“Mi cuerpo, mi hogar”
“Nuestros cuerpos son
como edificios deshabitados –apariencia deseable- que podemos
ocupar o no a nuestro antojo como trajes que nos vestimos para los
demás. Es nuestro cuerpo un disfraz de nosotros mismos. Si
soy yo de quita y pon, soy yo vacía de mi. Es mi cuerpo deshabitado
de mí mismo”.
(Javier Velasco)
Introducción.
Como ya dije este proyecto
se deriva de “la revista musical” en la que estoy trabajando
con un grupo de mujeres mayores, las cuales, como explicaba en este
proyecto, han sido relegadas al espacio de la casa, por ello, el trabajar
con nosotros en esta revista a supuesto para ella una experiencia
nueva y enriquecedora.
La casa es el lugar donde habitamos,
está compuesta de paredes, puertas, ventanas y todo el mobiliario
necesario para vivir. A demás está el hogar, formado
por las personas y sus relaciones, el calor de un abrazo el sentir
de un beso, un regaño, una caricia, etc.
La casa se construye en un
determinado lapso de tiempo empleando materiales como la paja, la
madera o el ladrillo, sin embargo el hogar se edifica día a
día con pedacitos de ternura, amor, tolerancia, incluso sentimientos
de odio, rencor, etc, por tanto la casa sería fría y
sin vida si nuestra vida en ella no constituyera un hogar cálido
y protector. De igual manera que la casa es hogar para el cuerpo,
el cuerpo también creo un hogar para nuestro yo interior, un
yo que habita dentro de un cuerpo exterior, en el cual encontramos
abrigo y protección para nuestro interior, un interior en que
vive el alma.
Vivimos dentro de nosotros
mismos, aprendemos a soportarnos, a amarnos, a vivir como somos o
intentando cambiar influidos por los roles que la sociedad impone,
a veces, en vez de construirnos nos destruimos, llegando a la enfermedad
en esa búsqueda de bellaza del “cuerpo”. Al igual
que deseamos vivir bien en nuestra casa también deseamos vivir
bien en nuestro cuerpo, pero un cuerpo no sano no es un lugar cómodo.
Desde pequeños la sociedad
nos enseña como debemos comportarnos en relación a nuestro
sexo a través de los juguetes, lo que limita la imaginación
infantil imponiendo los modelos a seguir. Hoy día todas las
niñas juegan con mujeres de plástico “perfectas”,
adquieren los estereotipos de feminidad que la sociedad les inculca
y la constante preocupación por el físico y la apariencia
a través de la ropa, los accesorios, complementos y cosméticos
que propulsa la cultura del consumo.
Explicación de la obra
personal.
“El hombre es un eptágono
simbolizado por un triángulo en un cuadrilátero. La
parte eterna, inmortal, es el triángulo que representa la cabeza,
y la parte mortal es el cuadrado, que representa la parte inferior
del cuello a los pies.”
El hombre ha construido casas
desde la antigüedad siguiendo este principio, un cuadrado como
área de superficie y un triángulo como azotea.
Nuestro cuerpo es como un mapa
con múltiples puntos de acumulación de energía,
con numerosas marcas, heridas y cicatrices que hablan de nuestras
vivencias, un mapa, o mejor dicho, un plano de nuestra casa-cuerpo,
en el que podemos perdernos e intentar encontrarnos al derribar los
tabiques o cambiar las estructuras internas, entonces todo nuestro
hogar se desbarajusta perdiendo todo sentido y orientación.
El cuerpo ha sido motivación
central en las artes plásticas a lo largo de la historia, se
ha tratado el cuerpo psíquico, el cuerpo grotesco, los estereotipos
del cuerpo, etc. Las relaciones entre el cuerpo y la arquitectura
han sido siempre estrechas y complejas, ya el tratadista romano Vitrubio
habló de ello, y muchas de sus ideas fueron luego cristianizadas
mediante la identificación simbólica de las iglesias
tonel “cuerpo de Cristo”. La antropomorfización
antigua de los soportes, las columnas, que eran masculinas o femeninas,
abrió la vía para una diferenciación sexual de
la arquitectura. En el libro Edificios-cuerpo se habla de todo ello,
se introducen numerosas apreciaciones novedosas y se examinan de modo
especial esculturas habitables con formas humanizadas, bien sean proyectadas,
construidas o imaginadas.
Con esta obra he intentado
identificar el cuerpo como la casa en que habita nuestro interior,
por ello he establecido una relación entre ambos al proyectar
una diapositiva de un cuerpo de mujer sobre el plano de una casa,
en un intento por evidenciar esta relación, un tanto teatral,
de la mujer, cuya imagen es una mera representación ficticia,
una máscara que la sociedad le ha impuesto desde tiempos inmemoriales.
