Si el cuento de “El enano saltarín”
gusta a los niños debido a profundas razones psicológicas
o a que muestra a personajes arquetipos, es una cuestión que
dejo para los expertos. Para mí es decisivo el hecho de que el
argumento cree momentos de tensión y que incluya elementos que
provoquen un gran efecto en el escenario. Entre ellos, la magia de los
duendes, los buenos o malos deseos, el ambiente majestuoso de las escenas
grotescas del rey, etc. los personajes de la obra están tratados
con el suficiente rigor como para que los niños los puedan identificar
fácilmente.
La idea de fondo tiene tres puntos culminantes: el
egoísmo, la ejecución del egoísmo y la salvación
final.
“El enano saltarín” ofrece pequeñas
obras englobadas en el conjunto de la obra y por lo tanto la atención
se concentra en el castillo. Los cambios de decorado son fáciles
de realizar y producen un gran afecto.
La redacción española es sencilla y fluida,
es un libro para el disfrute no solo de los niños sino también
de los adultos. Es un libro para guardar y adorar. Pero desafortunadamente,
nada es perfecto. La versión española, al mantener el
título de “El enano saltarín”, como ha sido
habitualmente conocido por las publicaciones españolas, falló
al no utilizar el nombre de Rumpelstilzchen en el momento adecuado.
Esta falla deteriora un tanto la trama del cuento, al eliminarse uno
de los aspectos fundamentales: el extraño nombre del hombrecillo,
difícil de adivinar.
Los cuentos populares se clasifican en varios géneros, el cuento
de “El enano saltarín” se ubica en cuentos de encantamiento
ya que se trata de un cuento popular en el que las circunstancias mágicas
desempeñan un papel predominante a diferencia de los cuentos
novelescos. También se encontraría dentro de los cuentos
de hadas y duendes.
Personajes del cuento:
1- Molinero (padre fanfarrón y mentiroso de
la joven).
2- Joven (hija del molinero de gran hermosura y sencillez).
3- El rey (anciano y dictador).
4- El príncipe (joven apuesto y bonachón).
5- El enano saltarín (de poca estatura, caricaturesco e interesado).
6- Vecinos.
7- Mensajero (indiferente).
8- Guardia real.
Existen varias versiones del cuento de “El enano
saltarín”, en uno de ellos el Rey le promete a la bella
joven que se casaría con ella si hilaba toda una habitación
llena de paja convirtiéndola después en oro, de lo contrario
la mataría; en otra de sus versiones, la cual voy a utilizar
en mi escenografía, el Rey promete a la bella joven que si hilaba
toda la paja y después la convertía en oro le concedería
la mano de su hijo, el Príncipe, en matrimonio.
EL CUENTO
Como el cuento va dirigido a niños pequeños,
de entre 7 a 9 años de edad, sería oportuno contarles
el cuento con nuestras propias palabras. Pero sería una lástima
prescindir del texto original porque los cuentos tradicionales tienen
su propio encanto. Incluso a niños mayores, aunque ya sepan leer
les gusta que un adulto les lea un cuento.
LOS HERMANOS GRIMM:
“EL ENANO SALTARÍN”
-¡Pues yo os digo que mi hija puede hilar
paja en oro! –así se expresaba un pobre
molinero, que tenía un solo defecto: ser muy
fanfarrón.
-Entonces, ¡eres bastante tonto! –se
burlaban sus convecinos-. Teniendo esa mina a
tu disposición, te conformas con vivir en la más
absoluta pobreza…
Y he aquí que un día las baladronadas del
molinero llegaron a oídos del mismísimo rey,
quien ordenó hacer venir a palacio a la hija del
mentiroso. Quería comprobar si cuanto decía su
padre era verdad.
-Muchacha, ahí tienes un montón de paja.
-Señaló el rey un gran montón en
uno de los
sótanos de palacio-. ¡Si mañana no has hilado
esa paja en oro, haré ajusticiar a tu padre por
embustero!
