivio de Petrusky acababan de aparecer los tres hermanos de Amarilis, que volvían de las Cruzadas por fin, aunque hechos un asco! La princesa, loca de gozo, corrió a su encuentro, y Petrusky quedó momentáneamente olvidado, pero la cosa, respecto a él, no hubiera pasado de ahí de no ser que la repentina aparición de cierta cabecita gatuna entre las hojas de un arbolillo cercano, le hizo cobrar nuevas esperanzas.

ESCENA 30


LILI: -¡Chist, chist, Petrusky, acércate!
PETRUSKY: -¡Te voy a hacer una cara nueva!
LILI: -¡Cállate, gruñón, y ven enseguida!
PETRUKSY: -¿Y ahora qué?; tú me dirás que hago yo, con esta pinta de paladín de causas perdidas, para el resto de mis días.
LILI: -¡Mira que eres exagerado, Petru, anda, dame la mano!
PETRUSKY: -¿Es que no sabes saltar al suelo sin ayuda?
LILI: -¡Qué no se trata de eso, tonto, venga, dame la mano!
NARRADOR: Hizo lo que le pidió y en el mismo momento que rozó su patita sedosa, ocurrió el milagro... ¡Volvía a ser Petrusky!... Volaba... y se acurrucó al lado de Lilí temblando de emoción.
LILI: -¿Y ahora qué, periquito cascarrabias?
PETRUSKY: -¡Menudo susto!... Creía que me iba a quedar para siempre aquí... Y ya que he hecho mi buena obra, ¿cuándo nos vamos?
LILI: -Cuando usted quiera, caballero (dando un salto hecho a andar y desapareció)
(Petrusky hecho a volar)

CUADRO 15º – ESCENA 31


NARRADOR: Por más que buscó a Lilí no la pudo hallar, daba la sensación de que la tierra se la había tragado. Sin embargo, Petrusky ya se hallaba acostumbrado a sus excentricidades, así que no se inquietó gran cosa. Sabía que en el momento más inesperado ella podía aparecer tranquilamente tan oronda, pavoneándose con su levantado rabito y la lengua preparada para soltar impertinencias y a gastarle bromas. Lo que importaba es que hubiese recobrado su personalidad porque la perspectiva de pasarse toda la vida en plan de ser humano no era un proyecto que entrase en su modo de concebir la felicidad. Había nacido periquito y periquito quería ser hasta el fin de sus días, no ambicionaba otra cosa. La isla era verde de nuevo, joven y llena de vida, lo cual resultaba muy bonito, pero la duda estribaba en si permanecía aún en el pasado, había llegado justo a tiempo para cambiar la historia, o bien estaba en el presente y su presente lo constituía EL DELFÍN, con sus amigos los corsarios, capitán incluido. Entonces decidió acercarse a la playa para reunirse con ellos, si es que tenía la suerte de encontrarles, y así se apresuró a volar en la dirección prevista, que, por más verde que hubiera ahora en la isla, no podía haber cambiado. De nuevo tropezó con una paloma mensajera... ¡Qué curioso!, antes iba y ahora venía, parecía muy cansada y no le hizo ningún caso. Miró hacia abajo, allí estaba la playa en donde atracaron; la chalupa y los corsarios descansaban a la sombra de unos árboles. En cuanto le vieron agitaron los brazos en señal de reconocimiento.
MARINEROS: -¡Eo! -¡Amigo Petrusky! -¡Estamos aquí!
PETRUSKY: -¿Dónde está vuestro jefe?
MARINERO: -Le dejamos charlando con un búho allá arriba, cerca del camino, antes de que todo cambiara, seguramente debe de encontrarse allí todavía.
PETRUSKY: -¡Gracias, voy a buscarle!
(Petrusky da unas cuantas vueltas por el escenario y ve al corsario que estaba en la otra puntas del escenario y se va hacia él)
NARRADOR: Subió en vertical y miró hacia abajo barriendo la zona ampliamente, pero había allí tantísimo árbol que le costó un poco descubrir al Corsario Blanco, y lo logró merced a su vestimenta de anuncio de detergente que destacaba entre la lujuriosa vegetación. Vislumbrando un puntito blanco, allá va que fue en plan misil, mas como no estaba preparado para ver lo que le esperaba, se quedó de una pieza cuando encontró junto al Corsario a una bellísima doncella vestida con una flotante túnica de arco iris y que adornaba sus largos cabellos dorados con una diadema de flores frescas... ¿De dónde había salido? Dentro del pequeño calvero, el Corsario Blanco y ella se hallaban enzarzados en animada charla en el momento de su aparición.