(tal como explicaba en la “revista”).
A lo largo de la historia se
ha visto a la mujer como el ama de casa que debe estar en el hogar
cuidando de los niños y esperando a que llegue su marido de
trabajar con la cena hecha. Se nos ha mostrado una mujer vulnerable
y débil frente a la virilidad masculina, una mujer que debía
estar encerrada en el entorno doméstico, en el cotidiano espacio
estrecho de la casa como si fuera una prisionera en el hogar y las
tareas entendidas como femeninas asociadas a este. Por desgracia este
es un lugar físico y corporal en que todavía hay quien
recluye a la mujer, de modo que,
siguiendo dichos roles emplearé
materiales también asociados a la mujer tales como el cosido
en contraste con la idea de la arquitectura, como “oficio”
ejercido por el hombre desde la Antigüedad. Es así que
se intento establecer una nueva relación entre el sentimentalismo
que ha caracterizado a la mujer, y supuesta racionalidad del hombre,
siguiendo los binomios prefijados: físico- intelecto, pasivo-activo,
sentimiento-razón, piedad-autoridad, etc, por los que se ha
definido a la mujer y al hombre respectivamente.
Debo señalar que en
un primer momento mi intención era la de coser el plano de
la casa sobre el papel que se emplea para realizar patrones, precisamente
para señalar como se asignan patrones a seguir, patrones que
se repiten una y otra vez, sin embargo, dada la fragilidad de dicho
material al final me incliné por la tela, material que asocio
con la piel y el vestido, y siguiendo con la idea del patrón
procuraré coser dicho plano simulando las líneas con
las que se dibujan los patrones, contrastado la connotaciones de artesanía
y manufactura de esta imagen con la utilización de una proyección
como algo más “tecnológico” y moderno, como
una aparición, un recuerdo de lo desaparecido de ese cuerpo
de mujer que “no se ajusta al estereotipo occidental de belleza”.
El cuerpo de la mujer también
se ha utilizado como objeto de deseo, en respuesta a ello proyecto
el cuerpo desnudo de una mujer de nos cincuenta años, un cuerpo
que nos muestra sus heridas, que ha sufrido, una mujer que ya tiene
la menopausia, y en consecuencia ya no podrá tener hijos, y
no sabemos si nos ha tenido, un cuerpo que se muestra tal y como es,
único e irrepetible, cuestionando las artificialidad y la problemática
sexual que presenta nuestra era posmoderna, la cual olvida la sensualidad
y belleza natural del cuerpo (según Gina Pane no hay más
belleza que la herida visible), en favor de la artificialidad de los
cuerpos siempre jóvenes de los Sex- simbols que la sociedad
nos muestra y que solo son meros cuerpos retocados por ordenador o
manipulados por cirugía estética, cuerpos que son mera
fachada, mera escenografía de lo que, desde fuera, nos imponen
que debe ser nuestra vida, cuerpos vacíos, sin interior ni
identidad puesto que todos son iguales en su supuesta “perfección”,
lo que plantea también que la fotografía, con el avance
de las nuevas tecnologías, ya no representa una ventana abierta
a la realidad y la verdad.
Intento también cuestionar
el cuerpo femenino como fetiche expuesto a la mirada del “voyeur”
que explota el cuerpo de la mujer a través del comercio y la
mirada obscena, ¿acaso un cuerpo que no se ajuste a los cánones
90-60-90, no puede ser bello, acaso no puede ser deseado por un hombre?.
Como bien cuestionaba Matuska, enferma de cáncer, al preguntarse
como podría ser deseada por su cuerpo en esta sociedad si le
faltaba un pecho, lo que plantea que debemos desear a pesar del cuerpo.
El cuerpo nos acompaña
en cada momento, nuestro cuerpo habla, no puede enmascarar la verdad
de ningún modo, lo sabe todo de nosotros, por tanto el cuerpo
es el soporte de nuestra existencia, todas las tensiones, la pena,
la cólera, el temor, etc se almacenan en nuestro cuerpo, pues
¿en qué otro lugar podrían alojarse?. El cuerpo
es morada de nuestra vida, nuestro cuerpo reacciona de forma diferente
antes situaciones diferentes dando salida a la tensión que
nos oprime para hallar cierto equilibrio, nos informa de que algo
en nuestra vida no está en armonía con o que deseamos,
intentamos escapar, huir, pero no podemos salir de nuestro cuerpo
del mismo modo en que salimos de casa cuando queremos.