La joven se vio delante de la rueca, encerrada
en la cámara y sin saber qué hacer. Lloraba,
compungida.
-Por culpa de mi padre me hallo en esta
situación! ¡ y el caso es que no es malo! ¡Si no
fuese por ese horrible impulso que le obliga a
mentir a todas horas…!
De repente, un pequeño hombrecillo se le
apareció a la joven como por encanto. Y
ejecutando una breve cabriola, le dijo:
-Yo puedo hilar esa paja en oro en tu lugar.
Ahora bien… ¿Qué me darás tú a cambio?
-Pues… ¡mi collar! –respondió
ella al
instante, ofreciéndoselo.
El acuerdo quedó cerrado y el hombrecillo
se puso manos a la obra, hilando la paja con una
gran rapidez y convirtiéndola en relucientes hebras
de oro. Al día siguiente, el rey quedó maravillado
por aquel trabajo, pero temiendo que se tratase de
otra artimaña urdida por la muchacha, ayudada
por su padre, dijo tras reflexionar:
-Eso no ha estado mal, pero necesito una
nueva prueba.
Y mostrándole una cámara mucho mayor, con
doble cantidad de paja le ordenó que hilase en
oro y la tuviese lista aquella misma noche, so pena
de ajusticiar a su padre.
En suma, la joven quedó encerrada de nuevo y
con una tarea mucho más trabajosa. Pero sus
lamentos no duraron demasiado: el hombrecillo
volvió a materializarse ante ella, dio su cabriola de
siempre y…
-Bien, bien –dijo-. ¿De nuevo en apuros,
muchacha? ¿Qué me darías si yo hilo esa paja en
oro?
La joven se lo pensó un instante y por fin…
-¡Mi anillo! ¡Te regalo mi anillo! –dijo,
entregándoselo.
El hombrecillo aceptó y en un santiamén
hubo
hilado toda la paja. De forma que cuando el rey
entró en la cámara, no podía dar crédito a
sus
ojos.
-“¡Es fantástico! –exclamó
para sí-. ¡No
debo dejar escapar a esa joven de palacio!”
Y entonces le propuso una última prueba a la
hija del molinero.
-Voy a dejar que hiles toda una estancia llena
de paja. Si lo haces permitiré que te cases con mi
hijo, el príncipe.
La joven fue introducida en una cámara tan
repleta de paja, que apenas quedaba espacio para
ella y su rueca. Esta vez no pudo reprimir las
lágrimas.
-¡Oh, papá! ¿Por qué habrás
lanzado esta
mentira al viento? –se quejaba entre sollozos-.
¿No ves la situación en que me has puesto?
Entonces… ¡zim!, por tercera vez se hizo
visible el hombrecillo. Luego hizo su cabriola y
cuando vio tanta paja lanzó un silbido prolongado.
-¡Vaya! ¡Es un bonito trabajo el que me
espera…! Siempre que puedas pagar el precio que
voy a pedirte…
-¡El que sea! –prometió la joven.
-Pues bien, deberás entregarme el primer hijo
de tu matrimonio… cuando llegue el momento,
claro.
A la hija del molinero ni siquiera le había
cruzado por la cabeza el casarse y para salir del
apuro, se comprometió al trueque propuesto por
el hombrecillo. Pocos minutos más tarde, la paja
quedaba hilada en oro.
El rey cumplió su promesa y dos meses más
tarde se celebraron los esponsales entre la hija del
molinero y el joven príncipe. Y como sea que los
recién casados eran personajes de gran corazón y
nobles en sus actos, no tardaron demasiado en
alcanzar la felicidad en su matrimonio. Una
felicidad que se vio acrecentada al cabo de un
año, cuando nació el hijo primogénito de la
pareja.