ESCENA 32


CORSARIO BLANCO: -¡Petrusky, amigo, has vuelto, estábamos temiendo por ti!
NARRADOR: La desconocida alzó su hermoso rostro hacia Petrusky, tenía unos ojos inmensos de color gris claro, y extendiendo los brazos a modo de saludo, exclamó alegremente:
FARFOR: -¡Petrusky, Petrusky, soy yo, Farfor!
PETRUSKY: ¡Caramba, vaya un look, que cambiazo!
FARFOR: -Querido Petrusky, ¡gracias, gracias, gracias!, a ti te debo el haber recobrado mi forma humana y nunca podré agradecértelo bastante, nunca.
PETRUSKY: ¿A mí?...
NARRADOR: Indirectamente sí que era cierto, pero quien había devuelto la estrella no fui él sino Lilí. Alguien le susurro dentro del oído: “no seas tonto, Petrusky”, y suponiendo de quien provenía el consejo, se desvanecieron sus dudas.
PETRUSKY: -No me des las gracias, Farfor, era algo que debía hacerse, y con la ayuda del Cielo, se ha podido realizar.
FARFOR: -¿Cómo no voy a agradecértelo, Petrusky, si a ti te debo mi felicidad presente?
PETRUSKY: -Sí, comprendo, ya no eres un búho...
FARFOR: -Y no es únicamente eso, Petrusky querido... ¿Te acuerdas que cuando nos conocimos te conté que había tenido un sueño en el cual un apuesto joven rubio me dio ánimos suficientes para huir del castillo de Glagól y del compromiso que me ataba a su sobrino?
CORSARIO BLANCO: -Y recordarás asimismo, como yo te hablé de otro sueño mío, de un sueño imposible, que tú pudiste tomar como tal, sin saber que si yo hablaba de “sueño”, quería decir eso “sueño”...
PETRUSKY: -No me iréis a decir...
(Ambos ríen dichosos).
CORSARIO BLANCO: -En efecto, Petrusky, en efecto, yo tuve un sueño y Farfor estaba en ese sueño... Soñé que una hermosa joven era obligada a casarse en contra de su voluntad con un pretendiente impuesto... La amé en cuanto la vi y le dije que huyera porque estaba seguro que si escapaba nos encontraríamos... Como tal así ha resultado... Mas era un sueño y me dije mil veces cuán absurdo es creer en que los sueños lleguen a convertirse en realidad saliendo de su mundo de ilusión... Sin embargo, me equivocaba, según se puede comprobar, ¿no te parece?
FARFOR: -Yo estaba segura, creo en los sueños, ellos siempre anuncian nuestro destino.
PETRUSKY: -Pero, ¿y el mar, Cosario Blanco?
CORSARIO BLANCO: -En los Mares Templados existe una isla que me pertenece, en esa isla tengo mi hogar, y allí pensaba yo retirarme algún día si la suerte me amparaba al evitarme el perder la vida en cualquier contienda... Pero ahora las cosas han cambiado, llevaré a mi esposa a esa isla y, como le prometí, seremos felices por siempre.
PETRUSKY: -Los siete mares te echarán de menos, Corsario Blanco, aunque, desde luego me alegro mucho por vosotros dos... Se terminaron las batallas y los peligros (se queda muy parado y pensativo y dice) Oye, siempre te quise hacer una pregunta, ¿qué diferencia existe entre un pirata y un corsario?
CORSARIO BLANCO: -Muy sencillo. El pirata ataca a los barcos y los desvalija por cuenta propia mientras que el corsario intercepta los navíos e incautan las mercaderías en nombre del país cuya bandera lleva.
PETRUSKY: -¿Y eso es legal? (interrogó con gesto de incredulidad).
CORSARIO BLANCO: -¡Naturalmente, forma parte de los negocios del mar!
PETRUSKY: -¡Ah, negocios, vale, vale!