a veces no escuchamos el verdadero
mensaje que nuestro interior nos grita, nuestro corazón se
destruye intentando decirnos que nuestras emociones están sufriendo,
¡desgraciadamente oímos mal, y es una pena, por ello
he reflejado un cuerpo sin cabeza que no puede ver, ni hablar o escuchar
porque nos lo impiden los roles de nuestra sociedad, ni siquiera podemos
movernos en la dirección que deseamos, (no tiene brazos ni
piernas) sino por donde nos dicta la sociedad, es más, se encuentra
sobre un muro de ladrillos que no puede saltar porque carece de extremidades,
como si estuviera condenada, atrapada, como si en su intento por “escapar”
se chocara contra este muro o barrera que la sociedad impone con los
roles y que contrasta con los muros de la casa en que habita su interior.
Solo aparece el torso desnudo, un torso que se nos muestra indefenso,
vulnerable, incluso cansado de luchar, un torso que nos muestra como
en su pecho se haya el corazón, en el cual podemos encontrar
nuestra identidad, un corazón que es el núcleo que nos
da vida, del que brota la energía física, afectiva,
intelectual y espiritual, en él residen el talento, las actitudes,
las cualidades y todas las riquezas naturales, que no afloran porque
se encuentra en la sala de estar, habitación en que compartimos
con los nuestros, en que acogemos a los que vienen de fuera, pero
en esta habitación también se halla la televisión,
que evita que aflore nuestro verdadero yo porque estamos demasiado
sumisos a las reglas que rigen nuestro mundo exterior. La entrada
de la casa y su largo pasillo coinciden con el órgano sexual
femenino, la vulva como orificio de entrada al espacio privado e intimo
de la casa, lugar por donde entra la virilidad del hombre, el cual
encuentra a su izquierda el dormitorio matrimonial donde poder alojarse,
o la cocina, donde “calienta” y “come” a su
presa. Además he intentado que la cocina coincida con el estómago,
relacionado con la comida, un cuarto de baño coincide con los
intestinos, como órganos de excreción, para poder dar
salida a todo lo indigesto, o lo que no es necesario para nuestro
cuerpo, y otro está situado entre el dormitorio de matrimonio
y el salón, como lugar intermedio para todo y adecuar, como
señala Cindy Sherman, nuestra identidad antes de salir fuera.
Entre la cocina y el baño
he situado una habitación donde almacenar los recuerdos (despensa
o trastero) y otra donde se “purifican” los deseos o se
reprimen los sentimientos (lavadero). En la parte superior, cerca
del corazón y los pulmones he situado las habitaciones de los
niños, porque en muchos casos la mujer sigue luchando, respirando,
por sus hijos y, por el sentido maternal adscrito a la mujer aunque
esta no tenga hijos.
La piel es protectora del
cuerpo y fuente de toda sensibilidad, podemos sentir la blandura,
el color, la suavidad. La piel es órgano de placer y dolor,
se nos muestra como un libro en el que podemos leer su historia a
través de las huella que dejan en ella las heridas, puesto
que nuestro cuerpo es el espacio de nuestra experiencias, la manifestación
de lo que somos, y porta las claves para identificarnos: nuestro color,
nuestras expresiones, incluso nuestro olor es algo que nos caracteriza,
cada uno tenemos un olor personal que nos diferencia y que nos empezamos
en esconder “camuflándolo” tras el perfume, por
eso he bañado la tela (piel) con perfume, para manifestar la
artificialidad de dicho elemento, el cual nos venden bajo eslóganes
de seducción, erotismo, belleza,..Las claves de lo que somos
realmente son las que habitan en las que habitan en nuestra morada
interior.
En la sociedad actual, caracterizada
por la fragmentación , intentamos relacionarnos a través
de nuestro cuerpo, fuente de comunicación, pero lo hacemos
de una forma tan superficial que case podríamos decir que nos
relacionamos solo físicamente, con nuestro exterior, produciéndose
una ruptura entre nuestro interior y nuestro exterior en que la apariencia
física de nuestro cuerpo es mero envoltorio, una vestidura
que más que proteger encubre la vulnerabilidad de los verdaderos
sentimientos, que solo se llegan a manifestar en el pequeño
rincón reservado a la domesticidad, porque fuer nos relacionamos
como si estuviéramos vacíos. Entonces, como bien señala
Javier Velasco, la construcción del cuerpo es puro artificio,
aunque a veces, dicho artificio, esté tan bien elaborado que
se le reconozca como real.
¡YO SOY MI PROPIO ESPACIO! (Javier Velasco)