La joven no se acordaba para nada del
hombrecillo y de su promesa, pero he aquí que al
contar el niño dos días de edad, se apareció de
repente el menudo personaje a la feliz madre.
-¡Vengo a cobrarme lo que es mío! –dijo
ejecutando su cabriola-. ¡Dame a tu hijo!
La joven sintió una angustia terrible. No podía
permitir que nadie se le llevara lo que más quería.
Así que ofreció riquezas, poder, y cargos al
hombrecillo, le suplicó durante horas, sin lograr
enternecer su corazón.
-¡Prefiero algo vivo a todo tu mundo de
riqueza! –dijo el hombrecillo-. Pero mira, voy a
darte una oportunidad: si en el plazo de tres días
consigues adivinar mi nombre, permitiré que te
quedes con tu hijo –y dicho eso, desapareció.
Y ya tenemos a la pobre princesa, intentando
imaginar cómo podría llamarse ese grotesco
personaje. Angustiada, hizo una larga lista con
todos los nombres que se le ocurrían. Así, cuando
al día siguiente le visitó el hombrecillo, empezó
con su letanía:
-Jesús, Pedro, Pablo, Antonio, Julián,
José,
Francisco… -recitaba.
El hombrecillo escuchó con una sonrisa en sus
labios y…
-¡Ninguno de esos nombres es el mío!
¡Volveré mañana ¡ y recuerda que sólo
te quedan
dos días…
En esta ocasión, la joven confeccionó una
lista
de nombres mucho más raros. Pasaban las horas y
la idea de perder a su hijo la torturaba. El
hombrecillo se le presentó de improvisto, como
solía hacer. Y ahora, las cabriolas que ejecutó
fueron dos, como señal de la alegría que sentía,
viendo que muy pronto ganará su premio.
-¿Te llamas Berberisco? –preguntó
la
joven-. ¿Pata de palo? ¿Bellotero? ¿Risco?
¿Campanazo? ¿Diente de cordero?
El hombrecillo reía a carcajadas, negando con
la cabeza.
-¡Un día más y me llevo a tu hijo!
–dijo,
antes de esfumarse.
Como último recurso, la joven mandó a
decenas de emisarios por todos los confines del
reino, para que tomasen nota de cualquier nombre
que oyesen, por raro que fuese. Mientras ella no
se apartaba de su hijo, abrazándolo más y más, a
medida que la hora fatídica se aproximaba.
El último de los emisarios estaba a punto de
marchar, tras haberle pasado la relación de
nombres conseguidos, cuando dijo:
-Por cierto, Majestad, en mi viaje, he visto a
un extraño personajillo que vive en una casucha,
cerca de la entrada del bosque. Es muy pequeño
de estatura y lo que más me chocó fue que, a
pesar de su fealdad física, parecía estar muy
contento…
-¿Oíste qué decía? –preguntó
la joven,
adivinando que se trataba del hombrecillo.
-Pues veréis, cantaba una cancioncilla que
decía…
¡Qué alegría! ¡Qué ilusión!
¡Soy feliz, digo y repito!
¡Mañana tendré la vida
de un pequeño principito!
¡Que alegría! ¡Qué ilusión!
¡Soy astuto y muy pillín!
¡No se imaginan que soy
el Enano Saltarín!
La joven princesa entregó una bolsa de
doblones de oro al emisario, por sus estimados
servicios. ¡La vida de su hijo, el príncipe ya no
corría peligro!
Al día siguiente, el hombrecillo se extrañó
un
tanto al ver el aspecto tan risueño que presentaba
la joven.
-Muy feliz me parecéis, señora –dijo
el
enano -. ¿Acaso sabéis cómo me llamo?
-¿Mariano, tal vez…? –respondió
ella,
gozando de su triunfo por anticipado.
-Pues no.
-¿Gumersindo…?
-Tampoco.
-O quizá… ¿Enano Saltarín?