CUADRO 16º – ESCENA 33


NARRADOR: Farfor y el Corsario Blanco se casaron en la maravillosa isla que éste último poseía en los Mares Templados. Por cierto, que antes de contraer matrimonio, Farfor quiso cambiar de nombre, ya que el tal le recordaba una parte de su pasado que más prefería olvidar, y eligió, acertadamente, el de Flor, que viene sonar lo mismo, aunque con diferencia Normal es imaginarse, que Petrusky asistió a la boda y además en calidad de padrino; Flor insistió en ello. Los corsarios les regalaron a los novios un arcón lleno de perlas que daba gloria ver, y a la salida de la iglesia, en lugar de la tradicional lluvia de arroz, un viento suave y juguetón, sobrino tercero del Gran Viento, cubrió a todos los presentes con un ligero y fragante manto de flores campestres. La joven desposada se emocionó mucho y sólo Petrusky supo la causa. Después vinieron unos felices días de ociosidad en los que Petrusky deambuló a su antojo por la isla... ¡Ah!, por cierto, tengo que decir que los bravos corsarios de EL DELFÍN, se quedaron con su jefe renunciando también a las contiendas navales en pro de un bien ganado descanso, y así la isla se convirtió en un lugar perfecto en donde todos vivían dividiendo su trabajo entre los campos y la pesca. Con el tiempo aquella isla sería un pequeño emporio de riqueza y comercio, sabiamente gobernada por el Cosario Blanco.
Ya, ya, no olvidaba que tenía que volver a casa, pero luego de tanto soponcio y aventura desmadrada, resultaba de lo más agradable el haraganear sin rumbo y sin sobresaltos, yendo de aquí para allá, siendo bien recibido allí donde me presentase y respetado y querido por todos, ¡qué caray!, yo también tenía derecho a unas vacaciones, ¿o no? Cierta tarde que sobrevolaba la isla sintiéndose cansado, decidió aprovechar el reposo que una nubecilla baja le ofrecía y, sin pensárselo dos veces, se extendió en su algodonosa superficie, instalándose tan cómodamente, que a poco le entró el sueño quedándose profundamente dormido allí mismo, tan y tan profundamente, que, cuando despertó, flotaba en el cielo, sobre el mar infinito, sin saber en que lugar se hallaba. Como es lógico se asustó muchísimo, pero luego, decidido a no amilanarme, emprendió el vuelo en dirección hacia donde el sol se pone porque suponía que allí debía encontrase tierra firme. Voló muy alto y con el rumbo no muy claro, puesto que se hallaba tan lejos que no tenía ni idea de por donde tirar. ¿Por donde podría tirar para llegar a su casa? Pues si que tendría que volar y volar para llegar a su casa… Así que pensativo voló sin rumbo hasta que de repente pensó en ¡Cantar!, claro otra vez esa sería la solución, cantar como le habían dicho las hadas y dicho y hecho, empezó una nueva canción y tal vez cerró los ojos al hacerlo, porque al abrirlos el paisaje había cambiado y se encontraba volando por encima de un bosque que le resultaba muy familiar, y en ese bosque, el humo de una chimenea delataba que allí abajo había una casa, y esa era su propia casa, ¡su hogar! Descendió con el corazón latiéndole alborozado, que nervios, volvería a ver a Papa, Mama y a la Niña, que ganas tenía de verlos a todos así que descendió a todo trapo, y allí seguía todo igual que lo dejó, el porche, el jardín, el mirador, todo menos su jaula… ¿dónde estaría su jaula? Siguió descendiendo para comprobarlo y de repente vio que se habría la puerta del mirador, ¿quien seria? Se preguntaba, y de pronto vio salir a la Niña, que sin esperárselo miro hacia arriba y vio llegar a Petrusky y pego un chillido que se escuchó hasta en el otro mundo: ¡Petrusky, caríñin!... –dijo la Niña y alzó sus manos hacia él, y lo agarró con cariño y corriendo llamó a Mama y Papa que salieron acelerados haber que pasaba, y menuda sorpresa se llevaron, ¡Que alegría le dio ver a Petrusky en manos de la Niña! La Niña se metió en el interior de la casa con Petrusky a sus manos y se dirigió a su querida pajarera, que, por cierto, estaba en el piso de arriba, en una salita de estar, lo metió, cerró y fue corriendo a la cocina en busca de comida y agua para darle a Petrusky. Y cuando se disponía a relajarse escuchó un maullidito que brotaba de detrás de un sillón, he hizo que se girase en redondo, y, ¿A que no sabéis lo que vio?... ¡Pues lo que nunca se hubiese imaginado que podía verse en su casa!
De debajo del sillón, salieron tres gatitos, uno negro, uno blanco y pardo reflejo de una Lilí en miniatura, y el otro mitad negro y mitad blanco, y los tres, dando muestras de una gran desenvoltura, se acercaron a su jaula, sentándose en hilera delante de Petrusky y este lo contemplaba como se de visiones se tratase, cuando un maullido adulto se oyó en el alfeizar de la ventana, que estaba abierta y daba a las ramas de un árbol cercano. Se volvió y se encontró con gran asombro a un viejo conocido.
NEGRI: -¡Señor Petrusky, tanto de bueno de verle nuevamente en esta su casa!
PETRUSKY: -¿Qué... qué... qué es... ?“esto”?
NEGRI: -¿Esto, se refiere usted a los niños, tal vez?
PETRUSKY: -¿Qué niños?
NEGRI: ¿Eso se refiere usted a los gatitos?
PETRUSKY: -Sí, eso mismo, los tres gatitos.
NEGRI: -Permítame que se los presente: el negrito es Pici, la blanca y parda se llama Lilita y el negro y blanco... Ejém, en honor suyo, señor Petrusky, le llamamos Petru, ¿qué le parece?
NARRADOR: Casi le da un síncope de la impresión. Pues que le iva a parecer, no habían transcurrido cuatro meses y mira lo que había pasado, pues vaya cambio.
PETRUSKY: -¿Y Lilí?
NEGRI: -Abajo, señor Petrusky, estaba cumpliendo su deber de madre buscando algo de comer para sus gatitos que están muertos de hambre y como no te esperábamos, ni se ha enterado, veras tu cuando te vea la sorpresa que se va a llevar…
NARRADOR: Y no había terminado de decirlo cuando entró por la puerta su querida Lili.