Al oír ese nombre, el jorobado lanzó un
aullido terrible y se fundió en el aire, dejando una
nubecilla de polvo amarillento en su lugar. Ésa fue
la última vez que la joven la vio. Ni que decir
tiene que, a partir de ese día, la vida de la
princesa fue tan dichosa como un verdadero
cuento de hadas.
JACOB KARL GRIMM Y WIHELM GRIMM
LOS HERMANOS GRIMM
Jacob Karl Grimm (1785-1863) y Wilhelm Grimm (1786-1859)
eran dos hermanos nacidos en Alemania, que tenían como profesión
el estudio de la filología y el folclore.
Debido a ello, recorrieron su país y fueron
hablando con los campesinos, con las vendedoras de los mercados, con
los leñadores, para aprender de ellos.
Jacob y Wilhelm Grimm recogían historias de
los lugareños, además de estudiar la lengua y su uso,
el antiguo folclore de la religión, etc.
Iban de acá para allá, interrogaban a
la gente, les pedían que buceasen en su memoria en busca de los
cuentos que les contaban de pequeños, y tomaban notas inmediatamente.
Con sus investigaciones de las tradiciones y de la lengua alemana, ellos
defendían a su país.
Los hermanos Grimm, en esos recorridos, escuchaban
las leyendas que los campesinos alemanes habían oído a
sus abuelos y que estos, a su vez, habían aprendido también
de sus abuelos.
Los Grimm obtuvieron de una mujer llamada Pastora la
mayor parte de las historias que luego recopilaron como Cuentos para
la infancia y el hogar, en dos volúmenes, 1812-1815. Y la colección
es aumentada en 1857, y conocida como Cuentos de hadas de los hermanos
Grimm. Cuentos infantiles y caseros, en 1812.
Estos dos hermanos recrearon las historias de los campesinos, y las
contaron con gracia y gran sencillez, y lograron que los niños
del mundo entero apreciaran la belleza y la maravilla de sus cuentos.
De esta manera, hicieron conocer preciosas historias: Hansel y Gretel,
Blancanieves, La pequeña vendedora de cerillas, Juan sin miedo,
y muchas más.
El trabajo científico más importante
de Jacob Grimm es la Gramática alemana (1819-1837).
Wilhelm murió el 16 de diciembre de 1859 y el
20 de septiembre de 1863, Jacob.
Garner escribió en 1904 un libro titulado Cuentos
infantiles políticamente correctos. En vista de que cuentos como
Caperucita roja (salta a la vista su escaso respeto por los ancianos)
o El enano saltarín (explotación laboral de la mujer y
el menosprecio de las personas bajitas) podían herir la sensibilidad
de los lectores de hoy en día, Garner los ha vuelto a escribir
con un lenguaje “políticamente correcto” que sin
duda nos es muy familiar.
De no ser porque algunos cuentos de los recogidos por
los hermanos Grimm son tan conocidos que han pasado a formar parte de
la infancia de toda persona, cualquier editor de literatura infantil
se negaría a publicarlos a causa de los valores que en ellos
se contienen, tales como la supremacía del varón, la pereza
de la mujer, los niños abandonados o huérfanos o los derechos
del rey sobre sus súbditos.
Los propios Grimm, en el prólogo a la primera
edición de sus cuentos se defienden contra las posibles acusaciones
referidas a la conveniencia o al escaso valor pedagógico de ciertos
cuentos.
Los Grimm desarrollan esta labor de recopilación
y estudio filosófico de cuentos y leyendas en el periodo romántico
alemán, caracterizado por el interés hacia la antigüedad,
lo clásico y el folclore nacional, y también por una vuelta
a la subjetividad que se manifiesta en el interés por la imaginación
y lo fantástico.
Hay que reconocer también que algunos de los
cuentos de los Grimm abundan en detalles escabrosos, tales como mutilaciones,
torturas, vivisecciones, por no hablar de la carga sociológica
que destilan.
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