ESCENA 34


LILI: -Hola Petrusky.
PETRUSKY: -¡Lilí! -¡Lilí!, ¿qué pasa?, ¿qué significa todo esto?
LILI: (Lilí se sienta cómodamente delante de la jaula). -Me sentía muy mal cuando te fuiste y Negri fue tan amable que se trasladó aquí para hacerme compañía... A todos les pareció bien...
NEGRI: (la interrumpe y continua el hablando) -Ya le dije, en su día, señor Petrusky, que pensaba establecerme y fundar una familia... Y hete aquí que ya la tenemos, y bonita, ¿verdad?
PETRUSKY: -Pero Lilí, ¿qué ha sido de tus poderes mágicos?
LILI: -Al crecer los perdí, por eso le pedí a Laurisilva tres deseos, uno fue para ayudarte a ti en el caso de Amarilis, después de todo yo te había metido en esos líos, el otro fue para que la familia se viera alegrada con mis tres gatitos y el tercero para que tú regresases y fuésemos por siempre felices todos juntos...
PETRUSKY: (grita con gran emoción) -¡Lilí! -Tienes unos hijitos monísimos.
LILI: -Malísimos, dirás mejor, son de lo más requetetravieso.
PETRUSKY: (dice con ironía) -Bueno, eso no me viene de nuevo.
NARRADOR: Y esa noche descanso como nunca creyó que podía descansar, y pensando que ya no se llevaría más sorpresas hasta que se despertó al día siguiente y lo primero que vio fue… una hermosísima periquita azul cobalto, tan hermosa como nunca hubiera podido imaginar, ¡Que sorpresa! Papa y Mama la habían comprado para que estuviera allí con el y no se volviera a escapar. ¡Que graciosos! Pensaban que se había ido porque estaba solo, pero bueno, pensaran lo que pensaran a Petrusky le gusto mucho la idea de compartir su jaula, bueno, mejor dicho, otra sorpresa, otra jaula mucho más grande y más bonita que la anterior, y a estrenarla con su nueva compañera. La cual con el tiempo como era de esperar se convirtió en su novia, mujer, madre de sus hijos, etc, etc, etc, y como todos los cuentos este también acaba con un final feliz para nuestro amiguito Petrusky y para Lili, Negri, las hadas, Farfor, el Corsario Blanco, Amarilis, etc, etc, etc y colorín colorado como es de esperar este cuento se ha acabado.

Fin de Los viajes de Petrusky


 

A.C. -CONCLUSIÓN:


Elegí hacer este proyecto porque me encanta el mundo del teatro.
Desde pequeña he tenido bastante contacto con el mundo del teatro o más en concreto, con la representación teatral, debido a que he intervenido en varias obras, citadas a continuación:
LA BACA BOLADORA.
LAS ARMAS DE BAGATELA.
A 20 LEGUAS DE PINTO.
Todas hechas en un teatro, e inclusota obra de las Armas de Bagatela, fue representada varias veces en distintos pueblos.
(Estas sin contar las que hice en la escuela)
Siempre de lo único que me tuve que preocupar fue de aprenderme el papel que me tocaba hacer, sin preocuparme de nada más.
Ensayar una obra de teatro requiere de mucho tiempo y dedicación, por parte de los actores y del director de la obra. Pero para poder llegar a este punto, es necesario el esfuerzo de muchas personas, ya que la realización de una obra de teatro es algo complejo, son muchas cosas las que hay que tener en cuenta antes de que la obra llegue a representarse en lo alto del escenario. No solo intervienen los actores y el director de la obra, que al final de cuentas son los que se llevan el merito, sino que también personas que quedan en un 2º plano, pero no por ello son menos importantes como son maquilladores, escenógrafos, técnicos de iluminación, modistas encargados del vestuario y más importante, el autor de la obra, sin el cual no habría representación.
Este proyecto me ha servido para ver el teatro desde otro punto de vista diferente, ya que yo solo conocía el teatro desde lo alto del escenario, interpretando un papel. Hacer una obra de teatro es muy gratificante sobre todo si sale bien y el público queda satisfecho con el resultado.
Pero igual de gratificante es poder ayudar desde fuera al montaje de una obra, como esas personas que he dicho antes quedan en un segundo lugar y que sin su aportación la obra no podría llegarse a realizar.


 

A.D. -BIBLIOGRAFIA:


INTERNET


*http://www.guajara.com/wiki/es/wikipedia/d/dr/dramatica.html

*htmtp://icarito.latercera.cl/enc_virtual/castella/dramatico/drama2.htm

* http://apuntes.rincondelvago.com/dramatizacion-y-teatro-infantil_pilar-sanchez-santamarta.html.


*http://html.rincondelvago.com/introduccion-al-teatro.html
*http://html.rincondelvago.com/teatro_2.html
*http://dramateatro.fundacite.arg.gov.ve/ensayos/n12/sor_web.htm
*http://www.revistaplanetario.com.ar/archivo_planetario/nota61_c.htm

Bibliografía detallada


• Pardo Belgrano, M. Ruth, Antraygues de Doubler, Noemí, Bonilla, Ma. Angelica, Heguz, Maria, Rebecchi, Silvia. Teatro: arte y comunicación. Viamonte 1755-1055, Buenos Aires. Editorial Plus Ultra. 1981.
• Perez Aguilar, Graciela Elsa, Muñoz ,Isabel Teresa, Perez de Lois, Graciela Haydee. Lengua y Literatura 2. Beazley 3860.Buenos Aires, ano 1989. Editorial santillana.
• Enciclopedia Clarín
• Enciclopedia Virtual Encarta